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miércoles, 13 de enero de 2016

LOS MUSULMANES IMPLANTARON UN "RÉGIMEN PERVERSO" EN AL ANDALUS PARA "HUMILLAR" A LOS CRISTIANOS


El historiador Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz ha afirmado en una entrevista a Efe que los musulmanes que sometieron la Hispania visigótica, Al-Andalus, implantaron un «régimen perverso» para «la humillación continúa» de judíos y, particularmente, cristianos.

Ese régimen perduró siglos y «quienes ponen a Al-Andalus como ejemplo de tolerancia lo que hacen es una manipulación brutal en términos históricos», según Sánchez Saus, autor de «Al-Andalus y la Cruz» (Stella Maris).

El dominio «ejercido por una pequeña minoría de guerreros musulmanes orientales y norteafricanos» sobre una mayoría de cristianos autóctonos supuso «el sometimiento político, religioso y la inferioridad jurídica y moral» de los cristianos sometidos mediante ese «régimen perverso» que los mantenía discriminados en todos los órdenes sociales y ámbitos de la vida cotidiana.

La humillación de cristianos y judíos

«Toda la legislación, cualquier disposición y el espíritu de las normas» tendían someter dejando patente «la humillación, la debilidad y la derrota» de los cristianos, que tenían que pagar impuestos superiores, mientras que las multas por las mismas infracciones eran la mitad de cuantiosas para los musulmanes.

Entre otros ejemplos, el historiador ha puesto que un cristiano que matara a un musulmán, aún en defensa propia, era indefectiblemente condenado a muerte -no así al contrario-; que el testimonio de un cristiano contra un musulmán no valía ante un tribunal; que un cristiano había de levantarse si entraba un musulmán y sólo podía pasarle por el lado izquierdo, considerado maldito.

Igualmente un cristiano no podía montar a caballo en presencia de un musulmán, ni podía tener servidumbre musulmana, ni la casa de un cristiano podía ser más alta que la de un musulmán hasta el punto de, en ese caso, tener que demoler el piso superior.

Ese «régimen perverso» se mantuvo en la Península durante siglos, por lo que el historiador ha afirmado que «la realidad de la vida de los cristianos en Al-Andalus poco o nada tiene que ver con las ensoñaciones interesadas que nutren un mito construido a costa de la verdad histórica».

Las ensoñaciones interesadas sobre Al-Andalus

Como ejemplo «arquetípico, casi risible» de esas ensoñaciones, Sánchez Saus ha puesto las efectuadas por el escritor Antonio Gala, que, como otras semejantes, ha achacado a «un déficit de identificación de los españoles con su propio país» y a un intento de buscar en un periodo histórico idealizado «todo lo que le falta a España y a su cultura», por ejemplo en materia de tolerancia sexual.

«No hay libertad sexual en el Islam ni la ha habido nunca» y en Al-Andalus «lo que hubo fue la utilización de la mujer o de un joven en beneficio de quien imponía las normas», ha concluido.

Sánchez Saus explica en «Al-Andalus y la Cruz» que aunque las ventajas ofrecidas a los conversos al Islam llevaron a numerosos cristianos a la apostasía, otros muchos optaron por la emigración pese a lo cual hacia el año 950 la Península era mayoritariamente cristiana.

Dos siglos más tarde esa cristiandad hispánica se había desintegrado por la inmersión en la cultura árabe y por la persecución declarada contra ella por almorávides y almohades. De las actuales reivindicaciones islamistas sobre Al-Andalus ha señalado que son equivalentes «a que España reivindicara la Patagonia a Argentina».

«Habrá musulmanes que puedan sentir que aquella construcción que fue Al-Andalus -una construcción que desapareció igual que se creó- forma parte de su patrimonio cultural; otra cosa es deducir de ese periodo histórico algún derecho sobre la España actual», ha concluido.

domingo, 24 de mayo de 2015

LAS CAMELLAS DE ARABIA NO OFENDEN A NADIE, O LA RENDICIÓN DE LOS VALORES EUROPEOS

Hace unos días hubo una noticia que pasó tristemente inadvertida, o casi, para la prensa española. Y eso es malo, pues se trataba de una noticia importante; de las que tienen que ver con nuestro presente y, sobre todo, con nuestro futuro. La cosa era que un cartel con la imagen de una modelo publicitaria ligera de ropa, denunciado por miembros de la comunidad musulmana de Brick Lane, en Londres, seguirá en su sitio después de que el organismo regulador de la publicidad británica desestimara las protestas de un sector del vecindario, que consideraba el anuncio ofensivo para quienes frecuentan las mezquitas de esa zona, donde vive una amplia comunidad que profesa la religión islámica. Aunque la imagen de la modelo es «sensual y sexualmente sugestiva», admite la resolución, tampoco va más allá de eso, ni tiene por qué ofender a nadie, pues «encarna la clásica belleza y femineidad» que ha venido siendo representada por el arte occidental hace siglos. Así que, quien no quiera, que no mire. Y punto.

Me pregunto, con una sonrisa esquinada y veterana, fruto de los años y la mucha mili, qué habría ocurrido en España, en caso parecido. O qué es lo que va a ocurrir en cuanto se dé la ocasión. Me lo pregunto y me lo respondo, claro; y más en un país donde incluso hay oportunistas y tontos del ciruelo -sin que una cosa excluya la otra- capaces de ponerse a considerar muy serios, con debates y tal, las protestas de ciertos colectivos musulmanes porque las procesiones de Semana Santa, puestos a citar un ejemplo fácil, recorran las calles españolas ofendiendo la sensibilidad religiosa islámica. Aquí, no les quepa duda, siempre habrá un organismo regulador de la publicidad, o una televisión, o una asociación de derechos y deberes, o un juez sensible a la delicadeza de sentimientos mahometana, que llegado el caso decida que, en efecto, la libertad en lo que llamamos Europa -aunque a algunos nos dé la risa llamarla así todavía- acaba allí donde empiezan los derechos, el fanatismo o la gilipollez de cuatro gatos a los que, de este modo, nuestra propia cobardía e imbecilidad acaban multiplicando de cuatro en cuatro, hasta irnos todos al carajo. 

Y claro. Resulta inevitable preguntarse, también con respuesta incluida, dónde se meten en esta clase de debates las ultrafeminatas radicales que tanto las pían con otras chorradas de género y génera: las de las asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas, por ejemplo y por ejempla. Qué opinan ellas, o sea, de escotes en anuncios o no escotes, y hasta qué punto coinciden con la censura islámica, o no. Con lo de usar hiyabs, niqabs, antifaces y trapitos así. Sería útil saberlo más pronto que deprisa, como dicen las chonis. Y los humos del tren, que los suelten en Despeñaperros. Porque tiene su guasa esto del anuncio que ofende porque muestra las tetas o las nalgas de una señora, mientras que, por lo visto, no ofende a nadie que otra señora pueda meterse en España en un autobús, en una comisaría de policía o en un hospital enmascarada de pies a cabeza, como un guerrero ninja, mientras el marido va a su lado con bermudas, chanclas y gorra de béisbol. El hijoputa.

Y es que en Europa olvidamos, a menudo, que más importante que respetar tradiciones absurdas o infames es defender a quienes acudieron a nosotros huyendo, precisamente, de la miseria y el horror que esas tradiciones imponen en sus lugares de origen. Y que eso se logra con educación escolar y con firmeza institucional frente a quienes pretenden esclavizarlos, incluso aquí, usando el manoseado y dañino nombre de Dios. Quien se ofende por un anuncio en un cartel publicitario se ofenderá también cuando por su calle, por su barrio, se cruce con un escote, una falda corta, un cabello sin velo o un rostro sin tapar. Y actuará en peligrosa consecuencia. Quien pretende aplicar maneras medievales de entender la vida, mientras se beneficia de un sistema de derechos y libertades que a otros costó siglos de dura lucha conseguir, no tiene derecho a imponer su voz ni a reclamar respeto. La Europa moderna tragó dolor y sangre para librarse de púlpitos, velos, gentes de un solo y sagrado libro, pasos de la oca y fanatismos de todas clases. Somos demasiado mayores, ya, para que vengan otra vez a taparnos el escote o las ideas. Así que la solución es muy simple, Manolo, Mohamed o como te llames. Si no estás dispuesto a asumir nuestras reglas, chaval, si esto te ofende, coges un avión y te vas al desierto de Arabia, o del Sáhara, donde las tetas de las camellas no ofenden a nadie. Y allí te pones ciego de dátiles.


ARTURO PEREZ REVERTE en XL SEMANAL

jueves, 13 de diciembre de 2012

NORUEGA PROHIBE LA FINANCIACIÓN SAUDÍ DE MEZQUITAS ¿Y ESPAÑA?

He recibido este correo que no he podido aún contrastar con otras fuentes, pero me arriesgo a publicarlo porque aunque no fuera verdad sigue siendo un wishfull thinking que nuestras autoridades ex-pañolas actuasen de la misma forma. Pues parece ser verdad según este enlace y unas docenas más que aparecen en los buscadores, pero en España apenas ha recibido publicidad, probablemente por el miedo de los medios de comunicación.


Noruega ha prohibido a Arabia Saudí financiar mezquitas mientras no permitan construir iglesias en su país.

El Gobierno noruego ha dado un paso importante a la hora de defender la libertad en Europa frente al totalitarismo islámico.

Jonas Gahr Stor, ministro de Asuntos Exteriores, ha afirmado que se rechazarán las donaciones millonarias de Arabia Saudí y varios empresarios musulmanes para financiar la construcción de mezquitas en Noruega. 

Según dicho ministro, las comunidades religiosas tienen derecho a recibir ayuda financiera, pero el gobierno noruego, excepcionalmente y por razones lógicas, no apoya la financiación islámica con cientos de millones de euros. 

Jonas Gahr Stor apunta que “sería una paradoja, y antinatural aceptar las fuentes de financiación de un país donde no hay libertad religiosa”. 

El ministro también afirma que “la aceptación de ese dinero sería un contrasentido”, recordando la prohibición que existe en el país árabe para la construcción de iglesias de otras religiones. 

Jonas Gahr Stor también anuncia que “Noruega llevará el asunto ante el Consejo de Europa” donde defenderá esta decisión basada en la más estricta reciprocidad con Arabia Saudita.

jueves, 15 de noviembre de 2012

LA INVASIÓN MUSULMANA DE EUROPA. LA CULTURA EUROPEA EN TRANCE DE DESAPARICIÓN




El tradicional árbol de Navidad que engalana miles de ciudades de Europa está en cuestión en distintos puntos del viejo continente. El motivo sería la ofensa a las creencias de los musulmanes por lo que en varias ciudades o están siendo retirados o cambiados por otra serie de objetos que no molesten a los seguidores de Mahoma.
Esta situación comienza a ser especialmente grave en países históricos de la Unión Europea como Dinamarca y Bélgica, que actualmente tienen tasas de inmigración de origen musulmán bastante importantes.

Navidad, no; Ramadán, sí

La primera gran polémica surgió en la ciudad danesa de Kokkedal, donde más de la mitad de la población es de origen musulmán. Allí la Junta, también de mayoría musulmana, se ha negado a destinar algo menos de 1.000 euros a la colocación del tradicional árbol y otras decoraciones navideñas en la localidad, tal y como pedía una asociación de vecinos.
Sin embargo, la mecha prendió aún más cuando esta misma junta sí quiso destinar 8.000 euros para la organización del Eid al Fitr, la celebración del final del Ramadán. El contraste entre una decisión y otra ha provocado la indignación en el país y en una parte de la clase política danesa, que considera "muy preocupante" que las "tradiciones danesas sean retiradas y sustituidas por las musulmanas en cuanto hay una mayoría musulmana".
Al final, para evitar males mayores, un empresario de la zona se ha ofrecido para costear tanto el árbol de Navidad y las tradiciones cristianas así como las fiestas musulmanas, subvencionando ambas fiestas con la misma cantidad de dinero.

La 'sharia', en el corazón de Dinamarca

Las tensiones entre musulmanes y cristianos en Dinamarca son cada vez mayores y vienen de lejos debido al crecimiento de la población que profesa el islam. En distintos barrios de Copenhague como en otros puntos del país grupos musulmanes los declararon bajo vigilancia de la ley islámica, la sharia.
De hecho, a la entrada de estas zonas aparecen carteles que rezan: "está entrando en zona controlada por la sharia". Estos grupos radicales declararon unilateralmente varios suburbios como zonas controladas por ellos bajos sus propias normas con total impunidad
El control se da mediante la "policía moral", que patrulla las calles de estos barrios y se enfrentarán a aquellos que consuman alcohol, acudan a discotecas o realicen cualquier actividad que consideren contraria al islam.

Sin árbol de Navidad en Bruselas

En Bruselas también se ha instalado la polémica después de que el Ayuntamiento decidiera retirar el tradicional árbol de Navidad de la Grand Place y poner en su lugar una escultura luminosa con el objetivo de no ofender a los musulmanes con un signo de apariencia cristiana. El Ayuntamiento niega las acusaciones y habla de que la escultura es modernista pero que no pretende acabar con las tradiciones de los belgas.
Se ha producido una gran polémica en las redes sociales por lo ocurrido en Bruselas, ciudad en la que el 25% es de origen musulmán. Incluso en 2010 el nombre más utilizado para los recién nacidos en la capital belga fue el de Mohamed.
Ante esta polémica, la concejal Bianca Debaets afirmó que estaba convencida de que el cristianismo fue el factor decisivo para retirar el árbol porque "para mucha gente que no es cristiana, tener el árbol ahí es una ofensa".
Del mismo modo, varios estudios indican que en 2020 Bruselas tendrá 1,2 millones de habitantes de los cuales sólo entre el 20 y el 30 por ciento serán belgas de origen. Un 50 por ciento serán naturalizados, de los cuales una gran parte serán de origen musulmán.

Una polémica muy actual

Las tensiones del islam en Europa y la islamización del continente es un tema de debate y de preocupación en algunos de estos países. En el pasado mes de octubre se celebró en el Vaticano el Sínodo para la Nueva Evangelización y el cardenal Turkson metió el dedo en la llaga al poner un vídeo sobre la demografía del islam en Europa.
La emisión generó gran polémica pero el vídeo precisamente daba datos como que "Francia podría ser una república islámica en 39 años" y que en ciudades francesas como Niza o Marsella el 45% de los menores de 30 años es de origen musulmán.
El polémico vídeo emitido en el Sínodo afirmaba también que "en los últimos 30 años, la población musulmana de Gran Bretaña ha crecido desde los 82.000 a los dos millones y medio de musulmanes. Un crecimiento 30 veces el número original. En estos momentos hay más de 1.000 mezquitas en las islas, muchas de ellas antiguas iglesias".
Sobre Holanda los datos son aún más nefastos. "El 50 por ciento de los recién nacidos son musulmanes, y en sólo 15 años, la mitad de la población holandesa será musulmana". De su vecina Bélgica se extraen datos similares. Un 25 por ciento ya es de origen musulmán y de los nacidos la mitad son musulmanes.
LIBERTAD DIGITAL

domingo, 8 de julio de 2012

LAS CAVERNAS PROGRES ESPAÑOLAS


Suele acusarse a la derecha política de haber claudicado en el ámbito cultural, rindiéndose en el debate de las ideas sin presentar batalla, o presentándola con ineficacia. Esto ha permitido a la izquierda hacerse con las riendas del discurso de la opinión pública, fabricando el mito progresista, que identifica con sus ideas, y desterrando a un Averno insoportable las ideas contrarias. Se ha garantizado así una supremacía que, sin embargo, empieza a resquebrajarse. 

Edurne Uriarte contribuye a ese proceso con un ensayo poderoso que enfrenta a la izquierda al espejo de sus contradicciones. "Desmontando el progresismo" (Gota a Gota) juega con la clásica idea de "las cavernas", ese espacio atrasado y represivo que en el imaginario progre ocuparía la derecha, pero que en realidad habitan sus propios clanes políticos e ideológicos. Y son cuatro, en la perspectiva de la autora: a saber, la caverna terrorista, la caverna pacifista, la caverna identitaria y la caverna radical.


La teoría de las causas


¿Por qué ante los crímenes de la ETA, de Hamás, de Al Qaeda o de las FARC, la izquierda se enfanga siempre en la búsqueda de "las causas"? Fundamentalmente, porque así reparte culpas. Las víctimas lo serían no sólo de quienes les disparan o las destrozan con una bomba, sino también de quienes le darían a los asesinos un cierto pretexto (social, económico, político), y por tanto una cierta legitimidad, al no atender sus requerimientos o no acabar con su supuesto caldo de cultivo. De ahí a propugnar la negociación como mejor instrumento contra el terror, sólo hay un paso que puede llegar tan lejos como vimos durante los mandatos del lelo José Luis Rodríguez Zapatero.

Los hechos, sin embargo, no abonan la tesis progresista. Siguiendo los datos del célebre estudio de Walter Laqueur, la autora recuerda que históricamente no hay una conexión necesaria entre la aparición de grupos terroristas y las situaciones de pobreza, represión o imperialismo que los criminales suelen alegar para justificarse. Uriarte señala algo más: esta equiparación entre quienes practican el terrorismo y quienes luchan contra él se debe a que, en el fondo, buena parte de la izquierda comparte los objetivos de los criminales, aunque repudien -incluso sinceramente- sus métodos. Así que cuando alguien decide romper la baraja y combatir el terrorismo como lo que es, se convierte en una bestia negra para ella, llámeseGeorge W. BushJosé María Aznar o Álvaro Uribe

Que este tipo de contradicciones obedecen a puro interés político (no existe, por tanto, ninguna aversión moral profunda al terrorismo, sólo al carácter pernicioso que sus efectos pueda tener sobre las ideas que les son comunes) se pone de manifiesto con el tratamiento dispensado a Barack Obama tras la eliminación de Osama bin Laden. El discurso del presidente norteamericano al anunciarla, subraya Edurne, es el mismo que podría haber hecho Bush. ¿Alguien cree que la reacción habría sido también la misma?

Frente al terrorismo de ETA, el progresismo muestra un fondo de comprensión con las causas que lo provocan y que deberíamos resolver, en lugar de atacar simplemente sus prácticas y a aquellos que lo sustentan, a los que, por cierto, los demócratas estaríamos obligados a integrar. En su praxis por la lucha por la paz, no es inhabitual la trampa eficaz de preguntar cuál es nuestra preferencia, la guerra o la paz, para justificar cualquier tipo de negociación, impidiendo, si es necesario, la opinión de las víctimas por estupefacientes razones de imparcialidad («si a uno le ponen una bomba, deja de ser imparcial», llegó a escribir Francisco J. Laporta). 

Como suelen argumentar: con el terrorismo hay que negociar siempre, y antes o después habremos de cuestionar el uso de la fuerza. En el conflicto de Oriente Próximo, el progresista también lo tiene claro: toda la culpa es de los judíos, y si Hamas usa la violencia y el terrorismo, «no es más que la otra cara de la moneda del terrorismo de Estado que practica Israel» (perla de la arabista Gemma Martín Muñoz). Poco importa que la teoría de las causas no haya sido confirmada por la historia o que situaciones semejantes no hayan dado lugar a respuestas terroristas en todos los casos: el progresismo ha identificado el mal y no le harán abdicar de tamaño hallazgo. Por demás, un buen progresista apoyará a las FARC colombianas y entenderá como mal inevitable a Al Qaeda, a quienes no considerará como una colección de fanáticos, sino como unos exaltados defensores de su cultura impulsados por las injusticias sociales, los cuales usan indiscriminadamente las guerras de guerrillas como ejercicio romántico de la lucha (la palabra guerrilla posee la carga positiva de quien pelea en pos de una utopía contra el poder). 


En la denuncia contra Estados democráticos que tienen que soportar grupos terroristas como los antedichos, el progresismo siempre contará con los cuentistas de Amnistía Internacional, organización de militantes que han apoyado una y otra vez las falsas denuncias de los terroristas de ETA contra los cuerpos policiales españoles y que no ha sido capaz de elevar ni una sola palabra contra los muertos colaterales de la guerra de Libia, ese conflicto que debe ser considerado una guerra progresista ya que no ha sido declarada por Bush, aunque tenga prácticamente las mismas características que la invasión de Irak. Según los Paul Krugman del mundo, la fuerza militar de Israel contra Hezbolá fortalecía a Hezbolá, pero las bombas aliadas contra Gadafi, en cambio, no fortalecían a Gadafi, sino la democracia y la libertad.

De Irak a Libia, del "no" al "sí" a la guerra: el ridículo

Otrosí en el caso del pacifismo. Uriarte tira de hemeroteca para poner en evidencia a la izquierda con la guerra de Libia, en comparación con la de Irak. Los retruécanos empleados por Almudena GrandesMaruja Torres o los editoriales de El País para amparar contra Muamar el Gadafi lo que se condenaba contra Sadam Hussein producen tanta hilaridad como indignación por su desfachatez. Incluso en datos muy objetivos: se defiende el ataque a Libia porque fue "multilateral", frente al "unilateralismo" de Bush en el ataque a Irak. Lo cierto es que a Bush le respaldaron 49 países, y el ataque contra el gobierno de Trípoli sólo suscitó el apoyo de 14. También recuerda la autora, ante el mantra de "las decisiones legitimadoras de la ONU", que en dicho organismo internacional se sientan los peores sátrapas del mundo, y en algunos casos con derecho de veto.

Bienvenida el islam... en nombre del feminismo

Pero lo que es "caverna en estado puro y con honores en la izquierda" es su protección al islamismo en (¡e incluso por!) su discriminación de la mujer. 

Aborda Uriarte con especial agudeza dos cuestiones referentes a la mujer: el velo y el derecho a ejercer el machismo contra las mujeres de derechas. Para el progresismo más excitable, el velo es un derecho y una libertad individual que vienen a resumir la lucha de una cierta revolución anticapitalista. No deja de ser un trasfondo de miedo y de apuesta ideológica por la creencia del multiculturalismo en el que participa causando perplejidad el propio feminismo socialista, ese que apela a la libertad individual: si usted quiere ser esclavo, ¿por qué no va a poder serlo? Velo sí, pero burka quizá no, aunque sea también un símbolo religioso. La crítica a las líderes femeninas de la derecha es, por parte de todo buen progresista, furiosa: la Thatcher, Esperanza Aguirre o Sarah Palin «actúan como hombres» y, por lo tanto, son masacrables. Es, pues, un libro que no deja indiferente y que no está escrito para ganar amigos.

Ver a feministas defendiendo las prendas de ropa que marcan y producen esa discriminación, resulta tan lamentable como la actitud de los creadores de opinión de la izquierda ante las mujeres de derechas. 


Wendy Doniger, feminista de la Universidad de Chicago, llegó a decir que la mayor "hipocresía" de Sarah Palin "es su pretensión de que es una mujer". La ex candidata a la vicepresidencia y ex gobernadora de Alaska, que debe todo lo que ha conseguido a su esfuerzo, no vale nada, a ojos progresistas, en comparación a Hillary Clinton, que debe todo lo que es al apellido de su marido, a quien perdonó la humillación pública de su infidelidad
Algo parecido sucede con Margaret Thatcher. En 2009, otra progreHarriet Harman, dirigente laborista, publicó una lista de las 16 mujeres que habían cambiado Gran Bretaña... ¡y en esa lista no estaba la única mujer que ha ocupado el 10 de Downing Street! El escándalo fue de tal magnitud que tuvo que rectificar.

Junto a este fanatismo, está el hecho de que la izquierda aplauda la censura social o condena judicial (Oriana FallaciRobert RedekerGeert Wilders) de quienes se oponen a la expansión del islamismo en Europa. O que, ante cualquier ofensa a Mahoma, reaccione contra la libertad de expresión que invoca para ofender a Jesucristo.

Nacionalismo, jamás... salvo en España

No caen en menor contradicción al censurar por "fascista" todo nacionalismo fuera de España (como en de la Liga Norte de Umberto Bossi) y haber sellado en España una alianza con todos y cada uno de los nacionalismos localistas y reduccionistas, apegándose al discurso que atribuye a los nacionalistas la representación de la colectividad incluso donde son minoría. Durante decenios el nacionalismo ha tenido la bula de la izquierda y mantenido el gran bulo de su progresismo. La ideología más reaccionaria recibió la bendición ecuménica de los santones y pasó a ser considerada parte del sacrosanto tabernáculo de las esencias progres. Ser nacionalista , lejos de todo análisis y rigor ideológico, se convertía en España en sinónimo de formar parte del rebaño de las ovejas buenas, de los majos, de los de buen rollo, de los progres. La persecución del franquismo-cierta, atroz y veraz persecución que nadie en su juicio puede negar y que abarcó todos los actos cotidianos y por supuesto a la lengua- se convirtió en la gran coartada para esa bula primero y luego la patente de corso para ser ellos quienes entraran en la espiral de perseguir, prohibir y acosar lo que les viniera en gana. Particularmente y con singular inquina a la lengua común de los españoles.

Hay que dar el combate de las ideas

Todo este cúmulo de incoherencias y trampas ideológicas es posible porque los progresistas no encuentran contestación en "una derecha intelectual minoritaria y más bien apocada y temerosa", que cuenta con escasos medios en televisión y muchos menos postes de radio que la progresía. Eso aumenta la arrogancia e intolerancia de la izquierda, soberbiamente descrita por Edurne Uriarte en las últimas páginas. La simplicidad de la receta progre facilita también su sensación de infalibilidad y superioridad moral. ¿Un ejemplo? Las brutales condenas al Tea Party, contra el que caben todos los adjetivos denigratorios, comparadas con el apoyo a Occupy Wall Street o el 15-M.



domingo, 13 de marzo de 2011

Los rebeldes del norte de África prefieren el Corán a la democracia

El 59% de los egipcios considera que la democracia es mejor que la tiranía, pero el 80% de sus musulmanes defiende castigar el adulterio con lapidación y la pena de muerte para quien abandona el islam. Creer en la soberanía popular sin reconocer los derechos individuales, esa es su democracia.

El estudio del Pew Research sólo añade tres países más que se parecen a los que han sufrido las revueltas o han empezado a experimentarlas. Jordania y Paquistán arrojan resultados muy parecidos a los de Egipto, mientras que en Nigeria los musulmanes que apoyan ese tipo de violaciones de los derechos humanos son una mayoría que apenas supera el 50% de la población.

Aunque no existen datos precisos sobre todos los lugares en los que se han producido las revueltas, la principal excepción a esta colisión entre el islam y los derechos individuales podría ser Túnez. Es posible igualmente que la población de Bahréin sea más tolerante, pero debemos recordar que no deja de ser un emirato donde se produce un apartheid religioso: los suníes imponen su ley a los chiíes aunque sean una clara minoría.

Los últimos treinta años han visto crecer exponencialmente la islamización de la sociedad en buena parte de Oriente Medio y el norte de África. Según las propias estadísticas del Gobierno egipcio el número de mezquitas por habitante se multiplicó por ocho entre 1986 y 2005 en todo el país.

Olivier Roy, quizás el experto mundial que mejor conoce el islam político junto con Gilles Kepel, cree que hay que distinguir entre el conservadurismo religioso de la gente por un lado y que quieran que esos valores se conviertan en los pilares del Estado por otro. Según el artículo que publicó en Le Monde, la islamización de la sociedad ha desatado una corriente individualista que asume la confesión y las prácticas de cada uno como algo enteramente privado.

El planteamiento de Roy acierta al dibujar la realidad de que muchos musulmanes rechazan los regímenes teocráticos que tienen línea directa con Dios y las comunicaciones rotas con el pueblo. Sin embargo, exagera al proyectar sobre ellos la privacidad de la religión que existe en occidente: Los musulmanes egipcios (85%), nigerianos (82%), jordanos (76%) y paquistaníes (69%) consideran que la influencia del islam en la política es francamente positiva y dejan abierta la puerta a que el Estado se ponga al servicio de determinadas prácticas incompatibles con los derechos humanos.

Los estallidos revolucionarios de unos rebeldes que se sublevan contra sus tiranos reclamando la soberanía popular ofrecen la impresión de que efectivamente son democráticos. El apoyo o al menos la complicidad silenciosa de la mayoría de la población en muchos casos también confirman esa primera sensación. Cuando los vemos arrodillados con pancartas pacifistas o prenderse fuego ante los cuerpos de seguridad o los tanques del sátrapa, nuestras dudas se evaporan definitivamente.

Sin embargo, el protagonismo que esperan del islam en sus instituciones y su defensa de los castigos tal y como los establece el Corán demuestran que no persiguen la democracia, sino descabezar a sus dictadores y hacer que el poder vuelva a la mayoría. 
 
Los derechos individuales, sin los que el pueblo soberano tiene licencia para linchar y destruir a las minorías, quedan apartados de la ecuación junto con el surgimiento de un verdadero sistema de libertades.

lunes, 17 de enero de 2011

LA ISLAMOFOBIA EN ESPAÑA. LECCIONES DE DEMOCRACIA DESDE EL PAÍS.

Dentro del catálogo de ideas en que se basa la modernidad progresista hispana se encuentra como destacada una por la que la víctima siempre es culpable del delito sufrido, si ésta es de derechas, y por la que al mismo tiempo la víctima es siempre inocente del delito sufrido, si es de izquierdas, delito que además viene provocado por un indecente comportamiento por parte de la derecha.

Por ejemplo, para el plumilla zapateril Antonio Casado, el Tea Party, e incluso Esperanza Aguirre, son culpables del atentado mortal de Tucson contra la senadora demócrata Gabrielle Giffords y sus seguidores. Esta opinión es compartida por muchos periodistas y políticos de la izquierda patria. El mismo Casado acaba de acusar al PP de calumniador por afirmar este partido que las agresiones sufridas por un consejero de la Comunidad de Murcia son producto del ambiente violento que ha fomentado el PSOE en los últimos meses. Como se ve, oposiciones completamente antagónicas dependiendo de quien la es víctima y su adscripción política.

Lo mismo sucede en España respecto a la islamofobia. El sentimiento antimusulmán se trata de un invento racista creado por la derecha con objetivos puramente electoralistas, sin que las prescripciones coránicas, ni el comportamiento de los musulmanes, ni los atentados terroristas y matanzas del 11-M, 11-S, 7-J, Casablanca o Bali, ni el trato a las mujeres, las decapitaciones en Irak, los burkas, los asesinatos de cristianos, ni setecientos años de convivencia-supervivencia, basten como ejemplos los anteriores, tengan nada que ver con esta negativa percepción social y ampliamente extendida. No, el islamismo es inocente y los españoles unos fascistas. Véase el artículo de opinión publicado hoy en El País, redactado por la profesora universitaria Luz Gómez García, y donde entre otras consideraciones  nos ofrece el decálogo de los antimusulmanes.
1. El islam es una amenaza para Europa, afirman. Según este aserto, no hay que descuidarse. España aún convive con la primera generación de inmigrantes musulmanes, pero nos resistimos a aprender la lección. Nos faltan recursos intelectuales y valor político para hacer frente a la amenaza islámica.
2. Occidente es superior al islam. La grandeza civilizacional de Occidente frente al islam es dogma de fe. La civilización islámica, si algún día fue grande, se fue por el desagüe de la historia.
3. El islam no ha tenido Reforma ni Ilustración, ni puede tenerlas. Es arcaico, no evoluciona, su doctrina se clausuró con la tríada Corán/Mahoma/charía. Lo islámico es refractario a la historia, a la disidencia y a la cultura.
4. El islam es incompatible con la democracia. Niega la libertad individual, la pluralidad y los matices. Es un sistema totalitario. Regula hasta el más mínimo detalle de la vida. Posterga al individuo en favor de la comunidad. Los musulmanes no saben gestionarse.
5. El islam atenta contra la dignidad de la mujer. La considera inferior, la aparta de la vida pública y la recluye tras el velo. Las musulmanas aceptan gustosas esta sumisión.
6. Los musulmanes son, intrínsecamente, unos radicales. La inmigración musulmana es un semillero de delincuencia y salafismo.
7. De todos los inmigrantes, los musulmanes son los más reacios a la integración: ¡ni los chinos ni los negros ponen tantos reparos!
8. La culpa es del laicismo. El laicismo anticatólico beneficia al islam. Se carga contra la Iglesia y se contemporiza con el islam. El relativismo cultural y la multiculturalidad son una plaga.
9. La culpa es del buenismo, que alimenta los vicios de los musulmanes y les da alas. El buenismo les anima al proselitismo y a la reivindicación del derecho a la diferencia.
10. Cataluña es la cabeza de puente de la islamización de España. Cataluña ampara a los musulmanes contra España. Se les quiere dar el derecho al voto para que voten contra España. Que el inmigrante musulmán no sea hispanohablante, es útil en el combate contra el castellano. Los musulmanes son manipulables...
Ya son varios los decálogos disparatados que nos ofrecen los pensadores socialistas sobre el pensamiento de los conservadores. ¿Para cuando un decálogo de lo que ellos piensan? ¿Para cuando un listado de sus ideas, de las que defienden, para que podamos analizarlas?

Este decálogo no podía ser más disparatado, pero lo triste es que su autora es profesora de universidad ¿qué aprenderán sus estudiantes? Dentro de ese decálogo se echa de menos una valoración de los ejemplos anteriores. ¿Qué influencia tienen en la percepción social, que es mucho más extensa que el sector conservador, los atentados terroristas? ¿Y las vejaciones a las mujeres? ¿Y los asesinatos de cristianos? ¿Y su falta de integración? ¿O es que todo eso no existe y sólo es un invento de la maligna derecha europea?

Menuda majadera universitaria ¿Y con este tipo de gente quieren que la educación universitaria sea de calidad y mejore nuestro nivel de vida y nuestras perspectivas económicas?


miércoles, 3 de noviembre de 2010

NUEVO CASO DE VIOLENCIA ISLAMISTA EN ESPAÑA, Y ASESINATOS EN IRAQ

En estos días nos sorprende la escasa relevancia de los asesinatos de cristianos en Iraq, no puedo juzgar lo que dicen las radios y televisiones españolas pero no creo que se diferencien mucho de los que informan los periódicos en internet.

La masacre perpetrada por Al Qaida en una iglesia de Bagdad es un episodio más de ataques a los cristianos en países de mayoría musulmana (expulsiones en Marruecos, amenazas en Turquía, ataques y asesinatos en India, Pakistán, Indonesia o Nigeria). El odio anticristiano aumenta imparable en la misma proporción en que el integrismo islamista se hace con mayores niveles de control en el mundo musulmán. Pero lo que es aún peor, las democracias occidentales, esas donde se encuentra un miedo extremo hacia el islamismo, guardan silencio a la hora de defender para las iglesias cristianas la libertad religiosa que el islam sí tiene en nuestras sociedades.

Como recuerda Gabriel Albiac en ABC, bastó una serie de caricaturas ... de Mahoma, para que Europa ardiera; para que, incluso, no pocos europeos se autoculpabilizaran de su perversa «islamofobia». La tinta de imprenta vertida ahora sobre la matanza de inofensivos católicos —por el hecho de serlo— a manos islamistas es bien escasa, si la comparamos con la que corrió entonces.

Afirma Albiac que el Corán, porque así está escrito en éste, ordena terminantemente dar muerte a quienes se empecinan en negar la luminosa verdad transmitida por Alá a su Profeta: «Matad a los politeístas, allá donde los encontréis» (IX,5). No hay nada a lo que pueda, en rigor, llamarse cultura islámica. Hay una religión. Excluyente. Quienes quieran ser por ella destruidos, ahí tienen la «Alianza de Civilizaciones». ..... No todas las creencias son iguales. Ni todas las religiones. Que un no creyente puede nacer y vivir con normalidad en ciertas sociedades. Y no en otras.

El último caso de esta violencia islamista y su objetivo de imponer unas tradiciones religiosas y sociales ajenas a España y a su democracia, que es además un ataque a los derechos fundamentales de los ciudadanos residentes en este país, lo hemos encontrado nuevamente en Cataluña. El imán Mohamed Benbrahim ha sido condenado a un año de cárcel —que no cumplirá al no tener antecedentes— por coacciones graves, el presidente de la asociación cultural islámica del municipio, Abderramán el Osri, a 9 meses de cárcel, mientras que la hija del imán, Hafssa Benbrahim también ha sido condenada por amenazas y coacciones a la mediadora cultural de Cunit (Tarragona), Fátima Ghailar, por no ponerse velo como las demás mujeres musulmanas y por llevar una vida de mujer occidental, por ejemplo al conducir su propio coche

Y mientras nuestro gobierno sin abrir la boca para protestar por ninguno de los dos casos.

sábado, 23 de octubre de 2010

LA PRESIÓN ISLAMISTA EN ESPAÑA. EL IMAM SALAFISTA DE LÉRIDA

Según El Confidencial Digital, el iman salafista de Lérida está internacionalizando un conflicto que no se trata de otra cuestión que del cumplimiento de las ordenanzas municipales sobre la capacidad de aforo de la mezquita local, sobrepasado en varias veces por la asistencia de musulmanes lo que, como en cualquier otro local público, obligó a la clausura administrativa del templo.

Por ello el iman se ha puesto en contacto con el rey de Marruecos y con representantes de varios gobiernos musulmanes para informarles sobre su nuevo proyecto, la construcción de una mezquita para más de mil fieles. Su intención es conseguir declaraciones institucionales favorables y financiación para poder llevarlo a cabo.

Según la noticia, los últimos movimientos de Abdelwahab Houzi están siendo vigilados por la Policía ya que está ‘fichado’ por ser uno de los líderes salafistas más peligrosos de España, y que habría creado una "policía religiosa" responsable de garantizar el cumplimiento de los preceptos coránicos en la vida diaria de los musulmanes de la localidad.Entre los signos exteriores de su radicalismo religioso encontramos su negativa a dar la mano a una mujer, a reunirse con concejalas o la petición a las musulmanas para que vistan el burka o el niqab.

Debemos suponer que en aplicación de Alianza de Civilizaciones el gobierno permitirá la presencia y las actividades de individuos que hacen proselitismo de las corrientes más radicales del islamismo, como el citado iman, y no va a adoptar ninguna medida restrictiva de sus acciones.

Cada vez que en una pequeña ciudad o un pueblo se permite la libre actuación de individuos como éste, se sientan las bases para el nacimiento y crecimiento de partidos de extrema derecha. Por ello, permitiendo la libre actuación de este tipo de individuos, en nombre de la libertad religiosa o de la libertad individual, abrimos la puerta al surgimiento de dos riesgos que son un grave peligro para la superviviencia de la sociedad moderna liberal y del Estado de Derecho tal y como los conocemos actualmente.

Por una parte, un integrismo religioso que se niega a diferenciar entre política y religión, que pretende acabar con los avances y las libertades conseguidas en lo que se refiere al género femenino, y que pretende subvertir el orden constitucional para convertirnos en un Estado religioso.

Por otro, una extrema derecha que nacería como reacción a las existencia y actividades de esos grupos integristas religiosos, y cuyo fin último, según demuestra la historia, es acabar también con el Estado de Derecho.

Hace un mes se difundió la noticia de que la policía estaba investigando a veinte imanes musulmanes salafistas y que podría expulsar a dos de ellos, pero parece ser que la noticia no era más que un "aviso" policial a un par de estos imanes a través de los medios de comunicación ya que coincidió en el tiempo con las protestas organizadas por el propio Houzi. Sin embargo, no se ha procedido a adoptar ninguna medida verdaderamente ejemplarizante para evitar el proselitismo de estos integristas.

Según la noticia, la Policía les acusa de promover discursos que incitan a la Yihad y de establecer conductas extremas para las mujeres (les obligan a llevar el niqab, les prohiben salir solas a la calle y trabajar para lo que ellos denominan "infieles", y de que acudan a clases de formación).

Las zonas más conflictivas ahora mismo en España son Cataluña, con Tarragona y Gerona a la cabeza, Ceuta, Melilla y el País Vasco. Según este informe policial actualmente 20 imanes salafistas en España están bajo sospecha, son marroquíes salafistas que "generan conflictividad social" por la aplicación rigurosa que quieren hacer de la Sharía, principalmente entre los fieles moderados que no se rigen por las más rígidas normas del Corán. Según se recoge textualmente los servicios de información del Estado consideran que el movimiento salafista es ahora mismo "una amenaza de desestabilización social", y su objetivo es la instauración de un Califato único, capitaneado por un califa que aplicará rigurosamente la Sharía.

En Reus, en Tarragona, los servicios de inteligencia han detectado a un grupo de musulmanes de origen berebere y de ideología salafista wahabita que se dedica a controlar a aquellos musulmanes que no visten al estilo árabe o que se alejan de los dictados propios del Corán.

En Gerona líderes salafistas radicales de una de las cuatro mezquitas de esa localidad están instando a los inmigrantes de religión musulmana, un 40% de la población, a que desprecie las costumbres occidentales, y se guíen por la Sharía.

Mientras el gobierno y las fuerzas de seguridad sigan con los anuncios, las noticias y las denuncias, sin tomar medidas concretas y efectivas, los dos riesgos seguirán creciendo lentamente en contra de nuestra sociedad. ¿Y nosotros? a verlas venir.


lunes, 13 de septiembre de 2010

¿HAY MUSULMANES MODERADOS? PARECE QUE ALGUNO SÍ

Hemos pedido en otros posts que los musulmanes moderados alcen su voz y dejen claro que existen versiones no extremistas ni radicales de esa religión, que desautoricen a los islamistas terroristas y a las versiones integristas que difunden algunos imames por todo el mundo.

Que el Islam no es una religión que impulsa la violencia es algo que estamos acostumbrados a escuchar, pero raramente esta afirmación viene seguida de otras declaraciones por parte de destacados musulmanes que vayan dirigidas a los creyentes de esa religión donde se establezca las distancias entre el Corán y los extremistas. Sería muy beneficioso para poder cambiar la imagen que la mayoría de los occidentales tenemos sobre esa religión, y también lo sería para que los creyentes no contemplaran las acciones terroristas como un paso más en la lucha por la defensa de su religión, cuyo último objetivo verdadero es ganar un espacio propio en su cielo particular. Tawfik Hamid en Wall Street Journal ha escrito una pequeña columna que va en ese sentido y que reproduzco íntegra a continuación:
"By TAWFIK HAMID

It's unclear whether or not the Rev. Terry Jones will go ahead with his highly publicized Quran burning this evening in Florida. But Muslims can play a major role in preventing a violent response to any burnings of their holy book.

Islamic scholars can emphasize that the Quran clearly teaches that no one can be punished on account of the actions of others (surra 6, verse 164). In other words, it is against the value system of the Quran to punish Americans or Christians because of the acts of a small minority.

In addition, leading Islamic authorities should issue a powerful fatwa against those who might respond to Quran burning with violence against non-Muslims. The fatwa must clearly state that those who react by carrying out violent acts against non-Muslims are apostates. It should also say that those who attack non-Muslims to seek revenge will not be buried with Muslims and will go to hell forever.

These are the kind of words—unfortunately—that resonate with Islamic radicals. Fatwas that simply condemn violent acts as 'un-Islamic' are too weak to produce any significant effect.

The best example for Muslims to follow in this case is what the Quran says about Prophet Ibrahim (Abraham) when his father threatened to stone him to death for refusing to follow the pagan beliefs common in their society. The response of Abraham—who the Quran calls "the role model of all prophets"—was not revenge, but rather an offering of peace (19:46-47). "Dost thou hate my gods, O Ibrahim? If thou forbear not, I will indeed stone thee: Now get away from me for a long while!" says the father. To this, Abraham replies: "Peace be upon thee! I shall ask my Sustainer to forgive thee. For behold, He has always been kind unto me."

The more Muslims follow this model, the more they can bring peace to the world. And the more tolerance Muslims show for values like freedom of expression, the less others will think of burning the Quran.

If the Muslim world followed the authoritative guide of Quranic verse 41:34—"Nor can goodness and evil be equal. Respond to evil with doing good deeds to the evil doer. Then will he, between whom and thyself was hatred, become as though he was thy friend and intimate!"—there would not be a so-called clash of civilizations.

Mr. Hamid, a former member of the Islamic radical group Jamma Islamiya, is an Islamic reformer and a senior fellow at the Potomac Institute for Policy Studies".
Me gustaría disponer de declaraciones similares de líderes espirituales e intelectuales musulmanes que se hayan realizado en España. Si alguien está dispuesto a proporcionarlas le estaría agradecido.

martes, 7 de septiembre de 2010

EL ISLAMISMO RADICAL Y LOS INTELECTUALES DE IZQUIERDA

Volviendo al tema de los intelectuales españoles, a los que criticamos en un post anterior sobre George Orwell, hoy recordamos un libro que en líneas generales puede resultar un tanto cansino en lo que son los objetivos centrales de su crítica, Ian Buruma y Tariq Ramadan (en la foto), pero que pone el acento en cuestiones que sí son de interés general.

El libro se titula "The Flight of the Intellectuals", escrito por Paul Berman, en el que partiendo de un largo artículo suyo publicado en The New Republic hace tres años titulado Who's afraid of Tariq Ramadan?, nos ofrece algunas conclusiones sobre la ingenuidad o la complicidad de los intelectuales occidentales de izquierda (los que en el mundo anglosajón califican como intelectuales liberales) con y ante nuevas versiones del Islam, defendidas por gente como Ramadan, que no son más que las versiones más tradicionalistas disfrazadas de modernidad y moderación para poder ser aplicadas lentamente en Occidente sin levantar mayores suspicacias entre la población.

El salafismo reformista defendido y difundido por Ramadan es considerado por muchos de esos intelectuales de izquierda, españoles incluidos, como un versión amable del islamismo radical que representan los wahabistas saudíes o los terroristas islamistas. No hay que olvidar que ese salafismo reformista tiene sus orígenes en Hassan al Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes, y abuelo materno de Ramadan.

Según Berman la principal amenaza para Occidente no procede de los islamistas violentos, sino de sus primos los autodenominados islamistas moderados que tienen capacidad para atraer hacia sus postulados a un sector izquierdista de la sociedad, en lo que sería un abrazo envenenado. Además, estos moderados rechazan la violencia de forma parcial ya que ni rechazan la dirigida contra las tropas occidentales en Iraq y Afganistán ni la ejercida contra el Estado de Israel.

Estos moderados no violentos desafían con frecuencia a los gobiernos y sociedades occidentales reclamando el respeto y el derecho a regirse por leyes y costumbres propias, todas de origen religioso, que se dirigen contra los principios básicos de la sociedades democráticas, que traicionan los pilares de la Ilustración.

De hecho, su amenaza procede en parte de que no podemos defender la democracia sin estar preparados para defender el derecho de los movimientos islamistas a participar y ganar elecciones, grupos político-religiosos que tienen una agenda que se enfrenta con el mismo concepto de democracia y de respeto de los derechos humanos que defendemos en Occidente. Son el embrión que crece en el seno de nuestro sistema político y de valores, defendidos por ese mismo sistema al que están dispuestos a devorar lentamente.

Para Berman aceptar y promover estos grupos islamistas moderados en las sociedades occidentales es una solución a corto plazo para el problema de la radicalización de las juventudes emigrantes, un cortafuegos frente al extremismo en aumento en las mezquitas de Occidente, pero es un serio problema a largo plazo ya que estos moderados pueden aceptar el sistema democrático pero no aceptarán nunca el modo de vida basado en las libertades del mundo occidental. No se puede descartar que en el futuro se conviertan en movimientos más modernos, más progresistas (en el buen uso término) a través de la participación en los procesos sociales y políticos democráticos. Pero por ahora nada asegura que esa evolución positiva sea previsible al cien por cien.

Berman considera que el nuevo término "islamofascismo", tan denostado por algunos intelectuales, es una descripción justificada y necesaria de un movimiento islamista de expansión, corriente que se inició en los años treinta (Hermanos Musulmanes, por ejemplo, fue creada en 1928), que bebió de las fuentes del fascismo alemán y que posteriormente ha ido creciendo en poder en paralelo al incremento de las fuentes de financiación de los países del Golfo gracias al petróleo.

Del libro lo más destacado que podemos extraer de lo afirmado por Berman es que muchos intelectuales de izquierda son culpables de equivocarse con su tratamiento de la radicalización del Islam. Para Berman una especie de masoquismo cultural se ha entrometido entre los principios y las prioridades tradicionales de la izquierda, por lo que esos intelectuales deberían repensar donde depositan sus lealtades. Por ejemplo, su tradicional laicismo, su pretensión de una frontal separación de la Iglesia y el Estado, se enfrenta actualmente a su apoyo a los islamistas moderados entre los cuales la religión se encuentra al frente de todo su ideario político.

En la revista especializada en política internacional, Foreign Affairs, posiblemente la más importante del mundo, y de tendencia liberal (en su sentido cultural, no político), se publicó una dura crítica al libro de Berman, realizada por Marc Lynch, que nos ofrece varias razones por las que estos islamistas moderados deben ser comprendidos e incluso apoyados en su papel de moderador de las sociedades musulmanas residentes en Occidente.

La cuestión es ¿podemos mezclar el agua con el aceite? Es evidente que los gobiernos occidentales tienen que tomar una posición ante el aumento imparable de la población musulmana en sus respectivos territorios, entre la que parece observarse un lento incremento de las tendencias radicales a pesar de que sus habitantes disfrutan de libertades inimaginables en sus lugares de procedencia.

¿Pueden ser estos islamistas el contrapeso a los radicales o no son más que una versión edulcorada pero con la misma finalidad? No podemos saberlo, pero ante la inevitabilidad de la mezcla de razas y religiones en las ciudades europeas y americanas sería muy conveniente que estos empezaran por hacerse oír claramente en sus respectivas lugares de residencia, y los que tienen un nombre conocido a nivel internacional, como Ramadan, debería convertirse en guías de unas poblaciones desorientadas propensas a la radicalización.


jueves, 2 de septiembre de 2010

LOS MUSULMANES MODERADOS DEBEN LEVANTAR LA VOZ


Los últimos días hemos presenciado varias actitudes por parte de la comunidad musulmana que han llamado seriamente la atención en el mundo occidental. Una de ellas es la intención de construir una mezquita en la Zona Cero de Nueva York; otra es la condena a muerte por lapidación de Sakineh Mohammadi Ashtiani, una ciudadana iraní en ejecución de las leyes de la sharía (Irán a condenado a muerte a otras dos mujeres por adulterio); y la tercera es la serie de insultos lanzados por un alto cargo y por la prensa iraní contra Carla Bruni, la esposa del Presidente francés Sarkozy, y contra la mujer condenada a muerte (la prensa iraní afirma que ambas merecen la muerte).

En Europa los medios de comunicación y los intelectuales siempre recuerdan el error de equiparar a todos los musulmanes con los islamistas radicales, de poner en el mismo plano a la religión musulmana y a su variante más extrema practicada en muchos países, y en muchas comunidades de musulmanes residentes en Europa. Pero la realidad es que esos musulmanes moderados casi nunca hacen acto de presencia, son generalmente invisibles, no reaccionan ante las atrocidades de los musulmanes más radicales y permiten que el resto de ciudadanos identifiquemos religión con extremismo religioso.

El Wall Street Journal ha preguntado a seis personajes su opinión sobre la construcción de la mezquita de Nueva York. Uno de ellos es Anwar Ibrahim, el líder opositor malayo y del que ya hemos hablado en este blog. Otro es Bernard Lewis, el académico inglés del que también hemos hablado en el blog en referencia a un libro publicado no hace mucho. Los otros cuatro expertos son Ed Husain, Reuel Marc Gerecht, Tawfik Hamid y Akbar Ahmed.

Vamos a resumir aquí sólo la opinión de Anwar Ibrahim porque pone el acento precisamente en la necesidad de que los moderados adopten una postura pública. Su comentario se titula "la pelota está en nuestro tejado" y este es su contenido:

Skeptics and cynics alike have said that the quest for the moderate Muslim in the 21st century is akin to the search for the Holy Grail. It's not hard to understand why. Terrorist attacks, suicide bombings and the jihadist call for Muslims "to rise up against the oppression of the West" are widespread.

The radical fringe carrying out such actions has sought to dominate the discourse between Islam and the West. In order to do so, they've set out to foment anti-Americanism and anti-Semitism. They've also advocated indiscriminate violence as a political strategy. To cap their victory, this abysmal lot uses the cataclysm of 9/11 as a lesson for the so-called enemies of Islam.

These dastardly acts have not only been tragedies of untold proportions for those who have suffered or perished. They have also delivered a calamitous blow to followers of the Muslim faith.

These are the Muslims who go about their lives like ordinary people—earning their livings, raising their families, celebrating reunions and praying for security and peace. These are the Muslims who have never carried a pocketknife, let alone explosives intended to destroy buildings. These Muslims are there for us to see, if only we can lift the veil cast on them by the shadowy figures in bomb-laden jackets hell-bent on destruction.

These are mainstream Muslims—no different from the moderate Christians, Jews and those of other faiths—whose identities have been drowned by events beyond their control. The upshot is a composite picture of Muslims as inherently intolerant, antidemocratic, inward-looking and simply unable to coexist with other communities in the modern world. Some say there is only one solution: Discard your beliefs and your tradition, and embrace pluralism and modernity.

This prescription is deeply flawed. The vast majority of Muslims already see themselves as part of a civilization that is heir to a noble tradition of science, philosophy and spirituality that places paramount importance on the sanctity of human life. Holding fast to the principles of democracy, freedom and human rights, these hundreds of millions of Muslims fervently reject fanaticism in all its varied guises.

Yet Muslims must do more than just talk about their great intellectual and cultural heritage. We must be at the forefront of those who reject violence and terrorism. And our activism must not end there. The tyrants and oppressive regimes that have been the real impediment to peace and progress in the Muslim world must hear our unanimous condemnation. The ball is in our court.

Su último párrafo se traduce así:
Pero los musulmanes tenemos que hacer más que simplemente hablar de nuestra gran herencia cultural e intelectual. Debemos estar al frente de aquellos que rechazan la violencia y el terrorismo. Y nuestro activismo no tiene que acabar aquí. Los tiranos y sus regímenes opresivos que han sido el obstáculo real para la paz y el progreso en el mundo musulmán deben oír nuestra unánime condena. La pelota está en nuestro tejado.
Todavía estamos esperando que los líderes de las organizaciones musulmanas españolas, donde tenemos una más que numerosa colonia, eleven su voz ante hechos como los acaecidos estos días y manifiesten claramente su posición contraria a los asesinatos y los actos terroristas en cualquier parte del mundo, contra la lapidación de mujeres, contra los insultos y las condenas a las personas que piensan diferente, y también nos gustaría escuchar su firme postura a favor de la libertad religiosa y del resto de los derechos humanos.

No podemos acabamos el post sin recomendar las lectura del resto de opiniones de la consulta realizada por el Wall Street Journal ya que los comentarios del resto de los participantes son igualmente interesantes.

Por otra parte, es también muy recomendable el artículo de José María Carrascal en La Tercera de ABC sobre la difícil integración de los musulmanes en occidente o de la convivencia pacífica de dos culturas y dos religiones tan dispares. Dice Carrascal:
........ Estados Unidos ha vuelto a caer en el error de creer que la democracia soluciona todos los problemas de este mundo. Cuando la cosa no es tan simple. .... Cosa muy distinta es el mundo islámico. El islamismo viene enfrentándose con el cristianismo occidental desde que nació. A la rivalidad religiosa se une la social. Ambos han creado sociedades tan opuestas que hacen difícil la ósmosis. El gran error norteamericano en esta Tercera Guerra Mundial que se está librando es creer que el musulmán desea nuestro way of life. No, el musulmán desea nuestra tecnología. Como estilo de vida, prefiere el suyo. La mejor prueba es que los musulmanes que vienen a occidente conservan su estilo de vida y quieren que sus hijos los conserven.

Del mismo modo, no sienten respeto por la democracia occidental, que consideran sinónimo de corrupción y decadencia. Consideran la suya mucho más sencilla, ordenada y directa. Partiendo del Corán como Constitución y de los intérpretes del mismo, los ulemás y ayatolás, como jueces y líderes, la democracia islámica no establece diferencia entre los distintos poderes del Estado, desapareciendo por tanto la sociedad civil, base de la democracia occidental. Si le añadimos los enormes privilegios que otorga a los hombres sobre las mujeres, se entiende el poco interés de la mayoría de los musulmanes por cambiar su democracia por cualquier otra.

El último factor de esta incompatibilidad es el histórico. Estamos hablando de pueblos orgullosos, con culturas tanto o más antiguas que la nuestra y periodos de esplendor incluso superiores. Para verse luego sometidos a la humillación del colonialismo occidental y tratados como ciudadanos de segunda en sus propios países. .... Todo ello sin contar con el «caso Israel», que el Oeste incrustó entre los musulmanes, para hacerles pagar los pecados que él había cometido contra los judíos. Algo que nunca nos perdonarán.

..... La «liberación» del mundo islámico sólo podrá venir desde dentro de él. Tiene que surgir de su Lutero que proclame la relación directa del individuo con Dios, que separe Iglesia y Estado, y que acabe con el sometimiento de la mujer al hombre, con la excusa de protegerla. Pero ese Lutero, esa reforma, no se ha visto ni se ve. Es más, las reformas islámicas han venido siempre en sentido contrario: cuando la sociedad se relajaba, surgen los integristas, los «puros», los almohades o los talibanes, para imponer de nuevo la norma estricta del Corán....

.... El mundo islámico nos ve como enemigos y como invasores, por más empeño y medios que movilicemos para instaurar una sociedad como la nuestra. Algo que no podrán alcanzar mientras sigan atrapados por una ley, un orden y una forma de vida que frena su desarrollo. Pero que tampoco podremos imponérselo desde fuera. Ese es el dilema en que estamos atrapados ellos y nosotros.....

.... La reforma del mundo islámico .... sólo podrá venir desde dentro de él y sólo hay dos vías para ello: el ejército y el «autócrata benevolente». El ejército turco, bajo Mustafá Kemal, fue el único que lanzó una laicización real del Estado, .... el ejército argelino fue quien impidió que el radicalismo islámico ocupase el poder en el suyo, tras ganar unas elecciones. .... Saddam Hussein, aparte de un brutal dictador, era un militar que encarcelaba ayatolás y se enfrentaba a un Irán regido por ellos.

....La «aproximación blanda», a la que pertenece la «alianza de civilizaciones», consiste en tratarles como amigos, y esperar que ellos se porten como tales. ....
Estoy seguro que estas afirmaciones parecerán muy extremistas a algunos lectores del artículo, y que Carrascal podría ser considerado un taliban de Occidente en sus acusaciones al modelo de vida social y político de los musulmanes, pero hasta ahora no hay nada en la actualidad ni en la realidad diaria que rechace sus argumentos. Quizás si los islamistas moderados que citábamos más arriba empezaran a movilizarse podríamos creer que Carrascal está equivocado, pero por ahora parece que la razón está de su parte.