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lunes, 28 de enero de 2013

LA NUEVA EXTREMA DERECHA EUROPEA (3ª PARTE)

La crisis económica y el descrédito ganado a pulso por algunos políticos constituye el caldo de cultivo idóneo para los extremismos. Esta «tormenta» está propiciando el avance en Europa de una extrema derecha xenófoba y «populista» que reclama que se atienda primero «a los de casa». Pero España parece aún impermeable. ¿El motivo? La falta de «oferta política estatal de este signo», según el historiador Xavier Casals. Aunque la ultraderecha española sigue viva, está fragmentada, es marginal y se divide entre la vieja derecha franquista y nuevas versiones más modernizadas.

Llaman a la unidad de España, a la expulsión de los inmigrantes, al patriotismo de la nación. La mayoría rehúsa ser considerados como grupos de extrema derecha, o incluso simplemente de derechas —algunos visiblemente ofendidos—. Dicen estar al margen de cualquier ideología, o hasta por encima de ella. Esta última característica es la que distingue a la vieja derecha española de sus versiones más modernas.

La ultraderecha nostálgica, que sigue vinculada a los movimientos ultraderechistas de entreguerrras, que recuerda con añoranza las dictaduras nazi y franquista y que pretende restablecer el pasado, no es hoy más que pequeños grupos marginales.
La derecha de la «vieja escuela»

«Marginal, trasnochada, arcaica y copada por confidentes del Estado». Así es como definió para ABC Ricardo Sáenz de Ynestrillas a la ultraderecha española actual. Aunque asegura que jamás se consideró de extrema derecha, ha militado en muchas formaciones que, como reconoce, «eran y son extrema derecha». Es el caso de Fuerza Nueva o la Alianza por la Unidad Nacional. Lejos de aquellos tiempos en que llegó incluso a ingresar a prisión, ahora se dedica a arremeter contra nuevos grupos como España 2000, Plataforma por Cataluña y otros no tan nuevos, «neonazis disfrazados de socialpatriotas».

Casals explica que el franquismo «congeló el discurso de los años treinta» y evitó que evolucionara como en el resto de Europa. Además, ese discurso era claramente contrario a la España de la transición: «Cuando los españoles miraban al futuro, la ultraderecha franquista lo hacía hacia el pasado», apunta el historiador. «Tras las elecciones de 1982, hubo una clara ausencia de liderazgos claros. Solo Blas Piñar, entre el 79 y el 82, logró colar a la ultraderecha en el parlamento», añade.

Uno de esos grupos nostálgicos del Franquismo es Infonacional. El creador de la página web aseguró a ABC que no le importa cómo los llamen, están hartos de «una democracia corrupta que no funciona y de que España no sea una, ni grande, ni libre». Admite que resucitarían «al Caudillo» y cree que «la gente tiene miedo a decir que es de derechas». Su plataforma fue una de las que, durante las dos huelgas generales de 2012, difundieron carteles que cambiaban el «huelga general» por un «vuelva, general».
 
El nuevo discurso populista

Casals distingue entre dos ciclos de «populismo español». El primero ligado a la abundancia económica y el segundo, a la escasez. Los años noventa fueron una época de populismo protestatario y antielitista en la que personalidades como Jesús Gil o Mario Conde dibujaron el perfil de hombres hechos a sí mismos, emprendedores y «pretendidamente perseguidos y acosados por un 'establishment' que se sentía amenazado con su ascenso». El eslogan era «Todos a por todas» y reflejaba las posibilidades de promoción generalizadas en una época de grandes oportunidades.

El segundo ciclo fue opuesto. La escasez generada por la crisis ha levantado entre el discurso populista el estandarte contrario: «repartir lo poco que hay en la caja común siguiendo criterios de prioridad o preferencia nacional».

Ese «¡Los autóctonos primero!» es precisamente el discurso que gobierna parte de Europa y que han abrazado los candidatos de la ultraderecha europea. En España aún no ha logrado presencia en las urnas, más allá de ganar representación en algún consistorio. El fuerte bipartidismo que componen PP y PSOE dificulta la aparición de alternativas políticas, sean del signo que sean, por lo que sus opciones se limitan al nivel local y a la periferia.

Son populistas porque buscan denominaciones inclusivas o aluden a valores. Buscan la transversalidad y huyen de situarse en la izquierda o la derecha. Se venden como antielitistas, como representantes del pueblo que se oponen a una elite que ha secuestrado la voluntad nacional y que además es la que favorece la inmigración. Su electorado, según apunta Casals, es «nihilista» y en él está sobrerrepresentado el voto «masculino, obrero, juvenil y con bajo nivel de estudios».

Esa «eventual derecha populista» de la que habla Casals encuentra a sus principales representantes en Plataforma por Cataluña, el partido de Josep Anglada, y en España 2000, en Valencia.

Plataforma por Cataluña (PxC) apareció en el panorama político en los comicios locales de 2003. Logró entonces 4 ediles, con un 0,4% de los votos. Pero su progresión ha sido continua y en las elecciones locales de 2007 se hizo con 17 ediles, hasta los 67 de 2011. El caso de España2000 es similar, aunque menos notable. Pasó de 2 ediles en 2007 a cuatro en 2011. El propio Anglada explicaba el pasado mayo a ABC que su formación no es «ni de derecha ni de izquierdas, sino una plataforma del sentido común al servicio del ciudadano». Anglada afirmaba que su electorado no viene de la derecha «sino del desencanto». El líder de PxC se vanagloria de que el atractivo de su partido sea «defender primero a los de casa, defender a los autóctonos de la invasión de los últimos años», aunque también dijo tener un «amplio programa» y trabajar para «denunciar la corrupción política».

El eslogan del partido es «Primero los de casa» y sus postulados antiinmigración han sido tachados por muchos como xenófobos. Cuando se le pregunta por ello, Anglada responde: «Si fuésemos racistas, la Ley de Partidos nos habría ilegalizado. Respetamos a los inmigrantes, pero en este país no cabemos todos», sentencia. Para Ynestrillas, Anglada es un «farsante populista» y un «hipócrita». El líder de España 2000, José Luis Roberto —con lemas como «los españoles primero» o «Ni uno más. Con seis millones de parados, sobran seis millones de inmigrantes»— sencillamente le parece «un mafioso valenciano».
«Una hormiga friki y trasnochada»

La extrema derecha existe en España, pero no está organizada como partido. Casals cree que el Partido Popular tiene y ha tenido una «habilidad notable» para adaptarse y ocupar el espectro del centro derecha español. Ynestrillas habla de grupos que en su fuero interno votan al PP, y que tratan de presionarlo para que se escore más a la derecha, «aunque son como una hormiga friki, trasnochada y egocéntrica, presionando a un elefante».

El presidente de la ONG Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, cree que se ha iniciado un proceso similar al de otros países europeos y, si no se toman medidas y la crisis sigue «cebándose con los desamparados, crecerán los radicalismos». «Son grupos agresivos y violentos, que se hacen notar en las calles y aunque no tienen presencia en instituciones, sí en el más de un millón de páginas web neofascistas que circulan por la red», indicó a ABC. Para Ibarra, el «público objetivo» de estos grupos son jóvenes que abandonaron el colegio para trabajar en la construcción, alentados por el acceso a grandes salarios. «Les intoxican tachando al inmigrante de culpable. Es una demagogia fácil y simplona» indica.

Casals cree que estamos ante una situación política imprevisible. «El PP sufre desgaste y el PSOE, estancamiento. Y no hay alternativas a nivel estatal», explica. Para cambiar las incertidumbres por certezas habrá que esperar. Al menos, hasta que pase la «tormenta».


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sábado, 12 de mayo de 2012

EL AVANCE DE LA EXTREMA DERECHA EN EUROPA


Publica hoy ABC un interesante aunque breve artículo sobre el avance los partidos de extrema derecha en Europa, excepto en España, donde prácticamente no existen, quizás por haber atravesado 36 años de dictadura franquista. Por contra, tenemos a los comunistas en los parlamentos y alcaldías, a pesar de sus cien millones de muertos, precisamente porque en España nunca gobernaron, subsisten. 

Las recientes elecciones en Grecia han dibujado un Parlamento tan fragmentado que impide la formación de gobierno. El candidato más votado, Antonis Samaras, reconoció su incapacidad para lograr una mayoría estable. En sus reuniones con los demás grupos políticos no incluyó al partido fascista Amanecer Dorado. Con una estética nazi no disimulada, la irrupción de este partido en el panorama político griego ha vuelto a sacudir Europa, que ve cómo la crisis impulsa a los populismos.

Grecia

El programa de Amanecer Dorado propone deportar a todos los inmigrantes. Su líder Nikos Mijaloliakos, que ha llevado a la formación a conseguir el 7% de los votos -21 escaños-, propone minar todas las fronteras para evitar la entrada de nuevos inmigrantes.
«No para matarlos, sino para impedir que entren en el país». El símbolo del partido recuerda a la cruz gamada nazi. Mijaloliakos es un exoficial del Ejército retirado. Acusan a numerosos militares del grupo de tener excelentes relaciones con las fuerzas paramilitares serbias que perpetraron la matanza de Srebrenica.
Amanecer Dorado ha tomado el relevo de Laos, que en 2009 obtuvo el 5,6% de los votos. Yorgos Karatsaféris amenazó en febrero con enviar a Alemania los dos millones de inmigrantes irregulares que, sostiene, viven en Grecia.

Francia

Bajo el liderazgo de Marine Le Pen, el Frente Nacional (FN) ha renovado su imagen, lastrada por el discurso radical de Jean-Marie Le Pen. La hija del líder ultraderechista obtuvo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas un resultado histórico: 17,9% frente al 16,86% que consiguió su padre en 2002 cuando, sin embargo, logró pasar a la segunda vuelta.
El mensaje de Le Pen, del que Nicolas Sarkozy intentó apropiarse en su enfrentamiento conFrançois Hollande, está elaborado a partir de recetas simples: una Europa a la deriva y el punto de mira puesto en los banqueros, los inmigrantes, los millonarios, los delincuentes y los partidos tradicionales.
Marine Le Pen,madre soltera de tres hijos, es especialmente hábil ante los medios y en el uso de la demagogia. En el proceso de renovación del partido presenta a la Agrupación Azul Marino a las próximas legislativas de junio.

Italia

La ultraderecha italiana ha tenido el liderazgo de Umberto Bossi desde que este fundara la independentista Liga Norte en 1991. Su influencia fue creciendo hasta llegar a superar el 10% de los votos en las elecciones generales de 1996.
En 2008, con el 8,3% de los votos, formó gobierno con el Partido de la Libertad de Silvio Berlusconi, una coalición que se rompió en 2011. Hasta hace un mes decir Liga Norte era lo mismo que decir Umberto Bossi.
Pero el líder de un partido hecho a su medida dimitió a primeros de abril por un escándalo de apropiación indebida y estafa.

Holanda

Geert Wilders fundó el Partido por la Libertad en 2006, tras abandonar el Partido Popular por la Libertad y la Democracia. Y en las últimas elecciones parlamentarias llevó a su partido a ser la tercera formación más votada de la mano de un discurso islamófobo y favorable al endurecimiento de las leyes migratorias.
En junio del año pasado fue absuelto por un tribunal de los cargos de incitación al odio y discriminación contra los musulmanes. El juez consideró que hizo unos comentarios «chocantes» contra el islam, pero no contra los musulmanes, tras comparar la fe islámica con el nazismo.

Suecia

Los Demócratas de Suecia, el partido que preside Jimmie Akesson, superó en las elecciones de 2010 por primera vez el umbral del 4% necesario para obtener representación parlamentaria y consiguió veinte escaños. El discurso político de Akesson se centra en la inmigración y la criminalidad, fenómenos que relaciona.

Hungría

Gabor Vona es el líder de Jobbik, un partido nacionalista húngaro, con presencia incluso en el Parlamento Europeo. Centra sus ataques en la comunidad gitana.
En 2007 fundó la Guardia Húngara, vinculada a Jobbik, que ha sido acusada de llevar a caboactividades «contra los derechos humanos de la minorías garantizados por la Constitución».

Austria

«Trabajo en vez de Inmigración» o «Auténticos representantes del pueblo en vez de traidores de la UE» son algunos de los eslóganes utilizados por Heinz-Christian Strache, líder del Partido Liberal Austriaco. Desde 2005, cuando sustituyó a Jörg Haider, ha llevado a su partido a ser la segunda fuerza política del país.

Dinamarca

Pia Kjærsgaard no tiene estudios superiores. Trabajó como oficinista y en servicios de ayuda a domicilio. Pero ha consolidado al Partido Popular Danés como la tercera fuerza política del país. Su influencia sobre el Gobierno de los liberal-conservadores ha hecho que se adoptaran duras medidas contra la inmigración, antes de que los socialdemócratas recuperaran el poder en septiembre de 2011.
«Si los suecos quieren convertir Estocolmo, Goteborg o Malmö en un Beirut escandinavo, con guerras de clanes, crímenes de honor y violaciones cometidas por bandas, dejémosles que lo hagan. Nosotros siempre podemos poner una barrera sobre el puente de Oresund», sostiene Pia.

Finlandia

Para Timo Soini los inmigrantes son criminales. Los solicitantes de asilo «parásitos del dinero de los contribuyentes». Timo Soini es el líder del ultraderechista Verdaderos Finlandeses. En las últimas elecciones, en abril de 2011, consiguieron el mayor avance político de la historia de Finlandia: 19,0% de los votos para 39 escaños. Un resultado ocho veces mejor que el de 2007. Mantiene un discurso euroescéptico y muy crítico con la inmigración.

Noruega

Siv Jensen todavía declaraba días después de la masacre de Utoya que la amenaza islamista seguía allí, en Noruega. Es la máxima responsable del llamado Partido del Progreso, que en 2003 consiguió el 23% de los votos para alzarse como el segundo partido de Noruega. Las motivaciones ultraderechista Anders Behring Breivik, que mató a 69 personas en 2011, han hecho caer a la mitad los apoyos del partido de Jensen.

Bélgica

Vlaams Belang, a semejanza del Partido por la Libertad holandés, lanzó hace un mes una página en internet con el objetivo de denunciar a los inmigrantes ilegales en Bélgica. Este partido xenófobo vincula la inmigración ilegal a la criminalidad, al trabajo en negro o al abuso de la seguridad social. En 2007 consiguieron un 12% de los votos para caer tres años después, en 2010, al 7,6%.

Suiza

El Partido del Pueblo Suizo fue la formación más votada en 2011 de la mano de una campaña que tuvo a los inmigrantes en su punto de mira. El SVP-UDC cedió dos puntos respecto a 2007.
Suiza ha votado en estos últimos años contra la construcción de minaretes en su territorio y se convirtió en el primer país democrático occidental en introducir en su legislación medidas dirigidas contra un culto religioso. Recientemente, el SVP-UDC recogió firmas para establecer un cupo de inmigrantes y frenar así la «inmigración masiva».

Bulgaria

«Bulgaria para los búlgaros», repite Ataka, un partido nacionalista y xenófobo. Con este discurso la ultraderecha entraba por primera vez en el Parlamento búlgaro en 2005. Su líderVolen Siderov protagonizó mítines de estética paramilitar con agresivos mensajes contra los gitanos y los turcos. Repetiría éxito cuatro años después y tuvo el apoyo del 9,4% de la población

martes, 24 de abril de 2012

QUÉ ES AHORA LA EXTREMA DERECHA EN EUROPA


Hay pocos temas que revelen de una manera tan nítida el cambio de mentalidad que está viviendo nuestra sociedad como el del auge de las nuevas formaciones políticas de la derecha radical populista, cuyo episodio más reciente es el triunfo de Marine Le Pen con su 19% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales francesas. 

Como subraya Aitor Hernández-Carr, investigador del IGOP-UAB y consultor analista de SOCOL-Tecnologia social, en su estudio La derecha radical populista en Europa: discurso, electorado y explicaciones formaciones como el Frente Nacional francés, el Vlaams Berlang flamenco, los Partidos del Progreso escandinavos y el Partido de la Libertad austríaco comparten discursos a través de los cuales podemos leer nuestra sociedad. Entre ellos:

1. Apelan al hombre común. Frente a la extrema derecha del pasado, que priorizaba la defensa de un cierto orgullo nacional, los partidos actuales insisten en la defensa del hombre común frente a las élites, poniéndose de parte de ese ciudadano normal y corriente que está siendo "explotado" por los grandes poderes. Eso lleva a que estas formaciones “se apoyen ampliamente en esa sensación de ninguneo que tiene una parte de la población y que incorporen discursos de corte social, atacando al euro y a las políticas de recortes actuales”. De este modo se han granjeado muchas simpatías entre la clase trabajadora. 

En España estas clases trabajadores ven como los partidos socialistas y los sindicatos, así como la extrema izquierda, también se centran en promover intereses ajenos a los de los trabajadores, lo que no provoca un giro a la extrema derecha pero sí un abandono de sus apoyos.

2. Hacen valer la identidad frente a las amenazas exteriores. En un mundo cambiante, estos partidos tratan de preservar la cultura nacional, pero ya no para salvaguardar viejas esencias ligadas con una identidad de destino en lo universal, sino como refugio seguro respecto de un entorno que no acertamos a entender. 

En nuestro país la izquierda abandona la cultura nacional en favor de la cultura local, un regreso a la aldea que se enfrente a la amenaza exterior que se personifica en España.

3.  Han sustituido la raza por la cultura. “Ya no apelan al racismo biológico y la inferioridad de los inmigrantes, sino que resaltan la exterioridad de éstos respecto del grupo mayoritario”. Eso hace que se subrayen los problemas de convivencia que pueden provocar personas que tiene costumbres muy distintas de las nuestras, que se señalen las dificultades de integración “y que se critique la presencia excesiva de personas foráneas que pueden amenazar nuestros valores, estilos de vida y tradiciones”. 

Mientras en España la izquierda se abona a una mezcla de raza y cultura, el aldeanismo y el RH y la cultura local.

4.  La clase media y la obrera confluyen  en su electorado. El votante de este clase de partidos solía pertenecer a unas capas intermedias compuestas por pequeños empresarios, propietarios de pequeñas tiendas y autónomos, a los que se han unido, como se aprecia especialmente en la experiencia francesa, “trabajadores manuales, trabajadores de cuello blanco de rango inferior y desempleados”, llevándose así un buen número de votos que iban a parar tradicionalmente a la izquierda.

5. Tienen éxito entre los jóvenes y entre la adultez temprana. Las formaciones de esta derecha postindustrial ya no tienen que ver con ese votante de edad avanzada que tenía en la memoria tiempos mejores. Ya no son partidos nostálgicos, y por ello han encajado bien entre los treintañeros y entre los jóvenes. En gran medida, señala Hernández-Carr, porque éstos poseen una mucho menor identificación partidista que sus mayores. “Hay gente que tiene discursos contra la inmigración muy duros, pero como están habituados a votar a las fuerzas tradicionales de derecha o de izquierda, siguen haciéndolo. Los jóvenes, por el contrario, están mucho más abiertos a partidos nuevos. Además, hablamos de formaciones que se presentan como rupturistas, lo que las hace aún más atractivas a sus ojos”.

6. Ofrecen respuestas simples y directas a problemas complejos.  La más habitual era la que señalaba a los inmigrantes como la causa del descenso en nuestro nivel de vida, pero ese estrato poblacional ha dejado paso a una capa mucho más desgastada, la política. Como asegura Hernández-Carr, “hace ya dos décadas que nuestros dirigentes están perdiendo legitimidad, pero la crisis ha acelerado notablemente el proceso. La sensación de impotencia con que están viviendo los ciudadanos esta crisis la han focalizado en los políticos, cuyas limitaciones a la hora de ejercer el poder se han vuelto mucho más evidentes, lo que ha provocado que se conviertan en los primeros culpables de que las cosas vayan mal”.

7. La percepción del deterioro económico es un motor de su éxito. No se trata sólo de que quienes han salido perdiendo en el nuevo contexto voten a estos partidos, sino que su influjo se ha extendido a esos sectores de la población que contemplan preocupados cómo el nivel de vida está descendiendo a su alrededor. “Hay una sensación muy fuerte de angustia hacia el futuro que hace que se busquen discursos muy claros. El de la autoridad y el orden es uno de ellos”. Y en varios sentidos, porque no se trata sólo de que se requiera mano firme contra problemas cotidianos, sino que se demandan líderes fuertes que sepan poner orden en una sociedad que está perdiendo su norte, también en lo económico: “Ese discurso de recuperación de la soberanía nacional frente a la UE que ha utilizado Le Pen tiene que ver con esta tendencia”.

8. Es un movimiento reformista, pero que cambiará las cosas. “Si el fascismo era revolucionario, la nueva derecha es reformista, porque quiere transformar la sociedad pero manteniendo el marco legal actual. No busca otro tipo de Estado, sino que quiere introducir novedades en la democracia. Hay una encuesta reveladora según la cual uno de los aspectos que más valoraba la gente de la dirigente del Frente Nacional era que realmente quería cambiar Francia y que su llegada al poder implicaría novedades reales”. Aunque está por verse hasta qué punto eso es cierto, porque “ninguno de estos partidos ha llegado a gobernar en solitario y  no sabemos si sus discursos son sólo para ganar votos o esconden intenciones verdaderas, lo cierto es que han provocado muchas simpatías entre los votantes”. En otro sentido, que se proclamen reformistas también ha provocado que muchas de sus propuestas puedan ser asumidas como propias por los partidos tradicionales, que buscan ganar votos haciendo guiños electorales a simpatizantes ajenos. Esto es, afirman los expertos, lo que hará Sarkozy para recoger en segunda ronda a los seguidores de Le Pen.

9. Los medios les prestan mucha atención. Televisiones y diarios recogen con mucha frecuencia noticias sobre sus líderes y dan notable cobertura a las temáticas que les son favorables pero, al mismo tiempo, suelen descalificarles y estigmatizarles. “Se da cierta fascinación con estos partidos y con sus líderes, aun cuando se les defina como marginales. Cuando ni siquiera era regidor en Vich, Josep Anglada ya gozaba de una atención mediática constante”. 

En España, en cambio, a quien se presta atención es a la extrema izquierda a la que se presenta como demócrata y constitucionalista, a pesar de promover reformas antidemocráticas y de desear acabar con la Constitución para imponer una dictadura de corte castrista.

10. Por qué no funcionan en España. La excesiva vinculación de la extrema derecha española con el franquismo. La no consolidación de la inmigración como un eje de confrontación política, lo que no tardará mucho en llegar, o la monopolización del potencial espacio electoral de la derecha por el PP son motivos que explicarían un mayor respaldo a esta clase de partidos en el suelo político español.  Pero hay otro factor, como la inexistencia de un líder fuerte y sólido, que ayuda a que no sean visibles. “Estos partidos necesitan una militancia que se patee las calles, por lo que han de contar con un líder que cree empatía y que no esté marcado como extremista y que, al mismo tiempo, sea aceptado por las diferentes corrientes de la derecha radical, lo cual no es sencillo”.