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martes, 28 de abril de 2015

EL MITO DEL GENOCIDIO ESPAÑOL EN IBEROAMÉRICA: LAS ENFERMEDADES PROVOCARON LA MUERTE DEL 95% DE LA POBLACIÓN

Lejos de lo vertido por la Leyenda Negra contra España, la catástrofe demográfica estuvo causada por las epidemias portadas por los europeos. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio su fragilidad biológica.

El término anacrónico de «Genocidio Americano» es uno de los puntales de la leyenda negra que vertieron los enemigos del Imperio español para menoscabar su prestigio. En un grabado holandés del siglo XVII aparece Don Juan de Austria, héroe de la batalla de Lepanto, vanagloriándose del martirio de un grupo de indígenas americanos. La mentira es insultantemente estúpida: el hijo bastardo de Carlos I de España jamás participó de la conquista ni siquiera piso suelo americano. 

Así, entre mentiras, cifras exageradas y episodios novelados, se gestó el mito que pervive hasta la actualidad de que los españoles perpetraron una matanza masiva y ordenada de la población americana. La verdad detrás de esta controversia histórica muestra que el auténtico genocidio, pese a que los españoles no escatimaron en brutalidad para llevar a cabo sus propósitos, lo causaron las enfermedades portadas por los europeos.

La catástrofe demográfica que sufrió el continente americano desde 1492, el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón, es un hecho irrefutable. Antes de la llegada de los españoles se ha estimado tradicionalmente que la población del continente se encontraba entre los 40 millones y 100 millones. No obstante, el hispanista venezolano Ángel Rosenblat argumenta en su estudio «La población de América en 1492: viejos y nuevos cálculos» (1967) que la cifra no pasaría de 13 millones, concentrándose los mayor grupos en las actuales regiones de México y de Perú, ocupadas por el Imperio azteca y el Inca respectivamente. Sea una cifra u otra, la disminución demográfica fue dramática: el 95 % de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón, según el investigador estadounidense H. F. Dobyns.


La sangría demográfica hay que buscarla en dos factores: el traumatismo de la conquista (las bajas causadas por la guerra, el desplome de las actividades económicas y los grandes desplazamientos poblaciones) y las enfermedades. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio el choque biológico. Cuando las enfermedades traídas desde Europa, que habían evolucionado durante miles de años de Humanidad, entraron en contacto con el Nuevo Mundo causaron miles de muertes ante la fragilidad biológica de sus pobladores. Un sencillo catarro nasal resultaba mortal para muchos indígenas. El resultado fue la muerte de un porcentaje estimado del 95% de la población nativa americana existente a la llegada de Colón debido a las enfermedades, según los cálculos del ecólogo Jared Diamond.

No obstante, fueron las grandes epidemias las que provocaron el mayor impacto. Una epidemia de viruela que se desató en Santo Domingo entre 1518 y 1519 acabó con prácticamente toda la población local. Esta misma epidemia fue introducida por los hombres de Hernán Cortés en México y, tras arrasar Guatemala, bajo hasta el corazón del Imperio Inca en 1525, donde diezmó a la mitad de la población. Precedido por la viruela, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el golpe final a un imperio que se encontraba colapsado por las enfermedades. La epidemia de viruela fue seguida por el sarampión (1530-31), el tifus en 1546, y la gripe en 1558. La difteria, las paperas, la sífilis y la peste neumónica también golpearon fuerte en la población.

«Los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas», escribió en su texto «Apología» el holandés Guillermo de Orange, esforzado padre de la propaganda negativa del Imperio español. Con la intención de menoscabar el prestigio de la Monarquía hispánica, dueña absoluta del continente durante casi un siglo, los holandeses, los ingleses y los hugonotes franceses exageraron las conclusiones del libro «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», escrito por el fraile dominico Bartolomé de Las Casas. Este fraile que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje no había imaginado que su texto iba a ser la piedra central de los ataques a España cuando denunció el maltrato que estaban sufriendo los indígenas. Como explica Joseph Pérez, autor de «La Leyenda negra» (GADIR, 2012), Las Casas pretendía «denunciar las contradicciones entre el fin –la evangelización de los indios– y los medios utilizados. Esos medios (la guerra, la conquista, la esclavitud, los malos tratos) no eran dignos de cristianos; el hecho de que los conquistadores fueran españoles era secundario».

Las traducciones y reediciones de la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» se multiplicaron entre 1579 y 1700: de ellas 29 fueron escritas en neerlandés, 13 en francés y seis en inglés. Lo que todos obviaron cuando emplearon a Las Casas para atacar al Imperio español es que él mismo representaba a un grupo de españoles con el coraje de denunciar el asunto, la mayoría misioneros, y a una creciente preocupación que atrajo el interés de las autoridades. Los críticos consiguieron que en 1542 las leyes nuevas recordaran la prohibición de reducir a los indios a esclavitud y sancionaron el fin del trabajo forzoso, la encomienda. En la controversia de Valladolid, donde por desgracia se sacaron pocas conclusiones finales, se enfrentaron quienes defendían que los indígenas tenían los mismos derechos que cualquier cristiano contra los que creían que estaba justificado que un pueblo superior impusiera su tutela a pueblos inferiores para permitirles acceder a un grado más elevado de desarrollo.

Curiosamente, los enciclopedistas franceses, muy críticos con todo lo referido a España en otras cuestiones, fueron los primeros en ver que las cifras presentadas por de Las Casas –20 millones de muertos causados por los métodos de los conquistadores– eran del todo imprecisas. En «El Ensayo sobre las costumbres» (1756), Voltaire afirma que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia. «Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios», expuso en 1777 el escritor francés Jean-François Marmontel en una obra, «Les Incas», que por lo demás está llena de reproches hacia la actitud de los conquistadores. La Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a Las Casas a la categoría benefactor de la Humanidad.

Más allá del brutal impacto de las enfermedades, es cierto que la violencia de la Conquista de América provocó la muerte directa e indiferente de miles de personas. El que existiera un grupo de personas críticas con los métodos empleados por los conquistadores –un grupo de hombres que perseguían como principal objetivo el hacerse ricos– o que los Reyes españoles plantearan soluciones –aunque fueran incompletas e incluso hipócritas– no exime a España de sus pecados y del daño cometido, pero sí la diferencia de precisamente los países que censuraron una actuación que luego ellos mismos practicaron. Sin entrar a valorar el fangoso proceso llevado a cabo por los anglosajones en Norteamérica, la explotación de caucho en el África negra dejó a sus espaldas 10 millones de muertos en el Congo Belga. «La colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los conquistadores españoles. La única diferencia es que no encontraron a un Las Casas para denunciar las injusticias con tanta repercusión», sentencia el hispanista Joseph Pérez en el citado libro.

miércoles, 18 de agosto de 2010

COMENTARIO MÁS VOTADO EN EL CONFIDENCIAL.COM Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA

El martes 17 de agosto un comentario de Aussie en una noticia en El Confidencial.com sobre las fiestas de los bicentenarios de independencia de los países iberoamericanos y las relaciones de esos gobiernos con España, volvió a ser el más votado del día. Realmente el primero más votado fue el comentario señalado en la entrada anterior, del día 16 de agosto, también de Aussie, y este fue el segundo, pero las normas de ese foro conducirán a publicar este nuevo comentario en la edición de ese diario digital del día 18 de agosto. Lo que quiere Aussie ha conseguido dos primeros premios seguidos. Lo escrito era lo siguiente:

Buenos días

Llevo unos cuantos años viviendo fuera de España y he tenido muchas experiencias con sudamericanos. Desde personas que tienen un especial cariño a España, los menos, a los que nos odian o nos desprecian, los más.


He conocido profesores de instituto y de universidad de origen sudamericano que utilizan sus clases de español para atacar y acusar a España de sus problemas actuales, y diplomáticos que nos desprecian, sin detenerse a pensar ¿por qué después de 200 años de independencia seguimos en la miseria?


No hay diferencia entre los políticos sudamericanos y los catalanes. Todos quieren seguir mandando y robando todo lo posible, y su coartada es acusar a España de todos sus problemas, somos el necesario enemigo exterior que desvía la atención de sus ciudadanos. Y 200 años de indoctrinación calan profundamente, dan resultado.


Ya ningún ciudadano iberoamericano es capaz de entender que los ladrones, asesinos, violadores y esclavistas durante los últimos 200 años fueron sus antepasados y los de sus dirigentes, pero no los nuestros.

Los nuestros se quedaron en España.
Ellos son responsables de su propio atraso y miseria, no la colonización, no somos nosotros.

Este comentario despertó las iras de unos cuantos comentaristas habituales de El Confidencial, reconocidos y autoclasificados como nacionalistas catalanes de izquierda, porque consideran que fue una provocación comparar los políticos catalanes con los iberoamericanos.

Pero es que de lo que se trata en esos foros es de dar nuestra opinión y que ésta sea en lo posible lo más ajustada a la verdad, guste o no, sea elegante o no, porque para mentir a diario y públicamente ya tenemos a nuestros políticos de derecha e izquierda y a los periodistas que viven opíparamente de sus buenas relaciones con ellos, de difundir sus mentiras y de darles a éstas una cobertura de justicia y verosimilitud.

Desde hace años, y especialmente desde que gobierna en Cataluña el tripartito izquierdista donde se integran nacional socialistas (o socialnacionalistas por si alguien se siente ofendido, aunque el orden de los factores no altera el producto), independentistas de izquierda (lo de izquierda es sólo por ponerse una etiqueta que no suene mal a su propio electorado) y comunistas independentistas (menudo oxímoron), todos los problemas de Cataluña, según sus líderes nacionales, se derivan o han sido originados en Madrit o en Espanya.

Esos políticos catalanes que ahora gobiernan, así como los que aspiran a sucederles, son incapaces de asumir nunca una responsabilidad por sus actos o por sus omisiones, todos sus males son consecuencia de las acciones anticatalanistas de Madrit, del Partido Popular, de los jueces, de la prensa mesetaria y de las radios fascistas (seguramente me dejo a algún hipotético culpable más en el tintero).

Pero la realidad es que el déficit y sus problemas de financiación se deben a su mala gestión, a su escasez de ideas, a su populismo, a su electoralismo, a su clientelismo y a sus iniciativas para recrear la Gran Catalunya de Jaume I.

Sus problemas con el Estatuto se deben a su desprecio de las reglas del juego, del marco jurídico y político y a su interés por convertirse en un Estado cuasi independiente dentro de España, con todos los beneficios que se disfrutan por ser parte de una entidad jurídica política y territorial y un mercado mucho más grande e integrado en una aún mayor como es la Unión Europea, pero sin asumir ninguna de las obligaciones implica ser una parte más de ese territorio.

Podrán decir que no es así, contar el apoyo interesado del PSOE en estas cuestiones, podrán indignarse y acusarnos de provocadores, pero esa es la realidad, y por ocultarla no se va a arreglar la situación.

Siendo así, la integración Cataluña en España se está haciendo políticamente insostenible, y se dirige a un agravamiento progresivo y acelerado, incentivado por los políticos catalanes que no cejarán en su empeño por convertir a Cataluña en ese hijo treintañero que vive en casa de los padres aprovechando todas las facilidades que éstos le conceden, pero sin ayudar al mantenimiento de la casa común. En ese proceso seguirán envenenando las relaciones entre los ciudadanos catalanes y españoles hasta que el deterioro sólo pueda acabar desembocando en la separación.

Pero en ese proceso es fácil que nos dejemos muchas energías, perdamos mucho tiempo y alimentemos nuevos odios. Así que lo mejor es alcanzar ese punto de ruptura cuanto antes y que Cataluña se independice de España con todas las consecuencias, ASAP (as soon as possible) que diría un angloparlante.

Regresando a la cuestión de Iberoamérica, hay que entender que "el enemigo exterior" es una herramienta política típica de los gobiernos populistas de la región, y en populistas debemos incluir tanto a derecha como a izquierda. El Profesor Carlos Maladud ha escrito recientemente un libro sobre la cuestión, Populismos latinoamericanos. Los tópicos de ayer, de hoy y de siempre (Oviedo, Ediciones Nobel, 2010) y pueden ver una crítica al mismo en El Cultural y una referencia en Política Exterior.