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martes, 5 de enero de 2016

LA CARRERA HACIA NINGUNA PARTE. DIEZ LECCIONES SOBRE NUESTRA SOCIEDAD EN PELIGRO

Giovanni Sartori: «Vivimos una guerra terrorista, global, tecnológica y religiosa»

Este prestigioso ensayista galardonado con el premio Príncipe de Asturias reflexiona sobre los peligros que acechan a la sociedad occidental.

«Estamos viviendo una guerra de religión. Y yo digo que a la guerra se le responde con la guerra, no con asambleas como hacen en las Naciones Unidas, que yo llamo desunidas». Así de rotundo y claro se muestra el más brillante politólogo italiano, Giovanni Sartori (Florencia, 1924), profesor de asombrosa cultura, considerado como uno de los máximos expertos en ciencia política. Es Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005) y ha publicado el ensayo «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro», elogiado en medios de la derecha y la izquierda.

«Occidente y sus valores están en peligro», advierte Sartori, quien considera que la guerra a la que asistimos es inédita, con cuatro características: terrorista , global, tecnológica y religiosa. «El extremismo islámico crece porque atrae a jóvenes de todo el mundo y su fuerza deriva de que se alimenta de fanatismo religioso. La guerra terrorista de Daesh es de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recordaba. Es una guerra en la que es secundaria la componente militar. Se ganará si sabemos reaccionar y no dudamos de nuestros valores y de nuestra civilización ético-política».

Cree el profesor Sartori que Occidente no está dando la respuesta adecuada a Daesh y desconfía de la capacidad de liderazgo de Obama, al que se refiere con cierta ironía recordando que en sus años de profesor en Universidad neoyorquina de Columbia, en la que estaba inscrito el hoy presidente norteamericano, impartía dos cursos que hubieran sido «muy importantes para él, uno sobre teoría de la democracia y otro sobre el método y el lenguaje en política, pero no asistió a mis clases». Y con risa e ironía nos añade: «Si hubiera seguido mis cursos no habría hecho tantas estupideces».

Critica el empeño mostrado por Occidente para exportar la democracia en algunos países árabes: «La democracia no es exportable, sobre todo en los países islámicos, porque sus regímenes son teocracias fundadas sobre la voluntad de Alá, no sobre la voluntad del pueblo. Dios y pueblo son dos principios de legitimidad opuestos».

Integración de musulmanes

No solo es crítico con Obama, sino también con los líderes europeos «porque demuestran que comprenden poco y mal lo que está sucediendo en Europa». La ampliación de la UE a 28 países no le gusta al profesor. «Ha sabido expandirse, pero no es capaz de hacer una buena gestión», añade explicando que «Europa ha sido concebida como una entidad sin defensas económicas y, por tanto, fácilmente conquistable».

Especialmente duro se muestra con la política sobre inmigración. «La gran sorpresa ha sido que los musulmanes de tercera generación no solamente no se han integrado, sino que son los más rebeldes, porque no tienen trabajo, el islam fanático los atrae y odian a Occidente. Europa creyó que esos inmigrantes serían integrados en la tercera generación, como ocurrió en Estados Unidos. Pero allí eran todos de procedencia europea y con la misma religión».

A Sartori le preocupa especialmente la superpoblación mundial, con algunos casos que hablan por sí solos, como el de Níger, cuya población se duplica cada diez años, con descenso dramático de la vida media, que era de 28 años y ahora lo es de 15, y de continuar así en diez años será un país de niños, con millones y millones de niños, un país en el que además el desierto avanza. «El gran problema es la superpoblación. Es la más dramática crisis de nuestro tiempo. La Tierra ha superado los nueve mil millones de personas. En un siglo la población se ha triplicado. Es algo insostenible... ¿Dónde meteremos los miles de millones que la Tierra no podrá soportar. ¿Los mandaremos a Plutón?», se pregunta con ironía.

El autor de «Homo videns. La sociedad teledirigida» (1998), donde explicó que el «homo sapiens», un ser caracterizado por la reflexión dada su capacidad para generar abstracciones, se convirtió en «homo videns», que ve pero no piensa y a menudo no entiende. Ahora Giovanni Sartori culpa a la televisión y a Internet de «producir imágenes y cancelar los conceptos, atrofiando así la capacidad de comprender». En este sentido, considera que los nuevos medios pueden ser enemigos de la democracia. «La sociedad liberal democrática está construida de abstracciones. No hay nada visible en los conceptos que nosotros hemos usado para construir la democracia liberal. Conceptos como el de justicia, por ejemplo», nos señala Sartori.

Le indicamos al profesor que algunos al leer su último libro podrían tacharle de pesimista, pero él subraya que es realista: «Yo tengo un lema muy claro: El pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; pero el mal lo hace el optimismo o el "tranquilismo" que conducen a no hacer nada. Este es exactamente mi lema y lo que pienso».


Giovanni Sartori: «Los musulmanes de tercera generación odian a Occidente» «Vivimos una guerra de religión», advierte.

«La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro», es una especie de manual de supervivencia que viene a enriquecer su producción de 35 libros traducidos en todo el mundo.

Confiesa que, originalmente, eligió como título de su libro «La carrera hacia la ruina», para explicar que «caminamos sin ideas de cómo progresar con tantos como somos, demasiados… Las ruinas crean unidades más pequeñas, como en la Edad Media. Algunos quieren crear su pequeño reino».


ÁNGEL GÓMEZ FUENTES - ABC - 14/09/2015  y 01/01/2016 

Estas son sus diez lecciones

1. La parábola del bípedo implume
"La historia de los bípedos implumes se pierde en la noche de los tiempos. (...) El caso es, por lo tanto, que solo hace un puñado de siglos que los ciudadanos tenemos un Estado que no es simplemente la fuerza del más fuerte. ¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo empezó el Estado tal y como lo conocemos hoy? Diría que a finales del siglo XVII, con John Locke, y principios del XIX, con Benjamin Contstant. (...) En resumen, la política fue la fuerza a discrección del más fuerte, del más poderoso, hasta que se inventó la democracia liberal, que es, precisamente, el producto de un pensamiento abstracto que comprende sin ver, digamos, con los ojos cerrados".

2. Revoluciones verdaderas y revoluciones falsas
"Lo que se discute no es -fíjense- si las revoluciones tienen, no tienen o deberían tener una continuación económico-social. Es bastante obvio que, de hecho, siempre es así. En realidad nunca se ha visto una revolución que se detenga y se encierre dentro del palacio que ha conquistado.  (...) Es realmente importante entonces distinguir entre revolución y ese después, y limitarse a la definición estricta y puntual de revolución. Si los límites entre acontecimiento revolucionario y gobierno posrevolucionario se borran, la "revolución permanente" se convierte en la justificación de la "dictadura permanente". (...) ¿Qué sentido tiene asaltar las democracias? En realidad, el asalto se ha producido, pero el hecho no se ha convertido en un asalto verdadero. Sí, las revoluciones han golpeado también a las democracias, pero la revancha ha sido que la democracia las ha vaciado".

3. El sistema electoral perfecto existe
"La premisa de un sistema electoral perfecto (casi perfecto) es que deben estar prohibidas las coaliciones. Cada partido se debe presentar solo, proponiendo un solo candidato. De esta forma, cada partido tiene interés en presentar a su mejor candidato o, en todo caso, al candidato considerado electoralmente el más fuerte, y los partidos minúsculos desaparecen solos (obviamente para las elecciones nacionales presidenciales). En el balotaje los designados serán cuatro o poco más. Y en la segunda vuelta, los candidatos menores pueden elegir entre retirarse -en tal caso obtendrán un derecho de tribuna- o seguir en liza, pero en tal caso perderán el derecho de tribuna".

4. Guerra terrorista y guerra al terrorismo
"Y el que no dice 'guerra' cuando la hay es que pierde esa guerra. O sea que quien usa la palabra 'guerra' ve una cosa, y quien no la usa ve otra. Quien dice guerra se siente en peligro moral; quien dice otra cosa, no. En la guerra, si es que se trata de una guerra, combatimos a un enemigo; pero si la palabra es distinta, entonces el enemigo no existe y no hay nada o nadie contra quien combatir. Por tanto, ¿se está librando una guerra sí o no? En mi opinión, sí. Quien cree que no, usa para definir la guerra criterios pasados y del pasado. Mientras que la guerra de la que estamos hablando es una guerra totalmente inédita, sin pasado".Hay que calificarla como 1) terrorista, 2) global, 3) tecnológica, y 4) religiosa".

5. Cristianismo e Islam, laicismo y religión
"Durante cerca de un milenio el cristianismo y el islam se enfrentaron y combatieron así, como dos religiones. Pero desde el siglo XVII, la 'respublica christiana' se fue disolviendo y secularizando gradualmente, mientras que el islamismo siguió siendo una civilización teocrática. ¿Por qué? Paradójicamente, nosotros, los cristianos, nos secularizamos gracias a las ferocísimas guerras de religión internas entre católicos y protestantes. Aquel baño de sangre fue terrible y Europa salió de él agotada. Pidió e impuso la tolerancia. El islam no ha conocido nunca guerras de religión internas comparables con las nuestras. Wahabitas, sunitas y chiítas se degüellan entre sí, pero esporádicamente y a pequeña escala (al menos en comparación con lo que fue la carnicería europea). Y luego, aunque es cierto que cristianismo e islam son ambos, en principio, religiones fuertes, el primero siempre ha sido menos fuerte que el segundo".

6. 'Jus sanguinis', 'jus solis' y residencia
"Hasta ahora, la ciudadanía se ha basado en el 'jus sanguinis', según el cual el individuo adquiere por nacimiento la nacionalidad de sus padres, o en el 'jus soli', según el cual el individuo adquiere la nacionalidad del país donde nace. Los países muy poblados mantienen en general el primero; los países poco poblados adoptan en general el segundo. (...) Quisiera proponer un tercer criterio: la concesión de la residencia permanente, transferible a los hijos pero siempre revocable, a cualquiera que entre en un país legalmente con los papeles en regla y un puesto de trabajo, no digo asegurado, pero sí prometido o creíble. En espera de descubrir cuántos seremos, si los podremos absorber o no, esta fórmula concede mucho tiempo y no hace daño".

7. Integración, asimilación y rechazo
"La Europa de Bruselas, la llamamos así para abreviar, ha sido concebida como una entidad sin aranceles y sin barreras económicas y, por lo tanto, indefendible y fácilmente conquistable. Y millones de seres humanos, sobre todo africanos, están buscando comida y trabajo en esta Europa. (...) La Unión Europea, que hoy consta de 28 Estados, está obviamente pasando por un mal momento, aunque es importante distinguir entre los países de Europa del norte y los demás. Los primeros han sido acogedores e incluso un poco ilusos, dentro de lo posible; pero ahora están saturados y hasta decepcionados. La gran sorpresa ha sido que los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes, los más extranjeros. Por eso Suecia, Holanda, Dinamarca y sus vecinos restringen las puertas de entrada".

8. Las dos éticas
"Max Weber formuló la distinción fundamental entre 'ética de la intención' (Gesinnungsethik) y ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik). La primera persigue el bien (tal como lo ve) y no tiene en cuenta las consecuencias. Aunque el mundo se hunda, la buena intención es lo único que vale. La ética de la responsabilidad, en cambio, tiene en cuenta las consecuencias de las acciones. Si las consecuencias son perjudiciales, debemos abstenernos de actuar".

9. El alma no está en el espermatozoide
"Para la filosofía, o para el pensamiento racional, el hombre se caracteriza por la razón, por la autoconciencia o al menos por los estados psicológicos y autoconscientes. Para Locke, por ejemplo, la persona e un 'ser consciente de sí' y 'sin conciencia no hay persona'. Pero he aquí que de repente la Iglesia católica se olvida del alma (y, con ella, de su teología) y se entrega a la biología, a la cual le hace decir que entre mi embrión y yo no hay ninguna diferencia: vida humana la suya, vida humana la mía. Si embargo, la definición religiosa -repito- es y debe ser distinta; considera que el hombre es hombre porque está caracterizado por la presencia del alma. Esta es una definición que no comparto pero respeto. Y me asombra que sea yo quien tenga que recordarla y defenderla mientras la Iglesia demuestra que la ha olvidado. Se me podría objetar que es obvio que el alma llega con el embrión. ¿Obvio? Obvio exactamente, no. Esta no ha sido nunca la doctrina de la Iglesia y he citado a Santo Tomás para demostrarlo".

10. El embrión y la persona

"Si, como me deseó un simpático lector tiempo atrás, me hubieran matado cuando era un embrión, no me habría dado cuenta y ni siquiera habría sufrido por ello. En cambio, como persona, sé que tendré que morir y quizás incluso que sufrir. Y el argumento lógico es el siguiente: si bien un embrión será una persona, un embrión todavía no lo es".


martes, 19 de octubre de 2010

LOS POLÍTICOS EUROPEOS Y LA INMIGRACIÓN, EL FANTASMA DE LA EXTREMA DERECHA

Tras la llegada al poder de partidos y políticos considerados populistas y de extrema derecha en Suecia, Dinamarca y Holanda, y tras la expulsión de gitanos de Francia, la Canciller alemana Ángela Merkel se ha atrevido a afirmar algo que ya sabíamos, que la multiculturalidad es una milonga vendida por políticos e intelectuales de izquierda, un mito promocionado por ellos y que miles de siglos de historia habían demostrado como un imposible.

El magnífico libro de Sartori sobre el tema (La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros, Taurus Ediciones, 2001. ISBN 84-306-0416-2) ya puso las cosas claras, pero Sartori es considerado como un intelectual de derechas y por tanto es mejor ignorar sus afirmaciones y seguir fomentando la llegada masiva e irregular de emigrantes.

Las declaraciones de Merkel están siendo consideradas como una deriva populista de la Canciller ante el declive de su popularidad, y puede que eso sea verdad, pero no por ello es menos verdad que la llegada masiva de emigrantes ilegales que son mantenidos por los impuestos de los ciudadanos comunitarios, y que se niegan en un alto porcentaje a integrarse en las comunidades de acogida, es una bomba de relojería que no para de hacer tic-tac y que puede acabar con el surgimiento de disturbios populares y étnicos.

Según informa El País "una encuesta de la fundación Friedrich Ebert, cercana al Partido Socialdemócrata (SPD), recogía esta semana que casi el 60% de los alemanes son partidarios de "restringir sustancialmente las prácticas religiosas" de los musulmanes. Si bien con un planteamiento bastante impreciso, la encuesta demuestra lo revueltas que están las aguas que gustan a los pescadores de votos. Sin embargo, los democristianos están dejando de nuevo que el debate derive en cacofonía".

Como es costumbre en nuestra izquierda, en esta ocasión El País se centra en las actitudes de los democristianos alemanes y obvia las hipotéticas consecuencias sociales que nos anuncian los resultados de la encuesta. Es decir, el problema para la izquierda es la mera existencia o desarrollo del debate sobre la emigración, para ellos el problema no se encuentra en que la sociedad en la que viven está cada vez más dividida y hastiada de la presencia de emigrantes, legales o ilegales, que ponen en peligro la propia viabilidad de la sociedad que los alemanes (o europeos en general) han venido creando desde hace dos mil años y que ha desembocado en un estado del bienestar y de protección de los derechos.

Los socialistas europeos ya empiezan a reclamar un "cordón sanitario" contra la extrema derecha; se echa mucho de menos la misma petición contra la extrema izquierda, que ha costado decenas de millones de muertos en todo el mundo, pero eso es sólo un wishful thinking. Según informa Euobserver: The leadership of the Party of European Socialists, the pan-European political party that brings together all European social democratic outfits, on Friday (15 October) adopted new five-point code of conduct on how to act around extreme right parties, which have seen a sharp rise in support in many countries in the wake of the economic crisis....."Regarding this threat ... all European parties should sign up to our plan to refuse to work with the extreme-right," the party's president and former Danish prime minister Poul Nyrup Rasmussen..... Specifically, the party is calling on mainstream left, right and centre parties to reject any ruling coalitions, electoral alliances or any "implicit support" with far-right parties and to isolate members who break the cordon sanitaire.

Es decir, hay que aislar políticamente y en las instituciones a los partidos de extrema derecha . Primero, habría que aclarar qué es extrema derecha y qué no lo es, porque no todas las opiniones políticas que no son del agrado de los socialistas y los comunistas son posiciones extremistas; algunas son declaraciones de simple sentido común. Por otra parte:

- ¿Por qué no se incluyen entre esos apestados políticos a las organizaciones de extrema izquierda?

- ¿Por qué se sigue gobernando en algunas comunidades españolas junto a extremistas de izquierda y ultranacionalistas con toques racistas.

- ¿Por qué se negocian unos presupuestos generales con ultranacionalistas católicos y racistas que basan su ideología en los escritos de un enfermo mental como Sabino Arana?

No voy a defender a los partidos de extrema derecha, que merecen tanto desprecio como el resto de extremistas, pero los socialistas europeos vuelven a recaer en la tentación de clasificar como extremistas de derecha a organizaciones que propugnan cuestiones y problemas que se encuentran en las calles, esas que los partidos de izquierda dicen conocer mejor que nadie. Ignorar las consecuencias de una emigración masiva, descontrolada y que defiende unos valores enfrentados a los europeos (de raíz cristiana, guste o no a los izquierdistas) no puedo más que conducirnos a futuros problemas sociales.

Nuestros políticos, y sus intelectuales orgánicos, deben empezar a considerar que la emigración debe tener una regulación mucho más estricta y controlada, y que su integración debe cumplir ciertos requisitos legales y administrativos, sin dejarla a la simple voluntad de los inmigrantes.

Aquí, en Australia, es así y nadie se sorprende por ello. Es cierto que las condiciones geográficas propias facilitan esa labor de control, pero lo que de verdad es importante en este ámbito es la voluntad política, y aquí se tiene y nadie la pone en solfa cada vez que llega a la costa un barco con inmigrantes. Es difícil ponerle coto, y cada día se presentan dificultades, pero la imagen de dureza que arrojan las autoridades en esta esfera ya tiene un alto efecto disuasorio del que carecemos en Europa.

Nuestros políticos deberían tomar buena nota del discurso sobre la inmigración del ministro liberal australiano Peter Costello en el Sydney Institute en febrero de 2006, y que en España atribuyen al ex Primer Ministro laborista Kevin Rudd. No en vano, posiblemente sea uno de los discursos más difundidos en España en los últimos años, a través de correo electrónico y en versión reducida, y no sólo entre gentes de extrema derecha o de conservadores, yo lo he recibido varias veces y procedente de gentes de diversas tendencias.



lunes, 16 de agosto de 2010

MULTICULTURALISMO, NACIONALISMO, CULTURA

Leyendo un interesante artículo sobre "culturalismo" publicado en Open Democracy, titulado Culturalism: culture as political ideology, he recordado un libro de Giovanni Sartori publicado en 2001 sobre el multiculturalismo titulado La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros, que tuvo una buena acogida por los sectores conservadores pero que recabó bastantes críticas por los sectores políticos e ideológicos de izquierda.


El artículo de Open Democracy ha sido redactado por dos investigadores daneses y se centra en la situación de Dinamarca, pero realiza proposiciones que son asumibles o trasladables a cualquiera de los países occidentales.


Según los autores, la controversia sobre el multiculturalismo ha cambiado los frentes políticos. La izquierda defiende el respeto por las minorías culturales, afirmando que se pueden conjugar y armonizar el multiculturalismo y las ideas liberales de la sociedad (derechos fundamentales, sistemas políticos, etc.). Mientras que la derecha está en guardia en la defensa de la cultura nacional, y en su extremo aporta el concepto del etnopluralismo, la idea de que toda cultura tiene derecho a su autonomía y a su existencia siempre que permanezca circunscrita a su propio territorio, de modo que los inmigrantes deben asumir que deben ser asimilados a la cultura del territorio de acogida o regresar a sus países de origen.

Culturalismo, por su parte, es la idea de que los individuos están determinados por su propia cultura, culturas que forman ámbitos cerrados donde el individuo no solo es incapaz de dejar de lado su cultura propia sino que sólo puede realizarse personalmente a través de ella. El culturalismo también mantiene que esas culturas reclaman poseer unos especiales intereses y requieren una protección también especial, incluso aunque para ello se deban violar los derechos fundamentales de los individuos.

El nacionalismo sería una variante del culturalismo, según la cual una única cultura facilita las bases para la existencia del Estado, como demuestra el renacimiento del nacionalismo en España en el que se hace uso de la cultura propia como base justificadora de toda la política local.

En base a estos conceptos, la izquierda tradicional pelea para que se reconozcan como elementos culturales prácticas sociales y religiosas que son antiliberales (liberalismo como concepto y base de una sociedad ilustrada democrática y que respeta los derechos fundamentales), mientras que la extrema derecha y los nacionalistas locales de derecha e izquierda hacen renacer un nacionalismo cultural excluyente.

Éste sería un sumario del artículo de Open Democracy, y no vamos aquí a traducir el artículo completo, pero se recomienda su lectura y la extrapolación de algunas conclusiones y afirmaciones a la actual situación política española, donde podemos contemplar como premisas izquierdistas son abandonadas por los nacional socialistas locales haciendo un extraño seguidismo de los nacionalistas, abandonando lo que deberían ser sus principios ideológicos.

En cuanto a Sartori y su libro citado, en éste afirma que a diferencia del pluralismo político, que incluye a los partidos, asociaciones y grupos existentes sin condenarles al aislamiento ni tratar de multiplicarlos, el multiculturalismo es una fábrica productora de diversidad dedicada de forma obsesiva a hacer visibles las diferencias o a inventárselas con propósitos de separación o de rebelión: la creación de subcomunidades que se comportan como contracomunidades significa el fin del pluralismo, por ello "El multiculturalismo lleva a Bosnia y a la balcanización".

Las identidades de adscripción (nacionalidad, lengua, raza, religión o sexo) del multiculturalismo, pegadas a la espalda de sus titulares desde el nacimiento, crean guetos cerrados e impiden a sus pobladores atravesar fronteras interculturales. Las políticas públicas de affirmative action o de discriminación positiva en favor de grupos desfavorecidos refuerzan esas tendencias a fabricar la diversidad, aunque no tengan una fundamentación teórica multicultural.

En Europa encontramos que los riesgos para la estabilidad y la supervivencia del sistema pluralista, entre otros factores, están creados por la inmigración incontrolada y la concesión de derechos de ciudadanía a extranjeros de difícil o imposible integración. A diferencia de Estados Unidos, un país construido por los inmigrantes, Europa se ha convertido de la noche a la mañana en tierra de acogida sin la menor experiencia previa. La sociedad multiétnica describe cómo la superpoblación y la urbanización han agravado los efectos de la miseria tradicional africana y han puesto en marcha un proceso migratorio imparable, crecido por los afluentes llegados de las regiones más pobres de América Latina, Europa Oriental y Asia; las peculiaridades del fundamentalismo islámico y las resistencias a la integración ofrecidas por las "extrañezas radicales" de religión y etnia constituyen otro motivo de preocupación.


Dada esa pesimista combinación de diagnósticos y pronósticos, las severas críticas de Sartori a la excesiva tolerancia de la política de extranjería en Italia (podríamos añadir a Francia y España como partidarios de esta actitud) y sus desalentadores augurios sobre la desestabilización y desintegración de la democracia a menos de que se regularice y se limite la entrada de 
inmigrantes, resultan insuficientes; si la emigración hacia Europa impulsada por el hambre y la desesperación es incontenible, no basta con desaconsejar las estrategias actuales: más allá de cerrar herméticamente las puertas a los ilegales (¿de qué manera?) y de recortar los derechos o el acceso a la ciudadanía de los inmigrantes legales (¿hasta qué punto?), se necesitan alternativas de acción positiva inspiradas precisamente en los valores del pluralismo político.


Huyendo de lo políticamente correcto, Sartori tacha a los defensores de la multicultura y la acción afirmativa de falsos liberales que desean acabar con el pluralismo y la tolerancia. Sartori trata de conservar, frente a la agresión del extranjero que no se somete al imperio de la ley, las conquistas de la civilización occidentual: la democracia, el valor de la diversidad, el Estado de derecho, la libertad, la tolerancia y el pluralismo de los partidos. Sartori busca una "buena sociedad", una sociedad abierta. Afirma que la presión de los flujos migratorios en Europa y la doctrina multiculturalista están poniendo en peligro esa sociedad.

Según él, los multiculturalistas, "de origen marxista", no persiguen una integración diferenciada del otro, sino una desintegración multiétnica, una balcanización, una tribalización de la sociedad en la que todos sean iguales ante la ley siendo, en realidad, absolutamente distintos entre sí.

La cuerda de la tolerancia, añade, puede romperse y el racismo puede surgir y está empezando a surgir (el libro lo escribió en 2001, desde entonces en Holanda, Dinamarca y Gran Bretaña los partidos nacionalistas ha tenido un fuerte resurgimiento) si Occidente permite que en sus países haya grupos étnicos y religiosos como los árabes, sociedades teocráticas que viven a su manera, consideran infiel al que los acoge y no respetan las reglas ni la cultura occidentales, manteniendo atavismos "como el uso del chador, la ablación de clítoris o la oración del viernes": "cuanto más grande es la diferencia cultural, más difícil es la integración. No todos los inmigrantes son iguales y, además, Europa está muy dividida en diferentes posturas".

Sartori cree que los europeos deben aceptar la integración de los inmigrantes "siempre que ésta implique una reciprocidad y que no derive en subculturas aisladas. Porque si no se comparten los valores culturales, surgen los conflictos".

Centrándonos en el caso de la "pacífica invasión musulmana de Europa" la página www.webislam.com, donde se publican artículos en defensa de las comunidades musulmanas en España y Europa así como se publican artículos de carácter social y religioso, afirma en uno de sus artículos titulado Musulmanes en Europa, integrados pero diferentes: "Así, resulta que ese mismo laicismo occidental que ha sido tan agresivo para secularizar la sociedad cristiana que había heredado, se está transformando en una ideología más dialogante y comprensiva con el credo mahometano. Irónicamente, los musulmanes están abriendo brecha en el laicismo occidental, en parte por firmeza en las propias creencias y en parte por el miedo del gobernante occidental a una respuesta agresiva, en vista de algunas experiencias con el fundamentalismo islámico". Reconoce así el artículo que el multiculturalismo, tan agresivo con el cristianismo, está abriendo la puerta a una comunidad musulmana que conseguirá sus objetivos por dejación de los políticos de sus propias responsabilidades.