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domingo, 14 de julio de 2013

300 ANIVERSARIO DEL TRATADO DE UTRECHT - EL ROBO DE GIBRALTAR


Ricardo García Cárcel - ABC - ANIVERSARIO DEL TRATADO DE UTRECHT

El llamado tratado de Utrecht es, en realidad, una suma de tratados bilaterales que empiezan en las conversaciones de La Haya y se deslizan en convenios parciales entre los diversos participantes en la Guerra de Sucesión. El núcleo principal de los múltiples tratados de paz que concurren en Utrecht es el acuerdo entre la monarquía británica y la española que concluyó el 13 de julio de 1713. La introducción de este convenio no podía estar más cargada de buena voluntad: “Habiendo sido servido el Árbitro supremo de todas las cosas ejercitar su divina piedad, inclinando a la solicitud de la paz y concordia los ánimos de los príncipes que hasta aquí han estado agitados con las armas en una guerra que ha llenado de sangre y muerte a casi todo el orbe cristiano... Habrá una paz cristiana y universal y una perpetua y verdadera amistad entre el serenísimo y muy poderoso príncipe Felipe V, rey católico de las Españas y la Serenísima y muy poderosa princesa Ana, reina de la Gran Bretaña...

Detrás de tan bella retórica, Inglaterra se quedó con Gibraltar y Menorca, con posesiones territoriales en el norte de América y el acceso al comercio atlántico (derecho de asiento, navío de permiso) rompiendo el viejo monopolio español del Atlántico. Era el coste de la asunción británica de Felipe V como rey de España. Los mayores desgarros de la monarquía española van a situarse en Gibraltar, Menorca y la problemática catalana. El 6 de agosto de 1704 la Armada de los Aliados –liderada por Jorge de Hesse Darmstadt, figura principal del autracismo catalán, antiguo virrey de Cataluña, y por el almirante británico Rooke- había tomado Gibraltar.

¿Quién tomó Gibraltar?

¿Se tomó la plaza en nombre de la reina Ana de Inglaterra o del rey Carlos de la España austracista? Berwick en sus memorias se manifestó tajante: “En verano desembarcó en Gibraltar el príncipe de Darmstadt y se apoderó de la plaza, la guarnición era muy endeble y su gobernador un imbécil”.

Según historiadores británicos como Hills, hasta al menos, un año después, los ingleses no se plantearon seriamente quedarse con Gibraltar y entendieron inicialmente la toma de la plaza como un episodio irrelevante en el desarrollo de la guerra.

Fue un conjunto de circunstancias que proyectaron Gibraltar hacia la mirada interesada y a la postre hacia la reivindicación de su posesión por Inglaterra. Gibraltar fue declarada posesión británica en el artículo X del Tratado de Utrecht. Se incluía en el texto la exigencia de respeto a las creencias de la religión católica y que en el supuesto de que Gran Bretaña decidiera enajenar su dominio sobre Gibraltar, España tendría preferencia sobre cualquier otra opción de destino. La plaza nunca se recuperó pese a los intentos de 1727 y 1779-83.

Menorca fue tomada por el almirante británico Leake en julio de 1708. Si en Gibraltar había habido 12000 asaltantes aquí solo 3384. La situación política de Menorca fue ambigua. ¿La soberanía para quién? ¿Para Inglaterra o para la España austracista? Para el inglés, «lo natural»

Inicialmente hubo indefinición al respecto. Ciudadela, para España; Mahón para Inglaterra. A partir de 1712, Menorca era plenamente británica en manos del gobernador Kane. Los propios británicos legitimaban la reivindicación plena de Menorca con el argumento de que “lo que pedimos es tan natural que el mundo entero estima debíamos quedárnoslo y se sorprenderá de nuestra modestia si no deseamos otra cosa”.

El caso «de los catalanes»

El artículo XI del Tratado de Utrecht les otorgó a los ingleses la posesión de Menorca, pese a las reticencias austriacas. Menorca sería británica hasta 1802, con solo dos períodos de excepción: 1756-63 en que sería francesa y 1782-97 en que pertenecería al rey de España.

El Tratado de Utrecht supuso también el planteamiento de lo que los ingleses llamaron “el caso de los catalanes”. En el artículo XIII la reina Ana de Gran Bretaña reivindicó amnistía general para los catalanes implicados en el bando austracista de la guerra y la homologación de los derechos económicos de los catalanes con los castellanos, lo que suponía la libertad de comercio con América. El caso catalán no se resolvió por el radicalismo de una parte de la sociedad catalana que optó por la resistencia épica pero suicida que culminaría el 11 de septiembre de 1714 y por la terquedad de Felipe V: “En cuanto a esos canallas y pillos el rey no le concederá jamás esos privilegios pues no sería rey si lo hiciera”.

Dos consecuencias de Utrecht

El acuerdo de Utrecht tuvo dos resultados principales: el total desmembramiento del gran coloso que había sido durante doscientos años la monarquía hispánica y la apertura de un nuevo sistema europeo caracterizado por el equilibrio continental. ¿Fracaso diplomático español? Fracaso ciertamente político. Como dice el gran diplomático-historiador Miguel Ángel Ochoa Brun: “Cuando los políticos y los guerreros dejan las riendas a los diplomáticos a menudo les dejan un carro sin ruedas o un velero desarbolado que quieren que corra y navegue

Callejón sin salida en la actualidad

El contencioso de Gibraltar se encuentra hoy en una especie de callejón sin salida, después de que el Gobierno de Mariano Rajoy diera por muerto el Foro Tripartito de Diálogo puesto en marcha por José Luis Rodríguez Zapatero, que situó a los gibraltareños casi al mismo nivel que España y el Reino Unido. Los llanitos han optado por la confrontación con España, con hechos como el hostigamiento a los pesqueros españoles que faenan en torno al Peñón, mientras el Ejecutivo de David Cameron se niega siquiera a hablar con España del asunto de la soberanía.


José María Carrascal - ABC- GIBRALTAR, PASADO, PRESENTE Y FUTURO

Hace hoy 300 años se firmó en Utrecht el tratado que, tras el de Westfalia (1648), confirmaba la decadencia española. Una fecha triste por tanto, aunque puede no lo pareciese a los españoles de aquel entonces, que sufrían una década de guerra civil por la sucesión al trono, entre los partidarios del Archiduque Carlos de Austria y los de Felipe de Borbón, lo que convirtió la guerra en continental. Exhaustos todos, se impuso el francés, pero tuvo que pagar por ello, a costa de España y a favor de la auténtica ganadora, Inglaterra, que iniciaba su expansión imperial. Dejando aparte que Gibraltar fue tomado por una escuadra angloholandesa en nombre del pretendiente austriaco al trono español, o sea, arteramente, el Tratado de Utrecht, establecía que la Corona española cedía a la inglesa: —«La plaza de Gibraltar, con su puerto, defensas y fortalezas, sin jurisdicción alguna territorial» —«Sin comunicación alguna con el país circunvecino por parte de tierra». —«En caso de decidir un día dar, vender o enajenar la propiedad de dicha plaza, Inglaterra ofrecería a España la primera opción de recuperarla».

Ninguna de esas condiciones han cumplido los ingleses, que han ocupado la mitad del istmo nunca cedido, han construido allí un aeropuerto, reclaman la mitad de la Bahía de Algeciras, expanden la superficie del Peñón con rellenos y pasan a España cuando les da la gana, como los gibraltareños, que tras vivir 300 años del contrabando, se dedican ahora al lavado de dinero negro. Todos los esfuerzos militares para reconquistar la Roca han sido en vano. Los políticos, infructuosos. Normal: Inglaterra iba para arriba, España, para abajo.

Pero hace cincuenta años hubo suerte o, más bien, milagro. Fue cuando los ingleses ofrecieron a los gibraltareños el derecho a autodeterminarse para esquivar la cláusula que les obligaba a dar a España la primera opción en caso de desprenderse de la Roca, jugada maestra, al usar la descolonización para mantener su colonia. Pero la ONU les dio el alto y, tras una batalla diplomática que duró cuatro años, el 19 de diciembre de 1967, la Asamblea General aprobó una resolución que desmontaba la argucia británica, censuraba el referéndum independentista en la Roca y establecía que Gibraltar tenía que ser descolonizada por negociaciones entrelos gobiernos español y británico, teniendo en cuenta el principio de que «todo intento que destruya parcial o to—talmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas». Que era darle la razón a España, pues a los gibraltareños sólo les concedía que se respetasen sus «intereses», no sus «deseos» como insistieron obstinada e infructuosamente los ingleses.

Pero aquella victoria no condujo a nada. No porque los ingleses, como era de esperar, se atrincheraran en sus posiciones, sino porque los españoles, en vez de hacer lo mismo, volvimos a nuestro deporte favorito: pelearnos entre nosotros. Se cerró y volvió a abrirse la Verja, y, a partir de ahí, cada paso que se dimos fue hacia atrás en vez de hacia delante, con cada ministro de Asuntos Exteriores llevando una política distinta en el contencioso, hasta llegar al caso calamitoso de Moratinos, que aceptó a los gibraltareños como parte de las negociaciones e incluso fue personalmente a la colonia, lo que era una forma de reconocerla. Una especie de «Real Politik», sólo que a la inversa: aceptar la realidad impuesta por el contrario en vez de imponer la nuestra. Menos mal que a aquellas alturas, la ONU defendía nuestros intereses mejor que nuestro gobierno y cuando los gibraltareños, animados por el éxito, se presentaron en su sede para pedir que les sacasen de la lista de colonias, les dijeron que no, que seguirían en ella hasta que se cumpliese la resolución emitida por la Asamblea General sobre el caso.

En un aniversario como el de hoy, las preguntas pertinentes son dos: ¿No resulta anacrónico insistir en el caso Gibraltar? Mi respuesta es: no. Lo realmente anacrónico es que sigan existiendo colonias. Y cuando han desaparecido de todos los continentes, resulta que queda una, en Europa para vergüenza de ésta y de España. Segunda pregunta: ¿Volverá Gibraltar un día a ser español? Depende de los españoles. Pues Gibraltar, con todas sus ventajas, tiene dos inconvenientes aún mayores: la geografía, se trata de un peñón inhóspito, un apéndice de España, de la que depende incluso para el agua de beber. Luego, es un paraíso fiscal, y el mundo ha declarado la guerra a los paraísos fiscales, que están sustrayendo enormes recursos a todos los gobiernos, en medio de una crisis en la que cuenta cada dólar y cada euro. En todas las reuniones internacionales, grandes o pequeñas, el tema de acabar con los paraísos fiscales figura en el orden del día y el cerco sobre ellos es cada vez más estrecho. El que hasta Suiza haya levantado en parte el secreto bancario no puede ser más elocuente. Nadie lo sabe mejor que los gibraltareños, que buscan firmar a la carrera acuerdos fiscales con otros países, pero su dilema es angustioso: si dejan de ser un refugio del dinero evadido de otras haciendas, se quedan sin una de sus mayores fuentes de ingresos. Pero si continúan con más sociedades que habitantes dedicadas a toda clase de operaciones opacas, incluida la droga y el tráfico de armas, se expone a seguir en una lista cada vez más negra y sospechosa.

En último término, sin embargo, todo dependerá de si los españoles hacemos el esfuerzo y los sacrificios necesarios para recuperar la colonia. Sacrificios que empiezan por un plan de desarrollo del Campo de Gibraltar, para que sus habitantes no tengan que depender del contrabando ni de hacer los trabajos más duros en la Roca. ¿Estamos dispuestos a ello? No lo sé. El nuevo ministro de Asuntos Exteriores ha acabado con el funesto Foro Tripartito de Moratinos y prometido mayor firmeza. Pero no bastan las acciones defensivas. Ingleses y gibraltareños están echando el resto, al darse cuenta de que se lo juegan todo. A la chita callando, siguen avanzando, como muestra que hayan conseguido se incluya a Gibraltar en las competiciones de la UEFA y que la Unión Europea acabe de asignar 10,5 millones de euros al Peñón dentro del Programa de Desarrollo Regional. Al tiempo que celebran Utrecht volviendo a acosar a nuestros pesqueros. Así, a balón parado, nos marcan los goles.

Quiero decir que trescientos años después de su entrega ignominiosa, Gibraltar sigue siendo la piedra de toque de España como nación completa y como Estado moderno. Sin acabar de pasar la prueba.

domingo, 9 de junio de 2013

GIBRALTAR Y LA LÍNEA, POBRES PORQUE LO CONSENTIMOS

La Línea de la Concepción, el barrio obrero y pobre de Gibraltar. Porque el resto de los españoles lo consentimos
 
«HAY chavales que pasan diez, quince veces al día, trayendo cada vez un cartón de tabaco. —¿Por qué no estudias o aprendes un oficio?, le pregunto. —¿Para qué voy a estudiar o aprender un oficio si tengo el cartón de tabaco?, me contesta. —¿Qué voy a hacer yo, si los padres lo consienten, si hasta puede hagan lo mismo?», me dice el joven policía nacional de guardia en la Verja gibraltareña. A nuestro lado pasa una riada ininterrumpida de peatones en ambos sentidos, mientras los coches discurren con fluidez normal, bajo un sol que no se decide a ser de verano.
 
El contrabando de tabaco, lícito e ilícito, sigue siendo una de las actividades tradicionales de La Línea de la Concepción, lo practican muchos de los que trabajan en Gibraltar, a modo de sobresueldo, amas de casa, parados, jóvenes que lo eligen como medio de vida. ¿Hay que reprochárselo? No. ¿Cómo puede reprochárseles si ha sido así siempre, si La Línea es el «barrio obrero» de Gibraltar, si las autoridades españolas vienen haciendo la vista gorda a este trapicheo, si para muchos es su único medio de vida y para otros, la forma de redondear su pequeño sueldo o su mísera pensión? Pero el efecto desmoralizador parecido al de un cáncer lento, es mortal a la larga.
 
Lo más grave de todo es que curarlo es más simple de lo que a primera vista parece: crear en torno a Gibraltar las condiciones que hagan innecesario no ya ese contrabando de baja intensidad, sino que los españoles tengan que ir a la colonia inglesa para hacer los trabajos más duros, humildes y peor pagados. Hacer realidad aquel Plan de Desarrollo que se anunció en los años sesenta del pasado siglo y que aún no se ha realizado. Estén seguros de que en el momento en que La Línea, San Roque y Algeciras superen a Gibraltar en calidad de vida, los gibraltareños empezarían a pensar distinto. Es posible que algunos quisieran seguir haciendo contrabando y otros negocios ilícitos a gran escala, pero les iba a ser mucho más difícil hacerlo.
 
Cuando al desplomarse el muro de la vergüenza berlinés Alemania Occidental se encontró 17 millones de alemanes orientales que tenía que absorber, pagando sus pensiones, convalidando en marcos fuertes sus ahorros, haciéndose cargo de sus servicios sociales, aprobó un impuesto especial para hacer frente a tan enorme carga y todo el mundo lo aceptó, al darse cuenta de que era el precio que había que pagar para algo tan valioso como la reunificación. Y, hoy, Alemania es una nación sólida, a la cabeza de Europa. Mientras nosotros no somos capaces de elevar el nivel de vida de unos miles de españoles para recuperar la colonia que tenemos desde hace tres siglos en nuestro territorio. Y no somos capaces por cainismo, por falta de proyecto nacional, por vendernos por un cartón de tabaco, todos, desde el Cabo Peñas a la vergüenza de Gibraltar.
 
JOSÉ MARÍA CARRASCAL EN ABC

lunes, 26 de noviembre de 2012

LA BATALLA DE GIBRALTAR Y EL "ENTREGUISMO" ESPAÑOL

En vísperas de cumplirse el Tercer Centenario del Tratado de Utrecht (1713), por el que España cede Gibraltar a Inglaterra, este libro narra la historia de la toma de una fortaleza en nombre de un pretendiente al trono español, para convertirse en una expansión ininterrumpida por tierra, mar y aire hasta nuestros días, contada por el testigo de una de sus batallas más importantes, la diplomática en la ONU, la única que España ha ganado, aunque está perdiendo por los errores, falsos cálculos y rivalidades internas de nuestra política. Podría argüirse que ocuparse a estas alturas del problema de Gibraltar es un anacronismo. Lo verdaderamente anacrónico es que, cuando las colonias han desaparecido de África, Asia, América y Oceanía, queda una en Europa. Aunque lo más doloroso es que tal anacronismo revela nuestro fracaso. El Peñón no se reincorporará a España mientras los españoles no tengamos voluntad de conseguirlo y hagamos el esfuerzo común necesario para lograrlo. Gibraltar se convierte así en piedra de toque de España como nación moderna y Estado democrático. "

José María Carrascal habla de su nuevo libro, «La batalla de Gibraltar», editado por Actas, con la misma pasión con la que lo ha escrito. A su conocimiento privilegiado del contencioso del Peñón por haber vivido desde la corresponsalía de ABC en Nueva York los agónicos combates entre España y el Reino Unido en el seno de la ONU, ha sumado el rigor del historiador y la agilidad del periodista para completar el relato vibrante de una absurda rendición sin derrota. A día de hoy, la legalidad internacional refrenda plenamente la reivindicación española de la soberanía de Gibraltar, pero han faltado a lo largo de las cuatro últimas décadas, lamenta, voluntad política y pulso patriótico para reactivarla.

-Su libro se titula «La batalla de Gibraltar» y se subtitula «cómo se ganó, cómo se perdió». ¿Se ha olvidado que tuvimos la victoria en nuestra mano?

-Y la tenemos. La ONU no ha variado su doctrina. Lo que pasa es que nosotros hemos ido retrocediendo, cada vez más. El tema sigue abierto en el Comité de los Veinticuatro de la ONU, el de descolonización, y cuando fue allí el pasado mes de junio el nuevo ministro principal y esgrimió los argumentos de siempre no logró cambiar un ápice las cosas, porque la Resolución de diciembre de 1967 que dice que Gibraltar ha de ser descolonizado en negociaciones entre el Reino Unido y España sigue vigente.

-Pero el Reino Unido no ha parado de tender trampas.

-Claro. Y cada ministro de Asuntos Exteriores de España ha dado un paso atrás. Algunos, un salto atrás. Es tremendo que en este asunto la ONU haya venido defendiendo los intereses españoles mejor que los españoles mismos.

-Repasemos maniobras trileras de los británicos. Por ejemplo, la ocupación del istmo.

-Para eso se han aprovechado de la debilidad española en diferentes momentos, a pesar de que en el Tratado de Utrecht se cede solo el Peñón sin comunicación alguna por tierra.

-Cuando estábamos enzarzados en nuestra Guerra Civil aprovecharon para montar allí el aeropuerto.

-Sí, pero antes que eso, con motivo de dos epidemias en Gibraltar les permitimos establecer campamentos sanitarios en un territorio que ya de paso se quedaron. Y ya en la época actual, lo que han hecho ha sido desvirtuar la resolución de la ONU.

-¿Al manipular la frase que dice que se tendrán en cuenta los intereses de la población?

-Exacto. Nada más aprobarse la resolución, los británicos ya equiparan esos «interests» (intereses) con «wishes» (deseos). Y con esto han ido tragando algunos ministros españoles. El primero, López Bravo, con aquello de «pensar juntos», y después Marcelino Oreja en la Declaración de Lisboa...

-Quizás Oreja actuó condicionado por nuestras negociaciones para ingresar en la OTAN y en el Mercado Común.

-Pero sin darse cuenta de que teníamos unos valedores mucho mejores que los ingleses en un sitio y en otro. Los alemanes para el Mercado Común, y los Estados Unidos para la OTAN. Luego, Fernando Morán da otro paso atrás con la Declaración de Bruselas, Abel Matutes se equivocó al pretender arreglarlo al estilo de los hombres de negocios, y más adelante Josep Piqué va y les regala setenta y cinco mil líneas telefónicas con las que están regulando todo el tráfico de las apuestas en Europa. ¡Nosotros mismos les hemos ido dando las vías de salida! Solo han sabido mantenerse en su sitio las dos ministras, Ana de Palacio y Trinidad Jiménez, quien cortó el desatino de Moratinos de dar voz y voto a Gibraltar. Menos mal que ahora García Margallo defiende que se ha de conversar en dos niveles, el España-Reino Unido de primera línea y el de los gibraltareños y las autoridades andaluzas para las cuestiones menudas. Pero yo creo que tampoco debería ser esto, sino simplemente ajustarnos a la Resolución de Naciones Unidas.

-¿Sigue siendo Gibraltar una pieza estratégica de primer orden?

-En absoluto. Ahí no se puede instalar una base antimisiles, por ejemplo. Hoy en día sirve para reparar algún submarino y poco más.

-El problema del contencioso gibraltareño es que no solo se ha desistido en el ámbito político, también ha cundido una cierta indiferencia social.

-Últimamente hemos retrocedido mucho no digo en nacionalismo, sino en patriotismo. Es un síntoma o paradigma de la debilidad de España como Estado. La reivindicación de «Gribraltar español» empezó a considerarse una cosa franquista, cuando la primera vez que se establece un regimiento en el Campo de Gibraltar y se hacen maniobras en el istmo es con Manuel Azaña como ministro de Defensa.

-¿Qué opciones de futuro hay? No vamos a cerrar la verja, a estas alturas.

-No parece viable cerrar la verja después del Tratado de Schengen, pero hay otros sistemas. Gibraltar tiene en contra la historia, la geografía y la economía. Vamos a la globalización y los paraísos fiscales van a ser erradicados. Además, España es un Estado soberano que puede decir «tengan ustedes su Peñón, pero ni doble residencia ni nada», o aplicar estrictas revisiones aduaneras que en la práctica son como una verja. También se puede establecer que cualquier barco que toque Gibraltar no pueda hacerlo después en ningún puerto español. Los cruceros se acabarían. ¡Y, por supuesto, no puede ser que todas las empresas españolas tengan abiertas allí sucursales!


domingo, 20 de febrero de 2011

NUESTRA POLÍTICA NACIONAL

José María Carrascal en ABC dice que:
En Bruselas, Amberes, Gante, Lieja, Lovaina y otras ciudades belgas, miles de estudiantes se han manifestado contra el hecho de que su país lleve 252 días sin gobierno, al ser incapaces los partidos políticos de ponerse de acuerdo. Todo un record, aunque lo más sorprendente es que a ellas asistieron jóvenes flamencos y valones, bajo el lema de «División no es nuestro nombre», opuesto a la tendencia que empuja a la mitad norte del país, neerlandesa, a separarse de su mitad sur, francófila. A los jóvenes belgas, esa viejísima rivalidad, fundada en la lengua, la religión y la historia, les parece no ya anacrónica, sino ruinosa en los tiempos que vivimos, donde no sólo se derrumban fronteras en Europa, sino que se busca la homogeneización a escala planetaria. «No queremos la división, porque los problemas son los mismos a ambos lados de la frontera lingüística. Queremos que un valón pueda elegir a un político flamenco, o viceversa, y que los trabajadores tengan los mismos derechos en Flandes que en Valonia», dijo el estudiante que cerró el acto en Bruselas, ante una pancarta que proclamaba: «La lengua no es el problema. Son los políticos». Lo que ponía el dedo en la llaga. A los políticos «nacionalistas» les interesa mantener la división porque sus posibilidades disminuyen en un escenario nacional, donde la competencia es mucho mayor. Nada de extraño que prolonguen y fomenten las divisiones, aunque sea a costa de tener un país ocho meses sin gobierno, es decir paralizado, con todos los perjuicios que ello trae consigo, como está ocurriendo en Bélgica, donde han tenido que ser los jóvenes quienes salieran a defenderla.
Y Antonio Burgos también en ABC:
.....Si es facha sentirse agobiado por tantas prohibiciones, que si fumar en los bares, que si las bolsas de plástico en el supermercado, que si los toros en Cataluña, y decir que esto es peor que la dictadura, por favor, dime facha.

Si es facha decir que se están cargando la gramática con la pamplina de «ciudadanos y ciudadanas» y con la tontería de «la ciudadanía», por favor, dime facha.......

Si es facha estar convencido de que las libertades en España están hoy más amenazadas que nunca, sojuzgados por la dictadura de lo políticamente correcto, por favor, dime facha.

Porque esto se está poniendo de tal modo que si no te llaman facha es señal de que o eres un trincón o tienes más miedo que vergüenza, y que eres un cagueta cobarde como los que se callaban cuando la dictadura de Franco, y a los que hablábamos nos decían rojos, y que aquí se disfrutaba de mucha paz y mucha prosperidad. No hay nada más bonito que pasar directamente de rojo a facha.

Esto es lo que hay, y para quien quiera más opiniones inteligentes que vea la entrevista a Pérez Reverte en Veo7, dividida en cuatro partes, donde afirmó que "tenemos una clase política infame".











jueves, 28 de octubre de 2010

LOS SOCIALISTAS Y CUBA

No podemos dejar pasar este tema ningún día, la defensa de la dictadura castrista por el gobierno "democrático" socialista español. Ayer se publicaron algunas columnas de opinión interesantes que vamos a recordar:

Gabriel Albiac en "Amamos tanto a Cuba", sobre la atracción fatal que los socialistas españoles sienten hacia el criminal castrismo cubano, acaba afirmando: "Todo es tan idéntico: la misma fascinación, aquí, por un rancio dictador apolillado. La bestialidad tiene un no se sabe qué de seductor para las gentes pusilánimes. Y para los políticos. Solo el franquismo amó a Castro más que el PSOE. Pero el cieno es el mismo, igual la sangre. No importa. Lo que importa a esta gente es sólo que no les salpique la ropa".
Si no me equivoco, Albiac es filósofo y la psicología no es su especialidad, pero sería muy interesante que se realizara un estudio psicológico sobre esa fascinación que los socialistas españoles sienten hacia un régimen asesino y criminal que lleva pisoteando los derechos humanos más de 40 años.
José María Carrascal en "Sin novedad en Exteriores" recuerda que: "mientras la postura de «premiar» las últimas excarcelaciones cubanas sólo la defiende España, los que piensan que Raúl Castro no ha hecho todavía bastante para merecer se le premie incluyen a Alemania, los escandinavos y la Europa del Este, con Francia, el Benelux y el Reino Unido inclinándose hacia esa opinión. Y no hace falta ser un experto en política europea para saber quién manda en Europa".
Con Zapatero, nos decían, España regresaría al corazón de Europa y tendría un peso importante en la Unión Europea. Pues bien, después de negociar a la baja el peso específico de España en la capacidad de negociar en el seno de las instituciones europeas, nuestro esfuerzo en Bruselas lo centramos en defender a Cuba. Pero hay que recordar algo, cuando en Bruselas se negocia algo normalmente se produce un barting, unos Estados miembros ceden en unas cosas a cambio de conseguir otras, y si nosotros nos centramos en defender los intereses ajenos, los cubanos, tendremos que acabar cediendo en cuestiones e intereses españoles, cedemos la defensa de los intereses españoles para defender los cubanos. Un concepto interesante de la defensa del interés público español.
Antonio Burgos en "Factura sombra para los ministros" exige saber: "¿A cuánto asciende la factura sombra del viaje de Trini a Luxemburgo para defender los intereses de la dictadura cubana ante la Unión Europea? ¿Cuánto nos hemos gastado nada más que en avión para la ministra y su séquito? ¿Cuántas viejas podrían haber sido operadas de cataratas con ese dinero en el Hospital de Marbella que emite facturas sombra? Por cierto, esas facturas, ¿son con IVA o sin IVA?".
Y tiene razón Antonio Burgos, en plena crisis económica con recorte de pensiones y sueldos, y con casi cinco millones de parados, ¿por qué los españoles tenemos que pagar la factura económica de defender los intereses cubanos en Europa? ¿por qué tenemos que que pagar los españoles, con el abandono de nuestros intereses políticos, la defensa de los intereses cubanos?
Informa también El Confidencial que "en su lucha por que la UE abriera un nuevo diálogo con Cuba, Moratinos llegó incluso a tratar de cercenar la libertad de expresión de los presos cubanos expulsados a España. El ex ministro maniobró antes de dejar el cargo para impedir que cuatro disidentes excarcelados (hay que añadir, desterrados) viajaran al Parlamento Europeo a denunciar la situación en la isla".
Así que estos defensores de los derechos humanos, los que acusaban a Aznar de provocar un "retroceso de las libertades", cercenan los derechos de los ex presos políticos, cuando lo que deberían recibir es un homenaje continuo por parte de los gobiernos occidentales democráticos.
Y cerramos el post con un recordatorio sobre El País. Este periódico ha venido manteniendo tradicionalmente una línea de cierta dureza hacia el Régimen cubano, no mucha, pero mayor que la del PSOE. Sin embargo, con la llegada al poder de Rubalcaba y la necesidad de apuntalar al PSOE para defender los propios intereses intereses económicos de PRISA, la línea editorial de El País ha cambiado y respalda la posición socialista en este tema, uno de los pocos, repito, donde existía cierta discrepancia con los socialistas.

Estas son las lecciones de democracia de El País: "es bueno y democrático todo aquéllo que nos ayude a ganar dinero, lo demás es fascista y cavernario".

jueves, 2 de septiembre de 2010

LOS MUSULMANES MODERADOS DEBEN LEVANTAR LA VOZ


Los últimos días hemos presenciado varias actitudes por parte de la comunidad musulmana que han llamado seriamente la atención en el mundo occidental. Una de ellas es la intención de construir una mezquita en la Zona Cero de Nueva York; otra es la condena a muerte por lapidación de Sakineh Mohammadi Ashtiani, una ciudadana iraní en ejecución de las leyes de la sharía (Irán a condenado a muerte a otras dos mujeres por adulterio); y la tercera es la serie de insultos lanzados por un alto cargo y por la prensa iraní contra Carla Bruni, la esposa del Presidente francés Sarkozy, y contra la mujer condenada a muerte (la prensa iraní afirma que ambas merecen la muerte).

En Europa los medios de comunicación y los intelectuales siempre recuerdan el error de equiparar a todos los musulmanes con los islamistas radicales, de poner en el mismo plano a la religión musulmana y a su variante más extrema practicada en muchos países, y en muchas comunidades de musulmanes residentes en Europa. Pero la realidad es que esos musulmanes moderados casi nunca hacen acto de presencia, son generalmente invisibles, no reaccionan ante las atrocidades de los musulmanes más radicales y permiten que el resto de ciudadanos identifiquemos religión con extremismo religioso.

El Wall Street Journal ha preguntado a seis personajes su opinión sobre la construcción de la mezquita de Nueva York. Uno de ellos es Anwar Ibrahim, el líder opositor malayo y del que ya hemos hablado en este blog. Otro es Bernard Lewis, el académico inglés del que también hemos hablado en el blog en referencia a un libro publicado no hace mucho. Los otros cuatro expertos son Ed Husain, Reuel Marc Gerecht, Tawfik Hamid y Akbar Ahmed.

Vamos a resumir aquí sólo la opinión de Anwar Ibrahim porque pone el acento precisamente en la necesidad de que los moderados adopten una postura pública. Su comentario se titula "la pelota está en nuestro tejado" y este es su contenido:

Skeptics and cynics alike have said that the quest for the moderate Muslim in the 21st century is akin to the search for the Holy Grail. It's not hard to understand why. Terrorist attacks, suicide bombings and the jihadist call for Muslims "to rise up against the oppression of the West" are widespread.

The radical fringe carrying out such actions has sought to dominate the discourse between Islam and the West. In order to do so, they've set out to foment anti-Americanism and anti-Semitism. They've also advocated indiscriminate violence as a political strategy. To cap their victory, this abysmal lot uses the cataclysm of 9/11 as a lesson for the so-called enemies of Islam.

These dastardly acts have not only been tragedies of untold proportions for those who have suffered or perished. They have also delivered a calamitous blow to followers of the Muslim faith.

These are the Muslims who go about their lives like ordinary people—earning their livings, raising their families, celebrating reunions and praying for security and peace. These are the Muslims who have never carried a pocketknife, let alone explosives intended to destroy buildings. These Muslims are there for us to see, if only we can lift the veil cast on them by the shadowy figures in bomb-laden jackets hell-bent on destruction.

These are mainstream Muslims—no different from the moderate Christians, Jews and those of other faiths—whose identities have been drowned by events beyond their control. The upshot is a composite picture of Muslims as inherently intolerant, antidemocratic, inward-looking and simply unable to coexist with other communities in the modern world. Some say there is only one solution: Discard your beliefs and your tradition, and embrace pluralism and modernity.

This prescription is deeply flawed. The vast majority of Muslims already see themselves as part of a civilization that is heir to a noble tradition of science, philosophy and spirituality that places paramount importance on the sanctity of human life. Holding fast to the principles of democracy, freedom and human rights, these hundreds of millions of Muslims fervently reject fanaticism in all its varied guises.

Yet Muslims must do more than just talk about their great intellectual and cultural heritage. We must be at the forefront of those who reject violence and terrorism. And our activism must not end there. The tyrants and oppressive regimes that have been the real impediment to peace and progress in the Muslim world must hear our unanimous condemnation. The ball is in our court.

Su último párrafo se traduce así:
Pero los musulmanes tenemos que hacer más que simplemente hablar de nuestra gran herencia cultural e intelectual. Debemos estar al frente de aquellos que rechazan la violencia y el terrorismo. Y nuestro activismo no tiene que acabar aquí. Los tiranos y sus regímenes opresivos que han sido el obstáculo real para la paz y el progreso en el mundo musulmán deben oír nuestra unánime condena. La pelota está en nuestro tejado.
Todavía estamos esperando que los líderes de las organizaciones musulmanas españolas, donde tenemos una más que numerosa colonia, eleven su voz ante hechos como los acaecidos estos días y manifiesten claramente su posición contraria a los asesinatos y los actos terroristas en cualquier parte del mundo, contra la lapidación de mujeres, contra los insultos y las condenas a las personas que piensan diferente, y también nos gustaría escuchar su firme postura a favor de la libertad religiosa y del resto de los derechos humanos.

No podemos acabamos el post sin recomendar las lectura del resto de opiniones de la consulta realizada por el Wall Street Journal ya que los comentarios del resto de los participantes son igualmente interesantes.

Por otra parte, es también muy recomendable el artículo de José María Carrascal en La Tercera de ABC sobre la difícil integración de los musulmanes en occidente o de la convivencia pacífica de dos culturas y dos religiones tan dispares. Dice Carrascal:
........ Estados Unidos ha vuelto a caer en el error de creer que la democracia soluciona todos los problemas de este mundo. Cuando la cosa no es tan simple. .... Cosa muy distinta es el mundo islámico. El islamismo viene enfrentándose con el cristianismo occidental desde que nació. A la rivalidad religiosa se une la social. Ambos han creado sociedades tan opuestas que hacen difícil la ósmosis. El gran error norteamericano en esta Tercera Guerra Mundial que se está librando es creer que el musulmán desea nuestro way of life. No, el musulmán desea nuestra tecnología. Como estilo de vida, prefiere el suyo. La mejor prueba es que los musulmanes que vienen a occidente conservan su estilo de vida y quieren que sus hijos los conserven.

Del mismo modo, no sienten respeto por la democracia occidental, que consideran sinónimo de corrupción y decadencia. Consideran la suya mucho más sencilla, ordenada y directa. Partiendo del Corán como Constitución y de los intérpretes del mismo, los ulemás y ayatolás, como jueces y líderes, la democracia islámica no establece diferencia entre los distintos poderes del Estado, desapareciendo por tanto la sociedad civil, base de la democracia occidental. Si le añadimos los enormes privilegios que otorga a los hombres sobre las mujeres, se entiende el poco interés de la mayoría de los musulmanes por cambiar su democracia por cualquier otra.

El último factor de esta incompatibilidad es el histórico. Estamos hablando de pueblos orgullosos, con culturas tanto o más antiguas que la nuestra y periodos de esplendor incluso superiores. Para verse luego sometidos a la humillación del colonialismo occidental y tratados como ciudadanos de segunda en sus propios países. .... Todo ello sin contar con el «caso Israel», que el Oeste incrustó entre los musulmanes, para hacerles pagar los pecados que él había cometido contra los judíos. Algo que nunca nos perdonarán.

..... La «liberación» del mundo islámico sólo podrá venir desde dentro de él. Tiene que surgir de su Lutero que proclame la relación directa del individuo con Dios, que separe Iglesia y Estado, y que acabe con el sometimiento de la mujer al hombre, con la excusa de protegerla. Pero ese Lutero, esa reforma, no se ha visto ni se ve. Es más, las reformas islámicas han venido siempre en sentido contrario: cuando la sociedad se relajaba, surgen los integristas, los «puros», los almohades o los talibanes, para imponer de nuevo la norma estricta del Corán....

.... El mundo islámico nos ve como enemigos y como invasores, por más empeño y medios que movilicemos para instaurar una sociedad como la nuestra. Algo que no podrán alcanzar mientras sigan atrapados por una ley, un orden y una forma de vida que frena su desarrollo. Pero que tampoco podremos imponérselo desde fuera. Ese es el dilema en que estamos atrapados ellos y nosotros.....

.... La reforma del mundo islámico .... sólo podrá venir desde dentro de él y sólo hay dos vías para ello: el ejército y el «autócrata benevolente». El ejército turco, bajo Mustafá Kemal, fue el único que lanzó una laicización real del Estado, .... el ejército argelino fue quien impidió que el radicalismo islámico ocupase el poder en el suyo, tras ganar unas elecciones. .... Saddam Hussein, aparte de un brutal dictador, era un militar que encarcelaba ayatolás y se enfrentaba a un Irán regido por ellos.

....La «aproximación blanda», a la que pertenece la «alianza de civilizaciones», consiste en tratarles como amigos, y esperar que ellos se porten como tales. ....
Estoy seguro que estas afirmaciones parecerán muy extremistas a algunos lectores del artículo, y que Carrascal podría ser considerado un taliban de Occidente en sus acusaciones al modelo de vida social y político de los musulmanes, pero hasta ahora no hay nada en la actualidad ni en la realidad diaria que rechace sus argumentos. Quizás si los islamistas moderados que citábamos más arriba empezaran a movilizarse podríamos creer que Carrascal está equivocado, pero por ahora parece que la razón está de su parte.