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jueves, 26 de agosto de 2010

NUESTRA PRESENCIA EN LA GUERRA DE AFGANISTÁN

El pasado 28 de julio pusimos un post sobre nuestra participación en la guerra de Afganistán y las falsedades que debemos escuchar diariamente por parte del Gobierno socialista de Zapatero a la hora de calificar el conflicto afgano como guerra o como operación de mantenimiento de la paz y reconstrucción. Decíamos allí, "El Gobierno español y la Ministra de Defensa seguirán negando que nos encontramos en una situación de guerra abierta y afirmando que las tropas españoles se encuentran desarrollando misiones humanitarias, lo que no deja de ser una mentira más de las que se repiten diariamente desde todos los medios de comunicación afines al Partido Socialista, para dar cobertura a la estrategia política del Gabinete de Zapatero".

Poco antes habíamos puesto otro post sobre el regreso y entierro casi a escondidas de los militares españoles caídos en operaciones militares en el extranjero.

Con el asesinato de dos oficiales de la Guardia Civil en Afganistán tenemos la oportunidad de comprobar nuevamente la actitud de nuestros gobernantes respecto a la presencia de las tropas españolas en Asia Central y cómo recibirán los cadáveres de los dos militares caídos en acto de servicio. La muerte hoy de estos dos agentes eleva a 92 el número de españoles fallecidos pertenecientes a la misión desplegada en Afganistán desde 2002 dentro de la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF), ocho de los fallecidos murieron en ataques armados, 79 en accidentes aéreos (62 en el Yak-42 y 17 en el helicóptero Cougar), dos en accidentes de tráfico y uno por infarto de miocardio. Esta misión es la que más vidas ha costado a España, seguida de la misión de Bosnia-Herzegovina, con 23 muertos.

No es baladí señalar que después del atentado y de la muerte del terrorista por disparos de otros militares, la población de Qala-i-Naw intentó asaltar la base para recuperar el cadáver del afgano, dando sobradas muestras del poco aprecio que tienen por la presencia de la unidad militar española en su ciudad.

Eduardo San Martín en su blog explica claramente lo absurdo de la discusión sobre la calificación de guerra o no, que sólo se produce por puro márketing electoral en el que el PSOE suele ser un maestro:
¿Cree el Gobierno que a los españoles les importan distinciones bizantinas sobre la naturaleza de una misión cuando sus compatriotas militares empiezan a caer como chinches? Lo que exigen es que alguien les informe de que, a pesar de todo y cualquiera que sea su nombre, la misión de las Fuerzas Armadas españolas en un país tan distante, inhóspito y, en apariencia, tan distante de nuestros intereses, merece la pena. Si el Gobierno volcase todos sus esfuerzos en explicar esas razones a los españoles, en lugar de aplicarlos a lavar su mala conciencia con argumentos inútiles que suenan a sarcasmo frente a los féretros de otros dos españoles muertos, tal vez habría un gran número de ciudadanos dispuestos a escucharles. Mientras, no saldrán de su estupor. Y unos cuantos, de su cabreo porque les estén tomando el pelo.
De similar opinión es Antonio Pérez Henares en su blog La Marea, donde afirma que
"Vamos a dejarnos de historias y de este lenguaje buenista y mentiroso de “misiones de paz” y otras zarandajas al uso. No podemos enviar a nuestro soldados y a nuestros guardias civiles a los combates y decirle a la opinión pública que poco menos que se dedican a repartir caramelos. No . Allí se lucha, allí hablan ante todo las armas y allí se muere. Y no por accidente, sino porque nos dispara el enemigo".
En esta batalla dialéctica el Gobierno tiene fieles escuderos en la prensa y los medios amigos que en ningún momento utilizan la palabra guerra para definir el conflicto armado que se está desarrollando allí. El diario El País no utiliza prácticamente la palabra conflicto (tiene mucho cuidado en dejar claro en un editorial que las tropas españolas están desarrollando misiones de reconstrucción mientras otras unidades militares de otros países sí están realizando operaciones bélicas) y de hecho, para Público, las tropas españolas no están allí para combatir insurgentes. Varias mentiras en la misma frase. Y El Plural, por ejemplo, publica una breve noticia donde se ofrecen los menores detalles posibles y nada de antecedentes, excepto para culpar a Aznar.

Al menos los comunistas españoles no siguen la misma doctrina de los socialistas en este caso, según Cayo Lara: "Tras casi una década de ocupación, proseguir con la colaboración en esta misión sólo justifica los intereses estratégicos y económicos de Estados Unidos y comporta riesgos inaceptables para nuestros soldados y guardias civiles. Estamos ante una invasión con todas sus consecuencias, que ha provocado una guerra que dejará la peor de las herencias: una guerra civil". Reconocen que estamos en una guerra, pero su única oposición a la misma es porque la planeó, inició y dirigió y dirige Estados Unidos. Nuestros comunistas nunca se sintieron especialmente afectados por la guerra de Chechenia ni la anterior guerra de Afganistán, ambas organizadas y dirigidas desde Moscú.

Convergencia i Unió, cuando no está planeando insumisiones fiscales o procesos independentistas y leyes discriminatorias, tiene asomos de lucidez como el siguiente: Duran i Lleida ha pedido que se abra "de una vez por todas" el debate para valorar el papel que desempeña el ejército español y ha añadido que el Ejecutivo debe cambiar la manera de abordar este tema ya que ha asegurado que lo hace "como si el ejército hiciera de ONG en Afganistán e ignorando la existencia de una guerra que, muy posiblemente, la comunidad internacional tenga perdida". Duran ha recordado que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, "aún tiene pendiente una comparecencia" en el pleno del Congreso.

Curiosamente, cuando se habla de la presencia española en Afganistán o en Iraq, los socialistas españoles y sus medios amigos nunca recuerdan la guerra de Yugoslavia, donde aviones F-18 españoles bombardearon instalaciones civiles servias, matando a ciudadanos desarmados, sin autorización de Naciones Unidas, siguiendo simplemente las órdenes recibidas de la OTAN que arrogó para si misma, sin consultar a otras instituciones internacionales, la legitimidad para entrar en guerra con la Servia de Milosevic.

No se trata de criticar la participación en esa guerra, que fue necesaria para poner fin a los asesinatos y la limpieza étnica de los Balcanes, que se inició en un conflicto interno no en una guerra bilateral, pero la legitimidad de Occidente para intervenir en terceros países sin respaldo de Naciones Unidas o se acepta para todos los casos o para ninguno. La Coalition of the Willing tampoco contaba sólo con tres países como pretenden hacer creer los socialistas con sus declaraciones sobre las Azores, sino que era una alianza internacional con más de 40 países donde se encontraban 13 estados miembros de la actual Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Turquía (la de la Alianza de Civilizaciones), y siete países iberoamericanos.

Las guerras pueden ser justas o injustas (ver la obra de Michael Walzer sobre el tema aquí y aquí), legales o ilegales, pero los criterios de calificación deben ser siempre los mismos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

EL CONFLICTO CON MARRUECOS

Demasiados conflictos en España en pleno mes de agosto, días en los que tanto los ciudadanos comunes como los dirigentes de ese país deberían estar disfrutando de un merecido descanso (ganado por los ciudadanos, pero no los gobernantes). Tenemos que leer este mes de agosto muchas noticias sobre las anunciadas subidas de impuestos, la huelga de controladores, las hipotéticas negociaciones con la banda terrorista ETA y para rematar los intentos marroquíes de doblar el brazo al gobierno español.

A falta de tiempo para tanto comentario, vamos a aconsejar algunos artículos sobre la cuestión marroquí para que los lectores extraigan sus propias conclusiones.

Ignacio Camacho en el diario conservador ABC nos comenta el desamparo emocional de los habitantes de Ceuta y Melilla ante la ofensiva del tirano marroquí, y recuerda la responsabilidad de los propios ciudadanos ante los problemas que enfrenta nuestro país (Somos nosotros, los ciudadanos, los que debemos exigir que el ministro de Exteriores comparezca en una crisis de la que se ha ausentado clamorosamente, o que la ministra de presunta Igualdad defienda a las mujeres policías del ofensivo hostigamiento de las autoridades marroquíes. Somos nosotros los que tenemos que enviar al otro lado del Estrecho el mensaje inequívoco de que sabemos que aquello es a todos los efectos un trozo de España. Quizás sea improbable que ese testimonio resuelva los problemas de estrés político en una zona tan tirante, pero al menos puede aliviar el aislamiento de unos compatriotas que se sienten como la guarnición de Fort Apache). Nuestros políticos pueden dedicar como quieran su tiempo y sus escasas ideas a solucionar los problemas del país, a rehuirlos y no afrontarlos e incluso a agravarlos, pero debemos ser los ciudadanos los que en el ejercicio de nuestra responsabilidad les exijamos cuentas de su actuación, algo que en España casi nunca se hace porque entre el común de los ciudadanos predomina el borreguismo partidista por encima de los intereses reales del país, que ganen los míos aunque el país se hunda.

Pablo Sebastián en el centrado República.es trata de las presiones de Mohammed VI al Gobierno Zapatero, y de la manipulación de los incidentes desde el palacio real en Rabat: O es el Sáhara, o Mohamed VI tiene problemas internos en Marruecos, o necesitan algo de notoriedad política porque este tipo de incidentes en una dictadura como la marroquí no se suelen desarrollar sin el visto bueno o sin el impulso del gobierno de Rabat, porque en este régimen marroquí nadie puede crear un problema ni dentro ni fuera del país si no es con el consentimiento del poder establecido que actúa generalmente a las ordenes del Rey. Y algo parecido ocurre con los medios de comunicación e incluso con los partidos políticos que tienen una libertad limitada o contralada por el poder central.

José Oneto, también en República.es, realiza un retrato de la situación: no se entiende el silencio del Ministerio de Asuntos Exteriores, la práctica desaparición del Ministro Miguel Ángel Moratinos que continúa sus vacaciones, la tardia reacción de Bibiana Aido, tan dispuesta a denunciar cualquier abuso que afecte a la mujer, y, la falta de información sobre esos supuestos abusos de las policias españolas., asediadas con carteles ofensivos instalados en una “zona de nadie” ocupada, unilateralmente, violando los convenios internacionales, y los acuerdos entre España y Maruecos de 1960, por una serie de asociaciones que cuentan con el apoyos, incluso el estimulo, de las autoridades de Rabat.

El diario radical de izquierda Público sigue la estrategia del Gobierno es intenta disminuir la agresividad marroquí en la frontera y prefiere hacerse eco de la posición del PSOE y de los comunistas de IU y echar las culpas al PP.

El ex comunista y ahora azote de las mentiras del Gobierno, Antonio Pérez Henares, les da cumplida respuesta en su blog La Marea (muy recomendable para leer y para comentar, y poco correcto políticamente) en el post "Por supuesto, los agitadores marroquies tienen razón y la culpa de la tensión...¡la tiene el PP!". Dice el conocido como Chani: "el mensaje que ayer oí, hoy he escuchado y se convertirá poco menos que en dogma oficial de nuestra “moralmente superior progresía”: los malos, como siempre somos nosotros. Hay que entender la razones de quienes nos insultan y arrimar la otra mejilla porque hasta la segunda bofetada la tenemos merecida".

Por su parte, El País en un editorial reparte las culpas entre el PP y los marroquíes (el PP ha optado por el oportunismo. La visita a Melilla de su portavoz Esteban González Pons fue una exhibición de populismo veraniego. Sus declaraciones, propias de un agitador, buscaban un cierre de filas nacionalista. Solo a un inconsciente se le ocurre decir, pocas horas antes del inicio de los anunciados bloqueos, que la situación en la frontera es de "máxima tensión"), cargando mucho más las tintas contra la oposición que contra el Gobierno español, utilizando un lenguaje agresivo y descalificador contra el portavoz del PP mientras las críticas al gobierno son suavizadas con un lenguaje melifluo (el Gobierno español, por su parte, está obligado a enfrentar la tensión a través de cauces que no alimenten el equívoco. No es fácil entender que se invoquen unas relaciones calificadas de excelentes cuando es evidente que atraviesan un momento de dificultades, aunque se ignore su gravedad. Tampoco se comprende una estrategia que coloca al Rey en primera línea, al tiempo que Exteriores se mantiene al margen y cede la iniciativa a Interior).

Parecen olvidar tanto Público como El País que es el Gobierno socialista de Zapatero quien debe gestionar esta pequeña crisis con nuestro vecino del sur, pero teniendo siempre como objetivo de sus maniobras el mantenimiento de los derechos y el bienestar de los ciudadanos españoles, ceutíes y melillenses incluidos, así como la respetabilidad de España como país.

Es muy típico de los izquierdistas españoles hacer alusiones al carácter marroquí de esas dos ciudades. Baste recordar a Máximo Cajal, diplomático español que es asesor del Presidente Zapatero en política exterior y que en su libro publicado en 2003 y titulado “Ceuta y Melilla, Olivenza y Gibraltar. ¿Dónde acaba España?”, en el que defendía entregar a Marruecos las dos plazas españolas en el norte de Africa. Decía Cajal: Hay que remediar una situación que me parece básicamente injusta. Una situación colonial que es una afrenta a Marruecos y un elemento de desasosiego y mala conciencia nacional para España, que se agita en cuanto se menciona el tema. Hay que reintegrar la integridad territorial a Marruecos [...] Lo razonable sería retroceder inmediatamente peñones e islotes a Marruecos. Concertar un plazo de 20 años para retroceder la soberanía de Melilla".

Olvidan estos socialistas que no hace mucho los melillenses celebraron el 500º aniversario de su incorporación a la Corona de Castilla. Melilla se incorporó definitivamente a España 18 años antes de que lo hiciera el Reino de Navarra, 162 años antes de que el Rosellón fuera francés y 279 años antes de que existieran los Estados Unidos de América, mientras que Marruecos sólo es un país independientes desde 1956. E incluso Melilla se encuentra ubicada en una zona bereber, el Rif, que siempre ha discutido su pertenencia al Reino alauita y cuyo idioma local ni siquiera está reconocido como idioma por las autoridades de Rabat. Por si alguien quiere recordar la historia de Melilla puede leerla en Wikipedia.