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jueves, 31 de diciembre de 2015

CINCO RAZONES PARA NO TEMER UN GOBIERNO SOCIALPODEMITA

La alianza de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar Gobierno es una de las posibilidades que pueden surgir en el proceso de investidura. España no está preparada para semejante catástrofe –de hecho ningún país lo está–, pero si hemos de beber ese cáliz, mejor apurarlo cuanto antes y pasar página.

De lo que no cabe duda es de que los votantes más atolondrados saldrían de la experiencia vacunados contra el marxismo populista para varias décadas. He aquí los cinco beneficios que un acuerdo socialpodemita nos reportaría a los españoles… en caso de que sobrevivamos a la experiencia:

1. Los bolivarianos serían vistos como unos traidores por sus votantes. Gobernar un país implica dejar a un lado las ocurrencias asamblearias de adolescentes jugando a la política. Nuestra pertenencia a la Unión Europea y la propia dinámica institucional son incompatibles con llevar a cabo los disparates que Pablemos incorpora en su programa electoral. Iglesias se hará un Tsipras y los senderistas que quieren ver la ejecución televisada de Rodrigo Rato y disponer de una paguica mensual sin salir de casa montarán en cólera. Igual que su colega griego, el líder podemita se daría de bruces con la realidad, y eso duele. Especialmente cuando has convencido a cinco millones de votantes de que los unicornios no sólo existen, sino que además son de color morado podemita.

2. El desastre económico vacunaría a los españoles para un par de décadas. No cabe ninguna duda de que un gobierno de socialistas y podemitas sería la garantía del desplome de los principales indicadores económicos del país. La desconfianza de los actores de la economía, las pretensiones del nuevo gobierno de acabar con todas las medidas que han demostrado su eficacia para comenzar a salir de la crisis y su apuesta decidida por un aumento salvaje del gasto público pondrían de manifiesto el carácter destructivo de la izquierda en materia económica. El batacazo sería recordado durante lustros por todos los votantes.

3. Las carmenadas serían un dechado de rigor al lado de las charlotadas de los ministros podemitas. La capacidad de los miembros de Podemos para el disparate no tiene un límite conocido. Las ocurrencias antisistema de los ministros podemitas y sus meteduras de pata, junto a la cuota de pajines que el bando socialista incorpora siempre en sus gobiernos, convertirían la lectura diaria de la prensa en una de las actividades más divertidas de este comienzo de 2016.

4. El PSOE amortizaría a Sánchez e iniciaría el largo camino a la socialdemocracia. Los barones harían una carnicería de consumarse ese pacto de Sánchez con Iglesias. No porque mantengan diferencias programáticas con los podemitas (García Page, uno de los más críticos con una alianza con Podemos, gobierna gracias al apoyo de este partido), ni porque crean que es perjudicial para España, sino porque una decisión de este calado dañaría al PSOE y las consecuencias las pagarían también sus líderes territoriales. Sánchez saldría a patadas del PSOE y habría alguna posibilidad de que el partido señero de la izquierda española algún día se convirtiera en una formación homologable a la socialdemocracia europea.

5. Los conflictos entre socialistas y podemitas obligarían a convocar elecciones anticipadas. Las dos formaciones llegarían a esos comicios completamente desprestigiadas ante sus respectivos votantes. Los podemitas por no haber sido suficientemente radicales y los socialistas por haberse aliado con unos comunistas descerebrados. Sería la oportunidad para que triunfaran las ideas conservadoras y liberales, las más decentes en este perro mundo y las únicas que aseguran la propiedad privada, la libertad individual y el camino a la prosperidad.


LIBERTAD DIGITAL  30/12/15 PABLO MOLINA

domingo, 17 de noviembre de 2013

NUESTROS SOCIALISTAS Y EL NACIONALISMO CATALÁN

SI necesitáramos otro argumento para demostrar que el nacionalismo nubla las mentes, que no lo necesitamos, la propuesta de Oriol Junqueras de paralizar la industria catalana durante una semana sería la prueba definitiva. Se tiene a Junqueras por hombre cultivado y tranquilo. Lo que ha demostrado con su propuesta es una falta de alcances inaudita en alguien que aspira a gobernar un Estado y un temperamento muy parecido al del españolazo que rechaza ampliar el horario de calefacción de su bloque, para que se chinchen sus vecinos, no importándole a él pasar frío, situación más frecuente de lo que se cree. Aunque lo más extravagante es que se atreve a desafiar, no ya al Estado español, algo que hace a diario, sino a Bruselas, como si estuviera convencido de que la buena marcha de la UE depende de la de Cataluña.

Por más absurdo que parezca, sin embargo, no es la primera vez que comportamientos parecidos se dan hoy allí. Sin ir más lejos, el rechazo de la Generalitat de la oferta del Gobierno central a enviar aviones que ayudaran a apagar el incendio declarado en Gerona ilustra hasta qué extremos de cerrazón llega el nacionalismo. Menos mal que la tramontana no sopló fuerte, extendiendo el fuego a toda el área.

No estamos hablando, por tanto, de un hecho aislado ni, menos, de una anécdota. Estamos hablando de la médula del nacionalismo identitario, compuesto de un 95% de pasión y un 5% de razón, aunque los nacionalistas, todos ellos, en su delirio, intentan presentárnoslo como razonable e incluso como posible. En otro caso no se explica que Mas esté gobernando de hecho con Junqueras, e incluso acepte que le marque la hoja de ruta.

Lo más grave de todo, sin embargo, es que este delirio o espejismo, esta sinrazón emocional, se haya contagiado a buena parte de las fuerzas políticas españolas. La primera de ellas, al PSC, que gobernó con ERC en uno de los periodos más desventurados para Cataluña, política y económicamente, dejándola con las arcas vacías, y al PSC con un sonado fracaso electoral. Pero parece que no han aprendido y quieren más, tal vez porque el nacionalismo incluye también cierta dosis de masoquismo.

El PSC ha contagiado la querencia al PSOE de Rubalcaba –hay que empezar a distinguir entre sus distintas facciones–, que busca desesperadamente una fórmula para encajar españolismo y catalanismo, no encontrando otra que el federalismo más anacrónico y menos práctico, al poderse ser español y catalán –de hecho, son lo mismo–, pero no ser españolista y catalanista, formas extremas de ambas actitudes y, por tanto, contradictorias. Lo comprobó ayer Rubalcaba al no coincidir más que en dialogar con Duran Lleida, otro que baila en la cuerda floja. Pero ¿de qué?

Para resumir: esto empieza a parecerse a la Corte de los Milagros que nunca ocurrieron ni ocurrirán, aunque todo el mundo, bueno, casi todo, espera que ocurran. Por algo tenemos fama los españoles –catalanes incluidos– de preferir los milagros a la realidad.

martes, 17 de septiembre de 2013

LA INACCIÓN Y COBARDÍA DEL PP Y LA COMPLICIDAD DEL PSOE EN FAVOR DE LA FUTURA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA

EL Ejecutivo de Artur Mas se ha alzado abiertamente contra nuestro ordenamiento legal, aprobado libremente en democracia. La Generalitat amenaza con organizar un referéndum inconstitucional. Además, desoye sistemáticamente las sentencias del Supremo y el TC cuando no se pliegan a sus dogmas. En una Cataluña con problemas económicos agudísimos, Artur Mas ha sido incapaz de aprobar los presupuestos, el primer deber de un gobernante. Su único programa es la persecución sectaria de todo lo que tenga el mínimo poso español, en un afán de romper las amarras afectivas seculares y fomentar la independencia. 

Los sediciosos trabajan a tiempo completo contra España, la nación de la que siempre han formado parte, pues Cataluña jamás ha sido independiente. Reescriben la historia con mentiras, que se inculcan desde las escuelas, donde se fomenta la aversión a lo español. Se miente también sobre la financiación, cuando, por ejemplo, ABC acaba de recordar con datos oficiales que el Estado destina a cada catalán un 20,6% más que a un valenciano, o un 7% más que a un madrileño. La televisión autonómica, que cuesta casi trescientos millones anuales a las arcas catalanas, se ha convertido en un aparato de propaganda continua a favor de la independencia. Los medios privados son subvencionados para que se avengan a las tesis del poder separatista. El español, el idioma más hablado en Cataluña, está prohibido de facto en las escuelas y en los rótulos. La Generalitat incumple las sentencias ante la mirada abúlica del Gobierno y la pose filonacionalista del PSOE, que no acierta a embridar al PSC.

En resumen: está en marcha una operación de gran calado, sufragada con dinero público, para lograr en breve la independencia de Cataluña. Se da incluso el sarcasmo de que la Generalitat, rescatada por el Estado porque es incapaz de afrontar sus deudas y colocar sus bonos, destina parte de ese apoyo económico a financiar la demolición de España, de la que siempre ha formado parte y gracias a cuya solidaridad camina.

Ha llegado la hora de señalar que el Gobierno del PP no está actuando con la diligencia debida ante el envite del nacionalismo catalán. Mantener una agenda secreta con Mas o buscar un perfil silencioso ante un desafío mayúsculo son tácticas que reflejan una actitud acomplejada ante el separatismo. El Gobierno del PP ha renunciado a explicar a los catalanes y al resto de los españoles que la Generalitat está vulnerando flagrantemente las normas de nuestra democracia. Y lo que es peor, no obliga al infractor a cumplirlas, una desidia que pone en riesgo la propia integridad de España. El Gobierno del PP no ha hecho pedagogía. No responde políticamente a la batalla propagandística que ha entablado la Generalitat. No existe un contradiscurso que cuente la verdad frente al bulo del «España nos roba» y la mixtificación del pasado. 

Y eso en lo que atañe al gobierno del PP, porque el PSOE-PSC como partido o unión de partidos han trabajado siempre en favor de llegar a este punto, siempre en favor de la diferenciación de Cataluña y en contra de España como país y como nación. Basta recordar al inolvidable e impresentable Zaoatero, que debería haber sido juzgado por variados delitos, que asfirmaba que España como nación era un concepto discutido y discutible, o la aprobación del Estatut, y sus promesas....

La historia de la democracia española ha sido la de constantes cesiones a los nacionalismos disgregadores, error en el que han incurrido tanto PSOE como PP. Los sucesivos modelos de financiación se han diseñado al dictado del nacionalismo catalán. Zapatero, que hizo un daño incalculable a la estabilidad de este país, abrió la caja de Pandora estatutaria, dando alas al separatismo. Rajoy acaba de aprobar un déficit a la carta para Cataluña y negocia en la sombra un estatus económico específico, discriminador para el resto de los españoles. Las lecciones de la historia son concluyentes. Las concesiones no calman las ansias secesionistas, al revés. Cada renuncia es solo la antesala de una exigencia mayor, hasta llegar a la ruptura del Estado, objetivo por naturaleza de los partidos nacionalistas.

La vicepresidenta del Gobierno ha declarado que frente al envite de los insurgentes catalanes habrá «diálogo y Constitución». Pues no. Lo que debe haber es Constitución y cumplimiento de la ley, utilizando si es menester todas las herramientas que prevé la Carta Magna. Una vez que los sediciosos acaten el marco legal será cuando se pueda dialogar, no antes. La política del perfil bajo supone además dejar a su suerte a los millones de catalanes que se sienten españoles, acosados por la Generalitat, que fomenta el odio a España y a quienes se identifican con ella. ABC, en congruencia con su historia y sus principios, pide al Gobierno un cambio de rumbo y que tome las medidas necesarias para defender la unidad de España, tal y como demandan la mayoría de los españoles. De poco valdrá superar la crisis económica si lo que queda al final es una España mutilada.


viernes, 6 de septiembre de 2013

EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO, NUESTRA IZQUIERDA


El socialismo nació como una ideología y una fuerza social alternativas al liberalismo. Curiosamente, aquellos momentos en los que las crisis de gran calibre trastornaron los recursos de legitimación de la sociedad liberal, la izquierda socialista fue incapaz de ofrecer una organización más eficaz de la economía, una representación política más auténtica y una ideología esperanzada y prudente que proporcionase a los individuos una mayor confianza en su futuro y una mejor conciencia de su libertad. La izquierda clásica mostró su insolvencia para proceder a la sustitución de un régimen que la literatura socialista consideraba agotado. Ni siquiera la catástrofe de la civilización en que consistió el fascismo modificó la carencia de escrúpulos de una izquierda que llegó a denunciar en el horror totalitario el resultado lógico del sistema liberal. Sin embargo, cuando quiso adquirir un mínimo prestigio en la cultura política occidental, la izquierda tuvo que asumir como suyos los valores propios de la sociedad que arrancaba de las revoluciones liberales y constitucionalistas del siglo XVIII.

Ese cambio se hizo sin rectificación pública alguna, sin aceptación de sus errores y con una más bien discreta denuncia del régimen totalitario que se había construido en una parte importante de Europa siguiendo escrupulosamente los dictados de la ideología marxista. Rara vez se ha escrito en el currículo de nuestra izquierda su incansable labor, destinada a que millones de personas perdieran su fe en los sistemas constitucionales y se entregaran al saqueo de todos aquellos principios sobre los que pudo levantarse un régimen de convivencia libre tan difícilmente construido en los últimos dos siglos. Recordemos a esa izquierda, tan empeñada en darnos lecciones de generosidad, de apertura de miras, de tolerancia y de progresismo, que en su momento fue indispensable compañera de viaje para que se produjera la más grave fractura de la sociedad liberal que ha conocido la historia, y para que sobre ese desastre de civilización tuviéramos que empezar todos de nuevo, incluyendo a un socialismo que sólo descubrió su inaudita torpeza cuando pasó a ser víctima de una época en la que creía que iba a ser triunfador.

Desde luego, la redención política de la izquierda tiene mucho más que ver con la capacidad integradora del liberalismo que con la decencia de una cultura política tan dispuesta a malversar los fondos de su propia tradición. Esa tradición fue la que permitió a Marx referirse al Estado como un mero órgano de administración de los empresarios. Esa tradición fue la que permitió a Lenin calificar al Parlamento británico de órgano de representación exclusivo de la burguesía. Esa tradición fue la que permitió que incluso la socialdemocracia mantuviera el objetivo de la dictadura del proletariado, mientras observaba con burlona complacencia las dificultades de una sociedad burguesa cuyo final había de precipitarse para poder enviarla al museo de la historia. En los museos se exhiben ahora, precisamente, las espantosas imágenes de una Europa en la que los valores del liberalismo pasaron a considerarse objeto de mofa, odio y desprecio. Quizás convenga devolver las lecciones a quienes tan a menudo pretenden aleccionarnos. Quizás convenga que, ya que se quiere avivar la llama de la memoria histórica, rescatemos aquellos episodios en los que el papel desempeñado por la izquierda puede envolverse con el atavío de la insolvencia o el porte de la indignidad.

Estamos ante una crisis nacional, ante una quiebra de la confianza pública. Estamos ante el riesgo del desguace de nuestra democracia, que no puede existir cuando se deslegitima constantemente el Estado y cuando se impugna todos los días el fundamento de nuestra convivencia. Estamos ante el peligro claro de la desaparición de una España de la que todos nos sintamos parte. Estamos ante una crisis en la que nuestras libertades constitucionales son cambiadas por ilusiones populistas y en las que la necesaria solidaridad de todos los sectores sociales se sepulta bajo anacrónicas invocaciones a la lucha de clases. En su peculiar viaje a la banalidad política, el socialismo español ha sustituido la rigidez de los esquemas doctrinales por la ligereza demagógica de los lugares comunes. Durante el peor año que recuerda nuestro régimen constitucional, una izquierda sin proyecto ni liderazgo ha tratado de hacernos olvidar una lejana tradición antiliberal y una cercana gestión incompetente. Si sus raíces ideológicas no deberían permitirle presumir de mayor calidad democrática que otros, su desastrosa ineficacia en la gestión de los albores de la crisis económica y su absoluta falta de sentido de Estado no tendrían que dejarle reputación alguna desde la que señalar los riesgos que ahora corremos. Su carencia del sentido de la responsabilidad no hace que se crezca ante las dificultades como una opción destinada a resolver los problemas de España, sino que sólo trate de aprovecharlas para regresar al poder cuyo ejercicio considera que sólo a ella puede corresponderle.

No ha habido un solo tema que nos haya puesto a prueba como nación en los últimos meses en los que el socialismo español no haya mostrado la envergadura de su frivolidad y las deficiencias de su carácter. La decisión de reformar un sistema educativo vergonzoso, el coraje para construir un pacto social que salvaguarde nuestro Estado del bienestar, la intransigencia ante el asalto a la unidad nacional, la defensa de un conjunto de valores elementales en la definición de nuestro lugar en la civilización occidental, han sido algunos asuntos en los que la izquierda ha mostrado su incapacidad para asumir una representación política que se oriente hacia la felicidad de todos los españoles y a nuestra supervivencia como nación. No por esperada, esta constatación debe dejar de alarmarnos profundamente. Porque no nos estamos jugando el porvenir de unas siglas, el buen nombre de una ideología o la imagen de unos cuantos políticos profesionales. Lo que está en peligro es algo mucho más importante que eso.

El ocaso de una sociedad es siempre el producto de la flaqueza de su clase dirigente. Y una parte sustanciosa de quienes debían haber garantizado la solidez de unas normas y la calidad de una cultura ha estado muy por debajo de la altura de las circunstancias. La crisis exigía la asunción de valores comunes, la decisión de actuar unidos, en defensa propia, frente a lo que nos ha estado poniendo a prueba como nación. Poco antes de narrar la decadencia que arrasó las bases del Imperio romano, Edward Gibbon se refirió a una sociedad protegida por sus principios, en la que «la imagen de una constitución libre se conservaba con decorosa reverencia». Difícilmente podremos referirnos a España de este modo. Pero la ausencia de este respeto por nosotros mismos, la pérdida de nuestro vigor y la vergonzosa ausencia de un carácter compartido no son los frutos desdichados del azar, sino el producto de la actitud de aquellos a quienes no sólo ha faltado la difícil grandeza de un carácter, sino la mera ejemplaridad de una conducta.

Fernando García de Cortázar, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad.


Es extremadamente cansino ver cómo uno de los ejes de nuestro debate democrático es el de la posesión de «La Verdad». Verdad que está incuestionablemente en manos de la izquierda. Los ejemplos de este discurso sectario son muchos y uno de los más reiterados reaparecía el pasado domingo en las páginas de «El País» bajo el titular de «El poso franquista sigue vivo». En la crónica se explicaba que se había difundido en Valencia fotos de dirigentes de las juventudes del PP «brazo en alto, haciendo el saludo fascista o posando junto a una bandera española del régimen franquista». Un poco más adelante se aclaraba que las fotos «se habían efectuado años atrás», más no por ello había que matizar la descalificación en una crónica que parecía insinuar que el PP de Rajoy es un nido de fascistas. Que Santa Lucía les conserve la vista a mis colegas de ese diario.

No me resisto a resaltar la hipocresía que se esconde detrás de esa denuncia. Ojalá sea cierto que jóvenes que hace un año militaban en la ultraderecha hoy lo hacen en el Partido Popular. Sería tan bueno para el sistema democrático como lo es el que muchos militantes comunistas que se identificaban con la URSS hayan acabado en el PSOE. Uno de los inmensos méritos de Manuel Fraga, nunca reconocido por la izquierda española, fue conseguir que en España nunca se asentara un partido homologable con el Frente Nacional francés u otros conmilitones suyos diseminados por Europa. Y considerando que en España el dictador se murió en la cama, reconozcamos que al menos la falta de una oposición verdaderamente desestabilizadora debía tener algo que ver con el hecho de que el franquismo tenía el apoyo de una base sociológica que hubiera permitido la consolidación de un partido que hubiese hecho sombra a la derecha democrática. Y eso hubiera sido para mayor gloria del PSOE. Igual que en Francia François Mitterrand facilitó la entrada del partido de Le Pen en la Asamblea Nacional para frenar el acceso al poder del RPR de Chirac.

Dicho lo cual, yo agradecería mucho que se me explicase intelectual o estadísticamente por qué en una democracia el franquismo es criticable y el comunismo no. Por qué los «símbolos franquistas» son más antidemocráticos que la hoz y el martillo. ¿Podría alguien decirme un solo país del mundo que tuviera la hoz y el martillo en su bandera o su escudo –y hubo muchos- que crea poder identificar como un país en el que se respetaban los derechos humanos? Y, si no hay ninguno, ¿por qué no denuncian la exhibición de esos símbolos exactamente igual que la simbología franquista? Porque no hay estadística mínimamente seria que niegue que la ideología que más muertos ha causado en la historia es el comunismo. Y perpetró sus crímenes en los cinco continentes. Mas sus herederos siguen en posesión de «La Verdad».

En posesión de «la verdad»
RAMÓN PÉREZ-MAURA

sábado, 20 de julio de 2013

¿ESPAÑA ES UN ESTADO FEDERAL? PUES EL PSOE NO SE HA ENTERADO

Conviene dejarlo claro desde el mismo título: España es ya un Estado federal.

Es verdad que no es idéntico a ningún otro Estado federal, pero no hay que alarmarse por ello. Sencillamente, porque no hay dos Estados federales que sean idénticos. ¿En qué se parecen entonces EE UU o Brasil, Alemania o Suiza, por citar solo un par de ejemplos, a ambos lados del Atlántico, de Estados federales paradigmáticos? ¿Por qué todos estos Estados, siendo diferentes, son todos federales, de igual modo que también lo es el Estado español?

La clave que explica por qué todos esos Estados, pese a ser tan distintos, forman parte de la gran familia del federalismo no podemos encontrarla ya en la apelación a conceptos que hoy día han perdido gran parte del significado que tuvieron en el pasado. No es, en efecto, la soberanía la que da razón de ello. Los Estados integrantes de EE UU o de Brasil, los länderalemanes o los cantones suizos, por mucho que se diga, no son soberanos. O, desde luego, no lo son como lo es el correspondiente Estado global en que se integran todas esas unidades federadas (EE UU, Brasil, Alemania o Suiza). Es más, ni siquiera creo que se pueda decir con propiedad que hoy día existen Estados plenamente soberanos. En el siglo XXI la soberanía ha mudado su significado. Más aún cuando, como es el caso de los Estados miembros de la Unión Europea, los mismos han renunciado voluntariamente a ella en facetas tan importantes como la de la moneda. O, por ampliar la mirada, cuando el proceso de globalización, lejos de ser un mero espejismo intelectual, ha pasado a convertirse en una realidad con consecuencias directas en lo financiero, lo económico, lo laboral o lo social. O cuando, por terminar, hay Estados integrados en estructuras defensivas militares que son las que les garantizan, nada más y nada menos, que su seguridad exterior.

Si no es la soberanía la clave, ¿cuál es esta? Aun a riesgo de caer en el reduccionismo, inevitable en un escrito de estas características, me parece que la clave que explica por qué hay Estados que siendo muy diferentes son, sin embargo, todos federales, tiene que ver con el reparto efectivo del poder público entre las distintas instancias, centrales y federadas, que integran el correspondiente Estado federal. Reparto del poder público (autonomía política) que se traduce, jurídicamente, en el reparto de competencias, fundamentalmente, de carácter legislativo (las auténticamente políticas), pero también ejecutivo y administrativo y, en su caso, pero no imprescindiblemente, jurisdiccional.

Ese reparto del poder público, constitucionalmente garantizado, debe de ser, además, indisponible para una sola de las partes; lo que quiere decir que, en caso de que se desee alterarlo, trasladando competencias de una parte a otra, será preciso contar con la voluntad favorable de ambas.

El correlato necesario de la división del poder público entre las distintas partes que integran el Estado federal es el de la autonomía y suficiencia financiera de cada una de ellas, que les permita hacer frente, en debidas condiciones, al ejercicio de las competencias que tienen atribuidas. De nada sirve ser titular de competencias si no hay recursos económicos suficientes para hacerlas efectivas, de igual modo que tampoco sirve de mucho hablar de autonomía política si después se carece de autonomía para conseguir ingresos y efectuar gastos. Al igual que la distribución de competencias, los principios básicos de la autonomía y suficiencia financiera (y presupuestaria) debieran venir garantizados en la Constitución federal, y ser indisponibles para una sola de las partes, más allá de supuestos excepcionales, que, por ser tales, no merece ahora la pena tratar.

Otra de las características que suelen considerarse esenciales en un Estado que merezca denominarse federal (si bien, a este respecto, podríamos encontrar alguna singularidad no desdeñable) es la que tiene que ver con la posibilidad de que las unidades federadas participen en la formación de la voluntad federal en relación con aquellas cuestiones que más directamente les atañen. En efecto, es muy común que en los Estados federales, además de la cámara de representación popular (Parlamento, Congreso, etcétera), exista también una cámara de representación territorial (senado, Bundesrat, etcétera), competente para participar en la aprobación de leyes de gran relevancia para esas entidades estatales federadas.

Evidentemente, habría otras muchas cosas que añadir, características también de los Estados federales, o de la mayoría de ellos, pero me parece que estas son las fundamentales.

Pues bien, si sometemos el Estado español a examen comparativo a la vista de todas ellas, llegaremos a la conclusión de que, sin duda, las dos principales se cumplen: tanto el Estado central como las comunidades autónomas, por un lado, gozan de auténtico poder político, al disponer de importantes campos materiales sobre los que ejercen facultades de carácter legislativo y ejecutivo; y, por el otro, ambas partes disponen de recursos financieros suficientes y autonomía presupuestaria, por más que estas cuestiones precisen de matices en estos años de crisis económico-financiera tan acusada, y, sobre todo, a la luz de la última reforma constitucional (artículo 135) y de la consiguiente aprobación de la legislación orgánica que la desarrolla (Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera).

Más dudas caben en relación con la cámara de representación territorial, pues aunque formalmente disponemos de ella, el Senado, lo cierto es que por su composición y funciones no responde adecuadamente a ese propósito.

En definitiva, el Estado español, pese a sus peculiaridades, deficiencias y disfunciones, es ya, como se anunciaba al comienzo, un Estado federal. No lo era cuando se aprobó la Constitución en 1978, pero tras más de 30 años de vigencia y de desarrollo estatutario y legal de la misma, ha llegado a serlo.

Y, entonces —podría alguien preguntarse—, si el Estado español es ya un Estado federal, ¿por qué todo este ruido federal? ¿Por qué la palabra “federalismo” se nos mete hasta debajo de la manta, perturbando nuestros sueños y juegos? ¿Por qué no lo dejamos estar?

Cada uno tendrá sus respuestas, lógicamente. La que a mí me vale es esta: porque aunque nuestro Estado autónomo ya es un Estado federal, existen, sin embargo, deficiencias y disfunciones, como se señalaba con anterioridad, que merece la pena corregir. Y para hacerlo con base firme y criterio cierto nada mejor que acudir a las enseñanzas que nos ofrece el federalismo comparado.

Se trataría, en conclusión, de reformar nuestro Estado de las autonomías a la luz de la experiencia federal comparada, con el fin de hacerlo más eficiente, más previsible, menos sujeto a los vaivenes de la política partidista, más seguro desde un punto de vista competencial y financiero; en definitivas cuentas, para organizarlo mejor. ¿Hay alguien que se niegue a ello? Pues si es así, que, por favor, nos explique sus razones. Y obsérvese bien, se piden razones, no emociones o pasiones, tan perjudiciales cuando se trata de organizar un Estado.

Antonio Arroyo Gil es profesor de Derecho Constitucional de la UAM y autor de los libros El federalismo alemán en la encrucijaday La reforma constitucional del federalismo alemán. Miembro del colectivo Líneas Rojas.

domingo, 7 de abril de 2013

EL PSOE SIGUE VENDIENDO GIBRALTAR A REINO UNIDO

El Partido Socialista ha dado un paso más en su política de defensa de un Gibraltar británico y no español. A la queja de Exteriores por el colaboracionismo de la alcaldesa de La Línea con el Peñón, ahora se suma el vicesecretario general del partido en Andalucía: acaba de apoyar que el Peñón siga bajo soberanía del Reino Unido.

En el Ministerio de Asuntos Exteriores no salen de su asombro. Se trata de unas declaraciones que consideran realmente graves pronunciadas por un alto representante del PSOE andaluz. Concretamente, por el considerado como número tres de la ejecutiva.

Todo comenzó hace una semana, cuando Mario Jiménez declaró lo siguiente:

-- “Hay que lanzar un mensaje de vinculación del PSOE con La Línea y la comarca para sacar adelante esta tierra, desde el diálogo, acuerdo y respeto mutuo, que está faltando en la derecha en este territorio […] La presencia del Peñón es un elemento fundamental de la idiosincrasia del Campo de Gibraltar, y el interés que tiene la existencia del Peñón. Más de 6.000 trabajadores se benefician del Peñón, y las relaciones políticas, económicas y sociales son muy importantes. Por eso no entendemos la postura irresponsable del PP, que ha decidido cuestiones que pone por delante del día a día y del pan que están buscando muchas personas en Gibraltar”.

Las fuentes consultadas por ECD aseguran que estas afirmaciones realizadas por un socialista sería incluso motivo de dimisión.

Una cortina de humo sobre los ERE

Fuentes de alto nivel en Exteriores a las que ha tenido acceso El Confidencial Digital solo tienen una explicación para estas palabras: creen que los socialistas andaluces quieren aprovechar el conflicto de Gibraltar para conformar “una cortina de humo sobre los ERE en la Junta”.

En Madrid hay constancia de un movimiento para defender la postura pro-gibraltareña, que se mira con preocupación. Se produjo la pasada semana en el Parlamento andaluz:

-- Propuesta de la comisión de Presidencia e Igualdad instando a la Junta, con el apoyo del PSOE-A e IULV-CA y el rechazo del PP-A, a reclamar al Gobierno central que “normalice las relaciones” con el Gobierno de Gibraltar que preside Fabián Picardo, y a su vez establezca los mecanismos oportunos para activar el Foro de Diálogo sobre Gibraltar en el ámbito de sus competencias”.

Desde el PSOE andaluz se critica también al PP por haber acabado con el llamado Foro Tripartito. En Exteriores lo califican como “un acto de demagogia y cinismo descarado”, ya que fue el ejecutivo de Peter Caruana quien puso fin a este foro a tres bandas.

Fue precisamente la ministra Trinidad Jiménez quien puso los primeros pilares de la actual política de España con respecto a Gibraltar. José Manuel García-Margallo se ha limitado a aplicar una política continuista, indican fuentes solventes.

El único marco de negociación que aceptará el Gobierno de Mariano Rajoy será el Foro Cuatripartito, introduciendo al Campo de Gibraltar en los contactos. A esta propuesta se nieva Gibraltar y, por extensión, la alcaldesa de La Línea.

Cierre de una emisora crítica

En Exteriores tampoco ha pasado inadvertido el cierre de una emisora de radio local muy crítica con la gestión de Gemma Araujo, la alcaldesa de La Línea. Hace unos días, Radio Atunara fue obligada a clausurar sus emisiones tras una denuncia y apercibimiento de multa de 100.000 euros.

lunes, 10 de diciembre de 2012

SOCIALISTAS ESPAÑOLES: CRISIS, DESPILFARRO E IDIOTECES

Mientras el país sigue sufriendo una crisis económica difícil de superar, los socialistas del PSOE no logran superar el 20% de apoyo electoral, y cayendo. Pero nuestros socialistas en lugar de preocuparse de solucionar estos asuntos sigue planteando como hundir el país, un poco más a lo hecho durante ocho años.


El PSOE aboga por que Aragón dedique fondos públicos a financiar el doblaje de películas al catalán para proyectarlas en territorio aragonés, por televisión o en cines. Así consta en una de las enmiendas que ha presentado al proyecto de Ley de Lenguas promovido por el Gobierno aragonés PP-PAR que preside Luisa Fernanda Rudi. Poco después de que, en julio de 2011, Rudi llegara al Ejecutivo autónomo con el apoyo del PAR, procedió a derogar la Ley de Lenguas que había dejado aprobada el PSOE en la recta final del mandato de Marcelino Iglesias.

La ley que dejó aprobada el PSOE fue controvertida, al considerar el catalán como «lengua propia de Aragón», por la influencia lingüística que tiene en algunas zonas limítrofes con Cataluña. Tanto PP como PAR lo entendieron inapropiado. Subrayaban que denominar catalán lo que allí se habla puede tener unas connotaciones políticas en favor de las ya viejas tensiones con el nacionalismo de Cataluña. Y, además, insistieron en que tanto por esto como por no diluir este patrimonio lingüístico propio en el catalán normalizado desde la Generalitat, lo mejor era subrayar que lo que se habla en esos municipios de Aragón no es catalán, sino «aragonés oriental».

Aunque PSOE, CHA e IU se oponen, el PP y el PAR suman ahora mayoría absoluta en las Cortes regionales y eso les garantiza que se aprobará esta nueva ley, que borra el catalán como «lengua propia» de Aragón. Aun con todo, socialistas, nacionalistas de Chunta e IU han presentado una batería de enmiendas con intención —nada probable— de que sean incorporadas a la nueva ley y, sobre todo, para dejar constancia de su postura.

Producción cultural
Entre las enmiendas del PSOE, incluyen una en la que propugnan que el Gobierno aragonés y el resto de administraciones públicas de la región financien el doblaje de películas al catalán, pensando especialmente —aunque no sólo— en las zonas de Aragón en las que hay un «uso predominante» del catalán. El PSOE no habla expresamente de la radiotelevisión autonómica, pero entra perfectamente en su propuesta: que el catalán, igual que el aragonés, sea «vehículo de cultura y, en particular, en lo relativo a bibliotecas, videotecas, centros culturales, museos, archivos, teatros y cines, así como trabajos literarios y producción cinematográfica, expresión cultural popular, festivales, industrias culturales y tecnologías de la información y la de la comunicación». CHA e IU incluso van más lejos en sus propuestas. Izquierda Unida, por ejemplo, plantea que se regule por ley que la radiotelevisión autonómica aragonesa incluya en su programación «espacios de difusión» del catalán. Y entre lo planteado por CHA figura que el Boletín Oficial de Aragón se edite de forma separada, además de en castellano, en catalán y en aragonés.

Funcionarios y el catalán
Con distinta intensidad y alcance, PSOE, CHA e IU piden también que se potencie el catalán en la Administración pública aragonesa y en la enseñanza. En algún caso, incluso pretendiendo que el catalán sea mérito o requisito para el acceso a ciertos puestos de empleo público en Aragón.

Por otro lado, los socialistas valencianos quieren emular el «modelo andaluz» y han solicitado en la enmienda número 195 a los Presupuestos de 2013 que la Generalitat «incremente su presencia exterior mediante la abertura de nuevas oficinas y ampliando la presencia de la Comunidad Valenciana en los organismo internacionales».

El secretario general del PSPV-PSOE, Ximo Puig, ha tomado como referente al presidente andaluz, José Antonio Griñán, quien no renuncia a sus «embajadas» en Madrid y Bruselas pese a la crisis. De hecho, la Junta de Andalucía gasta cerca de cuatro millones de euros en sus oficinas en el exterior. El PSPV quiere «fortalecer el conocimiento de la Comunidad Valenciana» en el extranjero mediante la apertura de oficinas en un contexto marcado por las restricciones del gasto público por parte de la Generalitat, que decidió cerrar su sede en Madrid, situada en la calle Españoleto, y sacar a subasta dicho inmueble.

El Gobierno que preside Alberto Fabra firmó el pasado mes de abril un acuerdo con el ministro de Economía, Luis de Guindos, por el que trece de las oficinas que tenía el Instituto Valenciano de la Exportación (IVEX) repartidas por todo el mundo se integrarán en las del Instituto de Comercio Exterior (ICEX). Una medida que supone un ahorro superior a los dos millones de euros para las arcas públicas.

El PP «tumbará» la enmienda
Los socialistas valencianos, sin embargo, abogan por el modelo de Cataluña, País Vasco y Andalucía, que se han negado a suprimirlas, a pesar de que la promoción exterior de las autonomías cuesta más de 150 millones de euros a los contribuyentes. Fuentes del grupo popular han explicado que utilizarán su mayoría absoluta para rechazar la enmienda presentadaspor el PSPV en el debate en comisión sobre las cuentas de la Generalitat que ha comenzado este lunes en las Cortes Valencianas.


lunes, 22 de octubre de 2012

LA CRISIS DEL PSOE TRAS LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS

Es probable que Rubalcaba quiera prolongar su agonía hasta la caída del PSC en las elecciones catalanas, pero los resultados en Galicia y el País Vasco no dejan lugar a dudas sobre la ruina del partido fundado por Pablo Iglesias y que, salvo en el ensueño estalinista de Largo Caballero y Negrín, Felipe González llevó a cotas de poder inimaginables un siglo antes. Pero no hay mal que cien años dure, o por lo menos siglo y cuarto. El PSOE se ha convertido en el mayor escombro de la inmensa escombrera española. Otra cosa es que, como suele suceder con los cadáveres políticos en nuestro país, se tarde en expedirle el certificado de defunción para darle tierra, no diré cristiana sepultura.

La crisis del PSOE no es, sin embargo, cosa de Rubalcaba, aunque sin duda. Ni de la caricatura demagógica de Zapatero, aunque también. La ruina del PSOE viene de su identificación con el nacionalismo, con toda forma de nación que no sea la española. Y eso, aunque camuflado por el liderazgo mastodóntico de González y disimulado o alegremente asumido gracias a la hipertrofia de nóminas municipales, autonómicas y estatales, tenía que estallar y ha estallado. La creación del PSC por González es el origen de la abdicación del PSOE como partido nacional español y será seguramente la liquidación del PSC la que obligue al PSOE a un proceso que, con ideas y gente capaz, sería de refundación y rectificación, pero que, con lo que hay en Ferraz sólo cabe imaginar como de convulsión y dispersión. Por alcanzar el Poder a toda costa, abrazó el caos. Ahora, el caos identitario, le ha costado el Poder y puede que le cueste el ser.

¿Pero es el PSOE el único partido en España que muere por falta de un proyecto nacional? No. Izquierda Unida es ya un caos antisistema, antiliberal, antidemocrático y antinacional. ¿Y el PP? ¿Es, como dicen sus líderes, el único partido con una idea de España? Tampoco. Mientras en Valencia, Baleares y Galicia no se pueda estudiar en español, el PP no será un partido nacional. Será estatal y gracias. Pero, más tarde o más temprano, seguirá la misma suerte que el PSOE. El inmenso abrevadero de las tres burocracias -local, autonómica y estatal- le permitirá morir tres veces. Pero morirá. Ningún partido sobrevive a su nación.

Federico Jimenez Losantos en El Mundo 22.10.12

lunes, 1 de octubre de 2012

EL PSOE Y SU ALIANZA ANTINATURA CON LOS NACIONALISTAS ¿DE VERDAD QUE HABRÁ CRISIS?


JOSÉ MARÍA CARRASCAL en ABC

EL mayor problema, hoy, de España no es Cataluña. Es el PSOE. Nuestro partido más antiguo personifica la izquierda española, englobando desde la ancha clase trabajadora a la intelectual, exigua en número pero amplia en influencia, más todos los descontentos, abundantes en nuestro país. Tras el paréntesis del franquismo, Felipe González le inyectó hormonas juveniles, gobernando hasta que los españoles aprendimos que la izquierda puede ser tan corrupta como la derecha, para aprender luego bajo Zapatero que puede ser incluso más ignorante. En tiempos normales hubiera sido un mero contratiempo. En medio de la mayor crisis desde la del 29, que ni siquiera supieron ver, fue una catástrofe. Hoy, el PSOE navega a la deriva sin otro viento que los errores que pueda cometer Rajoy, ni otro plan que las antiguallas en su armario. No es sólo el socialismo español el que está en esa situación. El hundimiento del «socialismo real», o comunismo, trataron de remontarlo con la «Tercera Vía», especie de socialismo descafeinado con infusiones de mercado. Pero la crisis, creada por un exceso de mercado, les ha cortado esa vía. Y, encima, su rapto por el nacionalismo en España ha significado su descabello.

Si había algo contrario al socialismo era el nacionalismo. El socialismo nació internacionalista («¡Proletarios de todo el mundo, uníos!»), y se hizo en torno a las Internacionales, creadas por Marx en 1864, con las que colaboró estrechamente el PSOE a través de Anselmo Lorenzo, que informaba detalladamente a Pablo Iglesias, hasta que Stalin las convirtió en Kominform, liquidando a buena parte de los líderes socialistas que se había refugiado en Moscú.

Pero ni siquiera ese fue el mayor error del PSOE. Lo ha sido su alianza con los nacionalismos excluyentes, burgueses, independentistas y más o menos xenófobos españoles. Pura traición a las esencias de su partido. La alianza de gobierno del PSV y del PSC -respaldados por su cúpula madrileña- con el PNV y ER ha dado alas a ambos nacionalismos, con el resultado que estamos viendo. Artur Mas no es una casualidad. Es la meta inevitable de una «larga marcha hacia el Estado identitario» en Cataluña y País Vasco, alcanzada gracias al apoyo suicida del PSOE y, todo hay que decirlo, de la política a corto plazo del PP en diversas ocasiones. Pero que quienes más han alentado ese nacionalismo han sido los socialistas no hay duda. Que lo siguen haciendo lo demuestra su incapacidad de votar contra la propuesta independentista de Mas. Tratan de cubrir sus vergüenzas con la hoja de parra del federalismo. Incluso si fuera factible -lo ensayó la Primera República con el resultado de que Cartagena se separó de Murcia-, no lo aceptarían los nacionalistas, que exigen un «federalismo asimétrico», con privilegios. Pero el PSOE ni siquiera defiende ya la igualdad. Eso no es estar en crisis. Eso es estar en la UVI.

Pero todo lo anterior ¿nos lleva a una crisis del PSOE? No creo, perro no come perro, los votos socialistas en Cataluña son imprescindibles para gobernar España, y lo saben, así que nada pasará en el seno del PSOE, tres manoletinas y tres pases de pecho y el toro a los toriles, y aquí no pasará nada.


jueves, 8 de diciembre de 2011

"VIVA ESPAÑA": EL FALSO JUEGO DE PATRIOTAS. ESPAÑA Y LOS PROGRES.


Nicolás Sarkozy concluye siempre sus discursos relevantes con un "¡Vive la France!" exultante. ... ante una descomunal bandera de Francia. Barak Obama hace lo propio con su estrambote obligado de "God Bless America". El debate sobre esta cuestión lo ha puesto arteramente de actualidad el taimado José Bono al sugerir que le agradaría que el PSOE tuviera un secretario general que no se avergüence de gritar un sonoro "Viva España" tras sus intervenciones. Una carga de profundidad contra su correligionaria Carme Chacón, posible aspirante a la sucesión de Rodríguez Zapatero en el organigrama socialista. La ministra interina de Defensa le respondió, el día de la Constitución, que si el Congreso del PSOE va de "vivas" a España, "yo lo gano seguro".

La diatriba no es baladí puesto que pone en evidencia algo que ha caracterizado palmariamente a la izquierda de nuestro país desde la transición. La identificación del sentimiento de España y de lo patriótico con el franquismo y lo que denominan "la reacción". O sea, la caverna.
 
Cataluña fue un ejemplo palmario de cuanto decimos, con aquel PSUC comunista compartiendo las tesis del nacionalismo catalán, por otra parte, tan conservador, burgués y derechista. O el respaldo a aquella ETA incipiente de los sesenta y setenta.

Los supuestos intelectuales de la izquierda de la época alimentaron groseramente esta teoría del execrable nacionalista español, es decir, centralista y filofascista, frente al nacionalismo bueno de los partidos independentistas de las denominadas comunidades históricas. ... son docenas los ejemplos de la arremetidas de los artistas que pasaban por progres contra el sentimiento del concepto de España, una entelequia heredada del franquismo y que, al parecer, nunca existió. ....

La izquierda, en efecto, propició que la idea de España fuera un valor exclusivamente atribuible a la derecha, herencia de la dictadura franquista y de cuanto significó. El régimen anterior, evidentemente, usurpó y contaminó el concepto de España y de lo español. Lo hizo vestir de azul y le oligó a desfilar brazo en alto. Pero con el advenimiento de la democracia nadie asumió la responsabilidad ética y patriótica de poner las cosas en su sitio y durante estos treinta años (con distintas intensidades, naturalmente) hemos asistido al imperdonable juego de la izquierda de mantener la criminalización, el hostigamiento y el desprecio de todo lo que representa España. Tan intenso ha sido el repudio y hasta la burla, que todo cuanto tiene que ver con nuestra historia, símbolos, himnos en el sentido más digno, democrático y moderno se mantiene como patrimonio exclusivo, cuando no lacra o estigma, de la derechona y, por ende, susceptible de ser tachado de vergonzante y repudiable y hasta golpista (ver la noche loca de Almodóvar en la vigilia del 11M).

José Maria Marco, excelente analista, repasa en su última obra, "Una historia patriótica de España", alguno de estos extremos, al subrayar que en los mítines electorales del PSOE no se ven banderas españolas. En estos últimos ocho años de gobierno zapaterista se ha profundizado aun más la idea decimonónica de que no habrá nación española de verdad hasta que no prevalezca el republicanismo. Para ello, el PSOE se ha apoyado decididamente en las formaciones nacionalistas periféricas con el objetivo de descoyuntar la idea de nación española. El PP ha pretendido, con sensatez, seguir la corriente normalizadora de la calle, que enaborla banderas españolas y corea su himno en acontecimientos deportivos y en manifestaciones populares. En suma, encauzar la distorsión falsaria de nuestra reciente historia.

La reivindicación de José Bono es hipócrita, pero toca donde duele. El patriotismo, dice Marco, es el sentimiento que nos lleva a identificarnos con quienes compartimos nacionalidad. Recordemos aquel venenoso disparate de Zapatero de "nación, un concepto discutido y discutible". La propuesta del presidente del Congreso saliente de gritar "Viva España" es una coyuntural carga de profundidad contra Carme Chacón, catalana y filonacionalista. Poco tiene que ver con el "Vive la France" de Sarkozy. Pero al menos abre una espita al debate en el seno del PSOE, tan necesario y tan urgente. El principal partido de la izquierda española debería aprovechar su próximo congreso no solo para mudar nombres, cargos y sillas sino que debería efectuar un ejercicio de adaptación a la realiad de la nación española y no al revés. La España de Zapatero no tiene nada que ver con la España real. Por eso el batacazo en las urnas.Y no les vendría nada mal a los despistados o sectarios socialistas recordar las palabras de Indalecio Prieto : "Lo primero es España, lo primero es España, lo primero es España".


sábado, 26 de noviembre de 2011

EL FIN DE LA DEMOCRACIA ANTIFRANQUISTA


No es en absoluto riguroso atribuir sólo a la mala gestión de la crisis económica la debacle electoral del PSOE .... En el socialismo español se produjo al final de la década de los años noventa del siglo pasado un agotamiento ideológico, una vaciedad de proyecto, que  Rodríguez Zapatero y su “Nueva Vía” trataron de compensar con la revitalización de un remozado antifranquismo. Aunque su generación no había protagonizado la transición democrática, la izquierda española del 2000 se legitimó con mayor énfasis que cualquier opción en su papel opositor al régimen de Franco. Esta circunstancia inspiró la nueva política  de las dos Españas –la de los vencedores y la de los vencidos-, obvió el pacto de amnesia y reconciliación que supuso la Constitución de 1978, y pretendió ajustar las cuentas de la izquierda sobre la derecha que quedaron supuestamente pendientes tras la muerte del dictador. ...

Rodríguez Zapatero y el PSOE .... y sin cercanía vital ni con la transición, ni mucho menos, con los años finales del régimen franquista, reactivó el mecanismo de la confrontación. De tal forma que lo progresista y de izquierdas era reivindicar a los vencidos, todos ellos representados en su abuelo fusilado por los franquistas, revivir el pasado a través de la memoria histórica y abordar desde la negociación un “proceso de paz” con la, para él y su entorno, última excrecencia del franquismo: la banda terrorista ETA. Como escribe Lamo de Espinosa, se trataba de reavivar el antifranquismo “contra el que se vive mejor” .... la “verdadera segunda transición sea pasar de una democracia antifranquista que ve el mundo por el espejo retrovisor a una democracia a secas que mira de frente al futuro.”

.... Una izquierda con aspiraciones de regeneración en España debe dejar ya de manosear las consecuencias de una contienda civil que queda distante –en la penumbra de la historia- para un porcentaje altísimo de los ciudadanos españoles. El mismo día en que el PSOE se derrumbaba en las urnas, el pasado 20-N, se cumplía el 36º aniversario del fallecimiento de Francisco Franco. Rodríguez Zapatero, pese a que los españoles de menos de 40 años no tenían uso de razón en aquel noviembre de 1975, se ha empeñado en vincular el corpus ideológico del progresismo socialista a una batalla quijotesca –pero también artera- contra los molinos de vientos del franquismo como si se tratase de una amenaza real a nuestras libertades y a nuestro sistema político.

Reiterar el recurso falsamente ideológico del antifranquismo como el gran proyecto del PSOE del siglo XXI ha resultado la crónica de un fracaso anunciado. El presidente del Gobierno ahora en funciones malgastó la figura de su propio abuelo; ha sido inoperante en los aspectos sustanciales de la rehabilitación de las injusticias que no se soslayaron en la transición; ha insuflado al entorno de ETA la esperanza cierta de poder replantear el modelo de Estado, alentando nuevas energías secesionistas y ha dividido profundamente a la opinión pública española como ningún otro gobernante que le precediese en el cargo. Y por fin, ha logrado destrozar a su partido que se encuentra en el vértigo del horror vacui. El republicanismo al que se apuntó Rodríguez Zapatero .... quedó reducido a una expresión vindicativa del pasado y a un revisionismo prepotente de la transición democrática.

Las soluciones del PSOE le dejan vacío

Un revisionismo que llevó al PSOE en el Gobierno a poner patas arriba la distribución territorial del poder (Estatuto catalán), o aplicar fórmulas radicales que quebraron los consensos sociales, como una ley del aborto que desbarataba la patria potestad de los progenitores u otra de matrimonios homosexuales que pudieron articularse como uniones civiles sin injerirse en la instituto civil heterosexual del matrimonio. Rodríguez Zapatero y su PSOE nunca estuvieron por fórmulas de integración si no por las llamadas “ultrasoluciones”. Al final, la endeblez del andamiaje ideológico no ha soportado el peso de la realidad y se ha desplomado. Que lo haya hecho un 20-N no deja de ser un sarcasmo que la historia dedica a aquellos que no la entienden ni saben interpretarla.

A la poquedad ideológica del PSOE de Rodríguez Zapatero .... se añadió la fragilidad técnica e intelectual de muchos de sus gestores políticos a los que la ensoñación de los tópicos del “providencial” leonés (la el optimismo antropológico, las ansias infinitas de paz, la extensión de los derechos, el talante como actitud de diálogo permanente ante los problemas), pareció ocultar el penoso panorama socio-económico que sus políticas improvisadas iban conformando. Cuando llegó la crisis, no la vieron; cuando la vieron, no supieron qué hacer con ella y ahora que han perdido el poder descubren que el PSOE se ha convertido en un cascarón vacío de ideas y de proyectos, en una marca desgastada por el anacronismo antifranquista de su todavía secretario general, y todo es desolación ante un horizonte cerrado y gris que no permite observar alguna salida a la debacle electoral.

Cuando se celebre el XXXVIII Congreso del PSOE en febrero alguien tendrá que ocuparse de evitar que se vuelva a tropezar en la misma piedra: en el ventajismo histórico de localizar en el antifranquismo la legitimación democrática y el proyecto ideológico perdidos. Porque cuando la derecha española, por méritos propios y deméritos del PSOE, logra alcanzar el poder democrático por segunda vez con mayoría absoluta –más amplia la del 20-N que la del 2000-, no hay ni franquismo ni antifranquismo que valga. ....

 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA DERROTA SOCIALISTA. CÓMO CUESTA ASUMIR LA REALIDAD.

Dice José Antonio Zarzalejos en El Confidencial que "Escribía ayer en el diario El País Rafael Simancas, diputado socialista por Madrid, que “lo más sensato es mantener la apuesta”, es decir, a Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, porque “han sido los cinco millones de parados los que ha causado la desafección del voto socialista y no el rechazo a la cabeza de lista”. Semejante razonamiento es propio de alguien que insulta la inteligencia de sus posibles lectores. Pero, sobre todo, denota una actitud altiva y soberbia que no admite que el descalabro del Partido Socialista se ha debido a una acumulación sistemática y progresiva de graves errores de gestión, de actitudes sectarias y de oceánicas incompetencias.

El artículo de Simancas es coherente, en su tono y en su objetivo, con la nula autocrítica del presidente del Gobierno en funciones en su comparecencia del lunes y con la intervención en la noche electoral de Pérez Rubalcaba. En ningún caso -tampoco Chacón o López, grandes perdedores en sus ámbitos catalán y vasco, respectivamente- nadie representativo del PSOE ha salido a la palestra para reconocer que la bancarrota electoral con la huida de más de cuatro millones de electores, se ha debido a una gestión desastrosa del Gobierno y del propio partido.

Estamos, sin duda, ante una actitud estúpidamente soberbia, que el PSOE y el Gobierno han venido manteniendo en los últimos años. Se explica en la idiosincrasia de esta izquierda atrapada en España por un síndrome de superioridad moral, según el cual, nunca los electores abandonan al PSOE sino que son las circunstancias -externas al propio partido- las que determinan sus derrotas electorales. De ahí que ni un solo dirigente del PSOE -secretarios generales territoriales, miembros de la ejecutiva, el propio candidato- se sienta concernido directamente por la derrota. Más aún, apenas sin respetar un mínimo período de duelo, los partidarios de Pérez Rubalcaba ya han filtrado a los medios una encuesta de Metroscopia a tenor de la cual, el 62% de los militantes quieren  al candidato en el liderazgo definitivo del PSOE.

Poco ha importado a la plana mayor del PSOE que incluso en las Comunidades Autónomas del PP en las que se han practicado políticas de ajuste muy fuertes (caso de Galicia, Castilla-La Mancha o Baleares), los conservadores hayan avasallado a las listas socialistas dando una vuelta de tuerca a la victoria popular en las elecciones del 22 de mayo pasado. A más a más: ni siquiera en Cataluña, donde el PSC ha sufrido un auténtico desastre ante una CiU que lleva un año gobernando a golpe de recortes -y ayer anunció más y más rotundos-, sus dirigentes, empezando por Carme Chacón, han entonado el mea culpa que la opinión pública espera del PSOE.
Poco arreglo tiene este PSOE si, como proclama uno de sus dirigentes madrileños, “hay que mantener la apuesta” (es decir, a Pérez Rubalcaba) cuando la cuestión es que el socialismo español ni tiene apuesta que defender -es un puro desconcierto y un conjunto de ideas tópicas y deshilvanadas- ni dirigentes alternativos. Todos -jóvenes y viejos socialistas- parecen emplearse con fruición en cavar a ritmo frenético en busca de una salida que profundiza su tumba política. Si había alguna duda sobre las razones de la debacle socialista, la actitud altiva y soberbia -verdaderamente insultante- aporta reflexiones adicionales sobre el particular que aconsejan que el PSOE tenga una larga y merecida travesía del desierto".


miércoles, 22 de junio de 2011

TONTERÍAS SOCIALISTAS, EL PROGRESISMO IDIOTA

Ayer mi hija fue a una farmacia para que le realizaran una perforación en el lóbulo para un segundo pendiente. La farmacéutica le entregó un formulario en el que debían figurar los datos personales de los padres y su firma para que autorizasen la pequeña incisión.

Sin embargo, mi hija de 16 años sí puede acudir a esa misma farmacia y pedir a la misma farmacéutica una píldora abortista para el día después, y se la entregarán sin problemas y sin problemas. Incluso puede ir a un clínica abortista y que le practiquen un aborto sin necesidad siquiera de que yo tenga conocimiento de la intervención.

Esa es la lógica de este gobierno socialista que lleva siete nefastos años dirigiendo el país. Es más serio e importante la colocación de un piercing que la realización de un aborto a una menor, que no tiene ni idea de las consecuencias que puede tener su decisión de abortar.



sábado, 14 de mayo de 2011

TOMÁS GÓMEZ, O AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA. Y LA MONA DE ZAPATERO, EL MENTIROSO COMPULSIVO

Durante unas semanas creíamos que aquel joven político que era capaz de enfrentarse a Zapatero y su aparato, y derrotarle, podría ser la "esperanza blanca" del socialismo español, alguien capaz de poner fin a los dislates y mentiras de la perversa corriente dominante y zapat-erial en el socialismo hispano.

Pero no, no ha tardado mucho en demostrarse que Gómez es como cualquier otro dirigente socialista actual, no es más que un tipo mendaz, tramposo y mentiroso, que escogió la política como medio de vida.

Estos primeros días de campaña electoral hemos tenido varios ejemplos del talante del joven: desde mentir sobre sus estudios en un colegio privado al uso ilegal de grandes cartelones electorales en la Gran Vía (ridículos, por cierto), de su falsa indignación por unir su imagen a la de Zapatero y a de los cinco millones de parados que se han producido bajo gestión socialista a los insultos personales a su contrincante política. 

Sobre el cartel de la foto, no está de más recordar su famosa entrevista en la que afirmó que "quería para Madrid lo mismo que Zapatero para España". Por otra parte, aparte de acusaciones infundadas y realizadas contra la realidad diaria que aprecia la población de Madrid, Gómez, el cachorro imitador del perrillo faldero de ETA, no ha presentado en sus mítines ni una sola propuesta interesante. Espera ganar las elecciones sin anuncir medidas, sólo fomentando el odio contra el enemigo.

Si unimos su entrevista en Onda Cero a la cantidad de tópicos y lugares comunes que nos suelta en cada entrevista y mitin, y a la demagogia que destila en cada aparicón pública, tenemos la imagen del perfecto sucesor de Zapatero y de las tendencias socialistas actuales: un político vacío de ideas pero lleno de imágenes y gestos -"piensa en un elefante"-, alguien que será incapaz de hacer avanzar un país pero sí de hacerle creer que vive en los "mundos de Yupi", hasta que la realidad se imponga con toda su crudeza, como le ha sucedido a Zapatero. Pero el pagador de los desastres causados no será él, como no lo es Zapatero, ni el Sr de las Cejas ni él sufrirán las consecuencias de su radicalismo ideológico y su incapacidad gestora, sino los ciudadanos, los contribuyentes, los que les mantienen viviendo a la sopa boba.

Así, según nuestra mona Zapatero, la culpa de que en España haya casi cinco millones de parados no es del Gobierno, después de siete años de gobierno, sino del PP. Puede parecer un sarcasmo, pero eso es exactamente lo que ha dicho el Hijo del Viento, según el cual la responsabilidad de la elevada tasa de desempleo que asola nuestro país es "de las políticas especulativas que puso en marcha el PP desde el año 1996, favoreciendo un desarrollo urbanístico sin límites", políticas de las que él presumía hasta 2010 cuando afirmaba que íbamos a delantar a Italia y Francia en PIB y RPC; políticas que él se negaba a cambiar cuando elPP en 2008 le advirtió de la crisis que se avecinaba; políticas que ha fomentado en todas las CCAA dnde gobierna el PSOE desde hace 30 años.

No es la primera vez que Zapatero se sacude la responsabilidad de encima. El pasado día 3, durante una comparecencia en el Senado, el presidente del Gobierno ya dijo que las leyes aprobadas por el PP durante la etapa de José María Aznar y el "proceso de endeudamiento del sector inmobiliario" propiciado por los populares contribuyeron "de manera singular" a que las cifras de desempleo estén ahora desbocadas. Y hoy en Valencia ha vuelto a atacar a Mariano Rajoy con ese mismo argumento: "En 1996 se creó la mayor burbuja inmobiliaria de este país porque el PP cambió la Ley del Suelo".

Según el rojo feminista, más rojo y feminista que la Pasionaria, la mayor parte de los tres millones de puestos de trabajo perdidos en estos años de mandato socialista proceden del sector de la construcción. Conclusión del Felpudo de París: si el PP no hubiera apostado por una "expansión inmobiliaria" sin freno, el paro no se cebaría hoy con España. Conclusión de cualquier ciudadano normal que no sea adorador del Babeador por Obama: si Zapatero no hubiera irrumpido en nuestras vidas montado en un tren, el paro sería alto pero muy inferior al actual, y la crisis nos habría afectado pero ya estaríamos en la rampa de salida. Cualquiera hubiera intentado hacer frente a la crisis sin centrarse, como los socialistas, en negarla y ocultarla mientras mentían un día sí y otro también.

"El que diga que hemos hecho recortes miente como un bellaco" chillaba histérico el Arrastrado de Rabat mientras olvidaba que muchos de los votantes, afortunadamente, conservan sus neuronas y son capaces de recordar lo que ha ocurrido en los últimos años de este país.

EL PSOE Y CUBA: CÓMPLICES EN LA INFAMIA

Sí ya sé que Herman Terstch no es muy apreciado por mucha gente, pero yo le descubrí hace ya veinte años cuando trabajaba en El País y escribió un libro sobre la Guerra de los Balcanes, que compré en la Feria del Libro y que, he de reconocer, me encantó. Se llamaba "La Venganza de la Historia" y en él Terstch se mostraba como un recio opositor del fascismo socialista y racista de Milosevic.

Veinte años después, a pesar de las circunstancias y del odio que despierta entre los socialistas y entre aquéllos que antes le leían con fruición, sigue escribiendo columnas de opinión que, gusten o no, suelen estar cargadas de lógica racional. 

Hoy comparto mi indignación con él y sólo voy a copiar su columna en ABC de hace un par de días y titulada Cómplices en la Infamia, tras la muerte del opositor cubano Wilfredo Soto después de recibir una paliza por parte de la criminal policía castrista.
No les voy a hablar de Bildu y el Tribunal Constitucional, aunque no culpo a nadie que lo haya pensado al leer el título. No les voy a hablar de los cerca de novecientos muertos españoles, cuyos asesinos han sido legitimados en su trayectoria por nuestro Gobierno. Erigidos en adalides de un largo proceso de cincuenta años que entra en su nueva fase triunfal con las camadas de nazis legalizadas para su proyecto de liquidar las libertades en el País Vasco y en Navarra. Algunos de los responsables de esta tropelía histórica se prometen de ello el título de “pacificadores” en nuestra historia. A mí se me ocurren otros. En todo caso, que no pidan respeto, por favor. Cuando lo que deberían pedir es perdón. Respeto no, por favor.
Vamos a hablar de otro muerto que aquí han olvidado antes de que lo enterraran el pasado domingo en un cementerio de La Habana. Juan Wilfredo Soto, de 46 años, era un cubano que llevaba más de la mitad de su corta vida pidiendo, precisamente, respeto. Nada menos que al poder. Juan Wilfredo pedía que le dejaran decir lo que pensaba. Y pedía que no le pegaran ni le encarcelaran por algo tan sencillo e inocente como decir la verdad, su verdad, en voz alta. Que no es otra verdad que la de millones de cubanos que no se atreven a pronunciarla. Él era uno de esos pocos que no tenía miedo. O que lo vencía a diario por un compromiso consigo mismo, un respeto y una exigencia a un tiempo. Eso que se llama dignidad. La mayoría de los cubanos tiene miedo. Es lógico porque el régimen que los oprime desde hace medio siglo es una inmensa maquinaria de producción de miedo. Todas las demás fuentes de producción, fábricas, ingenios, talleres y granjas, se han hundido en Cuba podridas por la desidia, el desamor, la ineficacia, la corrupción y la mentira. Solo funciona la producción y la administración del miedo, esa mercancía que se reparte muy equitativamente, según las reglas comunistas, entre toda la población. Mayores y menores, hombres y mujeres, obreros y burócratas, policías y campesinos, miembros del partido de arriba y abajo, todos tienen miedo por igual. Como debe ser para el funcionamiento armonioso de un sistema que, desprovisto de espíritu y alma, no funciona.
Juan Wilfredo, sin miedo, era una pieza estropeada. Como tantos cientos de cubanos que, por alzar la voz con su verdad, con su dignidad y la exigencia de libertad para defenderlas ambas, sufren las represalias de uno de los regímenes más viles y putrefactos del mundo. Tras el Congreso del Partido Comunista, nuestras gentes sin miedo pasan una vez más una dura prueba. Resuena con virulencia la consigna del hostigamiento contra esos impertinentes que osan no tener miedo. Los registros, las detenciones, los insultos, los asaltos vandálicos a sus viviendas, vuelven a ser deber patriótico para la soldadesca del miedo. Y así le han matado a Juan Wilfredo. De una paliza. Sabía que lo harían. Se lo habían dicho. Cumplieron. Para que sus amigos no se obstinen en no tener miedo. Y reconozcan que sólo con miedo se puede vivir con seguridad.
El Gobierno español es el mayor defensor del régimen cubano en el mundo. Lo han elogiado en Bruselas, en Washington y aquí. Jiménez alaba sus «reformas». Pajín en La Habana canta al hermanamiento entre PCC y PSOE. A los cubanos sin miedo los desprecian e ignoran. El régimen es su amigo, los disidentes «gusanos». Por eso aun no han dicho una palabra sobre Juan Wilfredo. Porque son cómplices. Del crimen y la infamia


miércoles, 11 de mayo de 2011

REPROCHE AL FASCISTA DISFRAZADO, EL SR. PECES BARBA

Escribe en El País el Sr Peces Barba una columna de opinión, donde si no, reprochando a los madrileños, en general, que den la espalda a los socialistas en las elecciones, como si no hubiera en Madrid simpatizantes de los populares y Aguirre haya llegado al gobierno por imposición legal. En su columna Peces Barba, el ex Comisario Antivíctimas del Terrorismo, demuestra su verdadero concepto de la democracia. Dice así:

A primera vista, podría parecer poco adecuado no halagar a los electores que queremos que voten al PSOE en la Comunidad y en los Ayuntamientos. Mucho menos parece sensato regañarles y reprocharles su apatía, su distancia de la política y su resignación. Sin embargo, quizás sea necesaria una sacudida y una bronca que abra los ojos, active las conciencias y despierte la memoria histórica de la tradición progresista de los madrileños.

¿Habrá pensado este Sr que en Madrid todos somos progres? ¿Es obligatorio ser progre en Madrid? Entonces, ¿Por qué, si todos somos progres, el PP ha ganado las elecciones una tras otra desde hace veinte años.

No hicimos los socialistas ni la Transición, ni la Constitución con el Rey, con Adolfo Suárez y su UCD, con los nacionalistas más integradores para facilitar el acceso al Gobierno a los antiguos franquistas a los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad. El PP tiene sectores democráticos modernos pero su silencio, y sobre todo el de Rajoy, aumentan el impacto y los gritos de doña Esperanza y sus corifeos afines, Mayor Oreja o Camps, integristas, populistas, que han traicionado el espíritu de la vuelta a la democracia, las esperanzas de una transformación desde la libertad y la igualdad y que han adormecido a muchos ciudadanos, también muchos madrileños, para que olviden el sueño de la razón y la utopía progresista que ha sido su meta más querida y más deseada. No debemos dejar paso a esos sectores casposos, llenos de rencor y sedientos de riquezas.
Su discurso no deja lugar a la duda, este Sr. sigue anclado en el siglo XIX y quiere que los madrileños nos situemos, como él, en ese nefasto período. Asumir que la transición es poco menos que sólo obra suya, de los socialistas, y que sólo ellos tienen derecho al gobierno de España demuestra también el escaso respeto por la voluntad popular. No le importa que un 50% del censo vote al PP, los conservadores no tienen derecho a gobernar en ningún caso. Por cierto, soy madrileño, como mi madre, mi mujer y muchos de mis amigos, y ninguno de nosotros hemos necesitado nunca alcanzar la "utopía progresista" para satisfacer nuestro espíritu progre ¿seremos unos extraños madrileños?

El vuelco necesario debe hacerse con sentido práctico y desde posibilidades reales y no con sueños imposibles ni con esfuerzos inútiles. Es evidente que solo se puede alcanzar este objetivo con el liderazgo y con el impulso del Partido Socialista, aquí en el Madrid de Tomás Gómez, excelente candidato y un político honrado dispuesto a sacudir las políticas retrógradas y a encabezar a todos los sectores progresistas para que la señora marquesa consorte no siga gobernando en Madrid.

Tomás Gómez será excelente, pero la población madrileña no le quiere ¿es que no se da Vd cuenta?

Los ataques ad hominen a Aguirre, a causa de su esposo, demuestra la carencia de ideas de nuestros utópicos progresistas, que de momento han centrado su campaña en mentir y calumniar, por lo que se han ganado ya la primera querella criminal y han tenido que cambiar algunos de sus anuncios.

No veo yo que sea retrógrado construir 8 nuevos hospitales y decenas de kilómetros de transporta público. Si esto es retrógrado ¿qué es ser progre? ¿hundir Madrid para beneficiar a Cataluña?

...... No son tiempos para aventurerismo ni para políticas como las de las dos orillas... .... Lo son para el juego limpio y la lealtad recíproca para acabar con la pesadilla del dragón que representa la señora Aguirre.

¡Vaya! Unirse a independentistas y extremistas de izquierda para expulsar al PP de todos los gobiernos no es aventurerismo, es habilidad política y control de las pulsaciones extremistas, geometría variable. Facilitar la llegada de ETA a las instituciones no es aventurerismo, es conciencia política.

De nuevo los insultos personales como medio de movilización. La progresía presumía de tener grandes ideas ¿no? Parece que no, sólo grandes insultos. ¿Esto es todo lo que podemos esperar de un político y catedrático que debería ser un referente ético en España?

...... No podemos resignarnos, sino que debemos luchar sin descanso en defensa de nuestra dignidad, para evitar la catástrofe moral que supondría una derrota anunciada y soportada por unos madrileños que habrían dejado de luchar. Con Tomás Gómez en cabeza y desde el reproche a los madrileños resignados, luchemos francamente para ser dignos de respeto y ganar al pesimismo, a la desgana y al derrotismo. ¡Vale la pena!
 
Utilizar la dignidad y el honor como herramientas políticas creía que correspondía más a la derecha rancia que a la moderna progresía, pero se ve que no, que si hace falta se recurre a las vísceras y se abandonan los programas. Quizás por eso Peces Barba odia a Julio Anguita.

Gregorio Peces-Barba Martínez, lamentablemente, es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, por lo que nos podemos temer qué será lo que, cubierto con el paraguas de la libertad de cátedra, es capaz de enseñar a sus alumnos ¿odio?