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miércoles, 12 de julio de 2017

VENEZUELA, UN ASUNTO MÁS DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA


Hace tiempo que el asunto entró de lleno en la política nacional. Y ahí sigue, abriendo telediarios y buscando reacciones de los partidos.

Ocasión de retratarse ante quienes han empobrecido Venezuela y la han puesto al borde de la guerra civil. Desde sus admiradores de Podemos, donde Monedero sostiene que allí funciona el Estado de derecho, hasta Ciudadanos, donde Albert Rivera califica a Podemos de sucursal chavista.

Lo último es la puesta en libertad vigilada de Leopoldo López, condenado a 13 años de cárcel por incitación a la violencia en las protestas callejeras de 2014 (43 muertos). El líder de Voluntad Popular y cabeza visible de la oposición al chavismo ha calificado de “amiguete” al ex presidente Zapatero, cuyo papel de facilitador nunca fue del agrado del también ex presidente Felipe González. Por cierto, ambos militantes, pero no simpatizantes, del PSOE liderado por Pedro Sánchez.

En cuanto a los respectivos gobiernos, viven en crisis diplomática permanente desde que Maduro calificó a Rajoy, entre otras lindezas, de “bandido” y “protector de delincuentes y asesinos”. Solo por haber reclamado lo que ahora el propio Maduro aplaude como un acierto del Tribunal Supremo de Venezuela: la libertad de Leopoldo López (arresto domiciliario, en realidad, bajo custodia policial), el mundialmente famoso preso político del chavismo.

Se produjo este fin de semana y se celebró en la plaza de España de Madrid como un paso atrás de Maduro ante el empuje callejero de un pueblo con hambre atrasada de pan y de libertades. Sin embargo, aún quedan en las cárceles 433 presos políticos (datos de la ONG Foro Penal). El número se ha disparado en estas últimas semanas por el activismo callejero.

De ellos se ha acordado Pedro Sánchez, líder del PSOE, en una primera reacción a través de las redes sociales: “Hay que felicitarse por que Leopoldo López esté ya en casa con su familia, pero quedan muchos presos políticos en Venezuela”.

Expresa una preocupación habitual en las declaraciones del propio López. Y ahora los seguidores de este se preguntan si, habiendo rechazado siempre la libertad mientras hubiera otros presos políticos (“Yo tengo que salir el último”), de pronto ha cambiado de idea o es que le han obligado a aceptar la excarcelación.

Eso es lo que se preguntan los miembros de la Asociación Civil Venezolanos en España, que este sábado mostraban su alegría por la noticia y, al tiempo, su escepticismo por si López hubiera bajado su nivel de exigencia respecto a los presos políticos que no han corrido la misma suerte.

Véase cómo las ataduras históricas, idiomáticas, culturales, que están ahí desde hace cinco siglos, han hecho de la crisis venezolana un asunto más de nuestra política doméstica. Razón añadida es la aparición de Podemos, un partido emergente de bien retribuida afinidad al régimen chavista.

Agua de mayo para pregoneros del antichavismo, que nos visitan en busca de arropamiento y solidaridad con referencias analógicas al partido de Iglesias. O sea, que nos puede pasar lo mismo si alimentamos a los amigos españoles de Maduro. Y por el mismo precio, los políticos españoles que recelan de Podemos potencian el seguimiento de la política venezolana con la intención de frenar el avance de la izquierda mochilera.


El resultado está a la vista. Lo que ocurre o deja de ocurrir en aquel país entra de lleno en la agenda política española, donde también se instala la preocupación por las inversiones de nuestras grandes multinacionales (Repsol, Mapfre, Telefónica, Iberia, BBVA…) y donde se recitan de memoria los males del régimen chavista: pobreza, represión, inseguridad, desabastecimiento, corrupción y comportamiento tiránico del presidente, Nicolás Maduro, siempre a la caza de atajos legales para hacer de su capa un sayo.

Antonio Casado en El Confidencial 10 Julio, 2017 

PODEMOS ANTE EL ESPEJO ROTO

La repulsa a Maduro significaría para ellos abdicar de su superioridad ideológica y moral, dar por fracasado su modelo

Quizá algún día, en el improbable caso de que lleguen a consumar su asalto al poder e impongan su anhelo distópico de una sociedad nueva, los dirigentes de Podemos se atrevan a explicar la verdadera razón de su contumaz complicidad con el régimen de Venezuela. No ya con el chavismo, que hasta sus últimos valedores consideran traicionado, sino con la desfigurada y trágica parodia revolucionaria en que Maduro ha convertido su resistencia. Es una realidad objetiva que al partido morado le convendría electoralmente distanciarse de esa degeneración siniestra, por mucha afinidad sentimental y mucho padrinazgo fundacional que le deba; sin embargo, ni el evidente patetismo de la agonía venezolana, que avergüenza a cualquier sociedad democrática, logra arrancar de Pablo Iglesias ni de su entorno una condena tajante y expresa. No ya una repulsa política sino una simple expresión de distancia ética.

Este silencio, en el mejor de los casos equidistante o ambiguo, no puede obedecer sólo al original patrocinio financiero, por más que los maduristas puedan saber demasiados detalles antipáticos sobre ese mecenazgo primigenio. 

Más bien parece que se trata de un fenómeno de cerrazón ideológica, de terquedad en la defensa de un modelo. Los podemistas son conscientes de la sombría degradación del poder post-chavista pero se niegan en redondo a renunciar a sus fundamentos. A romper el espejo de sus convicciones, a aceptar la derrota moral que para ellos supondría reconocer que el proyecto piloto de un nuevo orden libertador expira en medio de estertores sangrientos. Y buscan, como hizo la vieja izquierda ante el corrupto declive del castrismo, atenuantes casuísticos y conspiraciones culpables para esquivar la para ellos desasosegante certeza de que el proyecto comunista acaba siempre en el hambre del pueblo.

Pero al menos los antiguos marxistas acabaron por admitir que los regímenes de Cuba o de la URSS habían malversado sus ideales, que las nomenclaturas políticas -la casta- se habían convertido en usurpadoras ilegítimas de una fe igualitaria que seguía intacta en sus principios y conceptos. Éste es el paso que aún no ha dado Podemos, cuya dirigencia exhibe tal grado de soberbia narcisista que es incapaz de reprobar el envilecimiento de su paradigma para que nadie piense que se equivocaron de ejemplo. Iluminados y persuadidos de su mitológica misión redentora, se resisten a reconocer el fracaso de su arquetipo original aunque no estén tan ciegos para no asumirlo en su fuero interno.

Porque eso equivaldría a confesar la posibilidad de no tener razón, a abdicar siquiera en teoría de su superioridad, a abrir un resquicio de duda en su autoconvencimiento. Y hasta ahí podíamos llegar: el artículo primero del manual del caudillaje dice que los jefes nunca se equivocan, y el segundo que en el remoto caso de que se equivoquen… se aplicará el artículo primero.

sábado, 22 de octubre de 2016

PABLO IGLESIAS INCITA A UNA RADICALIDAD QUE DESEMBOCA EN VIOLENCIA

El radicalismo de Iglesias empuja a Podemos fuera del sistema

La reacción oportunista y demagógica tras la protesta de varios inmigrantes en el Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) de Aluche, y la justificación del injustificable boicot violento a Felipe González en la Autónoma, son dos muestras de la nueva estrategia que Pablo Iglesias quiere imprimir en Podemos. Decidido a volver a la agitación en las calles y a ganar presencia en el espacio público para intentar contrarrestar el perfil tan bajo que la formación tiene en las instituciones, especialmente en el Parlamento, Iglesias ha impuesto la radicalización del discurso entre los suyos y un incremento de la movilización, como si en vez de un partido con sentido de la responsabilidad Podemos siguiera siendo una suma de círculos y movimientos sociales de todo pelaje. 

En este sentido, resulta especialmente grave que sus dirigentes alienten la convocatoria Rodea el Congreso, promovida por una plataforma radical que pretende boicotear la presumible investidura de Rajoy la próxima semana. Algunos responsables de la formación morada pretenden sumarse a un acto que, antes que nada, es ilegal.

Hemos asistido en los últimos meses a un duro pulso entre Iglesias y Errejón, su número dos, que de momento gana el primero. Resultan antagónicos en su visión sobre cómo «asaltar los cielos». Iglesias es el claro exponente de una concepción de la política radical y maniquea que se muestra tan cómodo en el ámbito asambleario como inflexible y descolocado en el institucional, donde se requiere capacidad para llegar a acuerdos con los adversarios. Errejón, por su parte, ha demostrado mayor flexibilidad y quiere que Podemos transite hacia la política real, imprimiendo un cierto pragmatismo. Ambos representan la dicotomía entre la calle y las instituciones que monopoliza los interminables debates en el seno de la formación. 

El bochornoso espectáculo que están protagonizando pablistas y errejonistas en su batalla campal para hacerse con el control de la formación en Madrid es el mejor ejemplo de hasta qué punto son posiciones irreconciliables.

Hay que decirlo con claridad. Iglesias está actuando con enorme irresponsabilidad, llevando a Podemos a un callejón sin salida, por cuanto su estrategia le resta cada vez más posibilidades de ejercer ningún papel serio en un sistema de partidos. Y ello pagando el precio de decepcionar las ilusiones de una buena parte de los millones de españoles que han confiado en la formación en las anteriores citas electorales, hastiados por una situación de crisis, escándalos de corrupción y anquilosamiento institucional que tanto han minado el crédito de los partidos tradicionales. De hecho, Iglesias aboga en realidad por una huida hacia adelante. Intenta recuperar protagonismo en la algarada callejera y en la movilización de los más desencantados para esconder así un fracaso político evidente. No olvidemos que el 26-J Podemos perdió más de un millón de votos respecto a los obtenidos en diciembre. Fue la candidatura más castigada por unos ciudadanos a los que les bastaron unos meses para rechazar la radicalidad y el frentismo de Iglesias en el Congreso.

Aunque creemos que está abocada al fracaso, esta estrategia de deslizamiento hacia posiciones cada vez más demagógicas, que incluye la justificación de actitudes tan violentas como las de la Autónoma, o el sempiterno empeño en arrojar toda clase de sospechas sobre los cuerpos de Seguridad, a corto plazo sí puede enrarecer el clima social. Ahí está sin ir más lejos la incitación de Iglesias a las organizaciones sociales para fomentar sus protestas y convocar una huelga general si finalmente se desbloquea la situación política y se forma un nuevo Gobierno del PP. Un auténtico despropósito que le afearon los principales sindicatos. Con responsabilidad, UGT y CCOO negaron haber barajado algo así y le dejaron claro a Iglesias que "no se convocan huelgas o paros contra partidos o personas, sino contra políticas concretas". Iglesias repite que no quiere que el suyo sea un partido más. Pero al final la impresión es que realmente no sabe actuar como se espera de una formación que ha sido votada por millones de ciudadanos.

22/10/2016 El Mundo

IGLESIAS CONTRA LA PRENSA

En víspera de participar en el SIE de Huesca en una sesión sobre credibilidad en el periodismo, un buen diálogo con Ramón Besa y David Espinar sobre los usos informativos en las fronteras de la política y el fútbol, alguien me envió un whatsapp:-Tú en Las Torres, y Pablo Iglesias en el Teatro del Barrio pidiendo periodistas militantes. 

Lo de Las Torres merecería otro artículo. En Huesca, localidad de 50.000 habitantes, hay tres restaurantes con estrella Michelin, y sin los delirios del star system. También Bistro Tatau, casi una barra de bar, y Lillas Pastias, paraíso de la trufa, en el edificio modernista del viejo Casino, fachada de un territorio propicio para el arte de cocyna, por el amor a la tradición. Huesca es otra de esas ciudades desconocidas en la calma provincial de la periferia. Pero esto queda para otro artículo. 

Lo de Iglesias contra la prensa era previsible. El número uno de Podemos, tras elevar un poco más la peana de su liderazgo, trata de generar tensión bajo la lógica de la democracia postfactual: la realidad no importa; todo está sometido al discurso estratégico del partido. Así que, obviamente, tampoco interesa el periodismo, puesto que, con sus debilidades, de momento resiste como correa de transmisión con la realidad. De ahí el Elogio del Panfleto entonado por Iglesias. Del mismo modo que Trump miente impúdicamente sobre el desempleo o el sistema electoral para construir su mensaje emocional, a Iglesias le interesa el agit-prop parea agitar a su clientela

Los periodistas, los fact-checkers, son incómodos. Así va esto. 



Podemos defiende las protestas de la Universidad pero sin que se les pueda acusar de defender las protestas de la Universidad. Se escandalizan de que estos hechos sean calificados de violentos aunque sean violentos. Esa es la lógica postfactual: montar el discurso ajenos a la responsabilidad de la verdad. Se financian en Venezuela, pero no se les puede mencionar Venezuela. No importan los CIE, sino el relato que construyen con los CIE. ¿O dónde están las iniciativas parlamentarias de Podemos? Lo suyo son las performances

Politizar el dolor es la estrategia enunciada por él mismo sin despeinarse. Inspirar miedo. En definitiva, las emociones mandan en la democracia postfactual. Y en el discurso populista del sistema secuestrado por las élites, tienen sentido los ataques a la prensa como extensión del poder al servicio del establishment. Eso encaja en la crisis de la mediación, uno de los factores destacados por el politólogo Arias Maldonado en su brillante ensayo Para comprender el populismo. Podemos antepone las redes horizontales de opinión contra las estructuras de conocimiento. Fuera expertos y analistas, viva Twitter. Una vez que la realidad se convierte en material perturbador, hay que evitarla. El populismo es territorio de consignas sentimentales huyendo de la complejidad. De ahí su elogio del planfleto en el Teatro del Barrio reclamando periodistas militantes al servicio de la causa, propagandistas. 

Lejos de asumir la centralidad del periodismo en la cultura democrática, por supuesto con sentido crítico, es más útil la demonización de la prensa integrándola en la desconfianza hacia las élites. Para las almas ávidas de conspiraciones siempre será tentador creer que en la sombra maquinan los poderes del Estado con los Amos de las Rotativas junto el Ibex y lo que haga falta, también la Triple A, la Corona, el sancta sanctorum de la Gran Banca, el Club Bilderberg, el Real Madrid y Doña Manolita. Así ya han llegado a sumar cinco millones de votos, y por qué no más.

TEODORO LEÓN GROSS 22/10/2016 El Mundo

domingo, 24 de abril de 2016

LA LIBERTAD, SANCHO

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos» (Miguel de Cervantes)

El oficio de periodista nunca fue fácil; en esto no te metes para hacer amigos. Y menos entre políticos, cuyo grado de tolerancia a la crítica es inversamente proporcional a su narcisismo. Decía Jean Daniel, confidente de Mitterrand, que no se puede ser amigo de un hombre de poder si tienes que escribir de él a menudo: amicus Plato, sed plus amica veritas. La verdad, en periodismo y en la vida, parece un concepto demasiado ambicioso; conformémonos con el de veracidad, y en todo caso con los de honestidad e independencia. Sin demasiada alharaca ni la solemnidad heroica que tendemos a dar a este trabajo que sólo consiste, según el maestro Raúl del Pozo, en limpiar los cristales de la libertad. Poniéndote perdido de mierda, las más de las veces.

Pero hay tiempos y tiempos, y estos no son los mejores. La crisis económica ha coincidido en la prensa con otra de modelo: las nuevas tecnologías, el rollo de la gratuidad en internet y todo eso. Llevamos años de ajustes masivos en los medios. De ingresos, de audiencias, de publicidad y, ay, de empleo. Para sobrevivir a este aprieto es preciso defender un intangible: el prestigio, que tiene que ver con el ejercicio de la conciencia. Por eso el menor de nuestros problemas es que los políticos presionen como siempre han hecho. Como ahora Pablo Iglesias, que a la menor ocasión deja ver su egolatría mesiánica, su jaez totalitario. Esa cosa suya de los señalamientos y los ciberescraches es algo incómodo pero llevadero; de toda la vida, los caciques nos han azuzado a sus jaurías, que ahora aúllan en las redes sociales. Más peligrosa era la ETA –esa ETA que, por cierto, solía elogiar Iglesias como clarividente debeladora del régimen del 78– y no logró intimidar aunque nos pusiese a mirar los bajos del coche. La historia de esta profesión es la historia de una resistencia. No he de callar por más que con el dedo, etcétera.

El auténtico problema consiste en que la sociedad democrática olvide la importancia de su sistema civil de contrapesos y sustituya la libre circulación de noticias e ideas por un falso debate de consignas teledirigidas y bulos aventados en la red. Que la Justicia se haga un lío –¿verdad, Pablo, verdad, Cruz?– con el derecho de la información y lo vuelva del revés. Que el propio periodismo confunda sus prioridades y se convierta en un espectáculo. Y que una opinión pública aturdida por la cháchara demagógica llegue a creer que la libertad de prensa es una extravagancia prescindible.

Lo demás, las amenazas, el matonismo y tal, son gajes del oficio. Lo sabemos. La independencia de un periodista –¿verdad, Álvaro, verdad, Javier?– y de paso la de sus editores depende, como sentenció Montanelli, de una sola cosa. De sus coglioni.

ABC 23/04/16
IGNACIO CAMACHO

viernes, 8 de enero de 2016

FRAUDE DE LEY. LOS CUATRO GRUPOS DE PODEMOS ROMPEN LAS NORMAS Y LA OPERATIVA DEL CONGRESO.

EDITORIAL EL PAÍS 8 ENE 2016 

Los líderes de Podemos pusieron ayer una nueva línea roja a los socialistas ante uno de los diálogos importantes para iniciar la nueva legislatura: su secretario político, Íñigo Errejón, dijo que la posibilidad de formar cuatro grupos parlamentarios es un “elemento fundamental” a la hora de entablar cualquier acuerdo o conversación sobre la Mesa del Congreso de los Diputados. Una exigencia que, como el referéndum de autodeterminación en Cataluña, hace imposible cualquier diálogo con este grupo político que plantea propuestas al margen de la legalidad o, en este caso, que suponen un auténtico fraude de ley.

El resto de los grupos políticos que han conseguido representación parlamentaria en las elecciones del 20 de diciembre no deberían ceder ante una exigencia que no solo intenta burlar la legalidad vigente sino que, además, dificultaría de forma notable la operativa de trabajo del Congreso y lo convertiría en una Cámara de representación territorial.

A principios de los años ochenta, gobernando la UCD, se introdujo una cláusula en el Reglamento del Congreso que prohibía que hubiera miembros de un mismo partido político en diferentes grupos parlamentarios. Se trataba de impedir la fragmentación de la Cámara y asegurarse una operatividad razonable para los debates en las distintas comisiones y en el pleno de este órgano legislativo. Se quería evitar también cualquier intento de convertir el Palacio de la Carrera de San Jerónimo de Madrid en una Cámara territorial.

Desde entonces, todas las sentencias del Tribunal Constitucional siempre han dado la razón a la Mesa del Congreso cuando ha tomado decisiones en contra de algunos intentos de sortear esa prohibición. Es verdad que se han producido algunos atajos para burlar la norma (los famosos diputados navarros de Canarias, cuando la UPN ofreció a varios de sus representantes para que Coalición Canaria pudiera formar grupo parlamentario propio), pero ello no justifica que se autorice ahora una medida claramente irregular.

¿Qué busca Podemos con esta propuesta? Sobre todo, dar una respuesta a los votos prestados por otras formaciones en Cataluña, Valencia y Galicia, en donde se han formado coaliciones que les han asegurado 27 de los 69 diputados obtenidos. Estas fuerzas periféricas han forzado al grupo que encabeza Pablo Iglesias a defender la autodeterminación y ahora quieren obtener más réditos políticos y económicos. No hay que olvidar que la formación de cuatro grupos en lugar de uno supone una importante inyección de dinero para la coalición.

Por último, habría que pedir a los líderes de Podemos un poco de ese rigor que ellos exigen a todos los demás: no se puede dividir los diputados en cuatro grupos y luego sumar el todo para pedir dos puestos en la Mesa.


LOS VIDEOS QUE PODEMOS Y PABLO IGLESIAS NO QUIEREN QUE VEAS





LA INVASIÓN DE LOS NECIOS EN INTERNET Y LAS REDES SOCIALES. EL EJÉRCITO DE PODEMOS.

Dice UMBERTO ECO que "Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios".  

Sacamos esto a colación tras la caza de brujas desatada por
los seguidores de Podemos en Twitter contra CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO. Ha publicado ésta una columna en el diario El Mundo, donde retoma el mismo asunto que Eco:


Jamás, jamás, jamás
Yo, siempre con Savater. 

Ayer publicaba un artículo en El País titulado Ni podemos ni debemos que acababa con una oportuna cita de L'art de conférer de Montaigne: «Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no sólo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia». Salvando la distancia entre aquellos tontos y los actuales, lo mismo llevo pensando yo desde que la noche del 5 de enero escribí un tuit sobre la ridículacabalgata de Reyes organizada por el Ayuntamiento de Madrid. Más de 11.600 retuits a esta tierna hora de la tarde en la que escribo; más de 7.000 corazoncitos pulsados por deditos amables; no sé cuántos comentarios, chistes, insultos y memes; hashtag propio, vigoroso y viral; trending topic durante horas; comentarios en los principales programas de radio y televisión; referencias en varios telediarios; y, lo más asombroso, un eco transversal en la llamada prensa de calidad. 

A todos los que me han escrito o llamado para darme ánimos y apoyarme ante las hordas tuiteras de la dogmática y adánica alcaldesa madrileña, les he contestado de la misma manera: pero si esto está siendo interesantísimo, la experiencia perfecta para entender una de las verdades de nuestro tiempo: Twitter es un vertedero, la tumba de la inteligencia

No me refiero únicamente a los comandos organizados que alimentan los circuitos del odio durante horas sin descanso. Toda operación revolucionaria necesita soldados rasos suficientemente ignorantes y entregados como para perder la vida, que hoy es el tiempo, en estériles maniobras de acoso y derribo. Y nuestros chavistas ibéricos cuentan con un ejército. Esto es duro de reconocer para los que consideramos que España no es diferente ni los españoles especialmente cainistas, guerracivilistas o envidiosos. Hay un sector, reconcentrado y activo, que sí lo es. Y con él hay que lidiar. Es el que responde con automatismos a los estímulos más romos. El que lee «chica del PP» y entiende: corrupta, facha y pija. Odia a los pobres (quería estar en la tribuna VIP), detesta a los gais (de ahí sus críticas a la túnica rosa de Gaspar), aborrece a los negros (a los que nosotros, paradójicamente, ponemos a tocar una kora africana en plena Era Obama) y desprecia a las mujeres (porque el auto odio no es patrimonio exclusivo del constitucionalista catalán). Ah, y, por supuesto, es una integrista religiosa, porque para qué preguntar si cree mucho, poquito o nada, no vaya a ser que en esto también esté con Savater. Que lo estoy. 

Con estos tontos no hay nada que hacer. No interesan ni como objeto de bloqueo. 

Más relevante me parece lo que está ocurriendo fuera de los círculos del sectarismo podémico, en las cumbres de la política y el periodismo. Viejos y nuevos. La pérdida no ya de calidad sino de capacidad básica de comprensión e interpretación es asombrosa. Como si la restricción de caracteres impuesta por Twitter hubiera impuesto una restricción mental equivalente: la obligación de prescindir de la ironía, del humor y del matiz; de las referencias literarias, más o menos veladas, y de las figuras retóricas, incluidas las más evidentes como la hipérbole o la repetición. Jamás, jamás, jamás. Estos días me han preguntado, con toda seriedad, qué tal está mi hija y si algún día lograré perdonar a Carmena. También he leído que mi tuit forma parte, incluso encabeza, «una ofensiva del Partido Popular». Y esto en el mismo periódico que hace pocas semanas me calificaba, con amabilidad, de «heterodoxa» en su portada. Por no hablar del delirio al que han llegado algunos sabuesos digitales, que detectan una conspiración política de gran alcance orquestada desde Faes. ¡Uy, qué morbo! 

Sí, Twitter está arrasando con la política y el periodismo cultos, esforzados, incisivos e inteligentes. Y, sin embargo, no por ello vamos a dejar de usarlo. Que los tontos no corrompan nuestro juicio ni nuestra conciencia. Seguiremos dialogando. Como si del otro lado estuviera siempre Montaigne.




En el lado político contrario se puede encontrar esta opinión de ZYGMUNT BAUMAN, filósofo de izquierda defensor de los indignados, publicada en una entrevista concedida a Babelia-El País hace unos días:


P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?
R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.




PODEMOS: COMO DECIR UNA COSA Y LA CONTRARIA, Y QUE NO SE TE CAIGA LA CARA DE VERGÜENZA


jueves, 31 de diciembre de 2015

CINCO RAZONES PARA NO TEMER UN GOBIERNO SOCIALPODEMITA

La alianza de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar Gobierno es una de las posibilidades que pueden surgir en el proceso de investidura. España no está preparada para semejante catástrofe –de hecho ningún país lo está–, pero si hemos de beber ese cáliz, mejor apurarlo cuanto antes y pasar página.

De lo que no cabe duda es de que los votantes más atolondrados saldrían de la experiencia vacunados contra el marxismo populista para varias décadas. He aquí los cinco beneficios que un acuerdo socialpodemita nos reportaría a los españoles… en caso de que sobrevivamos a la experiencia:

1. Los bolivarianos serían vistos como unos traidores por sus votantes. Gobernar un país implica dejar a un lado las ocurrencias asamblearias de adolescentes jugando a la política. Nuestra pertenencia a la Unión Europea y la propia dinámica institucional son incompatibles con llevar a cabo los disparates que Pablemos incorpora en su programa electoral. Iglesias se hará un Tsipras y los senderistas que quieren ver la ejecución televisada de Rodrigo Rato y disponer de una paguica mensual sin salir de casa montarán en cólera. Igual que su colega griego, el líder podemita se daría de bruces con la realidad, y eso duele. Especialmente cuando has convencido a cinco millones de votantes de que los unicornios no sólo existen, sino que además son de color morado podemita.

2. El desastre económico vacunaría a los españoles para un par de décadas. No cabe ninguna duda de que un gobierno de socialistas y podemitas sería la garantía del desplome de los principales indicadores económicos del país. La desconfianza de los actores de la economía, las pretensiones del nuevo gobierno de acabar con todas las medidas que han demostrado su eficacia para comenzar a salir de la crisis y su apuesta decidida por un aumento salvaje del gasto público pondrían de manifiesto el carácter destructivo de la izquierda en materia económica. El batacazo sería recordado durante lustros por todos los votantes.

3. Las carmenadas serían un dechado de rigor al lado de las charlotadas de los ministros podemitas. La capacidad de los miembros de Podemos para el disparate no tiene un límite conocido. Las ocurrencias antisistema de los ministros podemitas y sus meteduras de pata, junto a la cuota de pajines que el bando socialista incorpora siempre en sus gobiernos, convertirían la lectura diaria de la prensa en una de las actividades más divertidas de este comienzo de 2016.

4. El PSOE amortizaría a Sánchez e iniciaría el largo camino a la socialdemocracia. Los barones harían una carnicería de consumarse ese pacto de Sánchez con Iglesias. No porque mantengan diferencias programáticas con los podemitas (García Page, uno de los más críticos con una alianza con Podemos, gobierna gracias al apoyo de este partido), ni porque crean que es perjudicial para España, sino porque una decisión de este calado dañaría al PSOE y las consecuencias las pagarían también sus líderes territoriales. Sánchez saldría a patadas del PSOE y habría alguna posibilidad de que el partido señero de la izquierda española algún día se convirtiera en una formación homologable a la socialdemocracia europea.

5. Los conflictos entre socialistas y podemitas obligarían a convocar elecciones anticipadas. Las dos formaciones llegarían a esos comicios completamente desprestigiadas ante sus respectivos votantes. Los podemitas por no haber sido suficientemente radicales y los socialistas por haberse aliado con unos comunistas descerebrados. Sería la oportunidad para que triunfaran las ideas conservadoras y liberales, las más decentes en este perro mundo y las únicas que aseguran la propiedad privada, la libertad individual y el camino a la prosperidad.


LIBERTAD DIGITAL  30/12/15 PABLO MOLINA