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lunes, 30 de enero de 2017

OJO CON LOS ABUELOS DE LA GUERRA CIVIL

No había leído completas las memorias de Arthur Koestler. Sólo la primera parte, Flecha en el azul, así como el librito Un testamento español y sus novelas El cero y el infinito y Espartaco. Novelista y ensayista, como saben, Koestler fue miembro del partido comunista y espía de Moscú en la guerra de España. Y como en estos tiempos, gracias a mi amigo Lorenzo Falcó, ando zambullido en aquella época tan bárbara e interesante, decidí zanjar cuentas pendientes con Koestler rematando el relato de su vida. En ésas andaba hace días cuando, ya casi al final, encontré un párrafo que, relacionado con otro libro leído del mismo autor, motiva hoy esta reflexión. Algo que da en qué pensar, y mucho. O, por lo menos, a mí me da.

En Un testamento español, que leí hace años -ahora acaba de reeditarse bajo el título Diálogo con la muerte-, Koestler narra sus penalidades durante la Guerra Civil tras ser apresado por los nacionales. Estuvo a punto de ser fusilado, y esos días de espera lo convirtieron en testigo privilegiado de la vida carcelaria y las implacables ejecuciones de presos, sus compañeros, sacados de sus celdas para llevarlos al paredón. Es un relato de horror, en el que Koestler manifiesta la natural simpatía por sus compañeros de infortunio. Entre esas simpatías incluye la que siente por dos presos a los que llama Byron y El Tísico, éste último «político republicano muy conocido, Byron había sido su secretario. Desde hace tres meses esperan a ser fusilados», e incluso califica a uno de ellos como «hidalgo español». Luego añade: «Me era más difícil dejar a Byron y al tísico que a todos mis amigos y familiares». Y de esa forma logra transmitirnos la sensación de afecto y solidaridad con ellos, la injusticia de su situación y el horror de la suerte que les aguarda.

Pero oigan. Cosas de la vida. Ahora, al leer la última parte de las Memorias de Koestler, pues allí menciona nombres reales, he sabido al fin quiénes eran los infelices republicanos, el político y su secretario, sus amigos de cárcel condenados a muerte por los franquistas. Él mismo revela el nombre del Tísico: «Fue ejecutado tres días después de que me soltaran. Se llamaba García Atadell y había sido líder de un grupo de vigilantes de Madrid». El nombre, debo confesarlo, me saltó a la cara como un disparo. Para ser exacto, como los disparos en la nuca, torturas, robos y violaciones, que el Tísico amigo de Koestler, o sea, Agapito García Atadell, tristemente célebre en los anales de la Guerra Civil, y su secretario Byron -de nombre real Luis Ortuño-, ejecutados tres días después de la puesta en libertad del escritor, habían estado practicando con entusiasmo durante la época en la que García Atadell ejerció como -eufemismo delicioso- «líder de vigilantes en Madrid». Todo eso, claro, no lo cuenta Koestler porque lo ignoraba, pero está en los libros de Historia, que detallan cómo García Atadell creó una organización de terror al frente de la Brigada de Investigación Criminal, también llamada Brigada del Amanecer, que con beneplácito del Gobierno instaló una checa en el Paseo de la Castellana donde se torturó, violó y mató sin control ninguno, tanto a derechistas como a republicanos que no eran de su cuerda. Hizo una fortuna con lo robado a sus víctimas, y cuando con su ayudante Ortuño, en plena guerra pero con el bolsillo lleno, quiso huir al extranjero, fue capturado casi de casualidad por los franquistas. Que, ojo por ojo en este caso, le dieron las suyas y las del pulpo. Garrote vil.

El asunto contiene, a mi juicio, un aspecto educativo. Como escribí alguna vez, en la guerra y postguerra civil cayó gente buena de ambos bandos: españoles honrados que luchaban por sus ideas o se vieron atrapados, a su pesar, en aquel disparate sangriento

Pero cuidado. Allí no todos fueron héroes, ni gente digna. Los 200.000 hombres y mujeres asesinados en ambas retaguardias, no murieron solos. Alguien tuvo que asesinarlos. Y muchos nietos que hoy recuerdan con orgullo o dolor a sus abuelos como luchadores de una u otra causa, ignoran que no todos fueron héroes de trinchera o víctimas inocentes. También hubo carniceros emboscados, ladrones, gentuza miserable como García Atadell y sus infames secuaces. Y políticos que los dejaban actuar

Las leyendas son bonitas, y el afecto filial es comprensible. Pero la realidad tiene su propia lectura. Los españoles tuvimos abuelos admirables en ambos bandos, y también sucios oportunistas y abyectos criminales. Aunque el tiempo, la ignorancia y la simpleza de las redes sociales adornen hoy las cosas de otra manera, hay que tener cuidado con la siempre compleja memoria histórica. Así que ya saben. Mucho ojo con los abuelos.

Arturo Pérez-Reverte
PATENTE DE CORSO - XL SEMANAL

domingo, 23 de septiembre de 2012

PARACUELLOS, LOS ASESINATOS COMUNISTAS QUE OCULTA LA MEMORIA HISTÓRICA


El 6 de noviembre de 1936, en Madrid no hay nadie con dos dedos de frente que no tenga miedo. Los que tienen tres, sienten pánico. Quienes tienen simpatías por el general Franco temen que en cualquier momento suene una llamada a la puerta de su casa y una patrulla de milicianos les detenga y se los lleve con destino desconocido, una cárcel o una cuneta; quienes están con el gobierno republicano esperan aterrados la llegada de una tropa formada por moros regulares y legionarios que avanza por la carretera de Extremadura y la de La Coruña.

La gran masa de madrileños que no tiene significación política le tiene miedo a cualquier arbitrariedad. Saben de los «besugos», que es como llaman los niños del barrio de Prosperidad, como Mila Ramos, a los cadáveres que se encuentran por las mañanas en los descampados, por sus ojos desorbitados. Y saben de las matanzas que se cuentan que han cometido los que vienen. Se sabe que en Badajoz Juan Yagüe ha fusilado a miles, que en Almendralejo…

Reparto de papeles
El gobierno se ha ido. Francisco Largo Caballero y casi todos sus ministros, en coche. Indalecio Prieto, en avión. El general Miaja está intentando formar, contra reloj, una Junta de Defensa con representantes de todos los partidos y sindicatos que defienden a la República. Mientras organiza la defensa de la ciudad, negocia con los políticos el reparto de los cargos.

Cuando se consigue llegar a un acuerdo, hay cuatro jóvenes de apenas veinte años que ostentan una autoridad desmesurada para su edad. Amor Nuño Pérez y Enrique García Pérez, que pertenecen a la CNT, reciben la responsabilidad de Armamento. Santiago Carrillo Solares y José Cazorla se hacen cargo del área de Orden Público como representantes de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y ambos han entrado hoy mismo en las filas del Partido Comunista de España (PCE), aunque eso aún no se sabe.

Una vez constituida la Junta de Defensa, hay una reunión a la que no acuden más que estos cuatro imberbes. Sobre la mesa, una propuesta de los nuevos comunistas: un acuerdo con los anarquistas para resolver un problema acuciante, el de los presos «fascistas» que pueden ser liberados por las fuerzas de Franco, si llegan a tomar Madrid, y que formarían un gran contingente de oficiales y combatientes que reforzarían a las tropas atacantes.

Sobre el problema hay consenso entre todos los defensores: hay que sacar a los presos de las cárceles y llevarlos a lugar seguro en la retaguardia, en Alcalá o en Chinchilla. Pero los comunistas ven la solución de otra manera. Dos agentes del NKVD, Victor Orlov y el falso periodista Mijail Koltsov, han convencido al máximo dirigente del PCE que ha permanecido en Madrid, Pedro Checa, para que se liquide a los presos más peligrosos en lugar de trasladarlos. La fórmula está calcada de las instrucciones de la policía estalinista para asesinar a prisioneros zaristas durante la guerra civil que siguió a la Revolución. Orlov nombra a una persona de su confianza, Grigulevich, como asesor de Carrillo. Disfraza su nombre con el de Ocampo.

Los comunistas de la JSU, siguiendo las consignas de su partido, proponen a los anarquistas hacerse cargo del asunto, dividiendo a los presos en tres categorías: los peligrosos, que deben ser ejecutados de inmediato «salvando la responsabilidad» de quienes lo hagan; los menos peligrosos, que deben ser conducidos a cárceles en la retaguardia, y los inocentes, que deben ser liberados y utilizados para dar una imagen internacional de humanidad.

¿Cómo hacerlo? Es bastante sencillo: desde esa noche, todo el poder policial está en manos de las JSU. Y las milicias anarquistas son las que controlan los accesos a Madrid a través de las llamadas «milicias de Etapas». El director general de Seguridad, otro joven comunista llamado Segundo Serrano Poncela, tiene las listas de los presos. En sus oficinas se les distribuye por categorías. Y milicianos comunistas se dirigen a las cárceles con los listados en la mano para sacarlos.

No hay tiempo que perder: de madrugada llega a la cárcel de Porlier un convoy formado por coches balillas ocupados por milicianos y varios autobuses verdes de dos pisos propiedad de la compañía de Tranvías de Madrid. Al frente de la comitiva va el policía Andrés Urrésola, con los papeles que llevan el sello de la DGS y la firma de Serrano Poncela, que le autorizan a realizar la saca de presos.

Sin obstáculos burocráticos
No hay obstáculos burocráticos, todo funciona bien. Las puertas de las celdas atestadas suenan con ecos metálicos y un carcelero comienza a leer los nombres de decenas de presos, que se han despertado del inquieto sueño a golpes de cerrojo y gritos destemplados. Uno a uno se van levantando, con la mansedumbre del que está entregado a un destino sobre el que su voluntad no tiene jurisdicción. Muchos ni siquiera saben de qué se les acusa para haber acabado en la prisión; otros tienen más datos, porque han pasado por las chekas y han sido interrogados con violencia. Según van saliendo, los milicianos les atan las manos a la espalda con alambre y les conducen a los autobuses verdes sin dar más explicaciones.

Manuel R. Ferro, que tiene veintiún años, los mismos que los miembros de la cúpula que ha preparado su viaje, sube mansamente al autobús, pero una voz le detiene:

-Manolo, ¿qué haces aquí? -la voz es de un conocido suyo, que va vestido como los demás milicianos y Manolo sabe que es comunista-.

-No lo sé.

-Pues anda, vente conmigo.

A Manuel le saca del autobús su amigo, que le desata y le urge a que se vaya a su casa sin mirar atrás. Está aturdido, porque no entiende nada. Pero la alegría le da alas para volver a su domicilio, en la calle de Serrano a pocos cientos de metros de la cárcel. Los demás, que son muchas decenas, le ven marchar con envidia.

Los autobuses arrancan en dirección a la carretera de Valencia, que está cortada por el enemigo, pero en Torrejón de Ardoz se desvían de la ruta y van hasta los alrededores de Paracuellos de Jarama. Los presos son sacados de los autobuses y colocados en fila. Los milicianos de Vigilancia de la Retaguardia que les han escoltado les van fusilando por tandas. Los que esperan ven caer a sus compañeros y saben por fin adónde les conducían.

Los disparos llaman la atención de un vecino de Paracuellos, Ricardo Aresté, que puede ver cómo se desarrolla la matanza. Dentro de unas horas, tendrá que cavar fosas, con otros muchos vecinos del pueblo, para enterrar a los asesinados. Ese mismo día llegan tres expediciones más con presos de la cárcel Modelo y la de Ventas. Durante un mes, esa actividad macabra no se detendrá.

Salvar la responsabilidad
Culpable de miles de muertes de las que nunca se arrepintió
Un día después, el ocho de noviembre, se reúne el Comité Nacional de la CNT. Amor Nuño presenta un informe detallado de la máquina que se ha puesto en marcha. Nuño informa con claridad a sus compañeros del acuerdo que ha permitido ir matando a cientos de fascistas: lo decidió él con la «cúpula» de las JSU en la Junta de Defensa de Madrid. Esa cúpula la formaban Santiago Carrillo y José Cazorla. Pero no hay constancia en el acuerdo de quién lo cerró. No está la firma ni de Cazorla ni la de Carrillo.

«Ejecución inmediata, salvando la responsabilidad». Fuera quien fuera de los dos, siguió con astucia la segunda parte, la de salvar la responsabilidad. Durante un mes se llevaron a cabo veintitrés sacas más. Un total aproximado de dos mil cuatrocientos hombres fueron asesinados por el mismo procedimiento en Paracuellos y sus alrededores. Las matanzas comenzaron a ser conocidas por el cuerpo diplomático, que intentó pararlas sin mucho éxito. También por el general Miaja. Y, desde luego, por el ministro de Justicia, un expistolero de la FAI llamado Juan García Oliver. La cúpula de las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid estuvo al corriente durante todo el periodo. Sólo la persistente acción del anarquista Melchor Rodríguez, que fue expulsado de su cargo de director general de Prisiones, consiguió, una vez recuperado el puesto a principios de diciembre, que la matanza planificada se detuviera.



lunes, 6 de febrero de 2012

MENTIRAS DIARIAS Y MENTIRAS HISTÓRICAS


Elena Valenciano es la mujer que ha alcanzado un cargo más alto en la estructura del PSOE. La nueva vicesecretaria general es una prueba evidente de que Rubalcaba ha optado por la excelencia, como demuestra su currículo en la web del Parlamento Europeo. En ella se informa de su fecha de nacimiento y de su titulación. Según la web, al cumplir los veinte ya era licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas. Esta mujer deja pequeña la legendaria precocidad de Pancho López (chiquito, pero matón).

No es la primera vez. En julio de 2007, siendo europarlamentaria se opuso a que unas becas de la UE llevaran el nombre de quien fue eficaz vicepresidenta europea Loyola de Palacio. El día 13 de julio lo explicaba en Herrera en la Onda, con protestas de afecto a  la citada: “yo me he llevado bien con Loyola, fuimos compañeras de colegio”. No pudo ser cierto. Loyola de Palacio había nacido el 16 de septiembre de 1950. Le llevaba diez años justos. Cuando Loyola estudiaba ‘Preu’, a Elena le faltaban dos años o tres para examinarse de ingreso de bachillerato.

Su propia página web descubre el artificio y la mentira de su currículo europeo: “Estudios en Derecho y Ciencias Políticas”. Como el secretario ejecutivo de Relaciones Políticas: estudio de ingeniería. Es una tradición: al anterior vicesecretario general también le pasaba: Estudios de Derecho (que abandonó en Primero).

En otros asuntos y coincidiendo con el alineamiento de José A. Griñán con la candidata Chacón, ha aparecido en la blogosfera una ‘información’ que da cuenta de una presunta afirmación del presidente de la Junta de Andalucía y nuevo presidente del PSOE:
Nosotros, los socialistas, los que hemos sufrido la represión de la dictadura, no podemos permitir que la derecha gobierne en Andalucía”.

 

La noticia no viene datada, se dice que en un mitin, pero no la fecha ni la localidad. Al mismo tiempo se informa de que ABC del 25 de marzo de 1944 daba la noticia de la boda de “D. Octaviano Griñán Gutiérrez, Oficial de la Casa Militar de Su Excelencia el Jefe del Estado” y de María Teresa Martínez Maldonado, que andando el tiempo serían los padres de José Antonio Griñán.

Parece fuera de toda duda que el padre de Griñán fue oficial (comandante) de la Casa Militar de Franco, tal como dice el suelto de ABC. Es un dato que era público y que Griñán no ha desmentido. Sin embargo me ha llamado la atención la presencia en la boda de un presunto ministro del Ejército llamado Antonio Goicoechea. En 1944, los ministros militares de Franco eran los generales Asensio Cabanillas (del Ejército); almirante Moreno Fernández (de Marina) y general Vigón (del Aire). Nunca hubo un ministro del Ejército llamado Goicoechea.
El asunto tiene su interés. Si Griñán ha dicho lo que se le atribuye, hay una cierta impostación en ello. No es que la dictadura no reprimiera a los hijos de sus dirigentes, pero parece que los hijos de los obreros o de personas corrientes eran más reprimidas que los hijos de franquistas cualificados. Pero no  ha mentido, que se sepa, sobre su padre.

Su antecesor en el cargo, Manuel Chaves González, sí lo hizo. El 24 de febrero de 2008, en un mitin de Dos Hermanas, dijo:
Tenemos que ganar, porque se los debemos a nuestros padres y a nuestros abuelos, que lo pasaron muy mal durante el franquismo.
El padre de Chaves se llamaba Antonio Chaves Plá y era coronel de Artillería. Tenía la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco que le impuso el dictador en la Pascua Militar de 1973. El diario ABC lo mostraba en el Club de Oficiales del Regimiento de Artillería de Sevilla, con el entonces capitán general de la II Región Militar, Félix Álvarez- Arenas Pacheco, con motivo de su visita al regimiento.
Lo curioso de este asunto es que en la foto, publicada el 23 de abril de 2011, en la que el coronel Chaves aparece a la derecha, se identifica, 29 años después de la boda del padre de Griñán al militar que ocupa el centro, con bigote rectilíneo, como el ministro del Ejército, Antonio Goicoechea. Se trata en realidad del teniente general general Félix Álvarez-Arenas Pacheco; los ministros del Ejército aquel año fueron: Juan Castañón de Mena, hasta el 11 de junio y Francisco Coloma Gallegos desde esa fecha en adelante.

Chaves mintió. Griñán, quizá sólo exagerase. En la Ejecutiva de Rubalcaba hay otra vocal con historia familiar compleja: Maru Menéndez, hija de Camilo Menéndez Vives, el capitán de navío que al tener noticia del golpe de Estado de Tejero se presentó en el Congreso perfectamente uniformado para ponerse a las órdenes de su conmilitón. Ella se retrató de esta guisa cuando era jovencita, hacia 1975, aproximadamente. Hay que decir que, naturalmente, tiene todo el derecho a cambiar de pensamiento, que, a mi modo de entender, el cambio ha sido para bien y que nunca ha negado públicamente esos extremos. Pero es de esperar que esta ejecutiva que preside Griñán y manda Rubalcaba no acusen tontamente a nadie de franquista o hijo de franquista. El nuevo secretario ejecutivo de Política Municipal, Gaspar Zarrías, también tiene una historia de abuelos.

Corolario: “Se fueron con mentiras y han vuelto con mentiras”. (Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, en su discurso al XXXVIII Congreso)

Hace un año, recuerdas, el secretario de Estado Gaspar Zarrías asistió al acto de homenaje a Baltasar Garzón que se celebró en la Universidad Complutense. Su presencia fue polémica, porque se interpretó que simbolizaba el reproche del gobierno a un procedimiento contra el juez. Protestó el Partido Popular y le replicó el PSOE. A través, concretamente, de la portavoz Elena Valenciano: «A su abuelo lo fusilaron, el otro estuvo 14 años en la cárcel, su padre otros 12. A su padre y sus abuelos los callaron, pero ningún nuevo franquista va a callar a Zarrías». Días después, Román Orozco firmaba un artículo en el diario El País (Zarrías, dos veces fusilado) que era una buena síntesis del ambiente. Así empezaba: «Gaspar Zarrías Moya fue fusilado hace 70 años en la cárcel de Andújar. Su nieto Gaspar Zarrías Arévalo está siendo verbalmente fusilado ahora.» Y más adelante: «El 28 de mayo de 1940, en la cárcel de Andújar caía acribillado Gaspar Zarrías Moya. Tenía 50 años, era un sencillo labrador nacido en Mengíbar. Su “delito”: ser alcalde elegido democráticamente, durante la II República, de Cazalilla, una aldea a unos 30 kilómetros de Jaén.»
Hummm.
Tengo sobre la mesa el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia 14.478, que se inició el 29 de septiembre del año 1939 contra Gaspar Zarrías Moya, procesado por el delito de Adhesión a la Rebelión (me gustaría que vieras la caligrafía de esas dos palabras, para darte cuenta de hasta qué punto lo rimbombante puede ser siniestro) y en la cárcel de Cazalilla desde el 1 de abril. Lo tramita el Ejército Español. Más concretamente, la Auditoría de Guerra del Ejército de Operaciones del Sur. Los hechos que se juzgan ocurrieron en la dicha Cazalilla «durante el dominio rojo». Como instructor figura el teniente de artillería Luis Fiestas Contreras. Y como secretario Juan Martos Salido, cuya competencia es Falangista. Del procesado Zarrías se dice que nació en Mengíbar. Tiene 50 años, casado y con 5 hijos, y de profesión labrador.

La nota biográfica obvia algo importante, y es que Gaspar Zarrías fue alcalde republicano en Cazalilla. En la página siguiente habla el alcalde de 1939. Se llama Miguel [sic: en realidad, Mateo] Cristino Jiménez, mayor de edad, soltero. Ante la «respetable autoridad» denuncia de su puño y letra: «Al vecino de ésta, Gaspar Zarrías Moya, elemento peligroso marxista habiendo desempeñado el cargo de juez de ésta durante el glorioso movimiento y como tal intervenido en las detenciones y persecución de elementos de orden». Esta es la generalidad de las cosas. Pero rápidamente la escritura se adentra en lo concreto: «Este individuo fue el que en la noche del 26 al 27 de diciembre de 1936 sacó de la cárcel y montó en el camión a mi difunto padre, el que con otro fue asesinado aquella noche en el término de Jaén, en el sitio conocido por Puente Mocho».

El sumario es difícil de leer y en algunos fragmentos, aunque cortos, imposible. Hay alguna otra acusación del mismo género contra Zarrías. Hasta que Ana Troyano Rovira llega ante el juez. Después de citar a dos personas como los autores del asesinato de su marido, Andrés Rodríguez, y de su hermano, Santiago Troyano, continúa: «Que también tiene que manifestar que el que tuvo la culpa de todo fue Gaspar Zarrías, que designó a sus familiares para que fuesen asesinados, en lugar del novio de su hija que estaba designado como uno de los que había que asesinar». Otros testimonios como el de Encarnación Carrillo y Pedro Villamor coinciden en el extraño canje. Pero no en los nombres de los que fueron asesinados en lugar del novio y su hermano: Aurelio Villamor y Mateo Cristino Polaino aparecen como los perjudicados y son estos nombres los que los siguientes testimonios van confirmando. También parece confirmarse el canje. Pedro Polaino, familiar de Mateo Cristino, describe la conducta de Zarrías: «Dijo que no se hiciera nada con él [Juan Godoy, el novio de su hija] puesto que si no su hija iba a ser una desgraciada toda su vida». La justicia también reclama la comparecencia del propio novio, Juan Godoy. Dice éste: «Que su futuro suegro Gaspar Zarrías no le facilitó ningún salvaconducto ni le dijese nada y que él huyó pasándose a las tropas nacionales». Su hermano Francisco también huiría. Por último, aquí tienes la transcripción del primer párrafo de la declaración de Zarrías: «En declaración propia, manifiesta: “que es cierto que él sustit[uyó a] los vecinos de ésta Juan Godoy Mateos (novio de su hija) y a su [hermano] Francisco Godoy Mateos, por los también vecinos de ésta, Mateo Cr[istino] Polaino y Aurelio Villamor Gázquez, pero que lo hizo porque el [...] del Frente Popular, Francisco Morenas Polaina, también sustituyó [...] a a dos primos suyos, llamados Juan Antonio Sánchez Fernández y [... Sán-]chez Fernández, a los que también instó dicho miembro a que huyer[an del] pueblo, poniendo en sustitución de ellos a los vecinos Andrés Rod[ríguez] Díaz y Santiago Troyano Rovira, que también fueron asesinados».

O sea que los canjeó. Comprenderás que salte suavemente sobre los motivos. El amor por la hija. Por el yerno. Cualquier amor o cualquier interés. Todo es remoto. Pero no quiero ahorrarte el dilema moral. Una guerra civil. Una oportunidad. El momento de hacerlo. El poder hacerlo. Y la evidencia de que, probablemente, la victoria republicana habría dejado para siempre en la oscuridad la decisión de Zarrías. No estoy del todo seguro de que pueda preguntar esto. Pero allá voy: ¿Qué habrías hecho? El resto de la declaración (las acusaciones contra sus compañeros del Frente Popular y la insistencia en que él se opuso a los asesinatos) es irrelevante para lo que me interesa. Una guerra civil. El labrador republicano. La hija enamorada del falangista. El padre: venga, Juan Godoy, coge a tu hermano y lárgate. Y que los amigos de Juan Godoy acabaran fusilándole. Y la vida, luego, si la hubo, de Juan Godoy con su esposa Zarrías. Toda esa apoteosis humana que el uso de la llamada «memoria histórica» reduce y abrasa como cepillo de carpintero.

Con fecha primero de junio de 1940 el juez municipal de Andújar informaba que en la sección de defunciones de este Registro Civil se hallaba inscrita la de Gaspar Zarrías Moya, «que falleció a las seis horas del día veintiocho de mayo a consecuencia de hemorragia cerebral». Muchos años después, y a propósito de la actividad de un juez en torno de las fosas, el nieto y secretario de Estado diría: «Las heridas hay que cerrarlas, y para cerrar bien una herida hay que limpiarla, desinfectarla, porque si se cierra mal al final vuelve a doler».


Maru Menéndez socialista de pura cepa

Maru Menéndez, la hija del golpista del 23-F, era falangista
Esta semana viendo por televisión desde el parlamento madrileño la sesión del estado de la región, donde nuestra presidenta Esperanza Aguirre exponía dicho estado de la comunidad madrileña y los políticos de la izquierda replicaban manifestando no estar de acuerdo, no pude por menos de sorprenderme leyendo la prensa digital y blogs, sobre el pasado que tienen determinados políticos y que somos muchos los que desconocemos.

Se trata de la “progresista” portavoz representante socialista en el parlamento madrileño, de la que se sabe poco de su vida anterior, y de saber que su señor padre fue uno de los militares derechistas que quisieron dar un golpe de estado el ya famoso 23-F.
Resulta que según leo en el blog “ calle1440-Análisis de la información.”

” La portavoz socialista de la Asamblea de Madrid, Maru Menendez, posee una curiosa biografía que sorprenderá a propios y extraños. Lo ha contado en su blogel escritor Juan Van Halen bajo el títular “Maru y las dos Españas”, donde, desde la premisa de la bondad de la pluralidad ideológica propia de todas las familias, detalla la biografía de la diputada socialista. Nadie es responsable de las acciones de su primo hermano o tatarabuelo, pero no deja de llamar la atención las sorprendentes relaciones familiares de cargos políticos de un partido como es el socialista que parece empeñado en reavivar las dos Españas.

Según cuenta Van Halen, el padre de Menéndez, “Camilo Menéndez Vives, sobrino del teniente general Camilo Menéndez Tolosa, ministro franquista del Ejército, era capitán de navío el 23-F, hace hoy 28 años, y la fuerza de sus convicciones le llevó a sumarse a la intentona golpista cuando ya se daba por fracasada”. Es más, “fue el militar de mayor graduación que entró en el palacio de la carrera de San Jerónimo“. Más. “Su hermano Ignacio, abogado, fue candidato al Congreso de los Diputados por FE-La Falange en las últimas elecciones generales por la circunscripción de Guadalajara“. Asimismo, el escritor también apunta que la portavoz socialista “está emparentada con Blas Piñar, notario, fundador de Fuerza Nueva, antiguo diputado (precisamente lo era el 23-F), ya que su hermano Camilo está casado con Esperanza Piñar, hija del ya ex político”.” 


lunes, 23 de enero de 2012

TERROR REPUBLICANO. LA MEMORIA OLVIDADA

Después de tanto jaleo con la Memoria Histórica, conviene recordar alguno de los episodios de la Memoria Olvidada, aquélla relegada por los socialistas comunistas y nacionalistas a un rincón donde nadie pueda acudir a conocer la realidad, o al menos a parte de esa realidad que les gustaría ocultar entre toneladas de tierra.

Publica ABC, sin mucho bombo, una entrevista que merece la pena conservar para el futuro, para mantener la memoria:

Madrid, capital del dolor, 1936... Niños que se desmayan en las colas del pan, un índice de mortalidad infantil doce veces sobre la media europea, muertes de la población civil a los dos o tres meses después de perder cinco kilos al día, ejecuciones extrajudiciales, agencias estatales que actúan como cómplices de las matanzas, gánsteres, Brigadas «Amanecer» y «Al Capone», escuadras de la muerte, paseos, mucho café, delaciones a traición... Afiliarse a un sindicato católico o defender un partido político de derechas constituía una invitación a ser acusado de «fascista». Lo revela el hispanista Julius Ruiz, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Edimburgo, en «El terror rojo» (Espasa, 459 páginas), con material inédito, tras diez años de investigación por archivos del Reino Unido y España sobre el periodo republicano, la Guerra Civil y la etapa franquista. Sostiene que «el terror rojo republicano fue un esfuerzo de guerra organizado y pensado para asegurar la victoria republicana, la revolución y crear una nueva sociedad antifascista. Los asesinos mataron para servir la causa de la República».

La red del Frente Popular

Las entidades antifascistas del terror en ese Madrid de 1936 englobaban a todo el Frente Popular, según Julius Ruiz. En ese Madrid, capital del dolor, «pese a las 226 checas alegadas por los franquistas, solamente 37 tribunales revolucionarios dispensaron justiciaextrajudicial en la capital entre 1936 y 1939, y otros 30 centros detuvieron y encarcelaron a sospechosos». Estos 67 «centros» eran de dos tipos: 1) el comité de defensa adscrito al partido político o sindicato local y 2) la brigada policial de la Dirección General de Seguridad (DGS), donde se hacía una purga de «fascistas». Expone Julius Ruiz: «Con representantes de todos los partidos y sindicatos del Frente Popular, pronto se convertiría en el mayor centro de asesinatos y actuó como punto neurálgico de la red del terror, recibiendo y transfiriendo prisioneros para ser ejecutados. La DGS participó conscientemente en las sacas de las prisiones. Emitía órdenes de liberación falsas que dejaban a los reclusos en manos del Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP) para ser matados fuera de la cárcel».
 
Matanzas «made in Spain»

La CNT-FAI, añade el investigador, prestó la mayor contribución a esta red de terror rojo: controlaba 23 de esos 67 centros que «dispensaban justicia»; los comunistas controlaban 13; el PSOE, 9; las Juventudes Socialistas Unificadas, 6, y otros 14 eran entidades conjuntas del Frente Popular como el CPIP. Y observa Julius Ruiz: «Las alas del PSOE de la izquierda caballerista —de Francisco Largo Caballero— y la derecha prietista —de Indalecio Prieto— participaron en el terror. ¿Cómo ejecutaba esta red? Julius Ruiz lo ejemplifica en las masacres de Paracuellos de Jarama: «Los directores de las prisiones transferían reclusos bajo su custodia basándose en falsas órdenes de salida firmadas por el director general de Seguridad. Aunque los asesores soviéticos aprobaron la operación, las matanzas de Paracuellos fueron realizadas made in Spain».

Julius Ruiz argumenta que los fusilamientos de Paracuellos comenzaron dos semanas antes de la llegada de Santiago Carrillo como consejero de los servicios de Orden Público de Madrid «Empezaron el 28 de octubre de 1936 con 31 personas en la Saca de Ventas». Entre las víctimas, el nieto de Ramiro de Maeztu, Ramiro de Maeztu Whitney. «Quienes organizaron las Sacas fueron los dirigentes del Comité de Fomento, con todos los partidos y sindicatos del Frente Popular. Antes de la llegada de Carrillo fueron fusiladas 190 personas en sacas masivas». Asegura el hispanista que «Santiago Carrillo dio todo su apoyo político y logístico a la operación de las Sacas. Y también Miaja. Carrillo incorporó todos los dirigentes del Comité de Fomento en su nueva policía revolucionaria, negó que hubiera Sacas masivas, dijo que los presos estaban a salvo en Madrid, mintió como Miaja, y dio espacio político para los fusilamientos. Carrillo sabía desde el principio que existían las sacas, consintió y las apoyó».

—¿Se asesinó más en el Madrid«rojo» que en el Madrid «azul»?

—La «justicia» de Franco tras la guerra fue mucho más que un simple castigo a los implicados en los «crímenes de sangre». Traté con detalle La Justicia de Franco: la represión en Madrid tras la Guerra Civil,2005 esa despiadada represión franquista. Existen diferencias entre el castigo de «fascistas» en la guerra y la represión de posguerra en Madrid. Unas 3.113 personas fueron ejecutadas en la provincia entre el 28 de marzo de 1939 y el 30 de abril de 1944, y nada de lo publicado después me empujó a revisar la cifra. Es probable que el número de fusilamientos en el Madrid republicano superara en dos a uno al del Madrid franquista. El terror rojo de 1936 se caracterizó por las ejecuciones extrajudiciales, aun cuando hubo agencias estatales que actuaran como cómplices de las matanzas. La represión franquista tras la guerra se basó en un sistema burocrático pseudolegal de justicia militar.

Las autoridades militares, concluye Ruiz, como los tribunales republicanos tras 1936, castigaron de forma «selectiva» a los autores del terror franquista por «sus excesos». 


lunes, 5 de diciembre de 2011

DEL VALLE DE LOS CAIDOS A PROGRELAND

Pablo Molina en Libertad Digital Fin de Semana

 
A José Luis Rodríguez Zapatero ...  siempre se le ha atribuido un uso magistral de los tiempos en política, cosa que no es de extrañar porque la imaginación de los pelotas mediáticos especializados en dar jabón a los políticos en alza suele ser bastante limitada.

"Maneja muy bien los tiempos" es una expresión sintomática de cierto retraso mental que apenas significa algo; pero como suena un poco culta ....   la dicen y escriben constantemente, a ver si cuela. En general, ese soberbio manejo de los tiempos en política no es más que la inacción provocada por el estupor de unas circunstancias que sobrepasan la capacidad del protagonista, así que, más que manejar el tiempo, lo que hace el político en cuestión es un intento vano por detenerlo quedándose quietecito, a ver si los problemas se solucionan solos.....

En el caso de la proyectada conversión del Valle de los Caídos en un parque temático socialdemócrata, ni siquiera los aduladores más montaraces de ZP pueden afirmar que el todavía presidente ha realizado un ejercicio sublime de ponderación temporal, porque haber convocado a un panel de expertos en necrofilia ideológica sin tiempo para que su dictamen pueda ejecutarse demuestra que el leonés, en este caso también, ha realizado un cálculo de los plazos bastante deficiente. Para reformar en clave progresista la finca de Cuelgamuros hubiera sido necesario iniciar los trámites al comienzo de esta legislatura, .... las excavadoras progresistas hubieran tenido tiempo suficiente para convertir el Valle de los Caídos en un Progreland al que los hijos de las familias bien del franquismo, convertidos en socialistas de toda la vida, podrían estar llevando actualmente a su descendencia a pasar un fin de semana lisérgico, haciéndose fotos con actores disfrazados del Che Guevara y viendo documentales de dibujos animados explicando que la Guerra Civil, en realidad, la ganaron los rojos, es decir, los enemigos de los abuelos de las criaturas.

De hecho, si Zapatero hubiera sabido manejar los tiempos, los sociatas habrían tenido tiempo suficiente para exhumar los restos de Franco y proceder con él como los sucesores del papa Formoso allá por el siglo IX, al que desenterraron para someterlo a juicio en un concilio mucho más tétrico de lo habitual. A Su Santidad Formoso lo encontraron culpable, claro, mayormente porque llevaba ocho meses muerto cuando lo sentaron en la silla gestatoria ante el sínodo para escuchar las graves acusaciones que se le formulaban, y el pobre no atinó a defenderse con soltura. Tras la sentencia, sus restos fueron arrojados al Tíber y todas sus disposiciones y nombramientos, anulados. No conviene seguir este ejemplo al pie de la letra, porque, de hacer lo propio con Franco, una de las primeras consecuencias sería que su sucesor a título de rey quedaría deslegitimado de forma inmediata, precisamente lo que menos necesita ahora su yerno, como es bien sabido.

Con Franco no ha sido necesario llevar el rigor progresista a esos extremos porque su régimen ya ha recibido la condena de los socialistas, que son los que imponen la verdad histórica gracias a que el centro-reformismo patrio sólo se dedica a la economía, pero el hecho de haber dilatado tanto la decisión de arrasar un monumento religioso, como es en realidad el Valle de los Caídos, ha tenido como consecuencia que el PSOE ha perdido las elecciones sin tiempo siquiera para contratar las palas mecánicas y a los barreneros encargados de adecentar aquellos contornos en clave de progreso.

La reconversión del Valle de los Caídos en un parque temático progresista, ay, tendrá que esperar unos años más, al menos hasta que el PSOE vuelva a recuperar el gobierno, .... igual D. Mariano se muestra generoso con nuestras gentes de progreso y les autoriza a hacer lo que quieran con el Valle y con los restos de Franco y José Antonio. Las reformas económicas exigen tantos sacrificios...