miércoles, 12 de julio de 2017

VENEZUELA, UN ASUNTO MÁS DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA


Hace tiempo que el asunto entró de lleno en la política nacional. Y ahí sigue, abriendo telediarios y buscando reacciones de los partidos.

Ocasión de retratarse ante quienes han empobrecido Venezuela y la han puesto al borde de la guerra civil. Desde sus admiradores de Podemos, donde Monedero sostiene que allí funciona el Estado de derecho, hasta Ciudadanos, donde Albert Rivera califica a Podemos de sucursal chavista.

Lo último es la puesta en libertad vigilada de Leopoldo López, condenado a 13 años de cárcel por incitación a la violencia en las protestas callejeras de 2014 (43 muertos). El líder de Voluntad Popular y cabeza visible de la oposición al chavismo ha calificado de “amiguete” al ex presidente Zapatero, cuyo papel de facilitador nunca fue del agrado del también ex presidente Felipe González. Por cierto, ambos militantes, pero no simpatizantes, del PSOE liderado por Pedro Sánchez.

En cuanto a los respectivos gobiernos, viven en crisis diplomática permanente desde que Maduro calificó a Rajoy, entre otras lindezas, de “bandido” y “protector de delincuentes y asesinos”. Solo por haber reclamado lo que ahora el propio Maduro aplaude como un acierto del Tribunal Supremo de Venezuela: la libertad de Leopoldo López (arresto domiciliario, en realidad, bajo custodia policial), el mundialmente famoso preso político del chavismo.

Se produjo este fin de semana y se celebró en la plaza de España de Madrid como un paso atrás de Maduro ante el empuje callejero de un pueblo con hambre atrasada de pan y de libertades. Sin embargo, aún quedan en las cárceles 433 presos políticos (datos de la ONG Foro Penal). El número se ha disparado en estas últimas semanas por el activismo callejero.

De ellos se ha acordado Pedro Sánchez, líder del PSOE, en una primera reacción a través de las redes sociales: “Hay que felicitarse por que Leopoldo López esté ya en casa con su familia, pero quedan muchos presos políticos en Venezuela”.

Expresa una preocupación habitual en las declaraciones del propio López. Y ahora los seguidores de este se preguntan si, habiendo rechazado siempre la libertad mientras hubiera otros presos políticos (“Yo tengo que salir el último”), de pronto ha cambiado de idea o es que le han obligado a aceptar la excarcelación.

Eso es lo que se preguntan los miembros de la Asociación Civil Venezolanos en España, que este sábado mostraban su alegría por la noticia y, al tiempo, su escepticismo por si López hubiera bajado su nivel de exigencia respecto a los presos políticos que no han corrido la misma suerte.

Véase cómo las ataduras históricas, idiomáticas, culturales, que están ahí desde hace cinco siglos, han hecho de la crisis venezolana un asunto más de nuestra política doméstica. Razón añadida es la aparición de Podemos, un partido emergente de bien retribuida afinidad al régimen chavista.

Agua de mayo para pregoneros del antichavismo, que nos visitan en busca de arropamiento y solidaridad con referencias analógicas al partido de Iglesias. O sea, que nos puede pasar lo mismo si alimentamos a los amigos españoles de Maduro. Y por el mismo precio, los políticos españoles que recelan de Podemos potencian el seguimiento de la política venezolana con la intención de frenar el avance de la izquierda mochilera.


El resultado está a la vista. Lo que ocurre o deja de ocurrir en aquel país entra de lleno en la agenda política española, donde también se instala la preocupación por las inversiones de nuestras grandes multinacionales (Repsol, Mapfre, Telefónica, Iberia, BBVA…) y donde se recitan de memoria los males del régimen chavista: pobreza, represión, inseguridad, desabastecimiento, corrupción y comportamiento tiránico del presidente, Nicolás Maduro, siempre a la caza de atajos legales para hacer de su capa un sayo.

Antonio Casado en El Confidencial 10 Julio, 2017 

PODEMOS ANTE EL ESPEJO ROTO

La repulsa a Maduro significaría para ellos abdicar de su superioridad ideológica y moral, dar por fracasado su modelo

Quizá algún día, en el improbable caso de que lleguen a consumar su asalto al poder e impongan su anhelo distópico de una sociedad nueva, los dirigentes de Podemos se atrevan a explicar la verdadera razón de su contumaz complicidad con el régimen de Venezuela. No ya con el chavismo, que hasta sus últimos valedores consideran traicionado, sino con la desfigurada y trágica parodia revolucionaria en que Maduro ha convertido su resistencia. Es una realidad objetiva que al partido morado le convendría electoralmente distanciarse de esa degeneración siniestra, por mucha afinidad sentimental y mucho padrinazgo fundacional que le deba; sin embargo, ni el evidente patetismo de la agonía venezolana, que avergüenza a cualquier sociedad democrática, logra arrancar de Pablo Iglesias ni de su entorno una condena tajante y expresa. No ya una repulsa política sino una simple expresión de distancia ética.

Este silencio, en el mejor de los casos equidistante o ambiguo, no puede obedecer sólo al original patrocinio financiero, por más que los maduristas puedan saber demasiados detalles antipáticos sobre ese mecenazgo primigenio. 

Más bien parece que se trata de un fenómeno de cerrazón ideológica, de terquedad en la defensa de un modelo. Los podemistas son conscientes de la sombría degradación del poder post-chavista pero se niegan en redondo a renunciar a sus fundamentos. A romper el espejo de sus convicciones, a aceptar la derrota moral que para ellos supondría reconocer que el proyecto piloto de un nuevo orden libertador expira en medio de estertores sangrientos. Y buscan, como hizo la vieja izquierda ante el corrupto declive del castrismo, atenuantes casuísticos y conspiraciones culpables para esquivar la para ellos desasosegante certeza de que el proyecto comunista acaba siempre en el hambre del pueblo.

Pero al menos los antiguos marxistas acabaron por admitir que los regímenes de Cuba o de la URSS habían malversado sus ideales, que las nomenclaturas políticas -la casta- se habían convertido en usurpadoras ilegítimas de una fe igualitaria que seguía intacta en sus principios y conceptos. Éste es el paso que aún no ha dado Podemos, cuya dirigencia exhibe tal grado de soberbia narcisista que es incapaz de reprobar el envilecimiento de su paradigma para que nadie piense que se equivocaron de ejemplo. Iluminados y persuadidos de su mitológica misión redentora, se resisten a reconocer el fracaso de su arquetipo original aunque no estén tan ciegos para no asumirlo en su fuero interno.

Porque eso equivaldría a confesar la posibilidad de no tener razón, a abdicar siquiera en teoría de su superioridad, a abrir un resquicio de duda en su autoconvencimiento. Y hasta ahí podíamos llegar: el artículo primero del manual del caudillaje dice que los jefes nunca se equivocan, y el segundo que en el remoto caso de que se equivoquen… se aplicará el artículo primero.

jueves, 15 de junio de 2017

EL TESORO MALDITO DE MOCTEZUMA

El tesoro maldito de Moctezuma: las toneladas de oro que perdió Hernán Cortés en su noche más triste

Alonso Yáñez, calificado como «carpintero de lo blanco», se encontró con una puerta tapiada cuando estaba construyendo un altar cristiano en un palacio azteca. Al otro lado se hallaba uno de los tesoros más grandes conocidos

El 8 de noviembre de 1519 tuvo lugar al fin en la capital azteca el deseado encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma II. Al mando de 518 infantes, 16 jinetes y 13 arcabuceros, el extremeño se había internado hacia el corazón del Imperio azteca sumando para su causa, derrotando en muchos casos, a las tribus vasallas de Moctezuma y había logrado ser recibido por el dirigente azteca como un emisario de otro emperador, Carlos V de Alemania y I de España. Aquello iba a suponer la perdición del soberano azteca. Lejos de la visión grotesca dada por la leyenda negra, lo cierto es que la personalidad de Cortés era embriagadora y se le tenía por un seductor de serpientes. No le resultó complicado ganarse el favor de Moctezuma y obtener permiso para instalarse en el palacio de Axayácatl, perteneciente al padre de Moctezuma.

El soberano azteca quedó seducido por la la personalidad de Cortés, que entre veladas amenazas y palabras sedosas iba ganando más terreno y poder en Tenochtitlan. Montezuma solo se negó abiertamente a construir un altar cristiano en el Templo Mayor de la ciudad para acabar con la idolatría pagana, pero accedió a que se levantara en el palacio donde residían los conquistadores. Uno de los soldados, Alonso Yáñez, calificado como «carpintero de lo blanco», se encontró con una puerta tapiada cuando estaba construyendo el altar, tras lo cual avisó a sus compañeros y al propio Cortés, quienes no dudaron en romper la pared. No habían recorrido medio mundo para ahora frenarse por una puerta... El conquistador y cronista Bernal Díaz del Castillo relata el suceso:

«…secretamente se abrió la puerta: y cuando fue abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro Y planchas, y tejuelos muchos, y piedras de chalchihuites y otras grandes riquezas, y luego lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos a ver…»

Los frutos de un imperio rico y gigante

El Imperio azteca era la formación política más poderosa en la historia del continente que, según las estimaciones, estaba poblada por 15 millones de almas y controlado desde la ciudad-estado de Tenochtitlan, que floreció en el siglo XIV. Usando la superioridad militar de sus guerreros, los aztecas y sus aliados establecieron un sistema de dominio a través del pago de tributos sobre numerosos pueblos, especialmente en el centro de México, la región de Guerrero y la costa del golfo de México, así como algunas zonas de Oaxaca. Hernán Cortés no tardó en darse cuenta de que el odio de los pueblos dominados podía ser usado en beneficio español. En su camino hacia Tenochtitlán, los conquistadores lograron el apoyo de los nativos totonacas de la ciudad de Cempoala, que de este modo se liberaban de la opresión azteca. Y tras imponerse militarmente a otro pueblo nativo, los tlaxcaltecas, los españoles lograron incorporar a sus tropas a miles de guerreros de esta etnia.

Moctezuma II estaba considerado un gran monarca debido a su reforma de la administración central y del sistema tributario. Los frutos de su reinado fueron ricos y las arcas estaban repletas cuando llegó Cortés, si bien lo que los españoles hallaron detrás de la puerta tapiada fue el tesoro del anterior monarca, su padre. De hecho parece que se trataba de una especie de recámara o sala del tesoro.

Así y todo, las fuentes indígenas presentan otra versión de los hechos, donde los conquistadores aparecen como unos saqueadores y unos abusadores de la confianza azteca:

«Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan fuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como, travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, los collares de los ídolos, las lunetas de la nariz; hechos de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro […] y anduvieron por todas partes, anduvieron hurgando, rebuscando la casa del tesoro, los almacenes, y se adueñaron de todo lo que vieron.»

De una forma u otra, los españoles se apropiaron de todos estos tesoros y los juntaron con los conseguidos durante su campaña hacia Tenochtitlan. Y a pesar del malestar creciente por las acciones de los conquistadores, Moctezuma dirigió en esos días un discurso conciliador frente a su pueblo donde se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los extranjeros. El soberano era a esas alturas ya prisionero de los españoles y no estaba en condiciones de negarles nada.

Sin embargo, cuando los ánimos parecían calmarse y los invasores planeaban su salida de la ciudad con los tesoros llegó la noticia de que el gobernador Diego Velázquez había confiscado en la isla de Cuba los bienes de Hernán Cortés por conducir la empresa sin su permiso y había organizado un ejército que constaba de 19 embarcaciones, 1.400 hombres, 80 caballos, y veinte piezas de artillería con la misión de capturar al extremeño.

El caudillo español se vio obligado a salir de la ciudad, junto a 80 hombres, para enfrentarse al grupo enviado por Velázquez. Cortés se impuso, valiéndose de un ataque sorpresa, a sus compatriotas, que también le superaban en número, y pudo regresar meses después con algunos refuerzos a Tenochtitlán. No obstante, allí su ausencia resultó fatal para los intereses españoles. Al mando de Pedro de Alvarado, la guarnición española se atrincheró en torno al tesoro amontonado, mientras la ciudad entraba en ebullición por el secuestro de su monarca y los excesos hispánicos. La muerte de algunos notables aztecas por orden de Alvarado porque planeaban supuestamente dirigir una rebelión contra los españoles desbordó la paciencia de la población indígena, que deseaban ver a los españoles en la piedra de los sacrificios más pronto que tarde.

Durante unos días, los europeos intentaron utilizar de nuevo a Moctezuma para calmar los ánimos, pero fue en vano. Díaz del Castillo relata que Moctezuma subió a uno de los muros del palacio para hablar con su gente y tranquilizarlos; hasta que la multitud enardecida comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió al líder azteca de gravedad durante su discurso. El emperador falleció tres días después a causa de la herida e, invocando la amistad que había entablado con Cortés, le pidió que favoreciese a su hijo de nombre Chimalpopoca tras su muerte.

En la llamada Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir desordenadamente de la ciudad, acosados por los aztecas. Cortés tomó esta decisión de salir secretamente en la noche presionado por sus capitanes. Y lo hizo sabiendo que aquello suponía abandonar uno de los mayores tesoros de la historia, entre joyas, objetos varios y oro fundido en barras, valorado en 700.000 ducados, de los que había que descontar una quinta parte para la Corona castellana.

Hernán Cortés expresó que «los soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se ha de quedar aquí perdido entre estos perros». Y esa fue precisamente la razón de la lente marcha de la expedición española en su salida de la ciudad. Muchos de los conquistadores iban cargados de metales brillantes entre sus pertrechos. Asimismo, el capitán extremeño dispuso que siete caballos heridos y una yegua transportaran fuera de la ciudad al menos el oro perteneciente al Rey, en tanto el capitán Juan Velázquez de León y varios criados nombrados por Cortés debían defender el carro.

El factor secreto se perdió en pocos minutos. Una mujer que estaba sacando agua de su hogar descubrió a los españoles en su retirada de la ciudad y dio la voz de alarma. Miles de guerreros aztecas cayeron sobre los hombres de Cortés y sus aliados tlaxcaltecas (unos 2.000), con un balance de más de 600 europeos muertos. Varios testigos afirmaron que el capitán Juan Velázquez de León murió defendiendo el oro del Rey, que había quedado perdido en la retaguardia.

El sueño del oro perdido
¿Qué fue de aquel tesoro?, ¿y del que se abandonó en el palacio azteca? Al día siguiente los soldados indígenas recogieron todo lo abandonado por los españoles, incluido el oro que se había hundido en el lago sobre el que se asentaba la ciudad, y los cadáveres fueron registrados de forma concienzuda. La venganza, no en vano, estaba cerca de llegar. Poco tiempo después de la Noche Triste se libró la batalla de Otumba, donde los españoles se vengaron y dieron cuenta de la superioridad militar de las técnicas y tácticas europeas.

Una vez caído el Imperio azteca tras un asedio a la ciudad y capturado el último emperador en 1521, los españoles mantuvieron la esperanza, convertida en una obsesión, de que los aztecas hubieran escondido el tesoro de nuevo en uno de los palacios de Tenochtitlán o incluso lo hubieran arrojado a la laguna. Es por ello que saquearon todo a su paso y el tesorero Julián de Alderete insistió en torturar al emperador Cuauhtémoc y al señor de Tlacopan con la quema de sus pies con aceite hirviente para que revelaran la ubicación del tesoro.

El resultado del interrogatorio confirmó que «cuatro días antes que le prendiesen echaron a la laguna todo el oro, tiros, escopetas, ballestas». Pero a pesar de que los españoles se zambulleron en la zona señalada, no se encontró «ni rastro del tesoro de Moctezuma, que tenía gran fama», afirma el cronista Francisco López de Gómara. Solo se halló allí un poco del oro.

Posteriores torturas dieron con nuevas zonas de rastreo en la laguna, pero el tesoro no pudo volver a ser reunido. El sueño de recuperar algún día estas riquezas escondidas se instaló en el imaginario de estos conquistadores, al estilo de la leyenda de El dorado. Sin ir más lejos, el hijo de Cortés, Martín, segundo marqués del Valle de Oaxaca, auspició varias expediciones para dar con el tesoro. Y ya en el año de 1637, se presentó ante el virrey de Nueva España, Marqués de Cadereyta, el indígena Francisco de Tapia, que decía ser descendiente de aztecas, diciendo saber dónde estaba el fabuloso tesoro de Moctezuma. Este se encontraba según su testimonio en «la laguna grande de San Lázaro, entre el peñol de los Baños y el del Marqués, en un pozo en que acostumbraban bañarse antiguamente…». En ambos casos las búsquedas no lograron su fin.

La parte del tesoro que cayó en manos piratas

Una parte del botín obtenido tras la conquista de la capital azteca fue embarcado en tres carabelas, que partieron en 1522 de San Juan de Ulúa con el objetivo de dirigirse directamente a España y convencer a Carlos I de la lealtad de Hernán Cortés. No obstante, el corsario francés Fleury reunió una flota de seis barcos, tres de ellos con más de 100 toneladas, y atacó a los españoles en las proximidades del cabo de San Vicente. Solo le pudo salvar uno de los barcos, el dirigido por el capitán Martín Cantón, que evitó el combate y logró ocultarse en la isla de Santa María a la espera de que desde Sevilla enviaran ayuda. Una vez en Francia, un porcentaje del tesoro pasó directamente a las arcas reales, mientras que una parte se expuso al público en 1527 en una fiesta organizada en la mansión del armador Ango.

SOBRE EL ODIO AL IMPERIO ESPAÑOL

El odio al imperio español no es algo original, es un odio similar al que los griegos sintieron por el romano, o el que los franceses e ingleses sintieron en los siglos XVIII y XIX por el ruso

La Inquisición ejecutó a unas 30 personas al año entre Europa y América de los siglos XVI al XIX.

Hace muchos años, leí cómo la Inquisición española, que operó durante más de 300 años en España y las Indias, generó un número de condenados a muerte inferior a las 3.000 personas, según el hispanista británico Kamen, cifra que aumentaría según otros estudiosos hasta 10.000. El número de condenados sobre el total de procesados se acerca al 4%, muy por debajo de lo que comúnmente se piensa. A su vez, muy pocos fueron quemados vivos, en contra de lo que se cree, ya que este castigo se reservaba a los 'relapsos' o gente que habiendo confesado luego se desdecía. En este punto, resultan sangrantes las confesiones por tortura, pero según la documentación de la Inquisición valenciana, tan solo un 2% de los procesados eran sometidos a tortura.

También es importante precisar que entre los condenados de la Inquisición no solo figuran 'delitos' religiosos, sino también procesos por delitos más comunes como la pederastia o la falsificación de monedas. Además, en las Indias el mandato de la Inquisición solo se dirigía a colonos, no a indígenas, indígenas que por otro lado siempre figuraron en los censos de población realizados por los funcionarios reales, junto a la población europea o mestiza, algo que nunca ocurrió con los censos ingleses o franceses. En conjunto, la Inquisición ejecutó a unas 30 personas al año entre Europa y América entre los siglos XVI y XIX.

Muy posiblemente, la Inquisición española fue nociva para el país y su progreso, inmoral en sus métodos e inaceptable en sus planteamientos, pero su extensa documentación permite a los historiadores cifrar realidades y combatir con estas los mitos que generan las leyendas, a veces amplificadas por el cine y la cultura popular. La 'leyenda negra' de la Inquisición se popularizó desde mediados del siglo XVI, exagerando en muchos casos sus perniciosas acciones.

En la matanza de San Bartolomé, los franceses mataron en una noche entre tres y cuatro veces la gente que mató la Inquisición en 300 años

Pues bien, la matanza sobre los hugonotes protestantes instigada por Catalina de Médici y perpetrada por católicos franceses en la noche de San Bartolomé, el 23 de agosto de 1572, alcanzó el rango de 10.000 a 20.000 asesinatos. En otras palabras, los franceses mataron en una noche entre tres y cuatro veces la gente que mató la Inquisición en 300 años.

Sin embargo, ¿qué leyenda negra ha perdurado?

Si la Inquisición española es uno de los grandes pilares de la leyenda negra, el otro gran vector en el que se basó la leyenda negra fue el 'genocidio' en América. Si las afirmaciones del fraile español Bartolomé de las Casas sobre la intensidad de las masacres cometidas por los españoles sobre los indios fueran ciertas, cada español hubiera tenido que matar 16 indios al día desde la llegada de Colón a América hasta la independencia de las colonias en el primer tercio del siglo XIX. 

Así de contundente se muestra la profesora de Historia María Elvira Roca, que ha sido docente en Harvard e investigadora en el CSIC. En su excepcional y extremadamente documentado libro recientemente publicado, 'Imperiofobia' (Siruela, 2017), analiza el surgimiento de la leyenda negra contra el imperio español, leyenda que se contrapone con la 'Legenda aurea', libro medieval muy popular que narraba la vida de santos heroicos. 'Imperiofobia' no es una defensa subjetiva del imperio español. Como buena historiadora, la autora se basa en analizar documentación y datos objetivos, para sobre los mismos plantear una realidad histórica y confrontar esta con supuestas verdades repetidas durante siglos.

Es interesante recordar cómo muchos pueblos indígenas ayudaron a los españoles levantándose contra sus violentos amos, proceso especialmente relevante en la conquista de México, cuando muchas tribus se aliaron con los escasos 200 hombres de Cortés para librarse de la férula de Moctezuma. El motivo es sencillo: el imperio azteca era mucho más horrendo que el español. Así, cuando se inauguró en 1487 el gran templo a Huitzilopochtli en Tenochtitlán (donde hoy se erige la catedral de México DF), el emperador azteca Ahuitzotl lo 'celebró' sacrificando a 80.400 prisioneros, muchos de ellos niños, en cuatro días; 14 víctimas por minuto, un ritmo de genocidio que superó incluso las cámaras de Auschwitz, según el historiador Victor Davis Hanson ('Matanza y cultura').

No está mal para no conocer los aztecas ni siquiera la rueda; lo suplieron con cuatro toboganes donde iban arrojando a los acuchillados simultáneamente.

En realidad, el odio al imperio español no es algo original, ya que, como demuestra 'Imperiofobia', es un odio similar al que los griegos sintieron por el imperio romano, el que los franceses e ingleses sintieron en los siglos XVIII y XIX por el imperio ruso, o el que una buena parte de los intelectuales europeos sintieron y sienten por el imperio norteamericano.

Los españoles, al igual que los romanos, fueron difamados como racialmente impuros (el antisemitismo figura siempre en las críticas a los imperios), degradados, incultos… en gran parte por los intelectuales italianos, que no entendían por qué su refinada patria estaba ocupada por bárbaros españoles. Los intelectuales griegos proferían el mismo tipo de odio hacia los romanos. La realidad es que esos intelectuales jamás serían capaces de levantar un imperio, algo que sí hicieron los soldados romanos y españoles. Ambos imperios, a su vez, admiraron profundamente a Grecia y a Italia. Roma hizo frente a sus críticas con una premonición: “Ochocientos años de prosperidad y disciplina han consolidado esta enorme máquina del Imperio romano, el cual no puede ser destruido sin derribar también a aquellos que lo destruyan”.

Los siglos oscuros de muchas zonas de Europa tras la caída de Roma avalan dicha profecía. 

Como afirma la profesora Roca, el odio contra los imperios surge siempre del complejo de inferioridad “que resulta de ocupar una posición secundaria” y de la frustración. En sus palabras, “el negocio de la irresponsabilidad es fundamental para entender el éxito siempre arrollador de las propagandas antiimperiales. Vender irresponsabilidad ha sido siempre muy lucrativo. Que la culpa sea de otro es descansado. Alivia el alma y nos evita muchos quebraderos de cabeza y mucho esfuerzo”.

Dado que el imperio español fue el cuarto más grande del mundo, con 20 millones de kilómetros cuadrados (lo superaron el inglés, el ruso y el mongol), las reacciones de odio son entendibles en un contexto histórico. Lo interesante es por qué perviven: se generan fuera y luego acampan dentro. Como dice la autora, lo único que queda del imperio español es el odio que ciertas corrientes de opinión aún siguen sintiendo por España.

La lectura del libro genera una conclusión evidente: el odio se mantiene porque sus elementos subyacentes, a saber, el complejo de inferioridad, la irresponsabilidad y la frustración, siguen vigentes.

EL TUE AVALA EL IMPUESTO DE REINO UNIDO A LOS OPERADORES DE JUEGOS DE AZAR DE GIBRALTAR

Reino Unido y Gibraltar son un solo país ante la libre prestación de servicios.
   
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE) ha concluido este martes que Reino Unido y Gibraltar deben tratarse como un único Estado miembro a efectos de la libre prestación de servicios, por lo que ha avalado el nuevo sistema fiscal de Reino Unido que impone una tasa a los operadores de juegos de azar establecidos en Gibraltar que ofrecen servicios a distancia a ciudadanos británicos.

La sentencia resuelve la cuestión elevada por el Tribunal Superior de Justicia de Reino Unido con respecto al recurso presentado por The Gibraltar Betting and Gaming Assotiation (GBGA) sobre el régimen fiscal sobre juegos de azar aprobado por Londres en 2014.

Este régimen obliga a los proveedores de servicios de estos juegos a abonar un impuesto por los juegos de azar a distancia que ofrecen a los consumidores de Reino Unido. Las normas anteriores únicamente establecían un impuesto para los proveedores de servicios radicados en Reino Unido.

Impugnación
La GBGA impugnó el nuevo régimen fiscal argumentando que es contrario al principio de libre prestación de servicios consagrado en la legislación comunitaria. El Tribunal Supremo de Reino Unido preguntó a la Justicia europea si a efectos de la prestación de servicios debe considerarse que Gibraltar y Reino Unido forman parte de un solo Estado miembro o si Gibraltar tiene el estatuto jurídico de territorio separado, de modo que la prestación de servicios deba tratarse como comercio intracomunitario.

En la sentencia publicada este martes, el Tribunal de Justicia de la UE concluye que la prestación de servicios por parte de operadores establecidos en Gibraltar a personas establecidas en el Reino Unido "constituye una situación en la que todos los elementos se circunscriben al interior de un único Estado miembro".

Por tanto, el TUE determina que "las disposiciones del Tratado (de la UE) en materia de libre prestación de servicios no son aplicables a una situación en la que todos los elementos se circunscriben al interior de un único Estado miembro".

La Justicia europea confirmar que Gibraltar no forma parte de Reino Unido pero señala que "esta circunstancia no es decisiva para determinar si dos territorios deben asimilarse a un único Estado miembro" con respecto a la aplicación de las disposiciones sobre libertades fundamentales.

Así, el Tribunal con sede en Luxemburgo apunta que "no existen otros elementos que permitan considerar que (...) las relaciones entre Gibraltar y Reino Unido son similares a las que existen entre dos Estados miembros" y indica que "afirmar lo contrario equivaldría a negar el vínculo que se reconoce en el Derecho de la Unión entre ese territorio y el Estado miembro".

Por último, el TUE afirma que su conclusión "no vulnera el objetivo de garantizar el funcionamiento del mercado interior ni el estatuto de Gibraltar" y subraya que su conclusión "no debe entenderse en el sentido de que vulnera el estatuto distinto y separado de Gibraltar".

LA JUSTICIA RECONOCE QUE LA RELACIÓN DE GIBRALTAR CON LA UE ES A TRAVÉS DEL REINO UNIDO

La pertenencia de Gibraltar a la Unión Europea se establece a través del Reino Unido, puesto que se trata de un territorio europeo cuyas relaciones exteriores asume este Estado miembro y, por tanto, las obligaciones derivadas de los Tratados frente a los demás Estados miembros en lo que respecta a la aplicación y la transposición del Derecho de la Unión en el territorio de Gibraltar.

Así, lo establece el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en una sentencia de 13 de junio de 2017, en la que el ponente, el magistrado Marko Ilesic estima que no existen otros elementos que permitan considerar que, a efectos del artículo 56 Tratado Fundacional de la Unión Europea (TFUE), las relaciones entre Gibraltar y el Reino Unido "son similares a las que existen entre dos Estados miembros. Afirmar lo contrario equivaldría a negar el vínculo que se reconoce en el Derecho de la Unión entre ese territorio y ese Estado miembro".

La sentencia, aunque confirma que según su estatuto Gibraltar no forma parte del Reino Unido, "esta circunstancia no es decisiva para determinar si dos territorios deben asimilarse a un único Estado miembro a efectos de la aplicabilidad de las disposiciones relativas a las libertades fundamentales", puesto que las disposiciones del Tratado en materia de libre prestación de servicios no son aplicables a una situación en la que todos los elementos se circunscriben al "interior de un único Estado miembro".

El citado artículo prohíbe las restricciones a la libre prestación de servicios dentro de la Unión para los nacionales de los Estados miembros establecidos en un Estado miembro que no sea el del destinatario de la prestación.

El ponente, el magistrado Marko IlesiÄ estima que de conformidad con el Acta de adhesión de 1972, Gibraltar está excluido de la aplicabilidad de los actos de la Unión en determinados ámbitos del Derecho de la Unión. Sin embargo, dichas exclusiones no afectan a la libre prestación de servicios. Por consiguiente, el artículo 56 TFUE es aplicable a Gibraltar.

De esta forma, concluye que a efectos del Derecho de la UE, las prestaciones de servicios realizadas por los operadores establecidos en Gibraltar a personas residentes en el Reino Unido constituyen una situación en la que todos los elementos se circunscriben al interior de un único Estado miembro.

Pagarán los nuevos impuestos
En el caso en litigio, The Gibraltar Betting and Gaming Association (GBGA) es una asociación sectorial cuyos miembros, fundamentalmente establecidos en Gibraltar, prestan servicios de juegos de azar a distancia a clientes del Reino Unido y de otros países.

En 2014 el Reino Unido adoptó un nuevo régimen fiscal para determinados impuestos sobre juegos de azar. Este nuevo régimen, basado en el principio del lugar de consumo, obliga a los proveedores de servicios de juegos de azar a abonar un impuesto por los juegos de azar a distancia que ofrezcan a consumidores del Reino Unido.

En el Reino Unido se aplican siete impuestos sobre el juego. El nuevo régimen fiscal contiene  los tres impuestos controvertidos en el litigio, esto es: el Impuesto General sobre las Apuestas, salvo en lo que atañe a las apuestas por diferencias ('spread betting'), el Impuesto sobre las Apuestas por el Sistema de Totalizador ('pool betting') y el Impuesto sobre los Juegos de Azar a Distancia. Estas figuras tributarias  se establecen como un régimen impositivo en función del 'lugar de consumo'.

El régimen fiscal anterior, basado en el principio del 'lugar de prestación', establecía que sólo los proveedores de servicios radicados en el Reino Unido quedaban gravados por el impuesto sobre los juegos de azar por sus beneficios brutos derivados de la prestación de ese servicio a clientes de todo el mundo.

La GBGA ha impugnado este nuevo régimen fiscal ante el Tribunal Superior de Justicia Reino Unido (Inglaterra y Gales), basándose en que dicho régimen es contrario al principio de libre prestación de servicios consagrado en el artículo 56 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

Como parte demandada, la administración tributaria británica alega que la GBGA no está amparada por el Derecho de la Unión, ya que la prestación de servicios por parte de operadores establecidos en Gibraltar a personas establecidas en el Reino Unido no está sometida al Derecho de la Unión y que, en cualquier caso, no puede considerarse que el nuevo régimen fiscal sea una restricción a la libre prestación de servicios, al tratarse de una medida fiscal aplicable sin hacer distinciones.

La Tribunal Superior de Justicia Reino Unido preguntaba al Tribunal de Justicia si, a efectos de la libre prestación de servicios, debe considerarse que Gibraltar y el Reino Unido forman parte de un solo Estado miembro o si, en este ámbito, Gibraltar tiene, con arreglo al Derecho de la Unión, el estatuto jurídico de territorio separado del Reino Unido, de modo que la prestación de servicios entre ambos deba tratarse como comercio intracomunitario.

CUARENTA AÑOS EN LA VIDA DE LOS ESPAÑOLES

«Ahora, como entonces, España depende de los españoles. El aniversario debería convertirse en una convocatoria para reafirmar lo que de verdad importa: la libertad»

Una buena fecha para situar el renacimiento de la democracia en España es la del 15 de Junio de 1977. Ese día, hace exactamente mañana cuarenta años, tenían lugar las primeras elecciones democráticas desde las celebradas casi exactamente otros cuarenta años antes, en 1936. 

Muchos encontrarán en ese extraño ritmo de las cuatro décadas razones para descifrar los motivos de nuestros encuentros y desencuentros, como si el cuerpo nacional estuviera sometido a leyes mágicas que el entendimiento desconoce. Otros, con opciones diferentes y atendibles, prefieren situar la epifanía en el referéndum que pocos meses antes había aprobado masivamente la Ley de Reforma Política o, meses después, en la culminación del primer momento transicional con la aprobación, de manera no menos aplastante, de la Constitución de 1978. Todos ellos momentos importantes de la, con mayúsculas, Transición Española a la Democracia y consiguientemente dignos de recordación y parabién. Pero ese 15 de Junio de 1977 debería quedar inscrito de manera indeleble en lo mejor de nuestra historia común: aquella en la que unos ciudadanos desprovistos de la práctica electoral durante cuatro decenios concurren pacíficamente a las urnas para elegir libremente a sus representantes agrupados en partidos políticos. Y lo hacen con un admirable sentido cívico de la participación y poniendo de manifiesto una extraordinaria sabiduría en la selección de las mayorías y de las minorías, con un propósito patriótico de lectura transparente: la estabilidad de la España democrática debería asentarse sobre opciones lejanas al guerra civilismo o a la autocracia, buscando terrenos de encuentro y reconciliación en el que todos sin excepción pudieran encontrar cabida. Es esa una epopeya que por supuesto merece recordatorio.

No eran aquellos tiempos fáciles. Los españoles no disponían de un manual de comportamiento que les enseñara cómo conducirse en democracia tras cuarenta años de dictadura. Las manifestaciones sangrientas del terrorismo, provinieran del nacionalismo vasco o de las extremas izquierda y derecha, comenzaban a golpear sin pausa ni discriminación a una asustada ciudadanía. El país no había superado todavía el duro impacto de la crisis petrolífera del comienzo de la década y la economía registraba altos niveles de paro e inflación. España era un país internacionalmente aislado al que solo una desigual relación militar con los Estados Unidos, y el comienzo de la explotación de las capacidades turísticas, le servían de cordón umbilical con un mundo en general sospechoso y ajeno. Y con todo, sin exageración lírica ni sentimentalismo patriótico, cabe registrar lo evidente: ese 15 de Junio de 1977 quedará como un hito en la recuperación de la historia nacional, el momento en que los españoles sin distinción supieron apostar sin vacilaciones por otro y mejor futuro.

La prueba está en los cuarenta años transcurridos desde entonces. Cuando la frase hecha en los tiempos aciagos del aislamiento consistía en evocar con envidia la situación de los países de «nuestro entorno», hace ya tiempo que con normalidad nos hemos incluido en esos parajes, trátese de la economía, de la integración internacional, de la cooperación defensiva, del respeto y de la consideración entre los propios y los ajenos. Habría que remontarse a las épocas lejanas y mejores de nuestra historia para encontrar momentos en que España estuviera mejor sintonizada consigo misma y con el mundo exterior. La España que los españoles comenzaron a dibujar el 15 de Junio de 1977.

Precisamente por ello causa maligna admiración y justificado espanto que cuatro décadas después del comienzo de aquella epopeya tengamos que contemplar cómo la osada patulea del separatismo catalán, practicando sin rubor una tenebrosa política de hechos consumados, haya llegado a poner en duda la misma existencia de lo que la Constitución define como «patria común e indivisible de todos los españoles». Cierto es: otros factores han venido a sembrar dudas entre la ciudadanía sobre el futuro del entramado social. Tormentas financieras, incapacidades políticas, cansancios colectivos, quiebras éticas, corrupciones generalizadas han proyectado incertidumbres y generado respuestas que desde la inacción culpable hasta el populismo desgarrado y oportunista han configurado una España agarrotada y hasta cierto punto exangüe. Las responsabilidades son múltiples y en la hora de la verdad deben ser cuidadosamente recontadas: los que creyeron llegado el momento de enterrar la Transición y consiguientemente ganar en la paz la guerra que perdieron en la batalla; los que por comodidad, desidia o ceguera creyeron que el enemigo no era tan feroz como lo pintaban; los que renunciaron al poder regenerador de la sociedad civil para ocultarse exclusivamente en las responsabilidades de lo público; los que, en definitiva, a diferencia de los españoles que con entusiasmo depositaron su voto el 15 de Junio de 1977, dejaron de creer en la virtualidad del país al que pertenecían, en la correspondiente reclamación de libertad e igualdad para todos sus componentes, en el legítimo orgullo de compartir historia, lengua y cultura que conforman parte indeleble del patrimonio de la humanidad.

Por eso la celebración no puede quedar contenida en un momento ceremonial y estático, que bien pudiera parecerse al de un solemne entierro. Fueron aquellos tiempos diferentes que los ahora vividos y consiguientemente diferentes las necesidades. Pero la lección sirve en toda su amplitud: lo conseguido en aquella hora difícil tiene que ser hoy refrendado con la misma convicción y si cabe con mayor énfasis. Es la nuestra una de las más antiguas comunidades nacionales del mundo y su permanencia no puede quedar al arbitrio de los aprovechados charlatanes de aldea, solo interesados en garantizarse el poder omnímodo que depara la tribu racial. Quisimos que esto fuera otra cosa. A todos, empezando por las instituciones y llegando al último de los compatriotas, compete la correspondiente defensa y la no menos contundente reclamación. Nadie quisiera ser el último Rey de España, o el último presidente del Gobierno de ese país, o el último de los ciudadanos en ostentar esa nacionalidad. Nadie en sus cabales quisiera pasar a la historia con ese baldón. Sobre todo cuando las circunstancias ni lo aconsejan, ni lo permiten, ni lo justifican. España tiene la razón para afirmar su existencia y tiene la fuerza que esa misma razón le otorga. Todo lo demás, en este momento que tiene mucho de verdad, son proyecciones chinescas del teatro nacionalista del absurdo.

Ahora, como entonces, España depende de los españoles. El aniversario debería convertirse en una convocatoria para reafirmar lo que de verdad importa: la libertad. Y que nadie se engañe: su realidad está en la España entera. En ninguna otra parte. Porque no se trata de emitir un impotente quejido sino de decirse, con todas sus consecuencias, como Don Antonio Machado nos recomendaba, «hoy es siempre todavía».

JAVIER RUPÉREZ Madrid

lunes, 22 de mayo de 2017

SECESIONISMO Y NACIONALISMO ESPAÑOL

¿UN NUEVO NACIONALISMO VASCO?

EL DISCURSO DEL PNV SE HA VUELTO HACIA LA TRADICIÓN FUERISTA PARA ESCAPAR DE LA TRAMPA A LA QUE CONDUJO LA APELACIÓN A LA NACIÓN Y A LA INDEPENDENCIA.

Si algo llama la atención en el convulso panorama de la política española actual, en el que el empuje del nacionalismo catalán hacia la independencia se revela, seguramente, como su principal problema, es la moderación y discreción con que se comporta el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Su gestión de la Comunidad Autónoma, en muchos aspectos modélica, carece de referencias victimistas con respecto al Estado -lo que no excluye que, en determinadas ocasiones, se apele a la ampliación del marco competencial o se reivindiquen mayores compensaciones en la liquidación del Cupo Vasco- y sus manifestaciones con respecto al autogobierno se apartan explícitamente del radicalismo catalán, hasta el punto de que tanto el presidente del partido, Andoni Ortuzar, como el lehendakari, Íñigo Urkullu, dejan de lado la cuestión de la independencia. Hay, entre los analistas políticos, quien cree que esto último es tan sólo una retirada táctica y que, una vez resuelto el asunto de Cataluña, el PNV levantará de nuevo la bandera de la separación de España. No es esa mi opinión, principalmente porque prescinde del hecho de que el PNV está, desde hace algunos años, en el camino de vuelta, después de haber hecho del independentismo su guía y haber fracasado estrepitosamente.

La experiencia de Juan José Ibarretxe en la conducción del proyecto nacionalista, desde su nombramiento como lehendakari en enero de 1999 hasta su fracaso electoral una década más tarde, fue traumática para el PNV, pues se saldó con la pérdida del poder, por una parte, y del cuestionamiento de su hegemonía en el nacionalismo, por otra. Recordemos los principales acontecimientos: Ibarretxe tomó posesión de la Presidencia del Gobierno Vasco tras la firma del Pacto de Lizarra entre los partidos nacionalistas y ETA con el fin de impulsar el proceso independentista. Ardanza, su predecesor, no había querido asumir tal compromiso y dejó el campo libre al radicalismo jeltzale que encarnaba quien había sido su segundo en el gobierno. Entretanto, ETA había declarado una tregua que despertó muchas esperanzas de paz en el País Vasco, aunque la rompió en enero de 2000. No obstante, el electorado premió la política del PNV en las elecciones autonómicas de 2001 -en las que concurrió coaligado con Eusko Alkartasuna (EA) y, con más de 600.000 votos, logró 33 escaños- y ello se consideró aval suficiente para emprender la ruta hacia la independencia mediante la redacción de un nuevo Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi -más conocido como Plan Ibarretxe- que se aprobó en la Cámara de Vitoria, con el concurso de tres de los seis diputados de Euskal Herritarrok -el partido de ETA-, durante la última sesión parlamentaria de 2004. Dos meses más tarde sería rechazado por el Congreso de los Diputados en una sesión memorable durante la cual se evidenció la soledad de todos los nacionalistas -vascos, catalanes y gallegos- en su pretensión separatista. Sin embargo, esto no arredró a Ibarretxe, quien inmediatamente convocó unas elecciones autonómicas con el propósito de convertirlas en un plebiscito sobre su Estatuto. Su fracaso resultó notorio, de manera que la coalición PNV-EA perdió más de 135.000 votos, instalándose así en una tendencia descendente que sería confirmada en las elecciones municipales de 2007 y que culminaría en la pérdida del poder autonómico en 2009 cuando el socialista Patxi López, con la desinteresada ayuda del PP, logró instalarse en el Palacio de Ajuria Enea. Antes de ello, Ibarretxe había quemado su último cartucho al intentar en 2008 convocar un referéndum mediante una Ley de Consultas que, en septiembre de ese año, rechazó unánimemente el Tribunal Constitucional.

Tras la debacle electoral, Ibarretxe fue retirado del liderazgo del partido. Éste acabó siendo asumido por el tándem Urkullu-Ortuzar que, en las elecciones de 2012, logró desplazar a López de la lehendakaritza, aunque todavía el poder del PNV no se encontraba plenamente restaurado, pues los jeltzales estaban siendo cuestionados en su hegemonía del nacionalismo por los herederos de ETA -que en las municipales de 2011, pisándoles los talones, les habían desplazado a un segundo plano en Guipúzcoa-. Habría que esperar a la siguiente legislatura, municipal y autonómica, para que el PNV restableciera la posición de que había gozado desde la instauración de la autonomía en el País Vasco, ocupando el liderazgo en sus principales instituciones. En total, desde el impulso inicial del fracasado ciclo independentista, habían pasado dieciocho años.

En ese mismo período de tiempo, la opinión pública vasca experimentó también cambios relevantes con relación a la cuestión de la independencia. Para empezar, según muestran los resultados del Euskobarómetro -la encuesta de opinión que realiza periódicamente el departamento de ciencia política de la Universidad del País Vasco-, la adscripción de los vascos al nacionalismo permaneció prácticamente estancada en torno al 40% mientras Ibarretxe desarrolló su proyecto; y sólo cuando se evidenció su fracaso, tras las elecciones de 2005, recuperó un cierto empuje hasta llegar al 44% en el año en el que el PNV perdió el poder. Sin embargo, dentro del segmento nacionalista de la población, el Plan Ibarretxe despertó un cierto entusiasmo, de manera que, en el período de su formulación y debate -entre 2001 y 2005-, el porcentaje de los vascos que consideraba que la independencia era deseable para el país llegó a ascender hasta el 37 por ciento. Son, como se ve, proporciones minoritarias, aunque extensas, de la población que se mantuvieron limitadas, sin duda, porque la opinión contraria al independentismo -que, en aquél momento, era también radical y manifiestamente opuesta a ETA, a pesar del riesgo que ello conllevaba- se mantuvo muy activa de la mano de organizaciones de la sociedad civil como el Foro Ermua, Basta ya, la Fundación para la Libertad o Covite -la asociación que reunía a las víctimas vascas del terrorismo-. Pero después de 2005, mientras el independentismo se desinflaba, el nacionalismo recuperaba un cierto pulso, en especial desde 2009, cuando fue desplazado del gobierno regional.

Tras este último acontecimiento, en medio de la catástrofe, el PNV supo leer los datos de la realidad política y, sobre todo, de la opinión pública. Ya había renovado dos años antes la cúpula del partido, poniendo al frente a Íñigo Urkullu, y repudió al perdedor de la lehendakaritza -Juan José Ibarretxe, quien anunció su retirada durante la investidura de Patxi López-. Pero, sobre todo, atemperó el discurso independentista para centrar la acción del partido en el desgaste de la gestión socialista -y había motivos para ello, pues, lo mismo que en el conjunto de España, el PSOE no supo afrontar adecuadamente la crisis- mientras, paralelamente, recuperaba la idea de la superioridad jeltzale para entender las necesidades de la sociedad vasca. En el plano identitario, el PNV volvió sobre su vieja alma autonomista y sólo dejó entrever el independentismo en contados actos del partido, siempre como un objetivo lejano y utópico. Esta estrategia le permitió recuperar el poder autonómico en 2012 y la hegemonía del nacionalismo frente a los epígonos de ETA en 2015.

Y en eso estamos. El discurso del PNV se ha vuelto hacia la tradición fuerista -que, por cierto, no es privativa de ese partido, pues toda la derecha y buena parte de la izquierda españolistas encuentran en ella su inspiración para defender el hecho diferencial vasco reconocido en la disposición adicional primera de la Constitución- para escapar de la trampa a la que condujo la apelación a la nación y su independencia. De este modo, Urkullu acuñó en septiembre de 2016 el término «nación foral» para referirse a Euskadi, significando con ello que es en los Fueros, en la Ley Vieja cuyo reconocimiento unía inseparablemente a las provincias vascongadas con la Corona de España, en donde se inspira la nueva orientación del nacionalismo vasco hegemónico. Nación foral es una expresión que reúne dos términos contradictorios, pues sólo se puede ser foral -es decir, portador de un tratamiento diferenciado y, en este caso, privilegiado- en el ámbito nacional de España y, por tanto, no cabe en lo foral una nación diferenciada de aquél. Pero tal oxímoron no parece inquietar a los dirigentes del PNV, toda vez que esa formulación les permite reconducir su política y alejarla de la fractura a la que condujo el independentismo. Y así, en declaraciones sucesivas les hemos visto señalar públicamente que no es posible un País Vasco independiente dentro de la Unión Europea, aceptando que las instituciones jurídicas de ésta no lo permitirían y que, además, tal pretensión acabaría dañando la economía y el bienestar de los vascos. Y también les hemos visto reconocer que el futuro del autogobierno vasco habrá de renovarse dentro del marco constitucional de España. Cómo haya de ser ese futuro no lo sabemos, pues las escasas apelaciones que se han hecho a él son más bien confusas, aunque apunten a algún desarrollo jurídico de la mencionada disposición adicional, tal vez a través de una reforma del Estatuto de Gernika. En todo caso, no es la formulación de un nuevo marco identitario lo que más preocupa a los jeltzales, pues, como se ha visto en el reciente debate de investidura de Rajoy, las principales reivindicaciones de la agenda vasca aluden a la renovación del Cupo, a las millonarias inversiones estatales que se reclaman para Euskadi, a una posible transferencia de las competencias de gestión de la Seguridad Social y a algún tipo de arreglo en la política penitenciaria aplicada a los presos de ETA. La voluntad pactista está en todas ellas y a su negociación con el gobierno español se han dispuesto, como siempre con discreción y tenacidad, los nacionalistas vascos. El contraste con la estridencia independentista del nacionalismo catalán es evidente.

MIKEL BUESA 15/04/2017 Mikel Buesa es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.


LA HORA DE LA POLÍTICA EN CATALUÑA

CASI CINCO AÑOS DESPUÉS DEL INICIO DEL LLAMADO "PROCESO DE TRANSICIÓN NACIONAL DE CATALUÑA" -CONOCIDO POPULARMENTE COMO "PROCESO"- CONVIENE PREGUNTARSE POR QUÉ HEMOS LLEGADO AQUÍ Y QUÉ PUEDE OCURRIR EN LOS PRÓXIMOS MESES CON EL DESAFÍO SECESIONISTA QUE EL NACIONALISMO CATALÁN PLANTEA AL ESTADO.

¿Por qué hemos llegado hasta aquí?

El proceso es la consecuencia de determinadas variables -históricas, ideológicas, políticas, económicas y sociales- perfectamente interrelacionadas.

1. El Ser de Cataluña según el nacionalismo. Desde sus orígenes -con el movimiento conocido como Renaixença, a mediados del siglo XIX: para entendernos, la versión catalana del Romanticismo alemán-, el catalanismo primero, y el nacionalismo catalán después, afirman que Cataluña es una nación y que, en consecuencia, tiene derecho a un Estado propio e independiente. En la estela de la definición propuesta por José Stalin (El marxismo y la cuestión nacional, 1913), Cataluña sería una nación al conformar "una comunidad humana estable, históricamente constituida, nacida sobre la base de una comunidad de lengua, de territorio, de vida económica y de formación psíquica que se traduce en una comunidad de cultura". Un paso más. De acuerdo con el principio de las nacionalidades del siglo XXI y principios del siglo XX -de Mancini a Wilson-, el nacionalismo catalán sostiene que, por definición, por derecho natural, toda nación tiene derecho a poseer su correspondiente Estado. El silogismo nacionalista es este: si Cataluña es una nación, si toda nación tiene derecho a constituirse en Estado, de estas premisas, se concluye que Cataluña tiene derecho a un Estado por el hecho de ser una nación. En definitiva, del Ser nacional al Estar como nación. Una cita del volumen colectivo ¿Qué le pasa a Cataluña? (edición bilingüe en inglés y castellano de Liz Castro, 2013): "Cataluña, nuestro país, es una nación. Una nación que, para mantener su identidad y poder avanzar, necesita instrumentos de estado. Esa nación ha existido desde hace siglos. Tiene su propia identidad, cultura, lengua e instituciones. Cataluña quiere seguir, y con seguridad se le debe permitir que siga, su propio camino" (Un nuevo camino para Cataluña, Artur Mas, expresidente de la Generalitat de Cataluña).

2. La competición por los recursos. Si en el siglo XIX el nacionalismo catalán, encarnado en la burguesía catalana, quería apropiarse del mercado español por la vía del proteccionismo, en el siglo XX y XXI desafía al Estado para conseguir determinadas ventajas de índole política, económica, simbólica y psicológica. La invención de una identidad nacional propia, a la cual le correspondería de forma natural un Estado propio e independiente, justificaría la apropiación y disfrute de los más variados recursos propios. Una cita del volumen ya mencionado: "El conflicto entre Cataluña y España no es solo una cuestión económica. Sin embargo, la cuestión económica es sintomática del resto de la relación, caracterizada por la dominación, el engaño y la falta de respeto de la nación dominante hacia la que fue conquistada hace trescientos años" (Una asfixia premeditada, Elisenda Paluzie, profesora titular de Economía en la Universidad de Barcelona y decana de la facultad de Economía y Empresa).

3. La conservación del poder y la impunidad administrativa y penal. El "proceso" como proyecto para mantenerse en el poder. Por eso, en septiembre de 2012, al día siguiente de una Diada promovida por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y orquestada por las terminales mediáticas al servicio del nacionalismo, el gobierno de la Generalitat, presidido por Artur Mas -que lee la manifestación como si de un sondeo electoral se tratara-, se sube a la ola independentista e impulsa una dinámica reivindicativa con la intención de obtener réditos electorales. Para ello, usa y abusa del victimismo y del llamado "derecho a decidir". Con estos mimbres, después de recibir el ansiado "no" de Mariano Rajoy al concierto económico para Cataluña, Artur Mas da el portazo al Estado y regresa a Cataluña como líder y guía de un "proceso" que le permite ocultar su responsabilidad en el desgobierno de la Generalitat y neutralizar la protesta ciudadana -¿habrá que recordar que Artur Mas llegó al Parlament en helicóptero en junio de 2011?- en contra de la política de austeridad y de los recortes sociales. Una manera de consolidar el poder. Y una manera de eludir -en la hipotética República Catalana Independiente- cualquier responsabilidad administrativa o penal derivada de los presuntos casos de corrupción que podrían salpicar al nacionalismo catalán.

4. El peronismo mediterráneo, la espiral del silencio y el mimetismo de la masa. Si ustedes consultan la página web de Juan Domingo Perón, podrán leer lo siguiente "La verdadera democracia es aquella donde el gobierno se ajusta a lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo... El peronismo es esencialmente popular... La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional... Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana... En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo". Si ustedes sustituyen "peronismo" por "independentismo" y "Argentina" por "Cataluña", si ustedes hacen eso, percibirán que el nacionalismo catalán es una variante mediterránea del peronismo. Un peronismo que encuentra su aliado en la llamada "espiral del silencio": ese no expresar lo que uno piensa cuando va a contracorriente de lo publicado y publicitado; ese no significarse por miedo a lo que puedan pensar los otros o por temor a poner en peligro los intereses particulares, sociales o profesionales. A ello, añadamos el mimetismo de las masas y el oportunismo de quien sube al carro del caballo que cree ganador. Así se constituye un pensamiento único que condiciona, que presiona y abruma, que favorece la autocensura, que da carta de naturaleza a determinadas ideas inconsistentes y socialmente discutibles.

5. El chovinismo del bienestar. En la edición Online International de Der Spiegel del 9 de octubre de 2012 -un mes después de la Diada del 11 de septiembre-, Fiona Ehlers, Hans Hoyng, Christoph Schult y Helene Zuber publican un reportaje titulado 'La hora de los egoístas'. La ilustración: una fotografía de la manifestación de la Diada con las banderas esteladas ondeando en las calles de Barcelona. El pie de foto: "Movimentos separatistas en Europa". En el artículo, los autores del reportaje hablan de las "regiones adineradas" que en España, Gran Bretaña, Bélgica e Italia no sienten "la solidaridad con los pobres que forman parte de su propio país". En definitiva, el populismo egoísta.

6. La debilidad del Estado. Un Estado escasamente jacobino, incapaz de nacionalizar el conjunto del territorio, conseguir la unidad de caja, uniformar el derecho civil o reunificar las diversas áreas económicas. Ese Estado débil ha facilitado el desarrollo del nacionalismo. Y de eso -como de la debilidad del Estado durante la crisis de 2008- se aprovecha el independentismo en su proceso de construcción "nacional" de Cataluña.

7. La batalla mediática. En Cataluña, el nacionalismo secesionista está ganando la batalla mediática. Agit prop en estado puro. El resultado: una parte importante de la ciudadanía y de los medios de comunicación ha asumido las ideas de la Cataluña nación europea, del expolio fiscal, del derecho a decidir: En suma, la Cataluña democrática frente a la España autoritaria.

El referéndum secesionista -pactado, legal, vinculante, efectivo y reconocido por la comunidad internacional- es inviable, porque carece de apoyo legal, político, social e internacional. ¿Qué puede ocurrir? 

Diversas hipótesis.

1. El anuncio de un referéndum diferido en el tiempo. Podría anunciarse la futura convocatoria de una consulta, disfrazada de referéndum, sin concretar la fecha de su convocatoria y celebración. Una manera de evadir el recurso de inconstitucionalidad, de encubrir el fracaso del "proceso", de apaciguar los ánimos de las bases independentistas, de buscar un mayor apoyo social, de no avanzar unas elecciones autonómicas que supondrían un serio varapalo para el PDECat con la consiguiente victoria de ERC. Y una oportunidad para un "diálogo" con el Estado que difícilmente se celebrará. ¿Cómo dialogar con quien exige "o referéndum o referéndum" y se caracteriza por la práctica de la deslealtad institucional y constitucional?

2. La convocatoria de un referéndum unilateral a corto o medio plazo. Si la tensión y confrontación entre el Generalitat y el Estado aumenta -inhabilitación de la presidenta del Parlament, del ex presidente Artur Mas, de las ex consejeras Joana Ortega e Irene Rigau y del diputado Francesc Homs, a lo que habría que añadir el fracaso del "diálogo"-, el nacionalismo catalán, o una parte del mismo, tendría la excusa/justificación que busca para convocar un referéndum unilateral de autodeterminación que sería suspendido por el Tribunal Constitucional. Un referéndum que necesitaría la complicidad de unos funcionarios y empresas que deberían realizar unas microdesobediencias indispensables para su celebración. Un referéndum que no se celebraría -el Estado, escarmentado por el 9-N, lo impediría- y que, muy probablemente -ni Carles Puigdemont, ni Oriol Junqueras, ni Ada Colau, ni Xavier Domènech, ni Albano Dante Fachín quieren ser inhabilitados-, conduciría a un adelanto electoral autonómico. A favor de la convocatoria más o menos inmediata del referéndum, juega la desconfianza de una CUP -no se fía del PDECat: en Cataluña los partidos independentista se miran de reojo- que podría exigir la convocatoria de dicho referéndum bajo amenaza de ruptura del pacto de estabilidad parlamentaria.

3. La Constitución entra en juego. Si el desafío secesionista pro referéndum deviene en movimiento sedicioso, el Estado podría implementar el artículo 155 de la Constitución Española.

4. El avance de las elecciones autonómicas. Unas elecciones -disfrazadas o no de constituyentes- que, probablemente, ganaría ERC y darían lugar a un gobierno bipartito o tripartito en Catalunya -ERC, los Comunes colauistas y podemitas y quizá alguna otra fuerza política- que podría demorar, posponer o suspender temporalmente el "proceso" para entrar en una fase de acumulación de fuerzas soberanistas y/o negociar con el Estado cuestiones como el concierto económico, la inversión del Estado en infraestructuras o el reconocimiento de la realidad nacional catalana y la singularidad efectiva de la lengua catalana con todo lo que ello comportaría. ¿Un referéndum legal sobre los acuerdos que pudieran alcanzarse?

5. Elecciones autonómicas y referéndum ilegal. No cabe descartar la convocatoria y celebración, en la misma fecha, de las elecciones autonómicas y el referéndum ilegal. Objetivo: confundir al electorado, aprovechar la sinergia movilizadora de las elecciones autonómicas en beneficio del referéndum, y dificultar la respuesta del Estado y los Altos Tribunales al desafío ilegal refrendario.

CERTEZAS E INCERTIDUMBRES
A partir de ahí, algunas certezas y muchas incertidumbres.

Certezas: la crisis institucional en Cataluña, la pérdida de la afectio societatis, la división y resquebrajamiento de la sociedad catalana, la substitución de las elites políticas gobernantes en Cataluña (de la mesocracia burguesa urbana de Convergència a la mesocracia comarcal de Esquerra y el movimiento antisistema de los Comunes), la reconfiguración del mapa de los partidos políticos (desaparición de CDC y UDC y dilución de PSC e ICV), el final de un ciclo político en Cataluña, la emigración de empresas y la huida de capitales e inversiones.

Incertidumbres: ¿cómo superar el "síndrome de la nación elegida" y de la "víctima inocente" (John Elliott) que padece el nacionalismo catalán? ¿Cómo lograr que el nacionalismo se adhiera a la legalidad democrática y el Estado de derecho? ¿Cómo aplicar el artículo 155 de la Constitución si resulta preciso hacerlo? ¿Cómo sobreponerse y administrar la frustración que aquejará a buena parte de los catalanes que comulgaron con la ficción de una República Catalana Independiente? ¿Cómo evitar que la frustración derive en odio? ¿Cómo revertir el "nacionalismo banal" (Michael Billig) que se percibe en Cataluña en los símbolos, la política lingüística, la información, la terminología, la rotulación callejera, la Administración, la escuela, la cultura, la información meteorológica, los mapas, el deporte o el ocio? ¿Cómo recuperar el tiempo y el prestigio dilapidados? ¿La vuelta -antes o después- del "proceso" con nuevos o viejos bríos?

MIQUEL PORTA PERALES 01/05/2017 



POR QUÉ SER ESPAÑOL SIN COMPLEJOS

Se atribuye tanto al lugarteniente de la propaganda comunista al servicio de Lenin y de Stalin, Willi Muzenberg, como al ministro de propaganda de Hitler, Paul Joseph Goebbels, la conocida y terrible frase: "Una mentira mil veces repetida se convierte en verdad", algo que más tarde corroboraría la ciencia neurobiológica y que incluso los nacionalistas españoles utilizan sin rubor. Aquí hemos padecido durante siglos un mentiroso descrédito, que a fuerza de ser repetido ha terminado por ser asumido no solo por nuestros enemigos exteriores y gentes malinformadas sino por nosotros mismos, incluidos muchos intelectuales tan poco rigurosos como mal pensados. Pero lenta, seria y progresivamente comenzamos a disponer de un verdadero arsenal de argumentos (en gran parte, recientes y de origen extranjero) que es hora de exhibir y utilizar, no solo para desmentir las falsedades que nos atribuyen, sino sobre todo para reivindicar la extraordinaria grandeza de nuestra nación (y sus contribuciones sin igual a la forja de la civilización occidental), como patria cultural de los grandes logros sociales y económicos de la humanidad.

Aunque el catálogo de publicaciones es ya muy amplio me referiré a aquellas que considero esenciales y suficientes para despertar el interés y el orgullo de ser españoles, que como veremos son muy convincentes. La mejor antología en defensa de la civilización española (por su amplitud y profundidad) salió a la luz recientemente con el descriptivo título Imperiofobia y leyenda negra (2016), escrita por María Elvira Roca, de la que extraemos la mayor parte de los desmentidos y logros que se describen a continuación. Comenzando por la expulsión de los judíos de España, que fue más tardía y en mejores condiciones que en el resto de países europeos, porque aquí podían quedarse previa conversión, y si se iban tenían derecho de enajenación de sus bienes, con la conclusión final de que su marcha apenas impactó a la economía española. El renombrado y prestigioso Renacimiento fue posible gracias al Imperio español, no a pesar de nuestro país. La Italia española se desarrolló (crecimiento de la población y de las infraestructuras) mucho más que Venecia o Florencia. El protestantismo dinamitó la unidad europea, inventó la propaganda mediante libelos mentirosos y zafios, expolió la propiedad privada de los católicos mediante la violencia y las armas, y creó la monarquía absoluta política y religiosa. Para el gran historiador del pensamiento M. N. Rothbard, "frente a tal concepción política que prescindió del derecho natural que permitía criticar las actuaciones despóticas del Estado, el pensamiento escolástico español defendía la limitación del poder real y la división de poderes". La supuesta tolerancia protestante se explica mal cuando sabemos que hasta 1860 en Inglaterra, Suecia, Dinamarca y Noruega los católicos y otras confesiones eran objeto de la confiscación de sus bienes y el exilio forzoso. El fracaso de la Armada Invencible fue seguido de otros intentos ingleses de derrotar a España, con muchos más recursos, en la península ibérica, Cartagena de Indias, México y Argentina. En todos ellos España venció brillantemente con mucha más destreza militar que medios, siempre inferiores a los de los británicos.

Sobre Shakespeare se sabe muy poco (a diferencia de sobre Cervantes) quizás porque era católico en una Inglaterra donde los seguidores de esta fe estaban perseguidos. Nunca pudo "salir del armario" y, a diferencia de sus colegas europeos, jamás asumió la leyenda negra, llegando a crear un personaje para criticar al traidor Antonio Pérez, uno de sus padres.

La famosa hambruna irlandesa, que tantos muertos causó, no fue debida a una mala cosecha de patatas, sino a una deliberada y trágicamente exitosa política de la anglicana Inglaterra contra la católica Irlanda. La Inquisición fue creada en Francia, para mucho tiempo después llegar a España. Con datos fidedignos de todos los casos juzgados en España entre 1540 y 1700, hubo 1.346 condenas (no ejecuciones) a muerte y en toda Europa (incluida España) no llegaron a las 3.000. En cualquier país protestante estas cifras son irrisorias comparadas con sus ejecuciones al margen de la ley. Galileo no fue torturado por la Inquisición y "Eppur si muove" es una frase inventada en Londres en 1757. Sin embargo, Lavoisier (padre de la ciencia química) fue guillotinado en Francia porque, según su sentencia, "la Revolución no necesita químicos ni científicos". Los últimos estudios registran la quema de 500.000 brujas en Europa, de las que a España corresponden 27. La leyenda negra, que tuvo diversos frentes propagandísticos (Italia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Francia) utilizó los mismos métodos y medios que Willi Müzenberg cuando organizó (con éxito hasta hoy) el monopolio de "la cultura" al servicio del comunismo.

La América hispana disfrutó de un virtuoso desarrollo: vías de comunicación que vertebraron el continente, ejemplar ordenamiento urbano de las ciudades y amplio despliegue de hospitales. En Lima, uno por cada 101 habitantes, una cifra mejor que las actuales de Estados Unidos. Se fundaron en América más de 20 centros de educación superior y, hasta la independencia, salieron de ellos 150.000 licenciados de todos los colores, castas y mezclas. Ni portugueses ni holandeses abrieron nunca universidad alguna en sus imperios. Hay que sumar la totalidad de las universidades creadas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia en la expansión colonial de los siglos XIX y XX para acercarse a la cifra de las universidades hispanoamericanas durante la época imperial. El tristemente famoso fray Bartolomé de las Casas tuvo poca experiencia y era poco leído, pero inventó barbaridades al gusto de los enemigos de España. Estaba a favor de los sacrificios humanos de los aztecas y de la esclavitud de los negros. Su libro carece del más elemental rigor histórico. Fue Antonio de Montesinos un personaje grandioso. Sermoneó con éxito en Santo Domingo y por suscripción popular pudo viajar en 1511 a la Corte española y hablar con Fernando el Católico (¡colándose en sus aposentos y siendo atendido!) para convencerle de que los indios eran seres humanos con los mismos derechos que los españoles. Casi dos siglos después, los ilustrados Montesquieu y Jefferson se atribuyeron (en virtud de un ridículo adanismo) lo que España había sancionado legalmente con tanta antelación.

La frenología (puro racismo científico creado en la segunda mitad del siglo XVIII por Franz Joseph Gall y adoptada con trágico éxito por Hitler contra los judíos) sirvió de base para establecer que España era un país de "degenerados" por razones genéticas, lo que justificaba su decadencia. Joaquín Costa y José Ortega y Gasset fueron activos seguidores de esta siniestra escuela de pensamiento... ¡junto con la generación del 98! En su Historia Natural, el conde de Buffon (1707-1788) consideraba que América es un continente degenerado. La teoría de la degeneración no es una nota a pie de página de la Ilustración, sino uno de sus pilares. Sostenía Montesquieu en El espíritu de las leyes como "natural y beneficiosa la servidumbre natural de los indios y otras razas inferiores que habitan las zonas cálidas del planeta". Voltaire ataca con saña el catolicismo y el judaísmo con criterios racistas "científicos" y sus ideas campaban universalmente por escuelas, universidades, tertulias y salones.

Los padres escolásticos (principalmente salmantinos) "fueron los precursores de la ciencia económica contemporánea, anticipándose casi dos siglos a Adam Smith, e incluso superándolo doctrinalmente", según Joseph Alois Schumpeter, que calificó de "fundadores de la economía científica" a los teólogos de la Escuela de Salamanca. Para Friedrich Hayek, "los escolásticos españoles del siglo XVI fueron unos notables anticipadores" de la llamada ciencia lúgubre, y además, "elaboraron las primeras teorías modernas de la sociedad, luego sepultadas por la marea racionalista del siglo siguiente". Para Robert Goodwin en su España, centro del mundo 1519-1682 (2015), el mayor imperio de la historia supuso una gran colisión entre lo viejo y lo nuevo, de descubrimientos intelectuales y espirituales, de grandes experimentos políticos y sociales que culminaron en el siglo de Oro. Arndt Brendecke, en Imperio e información (2009), glosa la "entera noticia", lema que encabezó las reformas políticas españolas en tiempos de Felipe II orientadas a recabar y organizar la informació'n y el conocimiento de los dominios hispanos. ¿Alguna nación a lo largo de la historia puede presumir de un archivo como el de Las Indias?

Es hora de despertar de nuestro letargo y abandonar para siempre injustificados complejos de inferioridad mientras asumimos nuestro incuestionable genio histórico, que está lleno de aventuras, conquistas y descubrimientos civilizadores que son imprescindibles para entender el mundo tal cual es hoy.

JESÚS BANEGAS 16/05/2017 Jesús Banegas es presidente del Foro de la Sociedad Civil.