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martes, 14 de diciembre de 2010

EL PROBLEMA DE ESPAÑA

Publica ABC varios artículos de opinión sobre el problema de España que merecen una lectura detallada.

Uno de ellos viene firmado por el Catedrátido de Filosofía del Derecho Ignacio Sánchez Cámara y es una breve pero magnífica reflexión sobre el problema actual de nuestro país, España no es España, del que se puede extraer como siempre la conclusión. Se inicia con la afirmación de 
"El problema es que España no es España. Es decir, que no somos lo que tenemos que ser, lo que debemos ser, esto es, lo que somos". 
Y continua identificando algunas de las causas: 
"Urge cerrar el sistema autonómico, la incesante batalla competencial. Y urge hacerlo en una dirección vertebradora y no disgregadora. La unidad de España no es solo un bien político, sino también moral. .... Es la vertebración de España, su ser como nación, lo que está en juego. Es absurdo intentar contentar a quienes no se van a contentar. Es este uno de los cinco grandes problemas nacionales que España tenía planteados en el albor del siglo XX. Sigue existiendo ahora, incluso agravado. Negar la posibilidad de la secesión es negar la realidad. Y toda realidad negada termina por vengarse..... La existencia de una grave crisis económica es patente. La existencia de una profunda crisis institucional no lo es tanto. La de una honda crisis intelectual y moral aún lo es menos. Por mi parte, me encuentro entre los que piensan que el orden y urgencia es precisamente este: crisis moral, crisis institucional y crisis económica. Y, si estamos en lo cierto, la solución transita entonces por ese orden. Y la solución solo puede partir del reconocimiento de la naturaleza del problema y de la evidencia del orden de prioridades".
ABC reproduce también una columna de opinión del ex Presidente Aznar, en Wall Street Journal, al que algunos periodistas le niegan la posibilidad y el derecho de realizar declaraciones en el extranjero sobre la situación de España. De antipatriotismo y revanchismo califican esas declaraciones porque afirman que daña la imagen de España en el exterior, resta credibilidad al gobierno y dificulta la recuperación económica. Esta es una de las razones por las que Foreign Policy le sitúa entre los diez peores ex presidentes. Pero ¿tiene alguien alguna duda de que la falta de credibilidad del gobierno se la ha buscado el solo y sin ayuda de Aznar?

Dice Aznar 
"El lugar que ocupa actualmente España en el escenario internacional refleja su pérdida de relevancia en el mundo. El Gobierno ha renunciado a sus responsabilidades y no ha defendido sus intereses nacionales en el extranjero....Sólo un nuevo Gobierno puede recuperar la credibilidad, y eso pasa por unas elecciones generales. Un nuevo Gobierno podría animar al pueblo español a emprender un gran proyecto nacional de recuperación, regeneración y reforma de la nación. Para esto no existen milagros ni atajos; no los ha habido en el pasado y no los habrá ahora.... Un elemento esencial de este cambio político será que España reconozca inmediatamente que el Estado tiene que limitar su papel económico y social y abrir nuevos ámbitos de libertad y dinamismo para la sociedad y la empresa privada. España debe efectuar profundas reformas de su estructura administrativa, entre ellas erradicar organismos burocráticos y públicos y racionalizar el gasto público. España no puede demorar por más tiempo la reforma del Estado de bienestar, pero tiene que empezar a restablecer ahora las condiciones para una sociedad próspera abierta a todos..... "
Por el hecho de denunciar la crítica situación actual y de pronunciarse públicamente con sentencias tan sensatas como las señaladas arriba (apocalíptico califica el artículo el reconocido, aún no sé porqué, José Oneto), hay prensa española que le acusa de oscurecer a Rajoy, de ignorarle en el artículo, o de mostrar su intención de regresar a la política activa, de la que recordemos se marchó voluntariamente, e incluso hay quien afirma que en el PP están hartos de él. Desgraciadamente para muchos, Aznar tiene razón en todo lo que se puede leer en este artículo pero, contrariamente a lo que dice la Biblia (una palabra tuya bastará para sanarme), nuestros periodistas de izquierda asumen cuando Aznar se expresa que "una palabra suya bastará para mortificarme".

Y entre esos mortificados quién mejor que un progre de baba como José María Izquierdo, quien destila en El País todo el odio acumulado por el único político que hasta ahora ha vencido dos veces en unas elecciones al PSOE, y que nunca ha concedido que la izquierda tenga superioridad moral o política ni un derecho divino a gobernar, motivos suficientes para odiarle, pero como ese sentimiento visceral no puede ser nunca reflejo de un ser superior, estos se dedican a despreciarle irónicamente desde sus pedestales.


Por cierto, El País vuelve a introducir la palabra "miedo" en el titular de una de sus noticias, al contraponer "progresismo" y "derecha". No pueden evitar hacer propaganda de la más baja calidad y peores intenciones cuando intentan defender al PSOE. Una más de sus lecciones de democracia, la desligitimación de las ideas liberales y conservadoras a través de la identificación de las mismas con las "fuerzas del mal", tan vigentes hoy en día con la moda de los vampiros cinematográficos.



viernes, 3 de diciembre de 2010

EL NACIONALISMO ESPAÑOL DEL PSOE. AHORA?

En estos seis años hemos visto como el socialismo de Zapatero, no sólo él sino todo su partido, ha decidido que más valía echar a la papelera el concepto de España como nación que defenderlo ante los nacionalistas a los que Zapatero debía su puesto como Secretario General del PSOE y como Presidente del Gobierno.

Esta situación nos llevó a situaciones esperpénticas como aquella en la que Aragón y Cataluña enfrentaron a aragoneses y catalanes contra murcianos y valencianos, pelea a la que se sumó con gusto y arrojo el manchego Barreda. Los socialistas catalanes se sumaron a esta serie de peleas territoriales insultando diariamente al resto de españoles y acusando a Madrid (sin diferenciar nunca entre el Gobierno central y los habitantes de esa CCAA) de robarles descaradamente, con lo que consiguieron que los ciudadanos catalanes incrementaran su nivel de rechazo a los madrileños en particular y a España en general.

Durante la tramitación parlamentaria y los trámites judiciales del Estatuto de Cataluña fuimos testigos de toda clase de ataques a España como nación, y bajadas de pantalones de insignes socialistas como Alfonso Guerra, que acabó tragando con el Estatuto y fue incapaz de elevar su voz ante semejante disparate.

Respecto a cuestiones internacionales no hay más que recordar como España ha sido el hazmerreir del mundo en sus relaciones bilaterales con algunos de los dictadorzuelos caribeños o sátrapas africanos, perdiendo cada vez más peso tanto en la Unión Europea como en la escena internacional.

Finalmente, como colofón, basta recordar que Zapatero afirmó que "España como nación es un concepto discutido y discutible".

Después de todo eso, y especialmente después del descalabro socialista en las elecciones autonómicas catalanas obteniendo el peor resultado desde que se celebran esos comicios, Alfonso Guerra reclama ahora un partido socialista con un discurso nacional. Guerra afirmó durante una conferencia que: "se ha mostrado crítico con los diferentes discursos que mantiene el PSOE en diferentes comunidades a propósito del carbón o de la política hidrográfica. También ha mostrado sus reparos a que este partido haga suyos los planteamientos defendidos desde formaciones nacionalistas, citando el concepto de “España plurinacional” o “catalanismo federal”. En su opinión, tanto la Declaración del PSOE en Santillana del Mar como el Pacto de Tinell, ambos en 2003, sitúan al partido en “una órbita diferente”.

Guerra se ha negado durante años a enfrentarse ni política ni moralmente a los desmanes de sus compañeros de partido y ahora, tras un batacazo electoral, reclama coherencia nacional. Esta es la demostración de lo que a los socialistas españoles les importa el país al que deben defender, administrar y gestionar.

Y en esto estamos cuando Bono, el Presidente del Congreso, el nacionalista del PSOE, el que ha hecho una fortuna sin que haya quedado muy claro cómo, el que ha permanecido callado sin decir una palabra mientras todo lo anterior se ha venido desarrollando, el que ordenó detener a dos militantes del PP y falsificar documentos oficiales para incriminarlos, se presenta como la alternativa española del PSOE para suceder a Zapatero.

Guerra, Bono y Zapatero, estos son los miembres para salir de la crisis, que no sólo es económica, sino también social, política y como nación.

Estos son los miembres con los que España tiene que gestionar situaciones de crisis con países como Marruecos, que nuevamente amenaza la soberanía española de Ceuta y Melilla, y ante el que en el pasado hemos tenido que arrodillarnos y rendir pleitesía.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿EXISTE ESPAÑA O EXISTE EXPAÑA?

Ayer se publicaron dos artículos en El Confidencial sobre el mismo tema, España y sus problemas como nación, si es que todavía lo es.

En los foros de un periódico donde normalmente las noticias sobre la "nación catalana" o los problemas territoriales suelen atraer decenas de mensajes, en ocasiones superan los doscientos, ayer entre las dos columnas de opinión se enviaron sólo 39 mensajes. Esto, que para muchos no significa nada, para mi es una nueva muestra del desdén ciudadano hacia la nación española, la puesta en duda del carácter de España como país o nación ni siquiera ha despertado un debate intenso entre lectores que normalmente suelen tratar temas similares.

Puede ser que ese desinterés sea consecuencia del hartazgo de la población ante la continua puesta en solfa de nuestro país; puede ser que realmente España ya no interese a casi nadie más que como un territorio donde vivir que es gobernado por unos políticos que elegimos; pero no deja de ser significativa la falta de interés sobre un tema que en otros países provocaría un enorme caudal de opiniones.

Por su interés se transcriben algunos párrafos de ambos artículos:


En Francia, cuando la fiesta nacional, hacen sardinadas, celebran verbenas y tiran fuegos artificiales. ... La cosa cambia en España, tierra de acomplejados (ya lo señalamos aquí en un post anterior). Para empezar, la Hispanidad se califica de “genocidio” y se considera una idea añeja y demodé. Luego, para darle fuste formal, se mezcla con el Pilar y así, con la misa, la cosa parece más seria. Por último, se hace el desfile del Ejército y, claro, los españoles rectos se sienten atragantados y ven con aprensión la ostentación de las fuerzas militares.... (no entiendo muy bien lo de los españoles rectos, quizás quiere decir el autor que el resto, a los que sí les atrae la parada militar y que sólo la consideran una parte más de una tradición, un acto habitual en todas las capitales nacionales en sus respectivos días nacionales ¿son idiotas?)

La patria .... ya sólo logra ponernos los pelos de punta con las victorias deportivas. Así debe ser en una buena democracia: que funcionen las cosas sin sentimientos y que los sentimientos se dejen para el balón
(no me parece buena idea confundir nación y sistema político, eso es precisamente lo que han hecho las dictaduras toda la vida, comunistas y fascistas, identificar el país con su sistema; nosotros somos, o no, españoles y también demócratas, habrá quien se siente demócrata y no español y viceversa. El sistema político sólo es una manera de gestionar un país, no es el país en sí).

Sólo el nacionalismo necesita ganar los campeonatos cada poco y alimentar su negocio con la asadurilla removida del personal
(la alegría por los éxitos deportivos se siente no sólo en España y no está relacionada con un nacionalismo caduco como da a entender el autor, sino que es un sentimiento compartido tanto por los países más modernos y menos nacionalistas, políticamente hablando, como por los países más radicalmente nacionalistas). O, si acaso, se aprovecha un accidente y se hace piña de almas .... Las honras a los muertos por la patria suelen tener aquiescencia general y contribuyen sin duda a la irritación vellosa. Los abucheos a Zapatero han disgustado a muchos por haberse producido mientras las honras fúnebres. Las honras a los muertos por la patria se contemplan con semblante muy serio y gestos de hipócrita magnífico. Pero la defensa del rito, la defensa seria y racional, periodística, hace caer la caretilla y enseña las trazas de la pura banalidad, tan peligrosa cuando se desatan los sentimientos y se buscan culpables. Y la gente, en plena crisis, mira la pantalla, piensa en sus cosas y dice ¡pandilla de ladrones!, mientras paga en negro al fontanero con unas pocas risas (vuelve a confundir el autor los ritos tradicionales de homenaje a los caídos con el hartazgo político y la hipócrita actitud política; los actos de homenaje a los caídos se hacen para la población, no para los políticos, estos son meros figurantes, y su actitud hipócrita no desmerece el acto. La particular apreciación de banalidad de estos actos cambia cuando el fallecido en acto de servicio es un amigo o un familiar, pero incluso cuando es un desconocido, el fallecido merece nuestro respeto y homenaje, y no es cuestión de sentimientos nacionalistas sino de educación y agradecimiento por su entrega. La discusión del acierto o no de los abucheos durante el acto sí que es una banalidad, porque lo que se discute no es sí el momento escogido para realizarlos, eso es sólo una excusa para criticar algo que el Gobierno no sabe ni está preparado para consentir, los propios abucheos).

...
La nación, se dice, suele fundarse en unas gentes que tienen ciertas afinidades por vecindad histórica. Pero las gentes, en la manada, tienden a arrasar: si no se hacen deportes o toros con que se dé vía de escape a tales ganas de arrasamiento, el vecino correrá serio peligro. De ahí las sanguinarias guerras civiles o las obsesiones de los pueblitos con las cosas propias del Estado al que quieren rehuir y, si pudieran, aniquilar (siguiendo su razonamiento me surge una pregunta: países tan civilizados como Holanda, Noruega, Finlandia, Suecia, Suiza, Dinamarca, Luxemburgo y otros, donde no existe este tipo de fiesta nacional sangrienta como los toros, y donde en los dos o tres últimos siglos no se han producido guerras civiles ni de agresión, sólo de defensa contra invasiones exteriores, que se consideran asimismos como naciones, algunos de ellos desde hace siglos, ¿estos países no pueden existir como naciones sin sangre, sin toros, sin fútbol, sin guerras, sin invasiones? Creo que la historia desmiente este argumentario, típico del intelectual de izquierdas que es incapaz de ver más allá de los Pirineos para comprobar que somos los españoles los que aplicamos mal las ideas y los conceptos que en muchos casos son universales, amoldando éstos a nuestros propios defectos).

La segunda columna de opinión, escrita por Javier Benegas, me parece mucho más interesante así que el tijeretazo ha sido mínimo:


... en pleno siglo XXI, los españoles seguimos tal cual, impregnados de ese rancio aroma a fatalismo, como si el tiempo se hubiera detenido aquel año de 1629. Casi cuatro siglos después nos comportamos en lo esencial del mismo modo que aquellas gentes, lamentándonos beatamente o interpretando cual afectados naturalistas nuestro infortunio, dando por sentado entre diatriba y diatriba que todo está ya escrito. ¿Para qué molestarnos entonces?....

En cualquier país -no ya vertebrado sino con una mínima identidad- cuando todo falla, y desde las ruinas de la nación política lo único que se genera es aún más caos, surge entre los ciudadanos un sentimiento de unidad espontáneo cuyo objetivo no es la exaltación patriótica sino preservar a la sociedad de su extinción.
Es un mecanismo de defensa primitivo, cuyo función consiste en hacer que los ciudadanos reaccionen y refuercen los lazos que les unen con el legítimo fin de sobrevivir. Esa unión, fruto de la más estricta necesidad, es el germen que antaño dio lugar al Estado y que en momentos excepcionales puede reaparecer para deslegitimar a los políticos y poner en valor a los sufridos contribuyentes.


La amenaza procede del interior

Pero España no es un país cualquiera, y aquí nada sucede como debería. El grado de deterioro es tal que, lejos de aflorar ese instinto de supervivencia, cada vez estamos más divididos.
Y hasta el ciudadano más modélico termina por preguntarse si España no será en realidad la mera denominación de un país sin alma por el que no vale la pena luchar y comprometerse.


La confusión general, y en las cuestiones políticas e ideológicas en particular, ha generado singularidades patrias como el hecho de que seamos el único país de Occidente en el que ser liberal equivalga a ser de derechas, o que nos resulte irrelevante que tanto los políticos de izquierda como los conservadores compartan en la práctica idéntica animadversión hacia la libertad individual. Estas peculiaridades, sumadas a otras muchas, nos han llevado a rebajar nuestras exigencias hasta tal extremo que sólo alcanzamos a demandar de cuando en cuando mejores gestores, sin comprender que la desastrosa situación en que nos encontramos es el resultado de aplicar las ideas equivocadas, por encima, incluso, de la gestión deplorable de personajes incompetentes y mezquinos.

A un país que carece de alma no lo salvan ni los más brillantes gestores, y conviene ir avisando de ello. Si no existen de fondo ideas y compromisos que vayan un poco más allá del consabido plato de garbanzos, es decir, las reformas económicas, la desintegración se convierte en un proceso inexorable. El Estado, al igual que no es asunto de la divinidad ni de la naturaleza, tampoco depende sólo de la gestión eficiente: su supervivencia está íntimamente ligada a la existencia de un compromiso inquebrantable con la Libertad y la Justicia. Y es en la crítica defensa de estos valores cuando un país demuestra tener o no tener alma.

En esta España del presente,
el verdadero peligro no está en la inmigración, ni siquiera en la amenazante y turbadora islamización. Tampoco está en los tiburones de las finazas, ni en los especuladores sin entrañas de esta economía globalizada. La mayor amenaza no procede del exterior sino del interior. La actitud intransigente, cobarde y oportunista de nuestros políticos, con la inestimable ayuda de nuestra supina ignorancia, es lo que da alas a los desalmados, sea cual fuere su procedencia, para parasitar en la sociedad y valerse de nuestras instituciones.

Por eso es importante evitar caer en la confusión y recordar que no son las personas a las que hay que combatir sino las ideas equivocadas, las políticas que las perpetúan y las falsas creencias que terminan por corromperlo todo.
Cinco siglos de infancia parece un tiempo más que razonable para alcanzar la madurez. Y deberíamos tener muy claro a estas alturas en qué consiste el Estado, para qué se creó y cuáles son las líneas rojas que hay que marcar a aquellos que ejercen el poder desde sus instituciones. Un relevo de gestores es insuficiente.

Los problemas que desde mucho tiempo atrás venimos arrastrando no son problemas de gestión sino de concepción. Que suframos pésimos gestores es la consecuencia de un equivocada concepción del Estado, de una falta alarmante de democracia, de la ausencia casi total de control directo de los electores, de la no separación de poderes y de la regresión que todo ello está provocando en nuestra sociedad, cuya expresión más visible es la vuelta a un modelo de Estado Natural, una economía de acceso restringido y la consiguiente reducción de la riqueza.
......

En todo caso me sugiere una última pregunta: ¿no seremos los propios españoles nuestros más enconados y peligrosos enemigos?



martes, 24 de agosto de 2010

RECOMENDACIONES: LA CRISIS DEL ESTADO MODERNO Y LOS COOPERANTES EN EL EXTERIOR

Hoy traemos una recomendación a La Pandereta Nacional, un breve artículo publicado en Open Democracy y escrito por David Marquand sobre la Crisis del Estado Moderno, muy ilustrativo cuando en España seguimos discutiendo si somos un país, una nación o una banda de políticos dirigiendo a más de 45 millones de personas en un territorio más o menos común.

Entre las afirmaciones de Marquand hay que destacar la realizada en el primer párrafo: "Arbitrary and unaccountable corporate power is arguably a greater threat to personal freedom and democratic politics today than the overmighty centralised state. One reason is that corporate power knows no frontiers - certainly not national frontiers, and not even the frontiers of the supra-national European Union".

Continua el autor declarando que "The imbalance between states and corporations is, of course, both a consequence and a cause of 'globalisation' - or of what I prefer to call the untaming of capitalism ..... The truth, I think, is that the so-called Westphalian nation-state - the nation states that emerged at the start of the modern era, and that the founders of the EU thought would be the building blocks of their Union - is now little more than an empty shell, all over the European continent. Everywhere from Catalonia to Flanders, and from Lombardy to Scotland, ancient, pre-modern ethnic communities have come out from under the carapaces of the classical nation states ..... In Europe, at least, the crucial question is how to combine the manifest revival of the patchwork quilt of the pre-modern era with the post-modern realities of globalisation and Europeanisation ....".

Una de las consecuencias de la Paz de Westfalia fue la creación de los estados nación que han perdurado en la historia europea hasta nuestros días, y que con la creación de la Unión Europea están cediendo cuotas de soberanía a un ente supranacional, y según el autor no es sólo la creación de esta superestructura política la que pone en riesgo la superviviencia de estos estados nación, también la existencia de poderes económicos multinacionales que se escapan al control de los gobiernos.

Y en ese escenario irrumpen los políticos nacionalistas dispuestos a crear pequeños estados donde afirman ser capaces de controlar más directamente las estructuras de poder locales, aunque si una organización administrativa con el tamaño y el poder político y económico de la Unión Europea es incapaz de hacerlo, menos aún lo harán pequeños gobiernos de modestos países, que lo que provocarán será la asunción del poder más directamente aún por parte de esas grandes corporaciones económicas y comerciales.

La segunda recomendación es un artículo de Project Syndicate titulado La bondad de los extraños sobre las causas que llevan a los ciudadanos de los países occidentales a entregar su tiempo y recursos, y en ocasiones la vida, a aliviar problemas en zonas de este planeta para ellos remotas, y a sus habitantes para ellos desconocidos.

Destacamos la siguiente afirmación del autor: "Según las conclusiones de un estudio reciente de quince poblaciones diversas, publicado en la revista Science, las sociedades que tratan a los extraños anónimos con mayor equidad son las que tienen economía de mercado".

Aunque todo el artículo es interesante sobresale esta otra declaración: "Las modalidades de donación caritativa a países extranjeros tienen más que ver a menudo con el relieve público en los noticiarios que con las consideraciones reales sobre dónde se necesitan más los fondos y las conclusiones de experimentos de laboratorio muestran que hay quienes seguirán castigando, aun cuando sepan perfectamente que con ello la situación empeorará. No resulta difícil ver las consecuencias que eso tiene en el mundo real ... La ampliación de la moralidad humana es un avance maravilloso para la Humanidad, pero, si estuviera atemperada por la fría racionalidad, sería incluso mejor".

Tras la liberación de los cooperantes catalanes que se encontraban secuestrados en el Sahel, no está de más preguntarse si no se trata de aventureros tipo Coronel Tapioca que ponen en riesgo sus vidas y los recursos entregados bondadosamente por ciudadanos anónimos, o de personas dispuestas a saciar su ansia de hacer el bien y lograr un poco de justicia.

En todo caso, deberíamos empezar a considerar si este tipo de organizaciones humanitarias no tienen tanto trabajo que realizar cerca de sus casas, donde siguen existiendo personas necesitadas de apoyo económico y moral, cuyo número ha aumentado apreciablemente debido a la actual crisis económica, como en los lugares más alejados y extraños del mundo. La caridad empieza por el vecino más cercano, por el menos afortunado de los que nos rodean. Ignorar sus necesidades y arriesgar la vida y los recursos propios y ajenos para solucionar problemas en tierras más lejanas no parece muy racional como afirma el artículo.