domingo, 20 de marzo de 2011

MAS MADERA, ANTES LA NACION QUE LOS FELIGRESES

Los obispos catalanes se han sumado al clima exaltación nacionalista que promueve  Artur Mas y han elaborado un documento en el que defienden los «rasgos nacionales propios de Cataluña» y «el derecho a reivindicar y promover todo lo que ello comporta, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia».
Para conmemorar el 25º aniversario del manifiesto «Raíces cristianas de Cataluña», en el que el episcopado catalán manifestaba su apoyo a la identidad nacional catalana, la Conferencia Episcopal Tarraconense presentará el próximo 6 de abril el documento «Al servicio de nuestro pueblo», dividido en varios capítulos. El primero se titula «Valoración de nuestra identidad colectiva» y en el mismo se indica que, «en continuidad con nuestros predecesores, reconocemos la personalidad y los rasgos nacionales propios de Cataluña, en el sentido genuino de la expresión, y defendemos el derecho a reivindicar y promover todo lo que ello comporta, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia».

Añaden que «los derechos propios de Cataluña, así como de todos los pueblos de la tierra, están fundamentados primariamente en su misma identidad como pueblo», por lo que la Iglesia catalana considera que «hay una soberanía fundamental de la sociedad que se manifiesta en la cultura de la nación. Se trata de la soberanía por la que el hombre es, al mismo tiempo, soberano supremo».

El manifiesto hace referencia a los «nuevos retos y aspiraciones, que afectan a la forma política concreta en cómo el pueblo de Cataluña se debe articular y cómo se quiere relacionar con los otros pueblos hermanos de España en el contexto europeo actual». Y aunque precisan que, como «pastores de la Iglesia, no nos corresponde optar por una determinada propuesta», defienden la legitimidad moral de «todas las opciones políticas que se basen en el respeto a la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos».

Ya hace unos años casi setenta intelectuales catalanes y vascos, así como tres obispos, agrupados en torno al «Grup Sant Jordi» exigieron a sus prelados que planteasen con energía y fuerza la modificación de la estructura de España, en lo político y en lo eclesial,  con motivo del vigésimo aniversario del documento «Raíces Cristianas de Cataluña». 

La cuestión es que si el "problema nacional" preocupa tanto a los religiosos profesionales catalanes, deberían darfse de baja como tales y dedicarse a la política activa. Cada vez que un cura alaba a un nacionalista está despreciando a otro feligrés, porque no puede haber nacionalismo sin "víctimas y culpables" (cada uno se sitúa a sí mismo  en el papel de víctima y al contrario en el de culpable), y si apoyan a unos desprecian a otros, algo que va en contra de la doctrina de la Iglesia.
Nadie ha definido la incompatibilidad entre Iglesia católica y nacionalismo mejor que Juan Pablo II cuando dijo que «cada vez que el cristianismo, sea en su tradición occidental, sea en la oriental, se transforma en instrumento de un nacionalismo, recibe una herida en su mismo corazón y se vuelve estéril». Esta lección no acaba de ser aprendida por los obispos catalanes al aprobar ese documento en el que incorporan el sentimiento «nacional» de Cataluña como elemento de su labor pastoral. La universalidad de la Iglesia frente a frente con el aldeanismo de los curas catalanes.
 

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