sábado, 16 de enero de 2016

Golpe de estado en Castilla: una reina legítima, contra las cuerdas

La historia le debe un reconocimiento a la reina Juana por ser lo que fue, una mujer enamorada que rompió los estereotipos y prejuicios de la época. Esta es su historia, desde otro punto de vista



Según Glyn Redworth, erudita doctora en historia española de la universidad de Oxford, la legitima reina de España, Doña Juana la Loca, estuvo confinada en el Palacio de Tordesillas (Valladolid), durante cerca de cuarenta y seis años; según algunos, víctima de una muy probable conspiración por parte de su todopoderosa familia paterna –y otros intereses yuxtapuestos–, o tal vez, por una coartada que les permitiría argumentar, que por algo tan baladí como una melancolía tan humana como la que cualquier bicho viviente puede padecer en este mundo tan carente de comprensión por las cosas del otro, bastaría para hacerse de manera subrepticia de forma absolutamente natural –con un poder ilegitimo a todas luces para los asaltantes– ejecutado de forma absolutamente artera; como si esta desgraciada reina no pudiera tener validos y consejeros capaces entre los castellanos para sacarle las castañas del fuego. Pero como tantas veces, las órdenes venían del norte.

Ya en las postrimerías de la vida de su madre, es probable que entre el tiempo que pasó con ella (entonces muy venida a menos), Isabel la Católica, en el Alcázar de Segovia en el otoño de 1503 y más tarde en el Castillo de la Mota, las trifulcas se incrementaran notablemente. La pertinaz y temperamental madre, no quería que la sentimental hija fuera a Flandes en un momento tan crítico, pues su enfermedad la tenía postrada y el momento era más que delicado de cara a la sucesión.

Vamos, que por sus devaneos con la tristeza –algo inherente al factor humano en un mundo sin concesiones–, la encerraron por padecer un comportamiento común y corriente que se exageró deliberadamente en virtud de intereses de Estado, cuando curiosamente en el largo ámbito de nuestra historia ha habido “meritorios” a punta pala para ser encerrados de por vida con más motivos. Pero eso es otra cosa…

Bastaría con tener unos intereses muy bien sustentados para aprovecharse de la debilidad de esta mujer por sus largos periodos de tristeza, ocasionados por el zascandil de su maridito, un mujeriego a ultranza. Seis hijos legales le hizo sin despeinarse, sin contar la progenie de naturales que al parecer eran incontables; un crápula el elemento. Era ella solamente una mujer enamorada en su totalidad de una idea entregada, que su 'partenaire' no compartía más que a tiempo parcial.

La mano que mueve la cuna de la guerra
Una trágica pulmonía adquirida en un partido de pelota vasca, curiosamente en Burgos, dio al traste con este elemento de la naturaleza cuya especialidad era la persecución de féminas incautas, o dicho de otro modo, criaturas celestes que no podían escapar a la permanente ingravidez de sus revoltosos, caprichosos e imperativos genitales bien dispuestos a la profusa y generosa jarana espermicida.

Carlos, el llamado Iº de España, según tiraran los hilos de la historia y los vientos de conveniencia, o V de Alemania, si el intérprete era teutón, hijo de Juana la Cuerda y Felipe, llamado el Hermoso, –cuya transitoria y dudosa masculinidad acabó en una presumible pulmonía que lo dejó de aquella manera–, un sujeto que llego desde del brumoso norte por una de aquellas loteras casualidades para arrasar Castilla, un reino antiguo, añejo y con la solera de una Europa que pocas veces había parido una corona tan prestigiosa, luchando durante siglos para ascender a lo más alto del pináculo del poder continental.

Castilla se había hecho con un prestigio descomunal e incontestable, desde que había “descubierto” América, había vapuleado a los ingleses a domicilio en varias ocasiones, y echado a los nazaríes –los últimos musulmanes del continente–. A los temibles navarros les había hecho un descosido meciendo la cuna en una guerra interna, y finalmente estaba repartiendo estopa en el norte de África para seguir las buenas costumbres y mantener el pabellón alto.

Cuando Carlos I, V o lo que sea, llegó en 1517 a España para tomar posesión de sus reino; no iba muy sobrado de sensibilidad. Visitó a su madre en Tordesillas, pero no la liberaría; eso sí, le llevó unos mantecados a los que era muy aficionada. Llenaría la primera España temprana de subordinados flamencos fieles, olvidándose de los locales, tan competentes como preparados y mejores conocedores de los temas de “la cocina interna”. Se cepilló a los Comuneros, desmontó a una Castilla demográfica, económicamente y con una dirección administrativa esplendida, y a continuación arrasó cualquier vestigio de respeto a través del reconocimiento. El miedo se instaló de Norte a Sur y de Este a Oeste. Mientras, el mundo se iba ensanchando como un globo en manos de un niño ilusionado por la inercia de los acontecimientos, Castilla se expandía hacia el Oeste Atlántico como un torrente y la sorpresa de los cartógrafos y exploradores no daba abasto.

No se sabe cómo ni porque, en un momento dado, a esta mujer algo le patina en las entendederas
La tragedia y los vericuetos del destino con sus requiebros y loterías inversas, quisieron que la tercera hija de los fundacionales Reyes Católicos asumiera en Toledo, en el año del Señor de 1502 dos años antes de la muerte de su madre Isabel, la herencia de la Corona Castellana y Aragonesa, que era algo así como decir la mitad de medio mundo por las influencias solapadas.

Una familia de armas tomar
Su hermano Juan, el mayor (marido de Margarita de Austria) que vivía en un desenfreno sexual permanente, al parecer infartó durante uno de los actos, quizás por exceso de énfasis. Para colmo de males, su hermana Isabel, a su vez casada con el Rey Manuel I de Portugal, la palmó al año siguiente.

No se sabe cómo ni porque, en un momento dado a esta mujer, quizás por el exceso de angustias acumuladas y la enorme responsabilidad de pasar de ser una bella criatura ornamental y poderosamente llamativa, a toda una reina de lo que prometía ser un imperio ni más ni menos, algo le patina en las entendederas. Puede que su padre conspirara a la muerte de Isabel l Católica para defenestrar a una hija que podía haber ejecutado la acción de gobierno a través de cualificadas representaciones o quizás, tal vez, se quebró antes sí misma, y despojada o no de la secuencia dinástica legal y de la erosión del canibalismo hermanado y consustancial al poder perdiera sus “aptitudes”.

Cuando muere su marido, Felipe el Hermoso, ya el ínclito Cardenal Cisneros, por delegación al parecer de Fernando el Católico –ausente en Italia por tareas de gobierno–, le hace algunas verónicas y chicuelinas.

Más tarde viene la inhabilitación descarada, tras los surrealistas episodios de su acompañamiento por media Castilla del cadáver de su infiel amado. Esto al parecer rebosa lo admitido. 

Investido por el hijo de esta, Carlos I, el Marques de Denia, un sádico aristócrata excedido en sus funciones por inmisericorde –al que la historia no perdone–, priva a Juana la Cuerda, del conocimiento de la muerte de su padre y le arrebata el cadáver en salazón de su ex maridito (ya había iniciado el Gran transito cuatro años antes), enterrándolo en Granada. A la luz de la historia, objeto de estudio a veces con candil por falta de otra iluminación, quizás no se pueda juzgar con tanta severidad al marqués, pero lo que si es cierto, es que tanto él como su familia a cargo de esta enorme responsabilidad, no fueron ni de lejos la compañía que le hacía falta a esta enorme y maltratada mujer por los avatares del destino. Nunca tuvo mano izquierda ni compasión con tan ilustre personaje por mucho que se la acusara de perder los papeles.

Entre 1535 y 1555 año de su muerte, Juana la Cuerda recibió más de una veintena de prolongadas visitas por parte de su familia más allegada, mientras su hijo Carlitos –el emperador–, estaba a por uvas. Parece que los oficios de la mujer del Marques de Denia ablandaron el corazón de esta piedra humana.

Murió sin confesarse, quizás porque no había nada más que decir. La historia le debe un reconocimiento por ser lo que fue, su verdad frente a los estereotipos y prejuicios de la época.



ÁLVARO VAN DEN BRULE en El Confidencial

viernes, 15 de enero de 2016

EL DERECHO A DECIDIR: LA GRAN MENTIRA

En Cataluña coinciden una derecha local cleptómana, los independentistas de siempre y una extrema izquierda follonera. El motivo es el de sentirse superiores, dando a entender a los paisanos que “haciendo rancho aparte, cabremos a más

Las elecciones de septiembre en Cataluña dieron lugar al insólito apareamiento de una derecha local cleptómana, los independentistas de siempre y una extrema izquierda de sesgo neolibertario y follonera. Esa coyunda sólo podía producir colapso político y e inestabilidad contaminante. Ahora toca cortejar a Podemos, que tras un engañoso éxito en los comicios generales del 20 de diciembre, es rehén de aquellos a quienes deben parte de su botín electoral. Sus acreedores les exigen defender un referéndum vinculante de secesión en Cataluña como condición indeclinable de cualquier pacto para la gobernabilidad de España. Ésta ha estado con frecuencia condicionada por la cuestión catalana pero no hasta el punto de poner en peligro la supervivencia del Estado democrático. Hoy, tras unas elecciones generales nada concluyentes, el PSOE resulta decisivo. Dicen que debe elegir entre arruinar a España o caer en la irrelevancia. Logrará ambas cosas si se alía con un Podemos nada fiable y sólo creíble en su determinación de suplantar al PSOE.

Todo este disparate no hubiera sido posible sin el concurso de otras circunstancias:

En primer lugar, una conciencia nacional escindida y vergonzante que los españoles arrastramos desde el final de la experiencia imperial

En segundo lugar, la política no sabe leer la nueva realidad desde que tras la Guerra Fría se desactivaron los idearios movilizadores del siglo XX. De estos solo quedan unos cuantos dogmas que una política ayuna de inteligencia agita y acompaña en cada bando con argumentarios acorde con el guión mediático imperante. 

De esta manera la política alivia su desconcierto. En concreto, la situación en Cataluña responde a una concienzuda labor de los misioneros del credo nacionalista y un formidable ejercicio de hegemonía que por su eficacia habría asombrado al mismo Gramsci. En su ejecutoria ha contado con la anuencia ruin de unos pocos poderosos, el apocamiento de bienpensantes puestos de perfil y la omisión irresponsable de los más. La hegemonía es antesala de una deriva totalitaria.

Pues bien, sólo la mezcla de hegemonía y miseria político-mediática explica que un eufemismo simplón se convierta en bandera de conveniencia para independentistas irredentos y “progres” desorientados o interesados. De esta manera el más peliagudo problema de España no se sustenta en una buena razón sino en un gran embuste: el “derecho a decidir como quintaesencia de la democracia.

Una afirmación tan genérica y equivoca pretende alterar el sentido y alcance del derecho de participación política. A partir de ella, cualquier colectivo puede invocarla para decidir lo que le venga en gana, aduciendo que toda expresión de autogobierno es valiosa para engendrar legitimidad. Como si ésta no dependiese de la calidad moral de lo que se decida y cómo; como si el alcance y ámbito de nuestra capacidad de autogobierno no estuviese delimitada por los otros derechos y el derecho de los otros. Sin duda, el de participación política es básico e insustituible pero está circunscrito por un núcleo de razones sustantivas que se resumen en el repertorio de los Derechos Humanos y unos procedimientos que se sustancian en el buen funcionamiento del Estado de derecho. Sin ese horizonte moral y asiento institucional ninguna comunidad política deviene comunidad de justicia. Contra este fundamento arremete el proceso independentista, al tiempo que mina algunas de las condiciones que hacen viable la democracia.

Como ha demostrado una práctica secular y la teoría sobre la democracia, ésta no fue ideada para hacer o deshacer Estados sino para dotarlos de instituciones moralmente valiosas y gobernarlos de manera justa. En tanto que procedimiento, opera sobre comunidades políticas constituidas como condición previa de su funcionamiento. En suma, participantes y territorio deben ser tenidos por un hecho cierto para que la democracia entre en acción; por eso, la integridad del ámbito territorial se convierte en una de las circunstancias necesarias de aquella.

Tampoco el derecho moral a participar en las decisiones de la comunidad política faculta a una porción de sus miembros a erigirse en sujeto soberano de decisión, a determinar por su cuenta quienes son los participantes en los procesos de decisión colectiva o alterar las prerrogativas y obligaciones que la condición de ciudadano confiere al conjunto de los miembros de la comunidad política estatal. Y aunque no les corresponda en derecho ni en justicia arrogarse esa capacidad dispositiva, a veces una parte territorialmente circunscrita de los ciudadanos aprovechan coyunturas críticas para modificar los mecanismos de decisión en la idea de que las consecuencias del cambio les beneficiarán. Crean reglas de facto decididas en su campo y suplantan reglas generales que afectan a un universo de participantes más extenso. Tratan así de configurar un demos a medida, moldeado a conveniencia para convertir sus aspiraciones particulares en derechos y obligaciones universales. 

En sociedades azotadas por una gran crisis social y económica un supuesto derecho de secesión puede convertirse en un potente recurso de chantaje frente al Estado de grupos territorialmente circunscritos y mejor situados que perjudica a los malparados en el conjunto de la comunidad. He aquí un caso claro de uso fraudulento de la participación política, que excluye en vez de incluir, divide y resta, atenta a la igualdad de trato; en suma, merma el alcance de las libertades y derechos fundamentales de los que son titulares el conjunto de ciudadanos del Estado; y afecta a su distribución .

Los independentistas y compañeros de viaje han montando un gran follón en nombre de la democracia para que los intereses de los menos decidan sobre los de los más. Invocan la igualdad y fabrican desigualdad en tanto los réditos de unos se obtienen al precio de empeorar las condiciones de los peor situados, de los que disponen de menos capacidad de presión para hacer valer sus demandas. 

Para una mayoría de ciudadanos, el mantra del derecho a decidir se proyecta como privilegio y afrenta excluyente; en fin, marcha en sentido inverso a la democracia y su criterio de justicia. Y aunque lo mistifiquen, les mueve el motivo de siempre: sentirse diferentes para arrogarse el derecho a crear un ámbito privativo de decisión política dando a entender a los paisanos que “haciendo rancho aparte, cabremos a más”. En esto consiste la almendra política del asunto. No busquen otra. Tampoco hay choque de trenes sino un asalto a la democracia, víctima en este ocasión de una estrategia oportunista e irresponsable, improcedente legalmente y profundamente inmoral. Por favor, ténganlo en cuenta a la hora de pactar. Nos jugamos demasiado.

Ramón Vargas-Machuca Ortega es catedrático de Filosofía Política. Fue miembro del Comité Federal del PSOE de 1976 a 1993.

miércoles, 13 de enero de 2016

LOS MUSULMANES IMPLANTARON UN "RÉGIMEN PERVERSO" EN AL ANDALUS PARA "HUMILLAR" A LOS CRISTIANOS


El historiador Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz ha afirmado en una entrevista a Efe que los musulmanes que sometieron la Hispania visigótica, Al-Andalus, implantaron un «régimen perverso» para «la humillación continúa» de judíos y, particularmente, cristianos.

Ese régimen perduró siglos y «quienes ponen a Al-Andalus como ejemplo de tolerancia lo que hacen es una manipulación brutal en términos históricos», según Sánchez Saus, autor de «Al-Andalus y la Cruz» (Stella Maris).

El dominio «ejercido por una pequeña minoría de guerreros musulmanes orientales y norteafricanos» sobre una mayoría de cristianos autóctonos supuso «el sometimiento político, religioso y la inferioridad jurídica y moral» de los cristianos sometidos mediante ese «régimen perverso» que los mantenía discriminados en todos los órdenes sociales y ámbitos de la vida cotidiana.

La humillación de cristianos y judíos

«Toda la legislación, cualquier disposición y el espíritu de las normas» tendían someter dejando patente «la humillación, la debilidad y la derrota» de los cristianos, que tenían que pagar impuestos superiores, mientras que las multas por las mismas infracciones eran la mitad de cuantiosas para los musulmanes.

Entre otros ejemplos, el historiador ha puesto que un cristiano que matara a un musulmán, aún en defensa propia, era indefectiblemente condenado a muerte -no así al contrario-; que el testimonio de un cristiano contra un musulmán no valía ante un tribunal; que un cristiano había de levantarse si entraba un musulmán y sólo podía pasarle por el lado izquierdo, considerado maldito.

Igualmente un cristiano no podía montar a caballo en presencia de un musulmán, ni podía tener servidumbre musulmana, ni la casa de un cristiano podía ser más alta que la de un musulmán hasta el punto de, en ese caso, tener que demoler el piso superior.

Ese «régimen perverso» se mantuvo en la Península durante siglos, por lo que el historiador ha afirmado que «la realidad de la vida de los cristianos en Al-Andalus poco o nada tiene que ver con las ensoñaciones interesadas que nutren un mito construido a costa de la verdad histórica».

Las ensoñaciones interesadas sobre Al-Andalus

Como ejemplo «arquetípico, casi risible» de esas ensoñaciones, Sánchez Saus ha puesto las efectuadas por el escritor Antonio Gala, que, como otras semejantes, ha achacado a «un déficit de identificación de los españoles con su propio país» y a un intento de buscar en un periodo histórico idealizado «todo lo que le falta a España y a su cultura», por ejemplo en materia de tolerancia sexual.

«No hay libertad sexual en el Islam ni la ha habido nunca» y en Al-Andalus «lo que hubo fue la utilización de la mujer o de un joven en beneficio de quien imponía las normas», ha concluido.

Sánchez Saus explica en «Al-Andalus y la Cruz» que aunque las ventajas ofrecidas a los conversos al Islam llevaron a numerosos cristianos a la apostasía, otros muchos optaron por la emigración pese a lo cual hacia el año 950 la Península era mayoritariamente cristiana.

Dos siglos más tarde esa cristiandad hispánica se había desintegrado por la inmersión en la cultura árabe y por la persecución declarada contra ella por almorávides y almohades. De las actuales reivindicaciones islamistas sobre Al-Andalus ha señalado que son equivalentes «a que España reivindicara la Patagonia a Argentina».

«Habrá musulmanes que puedan sentir que aquella construcción que fue Al-Andalus -una construcción que desapareció igual que se creó- forma parte de su patrimonio cultural; otra cosa es deducir de ese periodo histórico algún derecho sobre la España actual», ha concluido.

sábado, 9 de enero de 2016

LA VORACIDAD CHINA POR LAS EMPRESAS OCCIDENTALES Y SU TECNOLOGÍA

Peugeot ha sido la última gran empresa europea con problemas financieros en recibir la ayuda del capital chino. El fabricante Dongfeng -junto con el estado francés- ha entrado en el capital de la automovilística gala con una aportación de 800 millones. Una operación que permite a la marca del león acelerar las ventas en un mercado tan jugoso como el chino, con una clase media cada vez más potente y al chino acceder al valor añadido de la firma gala.

La voracidad china parece no tener límites. Antes de Peugeot cayeron la sueca Volvo, que en 2010 fue comprada por Geely, y la británica Rovert, que estaba en quiebra y en 2005 fue adquirida por el grupo estatal chino Najing. Cuando la estadounidense General Motors quebró en 2009, Shichuan Tenghong le compró la división de sus todoterrenos Hummer. Saab también está en manos de una empresa chino-japonesa (NEVS), tras declararse su propietario en quiebra en 2011, con una deuda de unos 1.450 millones de euros. Ahora Saab ha apostado por la venta de vehículos eléctricos en el país asiático.

Y esta misma semana un juez estadounidense ha aprobado la venta del fabricante de automóviles eléctricos de lujo Fisker a la china Wanxiang America Corporation por unos 150 millones de dólares. Fisker, que presentó su primer vehículo en 2008 dejó de producir en noviembre de 2012 por problemas financieros. Wanxiang supone el renacimiento de la marca. China ya avisó hace un par de años: quiere ser el líder mundial del vehículo eléctrico. De hecho, Pekín invertirá en la red de estaciones de recarga para alcanzar los 10 millones en 2020 y ofrece a los compradores de este tipo de coches un subsidio. En 2015 las autoridades chinas quieren tener en las carreteras medio millón de coches eléctricos y en 2020, 2 millones.

El dragón se come al león

El grupo Dongfeng ha multiplicado en los últimos años sus alianzas con grupos extranjeros y la entrada en Peugeot es un paso clave para estar en el top ten de los fabricantes internacionales. Esta operación, con la que tendrá el 14% del fabricante galo, le permite avanzar varios puestos en el ranking automovilístico de valor añadido. Desde Pekín, el análisis que han hecho los expertos de esta alianza es que no hay duda del interés tecnológico de la misma. PSA, matriz de Peugeot, está bien posicionada en la tecnología de híbridos de aire o Hybrid Air (una solución híbrida que combina gasolina y aire comprimido), que puede resultar muy interesante en un país, China, donde la contaminación es un problema de salud pública.

L’Echos explica en un artículo que, sin embargo, existen ciertas dudas en China -cita a un experto del sector, Zhang Yu- de que la transferencia tecnológica vaya a ser inmediata o sencilla y pone como ejemplo los tropezones que han tenido en este aspecto los chinos para hacerse con el know-how sueco en Volvo.

El fenómeno es cada vez es más notable y amplio. La noticia del 'pellizco' a Peugeot ha revolucionado la prensa gala por las connotaciones que tiene y la imagen del dragón devorando al león ha sido la protagonista en los análisis que han hecho esta semana. Se pone fin al dominio familiar de 200 años en la empresa. The Economist ha titulado su artículo sobre esta operación “China, al rescate” -en 2011 se preguntaba en otra pieza: “¿China, al rescate de la eurozona en crisis?”, en dos años se ha respondido a la pregunta que lanzaba la revista británica-.

Segunda oleada

La entrada en Francia ha sido un nuevo movimiento de las empresas chinas, que según el informe publicado hace dos semanas por Ernst and Young prefieren hacer sus compras en Reino Unido y Alemania.  En este último país, fue muy sonada la compra de Medion por Lenovo por 630 millones, con el objetivo de ampliar su cuota de mercado en el sector informático en Europa. Por número de operaciones, en 2012 China ya adelantó a Estados Unidos como mayor inversor extranjero directo en Alemania. 

En Alemania las empresas chinas están entrando en compañías de nuevas energías e innovación, según destacaba a finales de 2013 Feng Zhongping, vicepresidente del Instituto chino de relaciones internacionales contemporáneas. Las operaciones chinas se han multiplicado en la última década y frente a las 34 inversiones en Europa de 2004, en 2012 y 2013 se han superado las 100 adquisiciones, de acuerdo con un estudio de Ernst & Young.  La compañía LDK Solar se hizo con Germany’s Sunways, fabricante de paneles solares y el fabricante de maquinaria chino XCMG Group compró Putzmeister.

La operación Dongfeng-Peugeot es un ejemplo claro de la segunda oleada de la conquista económica china, después de que en la primera las empresas de este país se lanzaran a la compra de firmas relacionadas directamente con los sectores de energía, minerales y tierra en países en desarrollo para garantizarse el acceso a los recursos. Ahora el gigante asiático busca la tecnología occidental. China ha visto en la crisis de las economías occidentales su oportunidad para lanzarse a la conquista exterior y dejar de ser la fábrica del mundo. Se espera, según los datos de GlobalAsia, que en 2020 la inversión total de China en la Unión Europea alcance los 250.000 millones de dólares, frente a los algo más de 500 millones actuales.  

Por su parte, Europa necesita la inyección de dinero chino para rescatar a sus empresas con problemas graves tras 6 años de crisis. Así, en noviembre del año pasado la UE y China llevaron a cabo negociaciones para cerrar acuerdos de inversión y es que el Viejo Continente es el primer socio comercial del gigante asiático y uno de los cinco principales destinos de su inversión, según los datos de Bruselas. Tal es el interés por facilitar la entrada del capital chino que esta misma semana ha abierto la Cámara de Comercio e Inversiones de China en España. 



UN EJÉRCITO AQUEMÉNIDA DE 50.000 SOLDADOS DESAPARECIÓ EN MEDIO DEL DESIERTO HACE 25 SIGLOS

En algún remoto lugar del enigmático desierto Oeste de Egipto, entre la zona de Matruh y la Cirenaica colindante con la actual Libia –según unos–, o, quizás virando al sur, hacia Al Fayum, o tal vez a la altura de Siwa –sede de uno de los más famosos oráculos de la antigüedad–, en tiempos inmemoriales un ejército muy numeroso compuesto según diversas fuentes por cerca de 50.000 hombres se volatilizó entero hace 25 siglos en medio de una terrible tormenta de arena que lo devoró sin dejar rastro hasta el día de hoy.


Constancia documentada hay de su existencia y de cómo arrasó por donde pasó, pues así lo aseveran muchas crónicas de la época. Es, probablemente, junto con la derrota a manos de la ciclogénesis explosiva en la que naufragó la Grande y Felicísima Armada (mal llamada La Invencible), y la terrible mortandad acusada por la Wehrmacht en el sitio de Stalingrado por el frio glacial con sensación térmica de 40º bajo cero en algunos momentos de la famosa batalla, uno de los peores desastres infligidos por la naturaleza a la frágil condición humana en el ámbito de lo estrictamente militar.

La trágica desaparición de aquel monumental ejército, referida por el historiador Heródoto como una acción punitiva hacia los amonitas, protectores naturales de la zona del oráculo y sus oasis aledaños –no hay que olvidar que los persas estaban en uno de sus momentos zenitales de expansión–, ha planteado a aventureros y arqueólogos retos inimaginables, habida cuenta de que todas esas pertenencias como es de suponer estarán enterradas en algún remoto lugar entre millones de toneladas de arena y sellados en el silencio más sepulcral que el desierto es capaz de desplegar para llevar al anonimato cualquier cosa condenada a no tener más futuro que el del olvido.

La violencia de la tempestad de arena fue de tal magnitud, según los cálculos traspolados, que se estima que en el lapso de las tres horas anteriores a la puesta de sol y hasta la caída total de la oscuridad los más de 200 kilómetros por hora del infernal y abrasivo Ghibli desató la naturaleza sobre aquellos sobrecogidos hombres y sus bestias e impedimentas, que fueron masacrados sin piedad por la impía erosión de los billones de granos de arena puestos de acuerdo para defender el lugar sagrado.

El Ghibli, un viento inmisericorde proveniente del sur saheliano, puede tener duraciones cercanas a la eternidad para quien lo padece

Una tragedia imprevista

Los aqueménidas (la dinastía persa a la que pertenecía Cambises), según la opinión de Heródoto, habían partido de Tebas, tomando la ruta de los oasis hacia el norte para sorprender a los amonitas. Su intento de internarse profundamente en el oeste –sin guías locales para no delatarse–, les llevó hasta la meseta del Gilf Kebir para girar entonces en una maniobra temeraria que los sepultó literalmente en un anónimo e indeterminado espacio del Gran Mar de Arena, pavoroso lugar en el que “solo” hay estrellas.

En la ruta que presumiblemente recorrió aquel desdichado ejército se han descubierto acumulaciones de vasijas, puntas de flechas, petos metálicos y esqueletos blanqueados por calcificación extrema datados por termoluminiscencia alrededor del año 500 a. C. Hay que añadir que las viejas tradiciones orales de los beduinos hablan del "Valle de los huesos" con la naturalidad propia del que sabe lo que dice, esto es, de la sabiduría ancestral.

Hay que recordar para ilustrar mejor esta tragedia que los persas dominaron Egipto durante casi un siglo y medio antes del que el Gran Alejandro visitara Siwa, pero con mejores intenciones que Cambises II. Es probable, asimismo, que la represión italiana en el Este de Libia –cuando esta nación era todavía predio de las ínfulas de Mussolini–, empujara a los senoussi, poco bragados en las lides del desierto –eran pastores y cabreros–, allá por los años 30, hasta morir de extenuación en el desierto en el área de Matruh.

Hay que destacar también que a pesar del reconocimiento que le debe la historia a Heródoto, este tiene sus luces y sombras a pesar de ser una de las fuentes más fiables de la antigüedad por la enorme labor de compilación obtenida hasta entonces y su rigor en los análisis. Él dejó abiertas muchas brechas para la investigación posterior; tal que es el caso de las complicadas dinastías tinitas y su datación temporal, uno de los grandes enigmas del mundo antiguo, pues como se sabe, respetó las teorías de Manetón sobre la longevidad de esta famosa dinastía de matusalenes sin introducir explicaciones racionales a aquello que su comprensión no llegaba, por lo que queda probada su honorabilidad al respecto.

¿Mito o Realidad?

La cuestión de fondo es que un ejército entero no se pierde así de cualquier manera. Cambises tenía tropas nómadas con inmensa experiencia, pues no en vano contaba con los caravaneros de Gedrosia y la actual Arabia. A eso hay que añadir que tenía una dotación con contingentes de pueblos nómadas que no eran mancos ni en orientación extrema ni en el combate. Otro dato que se baraja es que ignorara deliberadamente el camino más corto entre el delta y Siwa, más amable para la tropa y con más dotación logística durante todo el trayecto.

Mito o realidad, el inmenso desierto del Sahara que nace en el Mar Rojo y acaba en otro oceánico mar, allá en el Oeste de Mauritania, ha dejado constancia a los arqueólogos serios de que, en tiempos inmemoriales, un dilatado lago primigenio revelaba un tránsito infrecuente, a la luz de la historia “conocida”, de humanos, ganadería y embarcaciones, reflejadas en las bellas e ignotas cuevas de Tasilli, el macizo del Hoggar y el Tibesti, hoy inaccesibles en su mayoría por ser zonas de combate discretamente silenciadas por las fuerzas del Oeste en su expansiva e ilimitada voracidad.

El Gran Mar de Arena es peligrosísimo por sí mismo y por los inconvenientes periféricos consustanciados a su inadmisible rechazo hacia todo lo que tenga un significado humano. El Ghibli, un viento inmisericorde proveniente del sur saheliano, y que además es extremadamente violento por las microperforaciones que puede generar en el cuerpo humano en su constante y diabólica erosión, puede tener duraciones cercanas a la eternidad para quien lo padece.

Pero, a veces, el misterioso ser humano lo vence haciéndole el vacío. En la II Guerra Mundial creó pactos extraños entre dos caballeros de la guerra. Tanto el Afrika Korps de Rommel como las Ratas del Desierto de Montgomery se avisaban mutuamente de este apocalíptico fenómeno paralizando los combates, intercambiando prisioneros, y, en muchas ocasiones –sobre todo en primera línea de combate–, compartiendo rancho, cigarrillos y las penas de la condición humana. Cuando todo había acabado, se daban veinticuatro horas antes de volver a enzarzarse. Cosas del Ghibli.

EL CONFIDENCIAL Álvaro Van den Brule

viernes, 8 de enero de 2016

FRAUDE DE LEY. LOS CUATRO GRUPOS DE PODEMOS ROMPEN LAS NORMAS Y LA OPERATIVA DEL CONGRESO.

EDITORIAL EL PAÍS 8 ENE 2016 

Los líderes de Podemos pusieron ayer una nueva línea roja a los socialistas ante uno de los diálogos importantes para iniciar la nueva legislatura: su secretario político, Íñigo Errejón, dijo que la posibilidad de formar cuatro grupos parlamentarios es un “elemento fundamental” a la hora de entablar cualquier acuerdo o conversación sobre la Mesa del Congreso de los Diputados. Una exigencia que, como el referéndum de autodeterminación en Cataluña, hace imposible cualquier diálogo con este grupo político que plantea propuestas al margen de la legalidad o, en este caso, que suponen un auténtico fraude de ley.

El resto de los grupos políticos que han conseguido representación parlamentaria en las elecciones del 20 de diciembre no deberían ceder ante una exigencia que no solo intenta burlar la legalidad vigente sino que, además, dificultaría de forma notable la operativa de trabajo del Congreso y lo convertiría en una Cámara de representación territorial.

A principios de los años ochenta, gobernando la UCD, se introdujo una cláusula en el Reglamento del Congreso que prohibía que hubiera miembros de un mismo partido político en diferentes grupos parlamentarios. Se trataba de impedir la fragmentación de la Cámara y asegurarse una operatividad razonable para los debates en las distintas comisiones y en el pleno de este órgano legislativo. Se quería evitar también cualquier intento de convertir el Palacio de la Carrera de San Jerónimo de Madrid en una Cámara territorial.

Desde entonces, todas las sentencias del Tribunal Constitucional siempre han dado la razón a la Mesa del Congreso cuando ha tomado decisiones en contra de algunos intentos de sortear esa prohibición. Es verdad que se han producido algunos atajos para burlar la norma (los famosos diputados navarros de Canarias, cuando la UPN ofreció a varios de sus representantes para que Coalición Canaria pudiera formar grupo parlamentario propio), pero ello no justifica que se autorice ahora una medida claramente irregular.

¿Qué busca Podemos con esta propuesta? Sobre todo, dar una respuesta a los votos prestados por otras formaciones en Cataluña, Valencia y Galicia, en donde se han formado coaliciones que les han asegurado 27 de los 69 diputados obtenidos. Estas fuerzas periféricas han forzado al grupo que encabeza Pablo Iglesias a defender la autodeterminación y ahora quieren obtener más réditos políticos y económicos. No hay que olvidar que la formación de cuatro grupos en lugar de uno supone una importante inyección de dinero para la coalición.

Por último, habría que pedir a los líderes de Podemos un poco de ese rigor que ellos exigen a todos los demás: no se puede dividir los diputados en cuatro grupos y luego sumar el todo para pedir dos puestos en la Mesa.


LOS VIDEOS QUE PODEMOS Y PABLO IGLESIAS NO QUIEREN QUE VEAS





LA INVASIÓN DE LOS NECIOS EN INTERNET Y LAS REDES SOCIALES. EL EJÉRCITO DE PODEMOS.

Dice UMBERTO ECO que "Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios".  

Sacamos esto a colación tras la caza de brujas desatada por
los seguidores de Podemos en Twitter contra CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO. Ha publicado ésta una columna en el diario El Mundo, donde retoma el mismo asunto que Eco:


Jamás, jamás, jamás
Yo, siempre con Savater. 

Ayer publicaba un artículo en El País titulado Ni podemos ni debemos que acababa con una oportuna cita de L'art de conférer de Montaigne: «Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no sólo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia». Salvando la distancia entre aquellos tontos y los actuales, lo mismo llevo pensando yo desde que la noche del 5 de enero escribí un tuit sobre la ridículacabalgata de Reyes organizada por el Ayuntamiento de Madrid. Más de 11.600 retuits a esta tierna hora de la tarde en la que escribo; más de 7.000 corazoncitos pulsados por deditos amables; no sé cuántos comentarios, chistes, insultos y memes; hashtag propio, vigoroso y viral; trending topic durante horas; comentarios en los principales programas de radio y televisión; referencias en varios telediarios; y, lo más asombroso, un eco transversal en la llamada prensa de calidad. 

A todos los que me han escrito o llamado para darme ánimos y apoyarme ante las hordas tuiteras de la dogmática y adánica alcaldesa madrileña, les he contestado de la misma manera: pero si esto está siendo interesantísimo, la experiencia perfecta para entender una de las verdades de nuestro tiempo: Twitter es un vertedero, la tumba de la inteligencia

No me refiero únicamente a los comandos organizados que alimentan los circuitos del odio durante horas sin descanso. Toda operación revolucionaria necesita soldados rasos suficientemente ignorantes y entregados como para perder la vida, que hoy es el tiempo, en estériles maniobras de acoso y derribo. Y nuestros chavistas ibéricos cuentan con un ejército. Esto es duro de reconocer para los que consideramos que España no es diferente ni los españoles especialmente cainistas, guerracivilistas o envidiosos. Hay un sector, reconcentrado y activo, que sí lo es. Y con él hay que lidiar. Es el que responde con automatismos a los estímulos más romos. El que lee «chica del PP» y entiende: corrupta, facha y pija. Odia a los pobres (quería estar en la tribuna VIP), detesta a los gais (de ahí sus críticas a la túnica rosa de Gaspar), aborrece a los negros (a los que nosotros, paradójicamente, ponemos a tocar una kora africana en plena Era Obama) y desprecia a las mujeres (porque el auto odio no es patrimonio exclusivo del constitucionalista catalán). Ah, y, por supuesto, es una integrista religiosa, porque para qué preguntar si cree mucho, poquito o nada, no vaya a ser que en esto también esté con Savater. Que lo estoy. 

Con estos tontos no hay nada que hacer. No interesan ni como objeto de bloqueo. 

Más relevante me parece lo que está ocurriendo fuera de los círculos del sectarismo podémico, en las cumbres de la política y el periodismo. Viejos y nuevos. La pérdida no ya de calidad sino de capacidad básica de comprensión e interpretación es asombrosa. Como si la restricción de caracteres impuesta por Twitter hubiera impuesto una restricción mental equivalente: la obligación de prescindir de la ironía, del humor y del matiz; de las referencias literarias, más o menos veladas, y de las figuras retóricas, incluidas las más evidentes como la hipérbole o la repetición. Jamás, jamás, jamás. Estos días me han preguntado, con toda seriedad, qué tal está mi hija y si algún día lograré perdonar a Carmena. También he leído que mi tuit forma parte, incluso encabeza, «una ofensiva del Partido Popular». Y esto en el mismo periódico que hace pocas semanas me calificaba, con amabilidad, de «heterodoxa» en su portada. Por no hablar del delirio al que han llegado algunos sabuesos digitales, que detectan una conspiración política de gran alcance orquestada desde Faes. ¡Uy, qué morbo! 

Sí, Twitter está arrasando con la política y el periodismo cultos, esforzados, incisivos e inteligentes. Y, sin embargo, no por ello vamos a dejar de usarlo. Que los tontos no corrompan nuestro juicio ni nuestra conciencia. Seguiremos dialogando. Como si del otro lado estuviera siempre Montaigne.




En el lado político contrario se puede encontrar esta opinión de ZYGMUNT BAUMAN, filósofo de izquierda defensor de los indignados, publicada en una entrevista concedida a Babelia-El País hace unos días:


P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?
R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.




PODEMOS: COMO DECIR UNA COSA Y LA CONTRARIA, Y QUE NO SE TE CAIGA LA CARA DE VERGÜENZA


jueves, 7 de enero de 2016

NI PODEMOS NI DEBEMOS - Los nacionalistas quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política.


No hay inconveniente en admitir que España es un país plurinacional siempre que tales naciones se entiendan como realidades culturales. Los nacionalistas quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política.

Como están de actualidad las listas, comenzaré con la de quienes pueden saltarse este artículo con tranquilidad, porque la cosa no va con ellos... o como si no fuera. En primer término, los que forman el partido mayoritario del país según las últimas elecciones, dos millones de votos por delante del siguiente. Me refiero, claro está, a quienes no votan, sea porque están en la inopia (“¡y yo qué sé!”) o porque creen pertenecer a la élite (“a mí no me engañan, yo no entro en el juego”). En los comicios con mayor oferta política de nuestra historia reciente no han encontrado motivo para salir de casa (excluyo, por supuesto, a los miles que quisieron votar desde el extranjero y no pudieron hacerlo por una infecta burocracia). La verdad es que no merecen vivir en un país democrático, sino en un establo con televisión y ADSL. Ahí seguirán, hasta que el voto obligatorio les recuerde que son ciudadanos mal que les pese.

Tampoco aspiro a dirigirme a la secta de los cambistas, los adictos en cuerpo y alma al cambio. No a mejorar, a perfeccionar o a corregir, sino a cambiar. Sea adelante, atrás, a derecha o izquierda, eso va en gustos. Odo Marquard, genial pensador minimalista lleno de humor, no un chistoso barato como Zizek, que murió a mediados de pasado año ignorado por nuestros medios, dice: “El prejuicio más fácil de cultivar, el más impermeable, el más apabullante, el prejuicio de uso múltiple, la suma de todos los prejuicios, es el que afirma que todo cambio lleva, con certeza, a la Salvación, y mientras más cambio haya, mejor”. Como voy a intentar exponer razones para evitar el cambio en un punto importante de nuestro ordenamiento político, cuyos adversarios invocan precisamente la necesidad de cambio para liquidarlo, sólo encontraré oídos impermeables a la argumentación en los fascinados por la palabreja de marras.

Y por supuesto nada tengo que decir a los enclaustrados en lo que llaman “pragmatismo”, o sea, los que más allá del Ibex, la prima de riesgo, la tasa de crecimiento o de afiliados a la seguridad social —todo ello muy respetable, desde luego— se contentan con las más obvias letanías: la ley está para cumplirla, la unidad de España no está en venta, queremos muchísimo a los catalanes, y a los vascos es que los adoramos, ay, ¡la gula del Norte! El lema de esta buena gente, porque suele serlo, es: “No nos metamos en honduras”. Nada de explicar con demasiadas teorías la ley, o la unidad, o lo que sea. Lo importante es que no haya jaleo y que los irredentos sepan que todas sus diferencias son bienvenidas y que la Constitución está para dar gusto a todos y que estén cómodos en ella. Si no, se cambia a tal efecto. A fin de cuentas, los nombres de las cosas son lo de menos, lo que cuenta es el business as usual. O, como canta la jota, “que me llamen como quieran, mientras sea de Zaragoza”.

Para el resto, si es que queda todavía alguien por ahí, van las explicaciones prometidas. Porque creo que es imposible combatir racional y democráticamente contra ideologías dañinas, pero muy asentadas, si se renuncia a dejar claro el fundamento de lo que se defiende frente a ellas. O aún peor, si se maneja el mismo lenguaje que el de los antagonistas, pero con invocaciones a que toda exageración es mala o que dentro de la ley todo es posible. Se asegura que es imprescindible para la paz social del país reconocer que España es una entidad plurinacional. No hay inconveniente en asumir algo tan obvio. De hecho, todos los Estados modernos son plurinacionales, siempre —claro está— que esas naciones sean entendidas como realidades culturales.

Los ciudadanos se reconocen en una de ellas o se adscriben a la que prefieren según sus avatares biográficos, aunque lo más corriente es que bajo su opción preferente incluyan elementos significativos de las otras que forman el puzle del país. Esas “naciones” se modifican constantemente, en buena medida por la irrigación de gente de otras latitudes que se instalan a vivir en su ámbito tradicional, pese a los esfuerzos de los guardianes de las esencias por redefinir una y otra vez “lo de aquí” frente a “lo de fuera”. Los nacionalistas locales quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política. Es decir, convierten las culturas —optativas, cambiantes, mestizas— en estereotipos estatalizables de nuevo cuño, que definen ciudadanías distintas a la del Estado de derecho común. Aquí comienza lo inadmisible.

Porque precisamente esa fragmentación no aumenta, sino que restringe la libertad de cada cual. Al repartir la ciudadanía por módulos culturales transformados en políticos, se priva a los individuos de su disponibilidad de administrar sus identidades personales como deseen dentro de un marco común que las trasciende y a la vez las acoge democráticamente. La ley estatal compartida, constitucional o similar, permite una igualdad que también Odo Marquard definió inmejorablemente: “Igualdad significa que todos pueden ser diferentes sin temor”. Y sin que esa capacidad libre de autodefinición cultural coarte la capacidad de otros conciudadanos de decidir políticamente sobre lo que atañe a todos.

Tal es la concepción democrática contemporánea, cada vez más alejada de las determinaciones del terruño propias de siervos de la gleba, abierta a la inclusión de los inmigrantes en busca de derechos que puedan llegar de cualquier parte. Y por eso las consultas políticas parciales determinadas por territorios —como si los ciudadanos nativos de una localidad o empadronados en ella se transmutasen en miembros de un estado virtual oprimido por la realidad democrática vigente— son, cualquiera que fuese su resultado, mutiladoras de la integridad del resto de la ciudadanía. En España no hay ningún problema territorial, aunque cualquier división administrativa del Estado admite mejoras o reformas, sino un atentado separatista contra el derecho a decidir de todos y cada uno de los ciudadanos miembros del país.

Piden diálogo. No parece fácil. Oí en Espejo público a García Page contestar bien a un nacionalista que le preguntó por qué no referéndum en Cataluña: sería conceder de antemano lo que se pretende preguntar, porque la autodeterminación no consiste en irse, sino en poder elegir entre irse o quedarse sin contar con los demás. Su interlocutor comentó: “Bueno, seguiremos intentándolo”. Como quien oye llover. En su ensayo L’art de conférer, uno de los mejores, Montaigne hace una encendida defensa del diálogo y la controversia, proclama que prefiere el coloquio con quien piensa distinto que él porque así aprende más, etcétera... Pero también advierte: “Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no sólo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia”. Yo, siempre con Montaigne.

Fernando Savater es escritor. 07.01.2016 El País

martes, 5 de enero de 2016

EL FUTURO DE EUROPA EN 2016 SEGÚN NOURIEL RUBINI

At the cusp of the new year, we face a world in which geopolitical and geo-economic risks are multiplying. Most of the Middle East is ablaze, stoking speculation that a long Sunni-Shia war (like Europe’s Thirty Years’ War between Catholics and Protestants) could be at hand. China’s rise is fueling a wide range of territorial disputes in Asia and challenging America’s strategic leadership in the region. And Russia’s invasion of Ukraine has apparently become a semi-frozen conflict, but one that could reignite at any time.

There is also the chance of another epidemic, as outbreaks of SARS, MERS, Ebola, and other infectious diseases have shown in recent years. Cyber-warfare is a looming threat as well, and non-state actors and groups are creating conflict and chaos from the Middle East to North and Sub-Saharan Africa. Last, but certainly not least, climate change is already causing significant damage, with extreme weather events becoming more frequent and lethal.

Yet it is Europe that may turn out to be the ground zero of geopolitics in 2016. For starters, a Greek exit from the eurozone may have been only postponed, not prevented, as pension and other structural reforms put the country on a collision course with its European creditors. “Grexit,” in turn, could be the beginning of the end of the monetary union, as investors would wonder which member – possibly even a core country (for example, Finland) – will be the next to leave.

If Grexit does occur, the United Kingdom’s exit from the EU may become more likely. Compared to a year ago, the probability of “Brexit” has increased, for several reasons. The recent terrorist attacks in Europe have made the UK even more isolationist, as has the migration crisis. Under Jeremy Corbyn’s leadership, Labour is more Euroskeptic. And Prime Minister David Cameron has painted himself into a corner by demanding EU reforms that even the Germans – who are sympathetic to the UK – cannot accept. To many in Britain, the EU looks like a sinking ship.

If Brexit were to occur, other dominos would fall. Scotland might decide to leave the UK, leading to the breakup of Britain. This could inspire other separatist movements – perhaps starting in Catalonia – to push even more forcefully for independence. And the EU’s Nordic members may decide that with the UK gone, they, too, would be better off leaving.

As for terrorism, the sheer number of homegrown jihadists means that the question for Europe is not whether another attack will occur, but when and where. And repeated attacks could sharply reduce business and consumer confidence and stall Europe’s fragile economic recovery.

Those who argue that the migration crisis also poses an existential threat to Europe are right. But the issue is not the million newcomers entering Europe in 2015. It is the 20 million more who are displaced, desperate, and seeking to escape violence, civil war, state failure, desertification, and economic collapse in large parts of the Middle East and Africa. If Europe is unable to find a coordinated solution to this problem and enforce a common external border, the Schengen Agreement will collapse and internal borders between the EU member states will reappear.

Meanwhile, austerity and reform fatigue on the eurozone periphery – and among non-eurozone EU members such as Hungary and Poland – is clashing with bailout fatigue in the core. Populist parties of the left and right – with their shared hostility to free trade, migration, Muslims, and globalization – are becoming more popular throughout Europe.

Syriza is in power in Greece; a leftist coalition is in office in Portugal; and the Spanish election could lead to significant political and policy uncertainty. Virulent anti-migrant, anti-Muslim parties are becoming more popular in Europe’s core, including the Netherlands, Denmark, Finland, and Sweden. In France, the far-right National Front came close to winning power in several regions earlier this month, and its leader, Marine Le Pen, may do well in the 2017 presidential election.

In Italy, moreover, Prime Minister Matteo Renzi is under attack by two anti-euro populist parties that have risen in opinion polls. And Chancellor Angela Merkel’s leadership is now under threat in Germany, following her courageous but controversial decision to allow almost a million asylum-seekers to enter the country.

In short, the distance between what Europe needs and what Europeans want is growing, and that gap could spell deep trouble in 2016. The eurozone and the EU are facing multiple threats, all of which call for a collective response. But what we are seeing is its member states increasingly adopting a national approach, thus undermining the possibility of Europe-wide solutions (the migration crisis is a tragic case in point).

Europe needs more cooperation, integration, risk sharing, and solidarity. Instead, Europeans appear to be embracing nationalism, balkanization, divergence, and disintegration.

https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-disintegration-geopolitical-danger-by-nouriel-roubini-2016-01


LAS DERROTAS DE LOS POPULISTAS EN ARGENTINA Y VENEZUELA


En dos semanas, los enemigos organizados de la democracia han retrocedido más que nunca

Y van dos. En quince días nos han llegado dos espléndidas noticias políticas para quienes creen en la libertad, en el carácter sagrado de la persona y en la ley. Y nos han llegado nada menos que del subcontinente que menos las genera tradicionalmente que es Latinoamérica. 

El 22 de noviembre, en Argentina, el candidato Mauricio Macri daba el golpe de gracia a su rival Daniel Scioli, que intentaba asumir el legado de los Kirchner como presidente de Argentina. La derrota del peronismo en la segunda vuelta fue toda una epifanía para quienes se niegan a creer en el determinismo histórico que condena a ciertas naciones a miserias perpetuas. Absolutamente nada determina, indica o sugiere que los argentinos tengan que sufrir ni pasiones ni organizaciones ni instituciones políticas más infantiles, tóxicas, perversas o tullidas que las demás naciones. Aunque en el último medio siglo, las élites y las masas argentinas hayan pretendido hacernos creer que sí.

Lo mismo cabe decir de Venezuela, como Argentina, bendecida por todas los dones que la Naturaleza puede dar, que también ha sabido convencernos de que la riqueza puede ser la peor maldición para el desarrollo y la convivencia. Dos semanas después de la derrota del peronismo en Argentina, hemos asistido este domingo a la espectacular y dramática caída del chavismo, otra de las peores perversiones del pensamiento político enquistadas todas en Latinoamérica

En realidad, la perversión es la misma, por mucho que adquieran diversas marcas, según el general y dictador que les dio su impronta. Amalgamados ideológicamente por el marxismo y el antiimperialismo, estos nacionalismos socialistas logran fundir fatuas legitimidades de los espadones del siglo XIX con la doctrina revolucionaria comunista que la Unión Soviética promovió muy especialmente en Latinoamérica a través de su único éxito, Cuba. Contó con la nefasta complicidad política y cultural de la intelectualidad y de la izquierda europea que los ayudó a hacer el daño que ellos no eran capaces de hacer en Europa. La Iglesia católica echó una mano para empeorar las cosas.

Pero estamos de enhorabuena. No hablemos de los desastres que promovieron los activistas de esta ideología en todo el subcontinente. Ni del inmenso dolor, los ríos de sangre y las dictaduras de todo signo que generaron los movimientos, bandas, organizaciones y partidos comunistas que hicieron de Latinoamérica el escenario supremo del asedio revolucionario. Porque tras quince años en permanente expansión gracias al talento y los petrodólares de Hugo Chávez, de los narcodólares y las multinacionales y sus tapaderas organizativas y los presupuestos de países miembros del Foro de Sao Paulo, esa Internacional Comunista para ricos, los movimientos totalitarios en la región encajan el más brutal de los golpes habidos. 

Argentina y Venezuela abandonan el club del hampa internacional, del socialismo del siglo XXI. Es la venganza de la razón frente al veneno ideológico populista. Con efectos dramáticos. Imaginen que las FARC sean combatidas por sus hasta ahora socios en ese inmenso portaviones para la droga hacia EE.UU. y Europa en que han convertido a Venezuela los Castro y Chávez y Maduro. Imaginen que Cuba deja de percibir sus 100.000 barriles diarios gratis. Imaginen que salen a la luz génesis y pago de operaciones subversivas y terroristas contra democracias en todo el mundo, desde Líbano a EE.UU., desde Indonesia a España. 

En dos semanas, los enemigos organizados de la democracia y la sociedad abierta han retrocedido más que nunca con guerras de insurgencia. Solo con votos e información. Que promueva verdad y sentido común. Si pueden triunfar en Argentina y Venezuela, países acostumbrados a que la riqueza pague la magia, también lo hará en otras sociedades más sobrias que necesitan tanto como ellas un nuevo ciclo de libertad hacia el bienestar y el desarrollo.

Hermann Tertsch - 09/12/2015