domingo, 23 de septiembre de 2012

PARACUELLOS, LOS ASESINATOS COMUNISTAS QUE OCULTA LA MEMORIA HISTÓRICA


El 6 de noviembre de 1936, en Madrid no hay nadie con dos dedos de frente que no tenga miedo. Los que tienen tres, sienten pánico. Quienes tienen simpatías por el general Franco temen que en cualquier momento suene una llamada a la puerta de su casa y una patrulla de milicianos les detenga y se los lleve con destino desconocido, una cárcel o una cuneta; quienes están con el gobierno republicano esperan aterrados la llegada de una tropa formada por moros regulares y legionarios que avanza por la carretera de Extremadura y la de La Coruña.

La gran masa de madrileños que no tiene significación política le tiene miedo a cualquier arbitrariedad. Saben de los «besugos», que es como llaman los niños del barrio de Prosperidad, como Mila Ramos, a los cadáveres que se encuentran por las mañanas en los descampados, por sus ojos desorbitados. Y saben de las matanzas que se cuentan que han cometido los que vienen. Se sabe que en Badajoz Juan Yagüe ha fusilado a miles, que en Almendralejo…

Reparto de papeles
El gobierno se ha ido. Francisco Largo Caballero y casi todos sus ministros, en coche. Indalecio Prieto, en avión. El general Miaja está intentando formar, contra reloj, una Junta de Defensa con representantes de todos los partidos y sindicatos que defienden a la República. Mientras organiza la defensa de la ciudad, negocia con los políticos el reparto de los cargos.

Cuando se consigue llegar a un acuerdo, hay cuatro jóvenes de apenas veinte años que ostentan una autoridad desmesurada para su edad. Amor Nuño Pérez y Enrique García Pérez, que pertenecen a la CNT, reciben la responsabilidad de Armamento. Santiago Carrillo Solares y José Cazorla se hacen cargo del área de Orden Público como representantes de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y ambos han entrado hoy mismo en las filas del Partido Comunista de España (PCE), aunque eso aún no se sabe.

Una vez constituida la Junta de Defensa, hay una reunión a la que no acuden más que estos cuatro imberbes. Sobre la mesa, una propuesta de los nuevos comunistas: un acuerdo con los anarquistas para resolver un problema acuciante, el de los presos «fascistas» que pueden ser liberados por las fuerzas de Franco, si llegan a tomar Madrid, y que formarían un gran contingente de oficiales y combatientes que reforzarían a las tropas atacantes.

Sobre el problema hay consenso entre todos los defensores: hay que sacar a los presos de las cárceles y llevarlos a lugar seguro en la retaguardia, en Alcalá o en Chinchilla. Pero los comunistas ven la solución de otra manera. Dos agentes del NKVD, Victor Orlov y el falso periodista Mijail Koltsov, han convencido al máximo dirigente del PCE que ha permanecido en Madrid, Pedro Checa, para que se liquide a los presos más peligrosos en lugar de trasladarlos. La fórmula está calcada de las instrucciones de la policía estalinista para asesinar a prisioneros zaristas durante la guerra civil que siguió a la Revolución. Orlov nombra a una persona de su confianza, Grigulevich, como asesor de Carrillo. Disfraza su nombre con el de Ocampo.

Los comunistas de la JSU, siguiendo las consignas de su partido, proponen a los anarquistas hacerse cargo del asunto, dividiendo a los presos en tres categorías: los peligrosos, que deben ser ejecutados de inmediato «salvando la responsabilidad» de quienes lo hagan; los menos peligrosos, que deben ser conducidos a cárceles en la retaguardia, y los inocentes, que deben ser liberados y utilizados para dar una imagen internacional de humanidad.

¿Cómo hacerlo? Es bastante sencillo: desde esa noche, todo el poder policial está en manos de las JSU. Y las milicias anarquistas son las que controlan los accesos a Madrid a través de las llamadas «milicias de Etapas». El director general de Seguridad, otro joven comunista llamado Segundo Serrano Poncela, tiene las listas de los presos. En sus oficinas se les distribuye por categorías. Y milicianos comunistas se dirigen a las cárceles con los listados en la mano para sacarlos.

No hay tiempo que perder: de madrugada llega a la cárcel de Porlier un convoy formado por coches balillas ocupados por milicianos y varios autobuses verdes de dos pisos propiedad de la compañía de Tranvías de Madrid. Al frente de la comitiva va el policía Andrés Urrésola, con los papeles que llevan el sello de la DGS y la firma de Serrano Poncela, que le autorizan a realizar la saca de presos.

Sin obstáculos burocráticos
No hay obstáculos burocráticos, todo funciona bien. Las puertas de las celdas atestadas suenan con ecos metálicos y un carcelero comienza a leer los nombres de decenas de presos, que se han despertado del inquieto sueño a golpes de cerrojo y gritos destemplados. Uno a uno se van levantando, con la mansedumbre del que está entregado a un destino sobre el que su voluntad no tiene jurisdicción. Muchos ni siquiera saben de qué se les acusa para haber acabado en la prisión; otros tienen más datos, porque han pasado por las chekas y han sido interrogados con violencia. Según van saliendo, los milicianos les atan las manos a la espalda con alambre y les conducen a los autobuses verdes sin dar más explicaciones.

Manuel R. Ferro, que tiene veintiún años, los mismos que los miembros de la cúpula que ha preparado su viaje, sube mansamente al autobús, pero una voz le detiene:

-Manolo, ¿qué haces aquí? -la voz es de un conocido suyo, que va vestido como los demás milicianos y Manolo sabe que es comunista-.

-No lo sé.

-Pues anda, vente conmigo.

A Manuel le saca del autobús su amigo, que le desata y le urge a que se vaya a su casa sin mirar atrás. Está aturdido, porque no entiende nada. Pero la alegría le da alas para volver a su domicilio, en la calle de Serrano a pocos cientos de metros de la cárcel. Los demás, que son muchas decenas, le ven marchar con envidia.

Los autobuses arrancan en dirección a la carretera de Valencia, que está cortada por el enemigo, pero en Torrejón de Ardoz se desvían de la ruta y van hasta los alrededores de Paracuellos de Jarama. Los presos son sacados de los autobuses y colocados en fila. Los milicianos de Vigilancia de la Retaguardia que les han escoltado les van fusilando por tandas. Los que esperan ven caer a sus compañeros y saben por fin adónde les conducían.

Los disparos llaman la atención de un vecino de Paracuellos, Ricardo Aresté, que puede ver cómo se desarrolla la matanza. Dentro de unas horas, tendrá que cavar fosas, con otros muchos vecinos del pueblo, para enterrar a los asesinados. Ese mismo día llegan tres expediciones más con presos de la cárcel Modelo y la de Ventas. Durante un mes, esa actividad macabra no se detendrá.

Salvar la responsabilidad
Culpable de miles de muertes de las que nunca se arrepintió
Un día después, el ocho de noviembre, se reúne el Comité Nacional de la CNT. Amor Nuño presenta un informe detallado de la máquina que se ha puesto en marcha. Nuño informa con claridad a sus compañeros del acuerdo que ha permitido ir matando a cientos de fascistas: lo decidió él con la «cúpula» de las JSU en la Junta de Defensa de Madrid. Esa cúpula la formaban Santiago Carrillo y José Cazorla. Pero no hay constancia en el acuerdo de quién lo cerró. No está la firma ni de Cazorla ni la de Carrillo.

«Ejecución inmediata, salvando la responsabilidad». Fuera quien fuera de los dos, siguió con astucia la segunda parte, la de salvar la responsabilidad. Durante un mes se llevaron a cabo veintitrés sacas más. Un total aproximado de dos mil cuatrocientos hombres fueron asesinados por el mismo procedimiento en Paracuellos y sus alrededores. Las matanzas comenzaron a ser conocidas por el cuerpo diplomático, que intentó pararlas sin mucho éxito. También por el general Miaja. Y, desde luego, por el ministro de Justicia, un expistolero de la FAI llamado Juan García Oliver. La cúpula de las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid estuvo al corriente durante todo el periodo. Sólo la persistente acción del anarquista Melchor Rodríguez, que fue expulsado de su cargo de director general de Prisiones, consiguió, una vez recuperado el puesto a principios de diciembre, que la matanza planificada se detuviera.



sábado, 22 de septiembre de 2012

MENTIRAS CATALANAS. MAS Y CATALUÑA RECIBEN MAS QUE MADRID


La actual deriva independentista planteada por el presidente de la Generalidad, Artur Mas, parte en origen de una reclamación meramente financiera: el denominado Pacto Fiscal. Una especie de concierto económico, similar al de País Vasco o Navarra, por el que Cataluña gozaría de potestad plena para recaudar y gestionar todos los impuestos que se generan en su región. De este modo, los nacionalistas pretenden que los contribuyentes catalanes aporten menos dinero al resto del país, reduciendo así el déficit de su balanza fiscal -la diferencia entre lo que aportan al Estado vía impuestos y lo que perciben a través del sistema de financiación autonómica-.
La negativa de Rajoy a aprobar dicho Pacto Fiscal ha disparado la amenaza de secesión por parte de los nacionalistas catalanes, al tiempo que el Gobierno se muestra favorable a reformar el sistema de financiación autonómica vigente. Sin embargo, los datos que obran en poder de Hacienda desmontan el discurso victimista de Mas, ya que el actual modelo no maltrata especialmente a Cataluña. De hecho, sale sustancialmente beneficiada en comparación con otras regiones ricas aportadoras netas de recursos, como es el caso de Madrid.

Madrid, la que menos dinero recibe...

Así, de los 66.000 millones de euros que se recaudaron en Madrid en concepto de IRPF, IVA e Impuestos Especiales en el ejercicio 2011, la comunidad tan sólo percibió 11.474 millones mediante transferencias estatales, es decir, apenas el 17,6% de todo lo recaudado. Por el contrario. Cataluña recaudó 27.000 millones de euros y recibió casi 15.800, el 60% del total, según datos oficiales de Hacienda. En términos relativos, esto significa que la Generalidad recibió en el reparto autonómico casi cuatro veces más que el Gobierno madrileño -60% frente al 17% recaudado-.
En términos absolutos, Cataluña ingresó 4.300 millones de euros más que Madrid, pese a que particulares y empresas madrileñas aportaron a las arcas públicas 2,4 veces más que los catalanes -en Madrid se recaudó un 144% más que en Cataluña-. Así pues, la auténtica maltratada por el sistema es Madrid, no Cataluña. Es la que más aporta y la que menos recibe, tal y como se detalla en el siguiente cuadro.
Fuente: Datos de recaudación de la Agencia Estatal de Administración Tributaria. Ingresos del sistema de financiación del Ministerio de Hacienda y AAPP.
Asimismo, Madrid es la región que menos dinero per cápita ingresa del sistema de financiación. En concreto, 1.768 euros, frente a los 2.609 de un cántabro, los 2.534 de un riojano, los 2.289 de un gallego o los 2.092 euros que percibe cada catatán. Un madrileño recibe casi 200 euros menos que la media nacional, fijada en 1.967 euros.

...Y la que más aporta

Igualmente reseñable es el hecho de que Madrid es la región más solidaria de España. Según el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, la Comunidad de Madrid es la que más aporta al Fondo de Garantía regional, destinado a financiar la sanidad, la educación y los servicios sociales de otras regiones menos ricas.
El próximo año destinará cerca de 2.500 millones de euros, el 73% del total del Fondo, muy por encima de lo que aportará Cataluña (21%), Baleares (5,49%) y Cantabria (0,48%). Es decir, unas 3,5 veces más que Cataluña. Y eso, sin contar que en los últimos dos años su aportación a este fondo ha crecido en 10 puntos.
Dicho de otro modo, cada madrileño pagará 384,62 euros para sufragar los servicios públicos en otras regiones, frente a los 168,48 euros que destinan en Baleares, los 95,28 euros de los catalanes y los 48 céntimos de los cántabros. En términos de PIB, los madrileños transfieren el 1,32% de su PIB de ingresos al Fondo de Garantía, el doble de lo que destinan los baleares (0,7%) y casi cuatro veces más que los catalanes (0,36%).

La más discriminada

Por último, pese a todo lo anterior, Madrid recibirá aún menos dinero del sistema el próximo año. Hoy por hoy, si se mantienen las estimaciones iniciales del reparto regional elaboradas por el Gobierno central para 2013, será la región que más verá decrecer las transferencias estatales tras Baleares: casi 1.000 millones de euros menos (una caída del 8% interanual).
Por el contrario, el resto de CCAA verán incrementado sus ingresos con respecto a 2012: Andalucía obtendrá 469,5 millones más que en 2012; Galicia 114,19 millones; Canarias recibirá 149,71 millones más; Castilla-La Mancha 55,15 millones... Y Cataluña 16,18 millones más. 
Mientras que el conjunto de las CCAA recibirá de media unos ingresos equivalentes al 8,84% del PIB regional en 2013, Madrid apenas ingresará el 6,06% de su PIB, casi 1,8 puntos menos que Cataluña (7,88%) y casi 5 puntos menos que Andalucía (10,98%).

EL DESASTRE EDUCATIVO ESPAÑOL


Ignacio Camacho en ABC el 22.09.12, escribe un acertado reflejo del desastre educativo español y sus escasas posibilidades de mejorar pese al incesante incremento del dinero destinado al sector.

Siete reformas educativas en democracia permiten pronosticarle a la última recién anunciada una vida tan larga o tan corta como el tiempo que permanezca el PP en el Gobierno; si hay un poder al que la izquierda no renuncia es al de la ingeniería pedagógica. La enseñanza en España es una tortura para el alumno, una pesadilla para el profesor y un quebradero de cabeza para las familias, donde son raros los hermanos que pueden seguir un mismo plan de estudios. Difícilmente cambiará esta dinámica en un país tan aficionado a introducir la ideología en las aulas; el mayor éxito que podría alcanzar el proyecto de Wert será el de sobrevivirle como ministro.

El fracaso de la LOGSE y su didáctica de la banalidad lo miden los informes internacionales de rendimiento escolar. En diez años se ha duplicado la inversión pública en educación -de 27.000 a 53.000 millones de euros- con un empeoramiento relativo de los resultados, sobre todo en matemáticas, comprensión lectora y empleabilidad; nuestra escuela forma mal en destrezas instrumentales. La mejora de esas endebles ratios debería suponer para cualquier gobernante un imperativo de responsabilidad política; sin embargo, es poco probable que Wert vaya a gozar no ya de respaldo sino de cierta comprensión hacia su designio reformista. A las reticencias que provoca su personalidad intelectualmente retadora se une el malestar de un sector docente que desde 2010 viene sufriendo recortes en salarios, empleo y calidad de vida. El principio central de la nueva ley consiste en mejorar la calidad de los contenidos para compensar la falta de dinero. Poca ayuda puede esperar por razonables que sean sus intenciones. Que lo son al menos en la medida en que tratan de implementar sobre conocimientos esenciales una mayor carga lectiva.

Sucede que en la arquitectura jurídica española, el desarrollo constitucional elaborado en su mayoría bajo inspiración socialdemócrata durante la etapa felipista, la izquierda ha consolidado un statu quo hegemónico que vuelve sospechosa cualquier alternativa. El centro derecha apenas si ha tenido oportunidades de implantar su modelo, calificado siempre de reaccionario e involucionista. Las pocas intentonas estructurales de Aznar fueron acusadas de autoritarias y liquidadas de inmediato por el zapaterismo. Así que no cabe esperar para esta reforma escolar mucha más estabilidad que la que pueda proporcionarle el Gobierno que la ampara. A lo largo de tres décadas, el socialismo ha desguazado hasta sus propias leyes educativas en una espiral de trivialidad devastadora. Mientras más recursos invertidos y más colegios levantados, más hueca ha sido la enseñanza impartida. El problema de Wert consiste en dotar ahora al sistema de mayor racionalidad en un momento en que la crisis obliga a disminuir el gasto, estrechar las becas, retirar profesores y cargar a los niños con fiambreras.

lunes, 17 de septiembre de 2012

LAS CIFRAS QUE CATALUÑA DESCONOCE O NO QUIERE CONOCER


Interesante información en el suplemento Crónica de El Mundo del domingo 16 de septiembre de 2012

SU DEUDA REAL

Los independentistas optimistas se aferran a que el único compromiso económico que tiene la república independiente de su casa son los 43.954 millones de euros de deuda autonómica, que representa el 29,1% del total de la deuda acumulada en el conjunto de las comunidades. Pero no sólo este lastre acarrearía el estado Cataluña. No, no, no. De producirse la liberación, aunque sus grandes gurús lo quieran negar u olvidar, una buena parte de la deuda externa española absoluta, que alcanza el billón [sí, un millón de millones], le correspondería a Cataluña.

PRECEDENTES

El más similar es el de Eslovaquia que, en 1993, cuando se segregó, cargó con el 20% de los adeudos de la antigua Checoslovaquia. El porcentaje, en el caso de la tierra de Artur Mas, se mediría en una difícil ecuación que tendría en cuenta su PIB, el más alto de España, 197.919 millones de euros, 18% del total del país. Y su población, 7.565.603 habitantes, el 16%. Es decir, arrastraría un probable pasivo de entre 160.000 y 180.000 millones. Que la deuda sea menor dependería de España, que podría renunciar a una parte, pero sería su voluntad [como Rusia, que asumió la deuda completa motu proprio de la ex URSS].

BONO BASURA.

Con este monto negativo en su cuenta de resultados y sin capacidad de endeudarse más, llegaría a la autodeterminación groggy, cuando hoy ya suplica por un rescate de 5.000 millones para pagar nóminas y demás. Además, le resultaría imposible financiarse con fondos de la Unión Europea, de la que -sin duda- no formaría parte. Para ingresar en la UE, Cataluña habría de conseguir que sus integrantes acepten que forme parte por unanimidad [el voto de España sería decisivo]. El proceso tardaría entre cinco años y una década. ¿Pedir créditos fuera de la tiranía continental? Los conseguiría a un interés inasumible. Su deuda ostenta el título de bono basura (BB) para Standard & Poor's, igual que Portugal. Los inversores vienen exigiendo un 14% para comprar deuda lusa a 10 años.

«RECONSTRUCCIÓN»

Cataluña se enfrentaría a la necesidad de poner en marcha instituciones como Hacienda propia, Seguridad Social (SS), Fuerzas Armadas -si cabe-, aumentar agentes de policía, montar ministerios... Según la Fundación Catdem, ligada a Convergència Democràtica, esto les costaría 40.000 millones más. Eso sin contar que las cotizaciones a la SS son deficitarias. Gastan 11.422 millones de euros e ingresan sólo 7.462 millones. El resto lo completan, actualmente, los opresores sureños.

MENOS RICOS. 

¿Su renta per capita de 28.200 euros -superior a Alemania y Suiza- se reduciría al nivel de Eslovenia, unos 21.000 euros? Eso calcula, Miguel Buesa, catedrático de Economía de la Complutense. ¿Por qué? Sus exportaciones menguarían por el más que posible boicot a sus productos en España, que actualmente consume el 60% de su producción [otro 20% lo suma la UE]... Por ende, si quieren ser independientes, que lo sean. Pero de verdad. Sin ayudas. Con sus deudas y su egoísmo. Con sus Mas que son menos. / 

Por MARTÍN MUCHA

MÁS DATOS: DEUDA A LA GRIEGA Y 136.000 EMPLEOS MENOS

Fuente ABC


Cataluña es un territorio próspero dentro de España y como parte de la UE. Fuera, no. Según el estudio elaborado por ABC a partir de estimaciones de diversos expertos y de datos recopilados de estadísticas oficiales -incluso de la controvertida «balanza fiscal» presentada en su momento por la propia Generalitat para justificar sus tesis-, con la secesión Cataluña pasaría a ser un país con un déficit público estructural disparado, la deuda pública rozaría los niveles que tiene Grecia en términos de PIB, y se destruirían 136.000 empleos por la pérdida de competitividad y fuga de empresas y de capitales.

Y todo esto, sin ponerse en el peor de los escenarios posibles. Con una caída del PIB de entre el 20 y el 25 por ciento, estimaciones que diversos expertos consultados coinciden en apuntar como nada exageradas, ABC ha calculado varios escenarios posibles -de menos a más desfavorables- y toma como referencia su promedio.

Riqueza: -50.000 millones de euros
Con una caída del PIB de entre el 20 y el 25 por ciento, la Cataluña independiente pasaría a generar una riqueza anual de 160.000 millones de euros, 50.000 menos que en la actualidad. La renta per cápita se desplomaría muy por debajo de la actual media de la Unión Europea, y todavía más por debajo de la media de la zona euro.

La caída del PIB vendría motivada por varios factores: pérdida de competitividad empresarial, porque sus productos y servicios se encarecerían al tener que pagar aranceles para cruzar sus fronteras al no pertenecer a la UE, que junto con el mercado español representa no menos del 80 por ciento de las ventas del tejido productivo catalán; habría un «efecto rechazo» en España frente a productos y marcas catalanes; habría una fuga de empresas para no verse perjudicadas, con la consiguiente pérdida de tejido productivo y de empleo... Solo por el sobrecoste de aranceles y trámites administrativos, algunos especialistas calculan que el precio de los productos exportados por Cataluña a España y al resto de Europa podría encarecerse en torno a un 15 por ciento.

Al empobrecimiento habría que imputarle también el coste de salirse del euro y tener que crear una nueva moneda cuya depreciación sería drástica. Eso supone, de forma adicional, un empobrecimiento rotundo de la economía general y del bolsillo de los ciudadanos. Y Cataluña tendría que seguir pagando sus deudas en euros.

Ingresos: -17.300 millones de euros
La caída del PIB provoca un recorte paralelo de la recaudación por impuestos y cotizaciones. Entre lo que la Generalitat calcula que ingresa por impuestos que tiene cedidos y lo que sus estudios dicen que recauda el Estado en Cataluña, la capacidad actual de recaudación ronda los 77.000 millones de euros. Una cuarta parte menos supondría perder 17.300 millones de euros al año. La «caja» de una Cataluña independiente pasaría a tener una recaudación de menos de 60.000 millones de euros.

Gastos: 82.000 millones de euros
Entre lo que la Generalitat gasta ya para sostener su sector público autonómico y lo que el propio Gobierno catalán dice que costea el Estado en infraestructuras y servicios que presta en Cataluña -infravalorado según diversos expertos-, si fuera un país independiente tendría que soportar un gasto público de unos 77.000 millones de euros. Pero debería asumir gastos nuevos, que el estudio de balanzas fiscales de la Generalitat obvió. Entre ellos, uno tan grueso como el de crear su ejército, dotarlo de armamento, formar sus servicios de inteligencia...

La media de gasto en Defensa del conjunto de los países de la OTAN ronda el 3 por ciento del PIB; en Francia viene a estar en el entorno del 2 por ciento; justo antes de la crisis, el Reino Unido dedicó el 2,4 por ciento, por citar unos ejemplos. Y se trata de países con una estructura defensiva ya creada. Cataluña tendría que hacer frente a un gasto anual no inferior a los 4.000 millones de euros. Y todo esto sin formar parte de la OTAN. Al menos durante mucho tiempo, una Cataluña independiente también tendría muy difícil su ingreso en la Alianza Atlántica.

Además, debería crear también su red de embajadas y consulados, componer su cuerpo diplomático y sus servicios de política exterior -nada que ver con su actual red de delegaciones en el extranjero, por costosa que ya esté siendo-. A tenor de lo que España dedica a este apartado, el sobrecoste para Cataluña rondaría los 400 millones de euros al año. Y no podría prescindir de ello: la política exterior sería crucial para un país recién creado que necesita tejer relaciones y no verse relegado en el concierto internacional.

En su conjunto, los gastos a los que tendría que hacer frente un hipotético «Estado catalán» rondarían los 82.000 millones de euros.

En números rojos: -20.000 millones al año
De forma estructural, los números rojos de la Cataluña independiente rondarían los 20.000 millones de euros al año. Y para enjugarlos debería recurrir al endeudamiento, a pedir dinero prestado en los mercados financieros internacionales. ¿Tendría abierto el «grifo»? Lo más probable es que lo tuviera complicado, y a precios altos, lo que supone otro sobrecoste.

Para que el déficit no se disparara por encima del 5 por ciento, Cataluña tendría que colocar deuda pública por más de 10.000 millones de euros al año durante largo tiempo. Déficit y deuda pública constituirían un crítica espiral de muy largo recorrido.

Deuda pública: 250.000 millones de euros
En el horizonte de los diez primeros años desde la independencia, Cataluña, por tanto, viviría una escalada de deuda pública acelerada. Y hay que tener en cuenta que habría echado a andar, en el minuto cero, con una tremenda mochila de endeudamiento. De entrada, los 43.954 millones de euros que ya debe su sector público autonómico en estos momentos. Pero, además, habría que imputarle la porción que le toque de la deuda de España, la del sector público del Estado del que se separa.

Se calcule en proporción al PIB actual de Cataluña o a su número de habitantes, el promedio le saldría por tener que acarrear con 100.000 millones de deuda. ¿Podría negarse? Sí, pero empezarían con muy mal pie de cara a los mercados financieros internacionales. Su credibilidad como pagadores responsables caería por los suelos, y con esa tarjeta de presentación es difícil llamar a la puerta para pedir dinero prestado. Renunciar a asumir esa parte de la deuda sería como pedirle a un banco que se quede con nuestra hipoteca y nosotros quedarnos con el piso. Y, en este caso, el banco no solo sería España, sino el resto de la UE, por una elemental cuestión de asociación económica.

Con una «renta nacional» recortada, un endeudamiento público de 250.000 millones de euros situaría la deuda de Cataluña en más del 150 por ciento de su PIB. Muy por encima de la tasa con la que cerraron el año pasado Portugal o Irlanda, y próxima a la que acumuló Grecia al acabar 2011, que fue del 165 por ciento.

Fuga de emprsas: -1.300
En Cataluña hay actualmente unas 28.500 empresas. De ellas, 5.300 tienen más de 50 trabajadores, 1.100 de las cuales cuentan con plantillas de más de 200 empleados. Entre las 5.300 medianas y grandes empresas catalanas suman casi 550.000 empleados.

En caso de independencia, la fuga de empresas y de capitales sería abultada. El dinero buscaría refugio fuera para evitar su depreciación y la incertidumbre; y un buen número de empresas, que dependen de lo que venden fuera de Cataluña, se marcharían para seguir estando al calor de la economía del euro, no perder competitividad y esquivar riesgos. ¿Cuántas optarían por marcharse? Es una incógnita, pero hay un dato de referencia. En los años en los que en el País Vasco se promocionaba el soberanista «Plan Ibarretxe», el catedrático Mikel Buesa hizo una encuesta al respecto entre las medianas y grandes empresas vascas: la cuarta parte de ellas manifestaron su intención de irse del País Vasco si se escindiera de España.

Trasladando esa tasa de referencia a Cataluña, su independencia podría suponer la pérdida de 1.300 empresas y unos 136.000 puestos de trabajo directamente ligados a ellas.

A muy largo plazo: Décadas para remontar
Todo este escenario es el calculado para los diez primeros años desde una hipotética independencia. Lo que ocurriera a partir de ahí es difícil preverlo. Los expertos consultados por ABC coinciden en que la primera década sería de un empobrecimiento económico brutal. Cuando se tocara fondo, pasarían años para empezar a remontar. ¿Y hasta dónde lograría remontar Cataluña? Es otra incógnita. Es un horizonte de décadas, de toda una generación.


sábado, 15 de septiembre de 2012

LAS MENTIRAS DE LOS PEAJES CATALANES


Las autopistas y autovías de pago catalanas son las más subvencionadas por el Estado y las que más aportaciones reciben por parte de los presupuestos de la Administración central. La ministra de Fomento, Ana Pastor, aprovechó el pasado martes una interpelación de CIU en el Senado sobre la política de peajes del Gobierno para desmontar con datos lo que ha sido, desde hace años, una queja y una reivindicación constante por parte de la Generalitat y de los propios ciudadanos catalanes. 

Cataluña se llevó el año pasado el 53% de la partida de subvenciones y descuentos de peajes habilitada por Fomento para evitar o rebajar el pago que deberían hacer los usuarios. En total, 71,1 millones de euros.

Pastor contestó así a la senadora de CIU Montserrat Candini, que en su interpelación al Gobierno señaló que “la discriminación de Cataluña" en esta materia "es incuestionable”. Cataluña, argumentó, aglutina el mayor número de kilómetros de la red estatal de autopistas de peaje, 463 kilómetros, y solo tiene un 5% de las autovías gratuitas de titularidad estatal. “Para entrar o salir de Barcelona y de las ciudades de su área metropolitana lo normal es tener que pagar peaje, por no existir vías alternativas de gran capacidad que permitan evitarlo. Lo mismo ocurre para entrar o salir de Tarragona o de Girona, incluso de Lleida”, explicó la senadora. “Esta realidad no se dan en otros territorios de España”.

La ministra no negó estos datos, pero sí arrojó luz sobre la situación de los 2.523 kilómetros que componen toda la red estatal de autopistas y de la financiación de la misma por parte de Fomento. Así, explicó, por ejemplo, que las principales autovías de peaje que unen las diferentes capitales catalanas se impulsaron en los años 60 y 70, cuando “no había otro tipo de vías de alta capacidad” y añadió que, en relación a la población, es La Rioja y no Cataluña la comunidad que más kilómetros de pago tiene. Le siguen Galicia, Castilla-La Mancha, Castilla y Léon, Aragón y Comunidad Valenciana.

Además, Pastor destacó que a los 463 kilómetros de pago de la red estatal se unen otros 169 kilómetros de autopistas de peaje que dependen de la Generalitat de Cataluña. Eso significa que el 27% de las autopistas de peaje que hay en Cataluña son de la Generalitat, explicó. “De la red autonómica de autopistas y autovías que gestiona la Generalitat , formada por 468 kilómetros, más de un tercio, el 35,8% de las autopistas de la Generalitat son de peaje”.

Pero lo más destacable de su intervención fue los datos que expuso sobre las subvenciones concedidas a Cataluña en materia de peajes, que superan, ampliamente, los otorgados a otras comunidades. Así, explicó que, en el 2011, el 53% de la partida presupuestaria de Fomento destinada a subvenciones y descuentos de peaje fue a parar a esta región. De los 134,3 millones de euros presupuestados, Cataluña recibió 71,1 millones, mientras Castilla y León obtuvo 15,4 millones y Galicia, 13,5 millones. Al considerar todo el tiempo que se han venido aplicando estos descuentos de peaje –explicó Pastor- el total del importe subvencionado (a Cataluña) es de 608,16 millones de euros, 399 a las concesionarias y 209 millones a la Generalitat. Aportaciones que hace el Estado para evitar el pago que deberían hacer los usuarios”.

Compensaciones a las autopistas

Pero las ayudas del Estado a las comunidades en lo que se refiere a autovías y autopistas de peaje no se queda solo ahí, pues, desde 1999, el Gobierno ha compensado, anualmente, a cada región las pérdidas ocasionadas por la aplicación del Real Decreto 6/1999, que estableció una rebaja de los peajes del 7% a cambio de ayudas públicas. Desde entonces, según los datos facilitados por la ministra, Fomento ha suscrito anualmente un convenio con la Generalitat por el que la Administración General del Estado ha asumido, en Cataluña, tanto la pérdida de ingresos de las autopistas que gestiona Fomento, como las pérdidas en las autopistas autonómicas catalanas.

Así, de los 1.098,17 millones de euros abonados en total por el Gobierno hasta el año 2011, casi la mitad, 534 millones, han ido directamente a CataluñaPastor aclaró, eso sí, que están pendientes de liquidar aún los ejercicios correspondientes a 2010 y 2011, “lo que suponen un total de 125 millones de euros”. 

Este real decreto fue derogado el pasado mes de julio dentro de las medidas urgentes de recorte y ahorro aprobadas por el Gobierno para contener el déficit y ha supuesto una subida media del 7,5% en los peajes de las autopistas estatales. Fomento dejó en manos de las empresas concesionarias la decisión de asumir o no ese nuevo margen, al que se ha sumado también la subida del IVA aplicada el pasado 1 de septiembre.


jueves, 13 de septiembre de 2012

SOBRE EL PROBLEMA CATALÁN


Respecto a las gigantescas tonterías e inacabables mentiras de los políticos catalanes en estos días de inmensa manipulación de las bajas pasiones de la población ignorante, si Cataluña se independiza, deberíamos decir:

Cataluña no sería miembro de la UE porque lo dice el derecho internacional, el TUE y el TFUE. No tienen nada que ver con los ejemplos de Dinamarca o Eslovaquia, que ingresaron a la UE siendo estados independientes, no estados escindidos de países miembros con derecho de asociación inmediato. Si se escinde, tiene que adquirir nuevos derechos en la escena internacional, como el de asociación a la UE, que según los tratados consolidados de la UE se adquieren por unanimidad, unanimidad. Aunque la consiguiera al cabo de un largo período de negociaciones, por que Italia, Francia, Hungría (con su minoría rumana) o Bulgaria, por ejemplo, se negarían durante años, para evitar imitaciones en sus países y para beneficiarse de su ausencia del mercado UE...... 

Además, en esos años fuera de la UE las multinacionales con instalaciones productivas con presencia en Cataluña, que se establecieron allí por ser parte de un país miembro como España, se deslocalizarían directamente a Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, etc, más cerca del corazón de Europa, con costes de transporte menores, trabajadores cualificados y salarios más bajos, lo que disminuye mucho sus costes de producción.

Además, las empresas extranjeras, a las que les da igual las tonterías nacionalistas de los paleo políticos catalanistas, no querrían asumir la pérdida de ventas en un mercado de 40 millones de personas cuando en sus códigos de barras figurara un origen catalán, y unos aranceles comunitarios en las aduanas españolas y francesas.

Las representaciones de empresas extranjeras en Barcelona para el mercado español, se trasladarían a Madrid, pq Cataluña no sería miembro de la UE y España sí, preferirían dirigir sus empresas para un  mercado de casi 40 millones de personas, ciudadanos de la UE, desde España que desde un país exterior.

Y así un montón de consecuencias más porque fuera de UE hace mucho frío y la rentabilidad de las empresas disminuye de forma alarmante, y en un escenario donde se necesita un motivo mínimo para la deslocalización ¿cuánto tardarían en irse?

Y si a eso añadimos que las grandes empresas con sede principal en Cataluña deberían crear filiales en España, al ser países diferentes, y pagar los impuestos de sociedades en España; que el IVA que pagamos los españoles por los productos catalanes, los que se siguieran consumiendo, se quedaría en España y no iría a Cataluña; que el corredor Mediterráneo se desviaría en Valencia hacia Zaragoza; y que el clima político nacional se relajaría enormemente, sólo queda decir:

INDEPENDIZAROS DE UNA VEZ


miércoles, 5 de septiembre de 2012

LOS ESFUERZOS DE LOS POLÍTICOS ESPAÑOLES EN LA CRISIS


Ahora que volvemos de las vacaciones, y los jubilados deben pagar sus medicinas, los funcionarios pierden sueldo y vacaciones, el paro aumenta........ recordemos cuáles son los esfuerzos que hacen nuestros diputados, ahora que un político gallego del PP dice que no le llega para nada con 5.100 euros al mes, o cuando la presidenta del parlamento catalán se queja de que el sueldo de sus diputados es muy bajo.

¿Qué recibe un diputado tras resultar elegido?

- Un iPhone 4S. 
- Un iPad. 
- Un PC en el despacho. 
- Módem 3G.
- Voz y datos pagados.
- ADSL en casa pagado. 
- Si eres del PP o PSOE, un asistente para cada dos diputados. Si eres de otro partido, uno propio.
- Un despacho propio. 

"Estamos pidiendo un sacrificio a todos los ciudadanos..."


¿Y para moverse?

- Si usa su propio coche recibe 0.25€ por Km., o sea, 25€ cada 100 Km. y se te pagan los peajes.
- Si no tienes un coche oficial asignado, 3.000€ anuales para taxis (250€/mes). 
- Billetes de primera clase para avión, tren y barco.

"Tendremos el Estado de bienestar que podamos..." 

¿Y el sueldo?

- Sueldo base de 3.126,52€ mensuales y dos pagas extra.
- Si formas parte de alguna comisión, recibes entre 775,15€ y 
1.590,34€ más al mes.
- Si tienes algún cargo (Portavoz, Secretario, etc.) en el peor de los
casos recibes 2.318,96€ más al mes.
- Puedes tener trabajos y cargos fuera del congreso sin límite ni
perjuicio en el sueldo/ayudas. 
- Los sueldos que cobres de tu partido, tampoco afectan en nada.

"Los sacrificios de hoy son la puerta al bienestar del mañana..." 


¿Y las ayudas?

- Si fuiste elegido fuera de Madrid, recibes 1.823,86€ mensuales más para alojamiento y manutención. 
- Si fuiste elegido en Madrid, recibes 870,56€ mensuales más para
alojamiento y manutención.
- Si viajas dentro de España, 120€ diarios. 
- Si viajas fuera de España, 150€ diarios.

"Los españoles pueden estar seguros de que no habrá sacrificio ni
esfuerzo que no estemos dispuestos a hacer..." 

¿Y los beneficios fiscales?

- Las dietas relacionadas con transporte no tributan, no se declaran a Hacienda vamos.
- Las dietas relacionadas con alojamiento y manunteción no tributan.
- Los sueldos/dietas por tener un cargo en el Congreso, no tributan.
- Si dejas de ser diputado, percibes una paga mensual de 2.813,87€ hasta un máximo de dos años. No importa si tienes un sueldo privado. 

"La salida de la crisis, con el esfuerzo de todos..."


¿Y si se disuelven las cortes porque va a haber elecciones? 

- Derecho a una indemnización consistente en el sueldo de los días transcurridos hasta que se forma el nuevo Congreso (el sueldo de dos meses aproximadamente), vuelvas al Congreso o no.
- El Congreso te paga las cuotas de la Seguridad Social, Derecho
pasivo y otras cosas durante ese tiempo. 
- El Congreso mantendrá tu póliza de accidentes durante ese tiempo.
- El Congreso sigue pagando el ADSL, voz y datos durante ese tiempo.
- La mudanza de tu despacho corre a cargo del Congreso.

"Todos tenemos que hacer sacrificios..."

¿Y la jubilación? 

Si tienes 55 años y...

- Has sido diputado once años: 100% de la pensión máxima (2.466,20€).
- Has sido diputado entre nueve y once años: 90% de la pensión máxima. 
- Has sido diputado entre siete y nueve años: 80% de la pensión máxima.
- Por el 10% del salario base, derecho a pensión privada a cargo del BBVA. 

Como veis, son unas condiciones lamentables. Por eso los políticos son los más adecuados a la hora de hablar de recortes y sacrificios. Ya se nota que ellos se están apretando el cinturón y pasándolo muy mal... 

DESPUES TIENEN LAS NARICES DE DECIR QUE 8€ PARA UN JUBILADO NO ES NADA, QUE SOLO SON 4 CAFES...PUES NO!!... PORQUE LOS JUBILADOS NO TIENEN UN SUELDO DE DIPUTADO Y NECESITAN ESOS 8€ PARA COMER... 
  
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jueves, 26 de julio de 2012

EL EMPEÑO EN ACABAR CON ESPAÑA SÓLO PARA LLEGAR AL PODER

Arturito Mas, ese chulo de la política que se cree el Clark Gable de la piel de toro, "me tienen envidia por guapo" llegó a decir, sigue tensando la cuerda. Mientras los políticos catalanes arruinan esa comunidad con sus idioteces, culpan a Madrit y a España de sus desgracias, le piden que la rescaten, y exigen una hacienda propia con la que mangonear los impuestos que las empresas catalanas recaudan en toda España.


España corre el peligro de desaparecer, desangrada por esos diecisiete mini-estados autonómicos que han engordado a su costa a semejanza de las pulgas. Nacieron esos gobiernos territoriales con el presunto propósito de acercar la Administración al ciudadano y ofrecerle mejores servicios, pero el tiempo los ha convertido en parásitos insaciables. Unos más que otros, por supuesto. Tanto más dañinos cuanto mayor ha sido su ambición de acaparar competencias dotadas de los correspondientes recursos. Y sumamente gravosos para el contribuyente, a la par que destructivos, los que han dedicado gran parte de su dinero y el nuestro a sus políticas de «construcción nacional» consistentes en subvencionar la lengua vernácula en la cultura e imponerla en la educación a costa de discriminar al castellano y relegar el inglés a una «maría», abrir embajadas en el extranjero (unas cincuenta tiene Cataluña), dotarse de un remedo de Fuerzas Armadas en forma de policía autóctona, y demás disparates perpetrados mientras crecían por doquiera aeropuertos, palacios de congresos y trenes de alta velocidad innecesarios. En menos de cincuenta años se ha multiplicado por tres el número de empleados públicos, sin que el beneficio resultante para el ciudadano se aproxime remotamente a su coste. Los partidos se han convertido, con alguna honrosa excepción individual, en maquinarias destinadas a conseguir o conservar el poder. Y dado que éste nunca resulta suficiente para colmar todos los anhelos, han ido multiplicándose los pesebres en los que alimentar a tanta gente sumisa ansiosa por ser premiada. Hasta llegar a donde estamos, con un pie en el precipicio y el otro asomándose a él.


ESPAÑA ha vivido en plena borrachera, y hoy se halla en plena resaca. Borracheras mejor dicho, pues hubo varias, aunque dos en especial: la del euro y la nacionalista. La del euro nos convirtió de la noche a la mañana en ciudadanos de primera. De andar por el mundo con pesetas que apenas daban para alojamiento y comida, pasamos a manejar una moneda más fuerte que el dólar, que nos permitía encontrar todo barato. Nos convertimos de golpe en ricos sin serlo, pues el país seguía igual. Pero era agradable creérselo.


La borrachera nacionalista fue aún peor. Siguiendo la senda de Cataluña, todas las Autonomías reclamaron un «hecho diferencial», una «deuda histórica», un nuevo Estatuto-Constitución y atributos de Estado, con ministros-consejeros, centenares de consultores, millares de funcionarios, representación exterior, palacios de congresos, de deportes, AVE, aeropuertos, etcétera. Algo que Cataluña no podía consentir, y aparte de una «aerolínea de bandera», exigió un pacto fiscal como el vasco y pretendió presentarse en Bruselas como modelo financiero. Todo ello se ha ido al traste. En Bruselas le han recordado su condición «regional», la «línea de bandera» ha tenido que ser clausurada tras enormes pérdidas y las «embajadas» cuestan cientos de millones de euros anuales. A lo que hay que añadir la «proyección interior»: ayudas a los medios de comunicación y demás promoción de la cultura catalana, por la que se va un río de dinero. Sin que valga decir que se debe a la desastrosa herencia del tripartito, pues la cosa viene desde Pujol, que Mas ha asumido. 


Total, que pese a los recortes de éste, Cataluña tiene una deuda de 42.000 millones de euros, la mayor con mucho de las Autonomías, con pagos inmediatos de 5.755 millones, que no puede afrontar. Por lo que no va a tener más que pedir ayuda al Gobierno español, que éste se muestra dispuesto a concederle. Desde allí insisten en que no se trata de un rescate. Pura lingüística: como en el caso español ante Bruselas, si se recibe un préstamo es siempre con condiciones. Insisten también en el «pacto fiscal», hoja de parra para tapar sus vergüenzas: saben perfectamente que, aunque quisiera, Rajoy no podría dárselo por prohibírselo Europa, que camina hacia la normalización fiscal.


La crisis deja meridianamente claro que Cataluña está como España: las mismas deudas, las mismas corrupciones, los mismos problemas, las mismas excusas, los mismos callejones sin salida. Lo que significa que Cataluña es España, dicen algunos. Pero si de la borrachera económica le saca a uno el amoniaco de la realidad, la borrachera nacionalista tiene peor arreglo. Es más, temo que los nacionalistas, tras haber gobernado Cataluña despendolados durante tres décadas, culpen a España de su situación. Artur Mas lo hizo ayer. Su última mentira. El nacionalismo catalán insiste en que sus males provienen de España aunque sea en España donde busca la solución.


El nacionalismo catalán se ha encontrado de bruces ante dos problemas muy conflictivos para su orgullo identitario: el primero que Cataluña está en quiebra, y el segundo que sólo puede afrontarla mediante el enojoso trámite de solicitar ayuda al Estado español. Para digerir el mal trago de esta bandera blanca financiera los soberanistas han levantado al mismo tiempo la que mejor saben enarbolar, que es la de la reclamación de más autonomía amparada en el tradicional bucle victimista. El talismán ficticio del pacto fiscal encubre con disfraz reivindicativo un fracaso político que, en justicia, no cabe atribuir sólo a Convergencia i Unió porque el tripartito le dejó en herencia una ruina inasumible. Pero en vez de negociar con honestidad un acuerdo honorable, la Generalitat ha preferido la amenaza de echar el carro por las piedras y abrir la caja de Pandora del independentismo. Siempre la fuga hacia adelante basada en la idea de que todos los males catalanes proceden de España. Incluso cuando toca aceptar, con los dientes apretados, que en este caso también está en España la única solución a su alcance.


En este juego del embudo los nacionalistas han sacado su vena más fenicia. Piden ayuda y se hacen los ofendidos. Quieren lo suyo sólo para ellos y repartir entre todos lo de los demás. Con una mano piden como panacea la soberanía fiscal que impugna de forma expresa la solidaridad constitucional entre las autonomías, y con la otra reclaman su derecho -que lo tienen, claro- a acogerse al Fondo de Liquidez que el Gobierno ha dispuesto con dinero de todos los contribuyentes españoles… y de los jugadores de Lotería. La evidente contradicción la combaten agarrados al falaz argumento de que España les perjudica, cuando no directamente les roba. El Estado opresor de los independentistas vascos se transforma para sus correligionarios catalanes en el Estado ladrón. Nadie dirá allí que una Cataluña independiente sería hoy una Cataluña en suspensión de pagos.


La estrategia de presión de Mas va dirigida a lograr que el Gobierno pague y calle sin meterse en camisas de once varas ni enviar los «hombres de gris» de Montoro. Se trata de escapar de la intervención cortando a base de alharaca soberanista cualquier tentación gubernamental de meter mano en el detalle del gasto, lo que supondría de facto una humillante suspensión parcial del autogobierno. Nada demasiado diferente, en el fondo, de lo que el propio Gabinete central reclama a los socios europeos: un crédito blando sin contrapartidas que evite el conflictivo término de «rescate». Sólo que España lo hace reclamando más Europa y Cataluña aprovecha para reivindicar menos España. Porque puede y le dejan, claro; si Rajoy amenazase en Bruselas con salir de la Unión monetaria correría serio riesgo de que algunos presuntos aliados cediesen a la tentación de tomarle la palabra.




LA QUIEBRA DEL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS


Ha publicado El Mundo una columna de Jorge de Esteban que merece ser reproducida hasta nuestros políticos abran los ojos y asuman la realidad.

Ya no cabe que disimulemos lo obvio, ni que miremos para otro lado, debemos afrontar la realidad tal como es, porque no podemos seguir corriendo tras los hechos para intentar alcanzarlos. No hay más remedio que pararse y aceptar lo que tenemos delante, con el fin de resolver el embrollo que nos envuelve, reconociendo de una vez que el Estado de las autonomías, que surgió de la Constitución de 1978, ha fracasado rotundamente, convirtiéndose más bien en el Estado de las anomalías.
Ahora bien, es conveniente no sólo hacer el diagnóstico de esta aberración constitucional que padecemos, sino también conviene explicar las causas por las que se creó. Las razones, sin que nos remontemos al siglo XIX, que es la fecha de donde partió el problema que todavía nos acecha, fueron cuatro en los inicios de nuestra actual democracia. En primer lugar, se trataba de resolver la cuestión de las reivindicaciones de los vascos y catalanes, algo que el propio Rey, en el discurso de su proclamación el 22 de noviembre de 1975, había ya sugerido. En segundo lugar, tras la llegada del presidente Tarradellas a Madrid en el año 1977, y de la restauración de la Generalitat de Cataluña, se intentó generalizar las autonomías para evitar la susceptibilidad de los medios más conservadores del régimen franquista, todavía en pie, a través de las llamadas preautonomías, antecedente de lo que vendría más tarde. Sin embargo, hay que señalar que además de estas dos primeras razones, había dos más que eran defendibles desde una perspectiva meramente democrática. En efecto, en tercer lugar, la adopción de las autonomías tenía la pretensión de acercar la administración a los administrados, mediante la descentralización del poder. Y, por último, también cabía defenderlas en razón de que podían ser un instrumento válido para acortar las diferencias económicas entre las regiones españolas, sacando a algunas del subdesarrollo económico y cultural en que se encontraban secularmente.
Pues bien, ninguna de estas razones se ha cumplido satisfactoriamente, salvo si acaso la última, pues no cabe duda de que regiones como Extremadura o Canarias, por poner algún ejemplo, se han beneficiado en cierto sentido del Estado de las autonomías. Pero dicho lo cual, no hay más remedio que afirmar que en su conjunto el Estado autonómico, ha fracasado, como, por ejemplo, se acaba de poner de manifiesto en un curso de la Fundación Denaes en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, en el que yo he participado. Pero, los testimonios de este fracaso nos lo ofrecen todos los días los periódicos y, en especial, la opinión pública de los españoles, que por fin se han dado cuenta de dónde procede la mayor parte de su desastrosa situación económica y de la senda que nos lleva al temido «rescate».
Conviene, por tanto, que entremos ahora en el diagnóstico de las razones de por qué ha fracasado un modelo de Estado descentralizado, que era bastante viable, y hasta beneficioso, si se hubiera regulado su diseño de forma racional y estable. La primera de las razones de su fracaso es la que se refiere, como digo, a su insuficiente regulación en el título VIII de la Constitución. Ciertamente, los constituyentes podían haber optado por un modelo concreto de los que ya existían en Europa para descentralizar el Estado, como podía ser el portugués, con dos regiones autónomas y el resto del territorio peninsular descentralizado administrativamente; el italiano, con 20 regiones autónomas, pero cinco de ellas con más competencias que las demás; y, por último, el alemán, en donde todos los Estados miembros tienen parecidas competencias. Sin embargo, no se siguió ninguno de esos tres modelos, sino que siguiendo el funesto ejemplo de la II República, se decidió crear un Estado descentralizado a trompicones y de manera desigual. Las consecuencias de ese sistema abierto, progresivo y nunca terminado, ha contribuido definitivamente a llevarnos a la situación actual. Porque, además, en segundo lugar, la concurrencia de ese sistema continuo de regateo competencial de las comunidades autónomas creadas, se agudizó al máximo, por permitir en nuestro sistema electoral la existencia de partidos nacionalistas, en las Cortes Generales, que es una característica anómala en los Estados federales que funcionan.
En tercer término, cabe afirmar que en la dialéctica que es propia de todo Estado federal, entre las fuerzas centrípetas y las fuerzas centrífugas, el ideal radica en la búsqueda de un equilibrio armónico entre ambas tendencias. Ahora bien, en España ha existido un elemento distorsionador que ha favorecido absurdamente el centrifuguismo, que paradójicamente no ha sido otro que el propio Tribunal Constitucional, cuyas muchas sentencias, especialmente la que se refiere al Estatuto de Cataluña, y a las legalizaciones de los partidos pro-ETA, Bildu y Sortu, no han hecho más que perturbar la lealtad federal o constitucional, que es necesaria en los Estados de este tipo.
Pero no sólo eso, sino que la diversidad de las competencias que han asumido las diferentes comunidades autónomas, han comportado, en cuarto lugar, que se haya establecido una situación de confusión en el funcionamiento general del Estado, dejando al Gobierno Central prácticamente sin competencias, o, dicho de otro modo, convirtiendo al Estado-aparato en un cascarón vacío. Como era de esperar, en quinto lugar, la reivindicación permanente de competencias, llevaba aparejada el aumento continuo de las clases políticas regionales, que han convertido a España en el país europeo con mayor número de políticos por metro cuadrado. Además, se ha ido fomentando la creación de empresas públicas, de televisiones autonómicas y organismos inoperantes, la mayor parte de los cuales con la única finalidad de emplear a simpatizantes, amigos y parientes.
Todo ello, en sexto lugar, fue favorecido por la modificación de la ley de las cajas de ahorro, que fueron invadidas por los políticos y sindicalistas locales, conllevando la corrupción y el despilfarro. La consecuencia ha sido que nuestras comunidades autónomas se han convertido en la mayor fábrica de déficit del Estado, hasta el punto de que ya no podemos continuar con este sistema de autonomías, de las que se ha perdido todo control, como se demuestra por el intento de rebelión encabezado por Cataluña en los momentos actuales, sin que ni siquiera nadie haya aludido al artículo 155 de la Constitución, que se hizo para algo. Semejante situación -y eso es lo peor- la conocen ya perfectamente las instituciones europeas, el Gobierno de los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y, especialmente, lo que se llama metafóricamente los mercados. De ahí que mientras que no se resuelva este galimatías, España no saldrá de la recesión, por muchos parches que ponga el confuso Gobierno actual.
Sin embargo, nada de esto habría ocurrido si la Constitución hubiese establecido con claridad cuáles eran las comunidades autónomas, sus respectivas competencias, y las propias del Estado. Por el contrario, no sucedió así, dando comienzo una carrera hacia el desguace del Estado. Muchos, sin embargo, desde el primer momento afirmamos la necesidad de que se acabase el diseño del Estado. En mi caso, por ejemplo, siendo subdirector del Centro de Estudios Constitucionales, sugerí al ministro de la Presidencia, Pío Cabanillas, la conveniencia de llevar a cabo una ley que estableciese el diseño final del Estado, puesto que la reforma de la Constitución en aquellos momentos no era viable. De este modo, Calvo-Sotelo cayó en la cuenta y se redactó la llamada Loapa, que trataba de llevar a cabo ese cometido en algún sentido. Pero los nacionalistas vascos y catalanes recurrieron la ley ante el Tribunal Constitucional, y éste en una de sus desafortunadas sentencias, siempre influidas por los partidos nacionalistas, anuló varios artículos de la misma. Si esa ley, o incluso otra parecida, se hubiera impuesto, junto con el acuerdo de los dos grandes partidos, España hubiese podido tener un Estado descentralizado que habría sido beneficioso para el país. Pero no fue así.
De este modo, hemos llegado irremediablemente a la actual situación, en que después de los ocho años de Gobierno del presidente Zapatero, las cosas se degradaron al máximo. La esperanza que se había depositado en el presidente Rajoy, en el Partido Popular, por el momento han defraudado ampliamente a todos los españoles. Nos encontramos en una situación cada vez peor, pero no sólo desde el punto de vista económico, sino también psicológico. Los españoles ya no confían en nadie o, mejor dicho desconfían de todo y de todos, y, a su vez, nadie fuera de España confía en nosotros. El Gobierno tenía que haber elegido entre reorganizar o desmantelar el Estado de las autonomías, o reducir cada vez más, con recortes y subida de impuestos, el Estado de Bienestar, en perjuicio de los españoles más necesitados. Pues bien, fatalmente eligió la segunda opción, que nos lleva claramente al abismo. Pero, se quiera o no, el Estado de las autonomías ha fracasado ya estrepitosamente, y será necesario reorganizarlo en profundidad, o incluso suprimirlo, si nos lo exigen nuestros deudores y socios europeos, porque la soberanía nacional es ya una entelequia jurídica. Sea lo que fuere, o entramos en un momento constituyente para revisar nuestra Constitución o depositamos a ésta en el almacén de los objetos perdidos.


miércoles, 25 de julio de 2012

SANTIAGO PATRÓN DE ESPAÑA Y DE LA CABALLERÍA


Hoy es el día de Santiago, patrón de España y de la Caballería, así que es conveniente hacer un pequeño recordatorio de esta leyenda hispana que ayudó a forjar esta nación de la que ahora reniegan tantos españoles, empezando por la mitad de sus políticos.

Cercanías de Clavijo (La Rioja), 23 de mayo del año 844: «A este tiempo se apareció Santiago sobre un fuerte y hermoso caballo blanco. A su vista se animaron briosos los cristianos y se amedrentaron tanto los infieles que, cobardes, volvieron las espaldas, huyendo desordenados, dejando el campo lleno de cadáveres moros y corriendo arroyos de su sangre que, se dice, llegaron hasta el río Ebro, que dista de aquel sitio dos leguas». Relatos como este, atribuido al historiador de principios del siglo XIX José González de Tejada, o heroicas escenas como la que ilustra este reportaje, pintada por José Casado del Alisal en 1885, han tenido a lo largo de los siglos una influencia enorme en la formación de la identidad nacional española.

Muchos han sido los historiadores, de toda tendencia y condición, que han venido rastreando los orígenes y repercusiones de la leyenda de esta batalla de Clavijo, en la que, según se ha contado desde la Edad Media y hasta no hace mucho, confundiendo ficción con realidad de una manera prodigiosa, se apareció el apóstol de España a lomos de un gran caballo blanco, espada en ristre y, a gritos de «¡Dios ayuda a Santiago!», se puso a cercenar cabezas de moros en auxilio de los cristianos.

Los hechos se han narrado siempre de forma gloriosa, al estilo de la prosa densa y partidaria de la Edad Media. El «caballero andante de Dios», ló llamó Cervantes. Y con ellos se impregnaron el espíritu de toda la Reconquista, inspirándose además el nacimiento de varias órdenes militares, algunas de la cuales han llegado hasta nuestros días a grito del famoso «Santiago y cierra España».

El «Tributo de las Cien Doncellas»
Cuentan que el Rey Ramiro I de Asturias, hijo de Alfonso II «el Casto», se negó en el 844 a seguir acatando el bochornoso tributo establecido por los sarracenos a sus antecesores, bajo la condición de que no les atacaran. Según este impuesto, conocido como el «Tributo de las Cien Doncellas», los reyes de Asturias debían enviar anualmente a Córdoba 100 doncellas cristianas, 50 nobles y otras tantas plebeyas. Avergonzado por semejante deshonor, Ramiro decidió ponerle fin.

El Rey reunió entonces a toda la región y formó un poderoso ejército, con el que se lanzó contra los musulmanes en Albelda (Logroño). La derrota fue tan dura que se vio obligado a correr a esconderse en Clavijo, a 17 kilómetros de Logroño, con los pocos hombres que habían quedado vivos. Pero allí acorralado, sumido en la desesperanza, cuentan los relatos que se le apareció el Apóstol Santiago en sueños para anunciarle su presencia en la batalla que tendría que librarse al día siguiente.

El encuentro tuvo lugar, según se cuenta, en las laderas del monte sobre el que se alzó después el castillo de Clavijo. Los cristianos, agotados y diezmados, se lanzaron sin temor contra el infiel convencidos previamente de su victoria, gracias a que su Rey les había dicho que Santiago el Mayor aparecería para batallar a su lado. Alfonso X el Sabio incluso reproduce en su «Primera Crónica General» (1270) las palabras del Apóstol a Ramiro I en sueños: «Sepas que Nuestro Señor Jesucristo repartió entre todos los apóstoles todas las provincias de la tierra. Y a mí sólo me dio España para que la guardase. Rey Ramiro, esfuérzate en tu oración y se bien firme y fuerte en tus hechos, que yo soy Santiago. Y ten por verdad que tú vencerás mañana con la ayuda de Dios a todos esos moros…»

Santiago, el «Matamoros»
Al rato de comenzar la contienda, cuando parecía ya perdida para los cristianos, surgió de repente un jinete desconocido sobre un gran caballo blanco, despidiendo resplandores y blandiendo una espada de plata con la que, en un abrir y cerrar de ojos, decapitó a 70.000 enemigos. Muchos más que todos los combatientes juntos. El valeroso ataque le valió para los restos el sobrenombre de Santiago el «Matamoros».

Algunos relatos hablaron de esta batalla como «la primera en la que se hizo una invocación a España» y se convirtió en una de las claves para que actualmente entendamos el movimiento jacobeo en el país, convirtiendo particularmente a Santiago de Compostela en uno de los lugares de peregrinación por excelencia de los cristianos, al mismo nivel que Jerusalén y Roma.

La influencia que tuvo el relato de lo ocurrido en Clavijo en la mitología patria fue tan grande que, en pocos años, se multiplicaron las intervenciones de Santiago Apóstol en batallas y escaramuzas contra la morisma por toda la Península, con incontables réplicas locales surgidas, por lo general, en los ambientes eruditos del Siglo de Oro.

Como la Batalla de Coímbra en 1064, descrita en el Códice Calixtino recientemente aparecido, donde el patrón de España vuelve a intervenir en favor de las tropas de Fernando I. Su intercesión conseguirá que, a partir de aquella fecha, la Reconquista fuera considerada Guerra Santa. Las apariciones del Santo recorrerán todo el territorio peninsular mezclándose la realidad con la devoción en la Historia oficial.