sábado, 30 de abril de 2011

DESPRECIO A LA LEY, DESPRECIO AL PARO, DESPRECIO A LA VERDAD

El vicepresidente primero del Gobierno Rubalcaba ha admitido, en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros, que la EPA de hoy es "mala, mala, mala". No obstante, ha dicho que estaba dispuesto a arriesgarse y a vaticinar que esta Encuesta de Población Activa marca un máximo y que "a partir de ahora la economía española empezará a crear empleo". Una vez más brotes verdes, una vez más el fin de la crisis, una vez más la mentira continua y sin consecuencias.

Por su parte, el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez,ha calificado el dato de la EPA de “muy negativo”. El ministro ha añadido que “tiene que ser valorado con preocupación. Se trata de una situación grave y hay que valorarlo como se merece”. No obstante, Gómez ha destacado que “No tiene ninguna importancia si se llega o no a los cinco millones de parados. Con una tasa como la que tenemos no hay ningún Gobierno que pueda sentirse contento, ni siquiera uno presidido por Mariano Rajoy”. Y ha recordado que “ocho de cada diez despidos se han producido al amparo de una ley aprobada siendo ministro el señor Rajoy”. Parece que se le ha olvidado que hace ya siete años que gobierna el PSOE y que si esa ley era mala han tenido tiempo más que suficiente para cambiarla, pero no, ya se sabe, la culpa es de Aznar.

Y con la cercanía de las elecciones y el aumento del paro ¿en qué anda nuestro gobierno?

Hay por ahí un papel que en febrero aprobó el Consejo de Ministros y que ostenta un título largo pero descriptivo: «anteproyecto de ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación». El documento ha sido impulsado por el Ministerio Pajín, último destino de Bibiana Aído. El anteproyecto quiere asegurar la igualdad de trato en todos los ámbitos de la vida, tanto públicos como privados. En particular, pone gran empeño en que los medios de comunicación eviten «toda forma de discriminación… en sus contenidos y su programación» (Artículo 22).

¿Cómo llevar esta exigencia a la práctica? Lo ignoramos. Pero no ignoramos que un fiscal podría entender que un diario o una cadena televisiva hostiles al Gobierno incumplen la igualdad de trato y se hacen merecedores de sanciones muy graves. A los conservadores les inquieta aún más el Artículo 16.2, el cual retira la financiación pública a los colegios que admitan solo chicas, o solo chicos. Esos colegios suelen ser religiosos. ¿Puro azar? Parece que no.

El anteproyecto refleja, por decirlo brevemente, una ignorancia pasmosa sobre cuáles son los fines de la ley en un régimen de Derecho. Y, por descontado, revela un desconocimiento singular de los límites a que debe sujetarse cualquier Gobierno en una nación civilizada. Un rasgo no infrecuente en este Gobierno es la propensión a representarse la ley como un instrumento dirigido a materializar objetivos concretos, tangibles, inmediatos. Esto es desmedido y potencialmente letal para la libertad.

Aído y Pajín son españolas normales, que no comprenden bien el Derecho ni sus límites, que no comprenden bien que las constituciones están pensadas para atar al poder, a las que no entra en cabeza que sus puntos de vista son solo eso, suyos, y no la verdad absoluta, y que confunden el BOE con un estropajo para dejar a la sociedad limpia como una patena. Aído y Pajín son como Zapatero.

Y me permito copiar como propios los comentarios de tres foreros de El Confidencial. Mientras la economía se hude y España se descose lentamente, nuestros periodistas entran al trapo de estrategia socialista y ponen en duda que exista una alternativa política a la situación actual. Así, mientras se habla de regeneración democrática y de Zapatero no se habla del paro, de la EPA, si hablamos de ETA no hablamos de la profunda crisis económica y moral de España, por no hablar de la crisis ética, un concepto ya ovidado en este país, donde al Vicepresidente y probable candidato electoral nadie le pide cuentas por llevar mintiéndonos veinte años.

Pero de verdad ¿alguién se cree que este País sectario hasta la saciedad va a levantarse mientras gobierne la izquierda?

Los sindicatos andan callados como muertos, por la cuenta que les trae, demasiado ocupados en contar los billetes que le envía ZP en forma de subvenciones para que no abran la boca. Si el Gobierno de España tuviese el color del PP, hace tiempo que el Paseo de la Castellana estaría tomado a diario por UGT y CCOO. Yo, en el único sitio que veo manifestaciones cada poco [trabajo al lado] es en la calle Diego de León frente a la sede de la CEOE.

Si gana el PP en el 2012, veremos a los sindicatos convocar una manifestación por el empleo justo al día siguiente, pero mientras tanto, todos con la boca cerrada.

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Esto es cojonudo. Resulta ahora que descartada ya la opción PSOE por incompetencia manifiesta, ahora el énfasis se centra en decir que niy hay alternativa, ahora y desde hace años. Vamos a caer en aquello en lo que el aparato de propaganda socialista lleva trabajando 7 años: no hay alternativa. Basta de hacerles el juego Sr. Zarzalejos. Aquí quien ha destruido la economía, quien ha fragmentado la sociedad, quien ha maleducado a nuestros jóvenes, quien ha pervertido el discurso político son estos tipos del PSOE con el ZP a la cabeza. ¿Acaso el PP no demostró competencia durante el periodo 96-2004? Si Rajoy lo hará mejor que ZP puede no estar asegurado, pero que el tipejo este y los suyos deben marcharse y no volver es una necesidad patriótica. ¿Acaso no es el PP quien gobierna Madrid con evidente éxito? Es comparable la gestión económica en Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha con las de Madrid, Castilla Leon o la Rioja? Basta ya de hacerles el juego. Probemos la alternativa, lo que tenemos hoy ya sabemos no vale ni para tomar po el 

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O sea que según Ud., el PSOE, y en concreto su líder, el inepto ZP, será muy malo, pero el que le puede sustituir es peor.

¿Y cómo puede estar tan seguro de eso?

Señor mío, comentarios como el suyo, lo que esconden en realidad, es la eterna cantinela infantil cuando ante un renuncio, extienden la culpa a todos los niños próximos.

Nadie sabe si Rajoy será buen o mal presidente, pero en cambio todos hemos comprobado cómo un tipo que prometía el oro y el moro, nos ha llevado a la más negra de las ruinas, y una vez conseguido, eso, ha tenido la desfachatez de decirnos que no nos preocupemos, que él mismo va a ser el que nos saque del atolladero, sacrificándose una vez más por todos nosotros.

Y aquí estamos todos perdiéndonos en disquisiciones sobre si el que venga detrás será mejor o peor, cuando lo verdaderamente urgente, es quitarnos de encima al incompetente que ha despilfarrado nuestro dinero de mala manera y que sigue anunciando que cada primavera habrá brotes verdes, y que se va a empezar a crear empleo en el segundo semestre de cada año.

Rubalcaba, ayer, con dos cojones: Se va a empezar a crear empleo y más empleo"

Y nosotros discutiendo cómo será Rajoy

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Rajoy puede no ser muy bueno, ni muy valiente, o sí es muy tácticista y comedido, pero es evidente que a la situación actual nos han llevado los socialistas españoles, todos ellos, no solo Zapatero, todos los que le han apoyado sin fisuras en esta deriva absurda sin la manor autocrítica, sin preguntarse hacia donde están llevando el país. Y en eso, al menos, Rajoy fue ayer muy sincero y estuvo acertado.


jueves, 14 de abril de 2011

DIEZ REFORMAS LEGALES BÁSICAS E IMPRESCINDIBLES PARA LA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA DE ESPAÑA

Pablo Sebastián plantea brevemente en República.es las diez modificaciones legales básicas para la regeneración democrática de España, que ni PSOE ni PP tienen ningún interés en plantear, pero que los ciudadanos deberíamos exigir en cada oportunidad que tengamos a nuestro alcance. Por su interés público, y porque me adhiero a las mismas, reproduzco a continuación parte de su columna de opinión.

Los etarras entran y salen de la cárcel “como Pedro por su casa”, en el parlamento catalán hablan de la independencia de Cataluña, los imputados de corrupción se cuelan en las listas electorales de mayo –pronto los batasunos también-, crece la crisis económica y el paro, calla la oposición y el presidente Zapatero, que ahora está de despedida, se dedica a pasar la gorra de Mao en Pekín –”una limosnita para las Cajas de Ahorro”-, sin recordar que ese gobierno chino es el que acaba de encarcelar al artista y disidente Weiwei.

Este país, España, que a la espera está de los cuatros partidos “a muerte” del Barça contra el Madrid, sigue siendo asombroso. Pero algo tenemos que hacer en contra de la resignación.

....España necesita una profunda reforma política para pasar de la Transición a la Democracia. Sobre todo cuando la crisis económica y social que sufre nuestro país ha dejado en evidencia las carencias de nuestro sistema político y en pañales una clase dirigente muy mal valorada por los ciudadanos y temerosa de sufrir una rebelión social e incontrolada. ....

....Adolfo Suárez está en la Historia de España como el gran artífice de la transición de la dictadura al régimen de las libertades y de la partidocracia imperante. Le acompañará a Suárez en ese “cuadro de honor” el dirigente político que se atreva a completar este viaje, ya demasiado largo, hacia el ideal de la Itaca democrática que se ha convertido en un anhelo y una perentoria necesidad ahora que la crisis dejó al descubierto nuestro modelo político.
Un modelo de “segunda clase”, propiciado a la muerte del dictador Franco por las potencias extranjeras -Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Francia- que consideraban a los españoles poco preparados para un sistema democrático pleno como el presidencialista –con la Monarquía o con la República-, con elecciones mayoritarias y directas de los legisladores y gobernantes, y con la obligada separación de los poderes del Estado, la regla de oro de Montesquieu que en España quedó reducida a la simple separación de funciones. Se temían estos “padrinos extranjeros” de la transición que un sistema mayoritario y presidencialista con sufragio universal podía favorecer el renacer de caudillos, líderes populistas y caciques propios de las naciones del sur de Europa, donde la tradición y la cultura democrática brillaban por su ausencia.

Pero hora es que llegue esa reforma democrática que en su día debían haber impulsado desde sus cómodas mayorías Felipe González y José María Aznar, en vez de mecerse cómodamente en las enormes ventajas de acumulación de poderes que nuestro sistema permite al jefe del partido que gana las elecciones y que les entrega, en sus manos y sin control, los poderes ejecutivo, legislativo, judicial, los medios de comunicación, el sistema financiero y también las grandes empresas reguladas por el Gobierno. Y con semejante poder y semejante ley electoral -que impide que los españoles no elijamos directamente a ninguno de nuestros gobernantes y legisladores, y que prima a los partidos nacionalistas que propugnan la independencia de sus respectivas regiones- era muy difícil que en España pudiera producirse la natural alternancia en el poder salvo catástrofes inesperadas (el golpe de Estado contra Suárez), o muy sonados abusos o errores (el GAL con González, las mentiras del 11-M con Aznar), como se ha demostrado a lo largo de los últimos años. 

Sin que nadie, y menos aún desde los grandes partidos nacionales que son los grandes beneficiarios del sistema (porque hasta en la oposición se está cómodamente colocado) se haya atrevido a plantear la esperada reforma democrática que debería de empezar por cuestiones tan fundamentales y sencillas como las que se inscriben en el siguiente decálogo:

1.- El presidente del Gobierno debe de ser elegido por el sufragio universal de todos los españoles, y no por el Parlamento que controlan los aparatos de los partidos

2.- Hay que cambiar la ley electoral a favor de las listas abiertas y con un sistema mayoritario (a esto hay que añadir, sólo tendrán entrada en el Congreso aquéllos partidos políticos que obtengan al menos el apoyo del 5% del censo electoral, un suelo electoral que no es extraño en otros países de nuestro entorno).

3.- Ni el Gobierno ni el Parlamento pueden participar en la selección de los altos tribunales y los órganos de control del Poder Judicial, que deberá ser elegido por los cuerpos jurídicos del Estado.

4.- El Senado debe tener competencias legislativas claras, o desaparecer.

5.- Los Alcaldes deben ser elegidos por sufragio directo de sus ciudadanos.

6.- Deben desaparecer las Diputaciones Provinciales.

7.- Los ministros, secretarios de Estado, responsables de los órganos reguladores del Estado, embajadores de primer nivel, etc. deben pasar un examen previo en el Parlamento para su nombramiento, una vez que se conozca su idoneidad para el cargo (añado, así como presentar anualmente una declaración de bienes propios, de su cónyuge o pareja y de sus descendientes).

8.- El presidente del Gobierno no puede ser elegido más de dos mandatos.

9.- Se ha de crear una Alta Escuela de la Administración del Estado.

10.-El Estado debe recuperar competencias de las Autonomías que faciliten la cohesión nacional.

No cabe imaginar que a estas alturas del proceso español, visto lo que ahora ocurre con las listas electorales de los imputados, que nadie se atreva a hablar de “regenerar la vida pública”. Lo que hay que hacer de una vez por todas es reformar las reglas del juego de la política en beneficio de la Democracia para que los malos e incapaces gobernantes no tengan cabida en la Administración, ni los corruptos en las listas electorales. 

Y si hay voluntad política y liderazgo para ello la reforma democrática llegará mejor pronto que tarde y antes de que sea un clamor de la ciudadanía. Aunque mucho nos tememos que previamente esta reforma -que recoge lo esencial de todas las democracias europeas de nuestro entorno- deberá de abrirse camino ante la opinión pública y nosotros, en lo que podamos, lo vamos a facilitar.

Y no deberíamos aceptar más excusas, sólo quien proponga en su programa electoral al menos la mitad de este decálogo merece el voto de los ciudadanos, y si no lo cumpliera una vez en el poder, como diría un castizo ¡¡¡puerta!!!


miércoles, 13 de abril de 2011

TERRORISMO, NACIONALISMO Y DERROTISMO

El etarra Antonio Troitiño, condenado a 2.232 años de prisión por más de veinte asesinatos en los años 80, ha quedado hoy en libertad, a pesar de que su salida de la cárcel no estaba prevista hasta el año 2017 en aplicación de la llamada 'doctrina Parot'. Troitiño es autor, entre otros atentados, del coche-bomba de la plaza de la República Dominicana de Madrid, en 1986, en el que murieron doce guardias civiles, el asesinato, el 12 de junio de 1985, del coronel Romero y su conductor, y la muerte, el mismo día, de un artificiero de la Policía Nacional al estallar un vehículo en el aparcamiento de la plaza de Felipe II. Unos días más tarde, el 29 de julio de 1985 formó parte del comando que asesinó al vicealmirante Fausto Escrigas. El 25 de abril 1986 participó en el asesinato de cinco guardias civiles en la calle Príncipe de Vergara. El 'comando Madrid' fue también responsable del atentado que acabó con la vida del teniente coronel Carlos Vesteiro, del comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas y del soldado Francisco Casillas, el 17 de junio del mismo año. Antonio Troitiño fue detenido, junto a otros 7 miembros del comando 'Madrid', el 16 de enero de 1987.

La puesta en libertad de Troitiño ha sido posible después de que la Audiencia Nacional aceptara la petición del terrorista de realizarle una nueva liquidación de condena basándose en el criterio de doble cómputo establecido por el Tribunal Constitucional. Este criterio establece que se compute como prisión preventiva de una de las causas el tiempo que el etarra permanece en la cárcel mientras cumple condena por un delito distinto.

La salida de la cárcel de Troitiño coincide con la puesta en libertad de José María Sagarduy Moja, alias 'Gatza', el preso de ETA que llevaba más tiempo en prisión. 'Gatza' salía esta mañana de la prisión de Jaén después de 31 años y nueve meses entre rejas.

La derrota anticipada del Gobierno socialista de Zapatero ante el terrorismo etarra deja a las víctimas y a la gran mayoría de la ciudadanía sin la menor capacidad de respuesta. Libera etarras sanguinarios, con una condena de un año de prisión por cada asesinado y sin castigo por decenas de heridos de gravedad, empieza a mandar mensajes conciliadores mientras hace otras declaraciones de firmeza, nada es creíble en este gobierno zapaterial, nunca lo fue, sólo su feligresía puede creer una sóla palabre de ellos.

Por otra parte, el Parlamento catalán ha rechazado admitir a trámite la declaración sobre la independencia de Cataluña impulsada por SI, después de que CiU se haya abstenido en las enmiendas a la totalidad de PSC, PP y C's. El portavoz parlamentario de la federación, Jordi Turull, ha argumentado que la independencia es una causa muy “noble” que hacen suya mucho diputados de la cámara, pero ha recordado que, por lealtad a su programa electoral, esta legislatura tiene que ser la del pacto fiscal liderado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y no la de la secesión. El debate ha destacado por la ausencia de Mas y de casi todos los consellers del Govern –excepto la vicepresidenta, Joana Ortega, y Andreu Mas-Collell–, que sólo han hecho acto de presencia para votar, una circunstacia que ha criticado la oposición en bloque. 

Primero fomentan la independencia, luego votan por ella y después se retractan en su Parlamento porque es más provechoso extorsionar al gobierno central que vivir de sus propias capacidades. Qué pesadez, qué aburrimiento ¿Por qué no piden la independencia de una vez? 

Y nuestro gobierno ¿dónde está? Una derrota preventiva de cara a las siguientes elecciones.

Freedom for Spain, Catalonia is not Spain.

martes, 12 de abril de 2011

CARRILLO Y PARACUELLOS, CUANDO SE EMPEÑAN EN NO RECONCILIARNOS

Paul Preston, uno de los más reputados hispanistas de la actualidad y gran experto en la historia contemporánea de nuestro país, ha escrito su nuevo libro,  «El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después» (Ed. Destino). 

Aunque Preston reconoce que su especialidad no son las cifras, la aportación de muchos historiadores locales le han servido de mucha ayuda. Los cálculos son aterradores: cerca de doscientas mil personas fueron asesinadas lejos del campo de batalla, eliminadas extrajudicialmente o en juicios sin garantías. Los últimos estudios, como el José Luis Ledesma Vera, apuntan a cerca de 50.000 simpatizantes del bando nacional asesinados, y no menos de 130.000 republicanos. Pero las cifras son seguramente mayores ya que en el caso de la represión republicana en Madrid aún no ha podido determinar con exactitud el número de asesinatos, que podría ser muy superior. 

Paul Preston no tiene dudas sobre la magnitud de este conflicto («por supuesto que se puede hablar de holocausto, murieron decenas de miles de inocentes en ambas zonas») y argumenta que éste no «es el libro de un inglés que piensa que los españoles son unos bárbaros, y una gente especialmente violenta. Es un libro que me ha supuesto años y años de estudio, de libros leídos y consultados, de investigación, especialmente en lo referente a la represión en la zona republicana, y es un trabajo que también me ha supuesto un enorme coste emocional, que me ha provocado muchísima rabia y tristeza. Y, sobre todo, quiero que sea un libro que contribuya, a pesar de su crudeza, a la reconciliación». 

Los muertos fueron los mismos, igual da una checa que la tapia del cementerio de La Almudena, pero el historiador inglés apunta que «sí, hay diferencias cuantitativas y cualitativas entre la represión ejercida por los dos bandos. Por ejemplo, la violencia franquista se dio mayormente en zonas rurales, sin testigos, debido a la férrea censura militar, y grandes problemas de identificación, ya que muchas de las personas eran asesinadas fuera de sus lugares de origen y sin papeles encima. La represión republicana se ejerció las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, y también en algunas zonas rurales que controlaban los milicianos anarquistas».

El origen del odio

El libro arranca en los años inmediatamente anteriores a la guerra, en lo que Preston denomina «Los orígenes del odio y la violencia», deteniéndose en las raíces ancestrales de la violencia, acumulada durante años de injusticia, de excesos por ambas partes, que sostenían las teorías de los que Preston llama «los teóricos del exterminio». Los de la bomba en la calle Mayor, o los de botas lustradas como el General Mola: «Eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros». 

Seguidamente, el libro se detiene en la represión en Andalucía según avanzan los rebeldes, o también en Castilla la Vieja, León. Y se asienta detenidamente en el terror revolucionario en las dos grandes capitales, Madrid y Barcelona, donde el golpe no triunfó y que quedaron en manos de grupos de milicianos armados descontrolados, delincuentes comunes, comités de barrio....Y, por supuesto, las matanzas de Paracuellos. 

Con las tropas de Franco en La Moncloa, el Gobierno huye a Valencia. El general Miaja preside la Junta de Defensa de Madrid. Los comunistas se hacen fuertes, y Santiago Carrillo es nombrado Consejero de Orden Público. A las pocas horas, en la madrugada del 7 de noviembre empieza la pesadilla, la «evacuación» de los prisioneros ante la que parecía probable entrada de Franco en Madrid. «Las mentiras de Carrillo me parecen infantiles. Ha llegado a decir que él no era comunista. Pero si había estado en Rusia en 1935 en reuniones del Politburó. Algo o mucho tiene que saber, alguna responsabilidad tiene. A su mando estaba Segundo Serrano Poncela, Director General de Seguridad, que tenía que darle cuenta de todo lo concerniente a estas “evacuaciones”». 

Probablemente, en los crímenes, además de gente incontrolada, quizá del Quinto Regimiento de los comunistas, no faltaron los agentes soviéticos, como el italiano Vittorio Vidali. Tristemente conocido como Carlos Contreras, de él contó Hemingway que se decía que «disparaba tan a menudo que tenía la piel quemada en los dedos índice y pulgar de la mano derecha».

Tras la contienda, la pesadilla continuó todavía para muchos españoles. La represión de los vencedores no se hizo esperar, y Preston cree que sí «existía un plan preconcebido de exterminio. Al fin y al cabo es lo que había dicho Mola, y no olvidemos que entre muchos partidarios de Franco se tenía una interpretación casi biológica de España. Consideraban que estaba llena de venenos: liberalismo, socialismo, ateísmo, anarquismo, liberalismo... que había, sencillamente, que extirpar». 

No es conveniente hacer adivinanzas sobre la Historia, ni jugar a los acasos. Pero Paul Preston apunta una última opinión: «Tal vez si los militares hubieran apoyado a los republicanos moderados se podrían haber evitado tantos males». Y tal vez si los nietos no se empeñaran en mantenerla viva, la Guerra Civil habría acabado afortunadamente hace 61 años. Pero mientras queremos rematar a algunos abuelos ya muertos hace decenas de años, nos empeñamos en idolatrar a algún otro abuelo y supuesto colaborador en matanzas como Carrillo.



domingo, 10 de abril de 2011

LA REPUBLICA, QUÉ DIFÍCIL ES SER OBJETIVO

Hacia 1930 estaba cada vez más claro que el optimismo y las ilusiones de una nueva belle epoque no parecían muy justificados. De hecho, de forma gráfica Niall Ferguson ha utilizado la expresión «Edad del odio» para calificar el período comprendido entre las dos guerras mundiales \[...\] Después de la Gran Guerra casi ningún país escapó a esos cambios, un proceso caracterizado por George Mosse como brutalización de la política.. Las violencias partidistas se multiplicaron en el difícil contexto de transición de la guerra a la paz. Finalizadas las hostilidades, la guerra se prosiguió de otra forma. Los lenguajes bélicos se mantuvieron en vigor así como el deseo de aniquilar totalmente al adversario. \[...\]

Ciñéndonos a la República, aunque de tarde en tarde se glorifique el mito, esta experiencia democrática y sus élites rectoras tuvieron muy poco de modélicas, hasta el punto de que sólo de forma forzada se les puede considerar antecesoras de la democracia española actual \[...\]. Más allá de los avances que impulsó (la extensión del sufragio a las mujeres, las reformas sociales, la ampliación de los derechos ciudadanos a las capas populares, la política educativa...) dejó mucho que desear como régimen pluralista basado en el pacto y en el consenso. En este aspecto, tuvieron una gran responsabilidad, qué duda cabe, las fuerzas políticas y sociales que no se identificaron con el proyecto democratizador iniciado en 1931 \[...\]. Salvo excepciones individuales más bien contadas, los grupos políticos que nutrieron ese abundante caudal autoritario (monárquicos tradicionalistas, católicos corporativos, fascistas) no miraron a la democracia como punto de llegada \[...\].

«La República es nuestra»
Pero la República no sólo encontró obstáculos en su flanco derecho. La puesta en cuestión de esta democracia también partió del universo —igualmente plural— de las izquierdas, en particular de las izquierdas revolucionarias. Los comunistas, que eran pocos, y sobre todo los anarcosindicalistas le declaron la guerra a la República prácticamente nada más nacer. De hecho, hasta 1934 el principal escollo interpuesto en el camino de la democratización fueron los segundos. Su protagonismo antidemocrático durante esas fechas fue mucho más importante que los impulsos desestabilizadores lanzados desde el mundo conservador. \[...\]

Para los socialistas, aunque no fuera su modelo ideal, la República únicamente habría de ser para ellos y para los republicanos, y por lo tanto sólo ellos deberían ser sus exclusivos gestores. Dado su carácter «revolucionario y popular», el nuevo régimen solamente podía ser administrado «por los genuinos representantes de ese pueblo que lo había traído». En consecuencia, sus enemigos y opositores quedaban automáticamente fuera del hecho fundacional. El manifiesto lanzado a los pocos días del 14 de abril por las ejecutivas socialistas no dejaba ningún resquicio a la duda: «Esta República española que ahora empieza, y de la cual hemos de ser nosotros guardianes vigilantes, es algo esencialmente nuestro porque a nuestro calor ha nacido y a nuestro calor ha de afirmarse y perfeccionarse en el futuro \[...\].

Bajo tales presupuestos se entiende que los socialistas no concibieran la democracia republicana como una democracia pluralista, liberal y representativa en la que se sintieran cómodos todos los españoles, sino como una democracia revolucionaria forjada, siquiera parcialmente, a su imagen y semejanza. Su discurso subrayaba que sólo los que hubieran aceptado esa legitimidad revolucionaria de origen podrían estar legal y constitucionalmente capacitados para ejercer el poder y ser investidos con la consideración de fuerzas leales. Así, desde su particular interpretación la República echaba a andar como un sistema que excluía a sus adversarios, que castigaba —o en el mejor de los casos restringía— la disparidad de opiniones, supeditando la libertad individual al progreso colectivo de la sociedad. \[...\]

El solo hecho de que Acción Nacional se presentara a las elecciones para intentar llevar diputados a las Constituyentes era un gesto que les parecía inconcebible, pues al fin y al cabo no representaban a nadie. Eran «la España leprosa», cuya carroña había soterrado para siempre «el verdadero pueblo que trabaja y estudia, que sufre y ama». El despliegue de insultos con el que se recibió el retorno de los católicos al escenario político sorprende tanto por su riqueza expresiva como por su implacable ferocidad e ironía. Baste un ejemplo entre mil del periódico «El Socialista» (27-5-1931): «¡Ya viene, ya viene! [...] la turba de alimañas, de raposas, de avechuchos, de sabandijas, de vampiros, de cuervos, de garduñas, de lechuzas, de reptiles, de chacales, de hienas y demás animales y animánculos dañinos que infectaron el país hasta el advenimiento de la República, torna ahora en infernal algarabía de graznidos, chillidos, aullidos, silbidos y rugidos». \[...\]

A la agresión con la agresión
Desde principios del verano de 1933 numerosos círculos socialistas empezaron a acariciar en voz alta la idea de la dictadura del proletariado. Aunque la cosa estaba en el ambiente, el aldabonazo en el giro revolucionario del socialismo lo dieron los famosos pronunciamientos públicos de Largo Caballero, que se sucedieron sin solución de continuidad desde el mes de julio. El entusiasmo con el que recibió la llegada de la República en 1931 se esfumó ahora como por ensalmo. \[...\] En una entrevista con Santiago Carrillo a finales de septiembre, Largo Caballero se explayó con la sincera rudeza que le caracterizaba, exponiendo a los lectores el núcleo más antidemocrático de su pensamiento: «Yo no sé cómo hay quien tiene tanto horror a la dictadura del proletariado, a una posible violencia obrera. ¿No es mil veces preferible la violencia obrera al fascismo?» En los doce meses siguientes, tanto de puertas afuera como en privado, se continuó hablando sin respiro de la amenaza fascista —sin especificar muy bien qué era eso—, de la obligación de estar alerta y de la necesidad de armarse para hacer la revolución. \[...\].

Tras la caída del Gobierno Azaña a principios de septiembre y su recambio por un Gobierno Lerroux, la escalada verbal adquirió tonos casi apocalípticos. Dado que el «derrengado carro de la democracia republicana» les había expulsado «con vilipendio» del poder, abriendo la puerta al «fascista» Lerroux, no quedaba otro camino que conquistarlo «de la forma que sea» para «realizar la necesidad histórica de nuestros días: la dictadura socialista que gobierne para el proletariado». Las posiciones de los caballeristas fueron ganando peso por doquier, hasta el punto que casi todos los socialistas —con la salvedad del grupo de Besteiro— acabaron por hacerlas suyas. \[...\]

La aplastante victoria de las derechas y el centro exasperó a los socialistas y borró de su discurso cualquier resto de respeto a la legalidad constituida. Lo de menos era que ellos se hubieran implicado a fondo en su construcción mientras formaron parte del Gobierno. No aceptaron la derrota y se mostraron dispuestos a vulnerar las reglas del juego democrático. En sus esquemas ideológicos no se contempló como algo normal la alternancia en el ejercicio del poder. Se evidenciaba así, pues, que para los socialistas república no era igual a democracia. \[...\] El único sector socialista que se opuso a estos planes fue el representado por los dirigentes besteiristas que todavía controlaban la UGT. \[...\] Se desmarcaron claramente de los objetivos insurreccionales. En una reunión del Comité Nacional de la UGT celebrada el 13 de diciembre a puerta cerrada, Saborit negó que sobre la República recayese una verdadera amenaza fascista: «¿Se trata de que hay un peligro inmediato de fascismo? Yo digo que eso seriamente no hay quien lo diga [...]» 

En abril de 1934, las Juventudes Socialistas ratificaron en un congreso su apuesta por la insurrección armada y la dictadura del proletariado. Al tiempo que dieron por agotado el «régimen burgués», desarrollaron una organización militar propia que conllevó el acopio de armas y el adiestramiento de los militantes en muchos sitios. En aquel congreso, lejos de atemperar sus encendidos ánimos, Largo Caballero —líder indiscutible ya de los socialistas— les animó a crear un «ejército revolucionario», a seguir el camino de la violencia y a adueñarse «íntegramente» del poder político «como sea», al margen de las «instituciones burguesas»: «tengo que manifestar que la revolución no se hace con gritos de viva el socialismo [...]. Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo»
 

sábado, 2 de abril de 2011

LA DESPEDIDA DEL PERFECTO IDIOTA IBEROAMERICANO

GRACIAS

ALGÚN DIOS EXISTE, NO SÉ CUÁL, PERO ALGUNO EXISTE

POR TUTATIS

EL PERFECTO IDIOTA IBEROAMERICANO, ZAPATERO, EL BOBO SOLEMNE, EL MR. BEAN HISPANO, EL PALETO ECONÓMICO QUE IBA A APRENDER ECONOMÍA EN DOS TARDES, EL HIJO DEL VIENTO, EL DESNORTADO QUE NOS LLEVABA AL CORAZÓN DE EUROPA, EL PACIFISTA QUE NOS METIÓ EN UNA GUERRA DONDE NO PINTÁBAMOS NADA, EL ROJOCARMESÍ, EL SOCIALIZADOR DE LA POBREZA, EL FEMINISTA QUE ELEVÓ A PAJÍN AÍDO Y CHACÓN A LOS ALTARES, EL ATEO QUE LLEVABA A SUS HIJAS A UN COLEGIO CATÓLICO, EL PROFESOR EVENTUAL DE DERECHO CONSTITUCIONAL AL QUE SE LE OLVIDÓ LA CONSTITUCIÓN, EL TRAIDOR A LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO, EL NEPOTISTA, EL QUE IBA A BAJAR LOS IMPUESTOS, EL QUE IBA A CABAR CON EL PARO, EL COHESIONADOR DE ESPAÑA, EL QUE IBA A MULTIPLICAR LA TRANSPARENCIA MIENTRAS SU VICEPRESIDENTE SE NIEGA A RESPONDER EN EL PARLAMENTO....

SE VA, TODAVÍA LE QUEDA UN AÑO, PERO SE VA. 

VA A SER UN AÑO MUY LARGO, MENUDO LEGADO NOS DEJA ESTE IDIOTA.

DIOS EXISTE
 

viernes, 1 de abril de 2011

PERLAS ANTES DEL FIN DE SEMANA

España es el único país de toda la Unión Europea y de la Eurozona que supera la barrera del 20% de tasa de paro. Según los datos de febrero hechos públicos hoy por Eurostat, nuestro país es el campeón del paro en el continente, con un 20,5%. Y después de siete años de gobierno siguen echando la culpa a Aznar.

El presidente catalán, Artur Mas, votó ayer, de forma anticipada y a favor de la independencia, en la consulta de autodeterminación de Cataluña convocada en  Barcelona y que tiene como última cita en las urnas el próximo 10 de abril. Mas se une así a otros miembros de su gobierno y al ex presidente Jordi Pujol, que reveló ayer que ya había votado de forma anticipada en la consulta soberanista, de carácter popular pero sin efectos jurídicos, y que lo hizo en favor de la independencia de Cataluña. ¿Porqué no se largan de una vez y se dejan de teatros? Yo, por mi parte, miro las etiquetas de todos los productos que compro y pienso "con mi dinero, NO".

Obsesionado por pasar a la Historia como el gran pacificador, subordinó al «Proceso» toda la estrategia del Estado y se convirtió en rehén político de unos terroristas. Desairó a las víctimas, descolgó a la oposición, irritó a los jueces y desdeñó las lecciones del pasado —las de Aznar y las de González— con un optimismo ciego, iluminado y arrogante. Pero todo eso lo hizo desde una infinita torpeza autocomplaciente, desde un adanismo elemental y suicida. Confió en la palabra de un grupo de asesinos, y encima eligió para negociar con ellos a un manojo de ineptos encabezado por ese delirante visionario que se llama Jesús Eguiguren. No es que el líder socialista sea hombre de grandes anclajes intelectuales y sólidas convicciones ideológicas; pero su sueño de poder, el que construyó acurrucado y silente durante años de irrelevancia parlamentaria, le llevaron a esperar mejores resultados de los que hoy tiene a la vista: una España sin pulso económico, vibración nacional, latentes tensiones sociales, paupérrima en su vida cultural y con el sostén principal de nuestros socios europeos, asustados porque, como el propio Zapatero se harta de repetir, no somos Portugal, Irlanda o Grecia. Somos 46 millones de vecinos y un porcentaje importante en el PIB de la Unión y en el peso del euro. Pero ¿es que ha acertado en algo este Presidente? Entre mentiras, ocultaciones y fracasos, no ha acertado ni sabiendo los números de la Primitiva por adelantado.

Definitivamente el país mágico de Zapatero no sabe crear riqueza. Estamos volcados en redistribuir pobreza. Y condenados a hacerlo cuando se haya ido. Eso es el socialismo español y no otra cosa, excepto cuando se trata del bolsillo propio, para ese son muy celosos.

Dominan el arte de la mentira como nadie. Claro que no hacen otra cosa que mentir. Saben, por tanto, que cuanto más grande es la mentira, más fácil es colarla, pues su magnitud deslumbra al auditorio. Ahora nos dicen que las promesas que hacían a Eta eran falsas, que sólo trataban de engañarla, para que dejase de matar. Listos que son los chicos. Lo malo es que los hechos demuestran que tales promesas no eran ficciones, sino realidades: se relevó al fiscal incómodo, Fungairiño, se dejó en libertad a De Juana, se continuaron los contactos después del atentado de Barajas, por citar sólo unos cuantos hechos que contradicen la supuesta táctica sibilina del Gobierno en sus conversaciones con Eta. No, no era Eta a la que quería engañar. Era a los españoles. Y nos ha seguido engañando desde entonces, hasta que la verdad le ha acorralado. Porque la verdad puede taparse por un tiempo más o menos largo —depende de la calidad democrática de un país—, pero no puede borrarse. La mentira, tampoco. ..... Los españoles vivimos bajo un gobierno que se mantiene en la mentira permanente y sólo sale de ella cuando la realidad le obliga a reconocerlo. Pero incluso entonces trata de enmascararla de virtud. Del mismo modo que negó la crisis económica hasta que Europa le forzó a aceptarla, continuó dando crédito a Eta cuando Eta había demostrado de sobra no merecerla. ¡Y ahora se queja de que demos más crédito a Eta que a él! Aunque eso no es lo peor. Lo peor es que los españoles nos hemos acostumbrado de tal forma a la mentira que ya no nos indigna. Cuando la verdadera libertad es liberarnos de la mentira. O sea, que, en cierto modo, seguimos siendo esclavos de nuestros gobernantes. "Los españoles merecen un Gobierno que no les mienta". O sí, no sé, qué sabe nadie.

jueves, 31 de marzo de 2011

MUCHO TRABAJO, POCO TIEMPO, Y UNA SITUACIÓN DESESPERANTE

Mucho trabajo pendiente y poco tiempo libre, unidos a tanta situación abochornante en esta nuestra ex España, son circunstancias que acaban por aburrir al "más pintado", que diría un español de a pie, e impiden que se pueda mantener un blog actualizado, algo que a cualquier aficionado como yo le gustaría llevar al día.

En los últimos días se ha hecho imposible elegir un tema para desahogarse, son tantos los desastres que padecemos que ¿cómo escoger? ¿qué tema es más candente? ¿qué situación más aberrante?

El ex ministro Caldera, el que ponía tipex en documentos oficiales para poder mentir con mayor descaro en el Parlamento, presenta un informe en el think tank del PSOE donde nos previene de los recortes que llevaría a cabo Rajoy si ganase las elecciones. Ese mismo día la Vicepresidenta económica nos informa de los futuros recortes para ajustar el déficit nacional. El mismo gobierno derrochador que decía que bajar impuestos es de izquierdas se convierte el mismo día en acusador y culpable, en el mayor "recortador" de beneficios y prestaciones sociales. Blanco y negro a la vez.

Hace un par de días la prensa nos ofreció las actas de ETA sobre la negociación con el Gobierno, esas donde éste queda dibujado como lo que ha sido durante siete años, una pandilla de falsos mentirosos, de traidores a las víctimas y a muchos de sus seguidores, de manipuladores de la Justicia. Actas cuyo contenido el Gobierno rechaza ahora por provenir de ETA, la misma fuente que en otras ocasiones ha sido creída a pies juntillas, como cuando el 12 de marzo de 2004, después del terrible atentado terrorista pre electoral, Rubalcaba afirmó "ETA mata pero no miente" y "merecemos un gobierno que no nos mienta". Como dice Melchor Miralles: Es anonadante que el Gobierno apele a la "inmoralidad" de dar crédito a lo que dicen los documentos incautados a Thierry y después las Fuerzas de Seguridad del Estado aporten los mismos a la Justicia para basar en ellos las acusaciones que les sientan en el banquillo.

Mientras tanto los dirigentes catalanes siguen siendo "Don erre que erre", acusando a España de sus desgracias mientras se denuncian entre ellos por corrupción y chanchullos varios, navajéndose mutuamente por diferentes motivos, demostrando su verdadero carácter mientras vamos dando lentos pasos hacia el odio racial.

Al mismo tiempo, el verdadero problema de la economía española, el factor que ahuyenta la recuperación de la economía, nuestro Presidente incombustible, sigue jugando a las adivinanzas sobre su futuro, y por tanto el de este país, dejando en manos de las ambiciones personales de unos políticos profesionales, sin la más mínima dignidad, las expectativas de futuro de millones de españoles desempleados y asalariados bajo condiciones precarias.

Ese mismo Presidente pacifista que nos ha metido en una guerra donde con el visto bueno de Naciones Unidas estamos fomentando una guerra civil, sobrepasando los límites de la Resolución del Consejo de Seguridad, mientras jugamos con fuego al pretender colocar en el gobierno libio a unos individuos de los que nadie sabe nada y que podrían tener unos objetivos muy diferentes a los que Occidente espera alcanzar. Ha cambiado la pegatina del "No a la Guerra" por la de "El Felpudo de París va donde le manden, sangre mediante si hace falta".

Este Presidente proletario, el amigo de los descamisados y desfavorecidos, que se ha convertido en la alfombrilla de los empresarios más poderosos de este país, que se reúnen con él y le dictan por donde debe caminar nuestra economía, que le leen la cartilla, tras lo cual suben los precios de la electricidad, el gas, la gasolina, las telecomunicaciones y otros servicios básicos mientras suben los impuestos, se liberaliza el despido y se facilita la creación de puestos de trabajo precarios. Parece que Zapatero empieza a hacer suya esa máxima del PP aznarista que decía "más vale trabajo precario que estar indefinidamente en el paro, el trabajo precario también fomenta el consumo y reduce los gastos del Estado, necesidades perentorias en una crisis económica".

Un Presidente que dirige un gobierno que multiplica las prohibiciones y se empeña en regular nuestra vida privada, dejando de ser el adalid de las libertades para convertirse en un peligro para las mismas.

Unos progresistas que defienden los ataques a las creencias religiosas de millones de personas, y amparan las ofensas a los templos por parte de imberbes imbéciles que nunca han visto su vida alterada por las doctrinas católicas.
Y así un día tras otro, PASMAO CON LO QUE NO PASA, como dice y se autodenomina un contertulio de El Confidencial (un abrazo para él), los españoles seguimos contemplando como nuestros políticos se olvidan de la población para centrarse en sus propias ensoñaciones, sus peleas de corral y su falta de respeto a las instituciones. El Parlamento es la sede de la soberanía nacional, el poder del Estado nace de la soberanía nacional que se cede al Gobierno para que administre la res pública en nombre y beneficio de todos.

El poder por el poder, y la soberanía nacional para encubrirlo todo.

Mientras todo esto sucede se extrañan de que en Francia el frente Nacional de Le Pen aumente sus votos en las elecciones. Con el abandono en el que los políticos españoles tienen a su población ¿cuánto creen que tardará en triunfar en España un partido de extrema derecha? Hoy he recibido el siguiente correo, y cada día circulan más del mismo tipo. Como dijo Zapatero, nos vamos acercando al corazón de Europa, ese donde triunfan partidos "populistas y de extrema derecha" como Austria, Suecia, Holanda, Dinamarca y Francia. Aquí tienen el correo:

SON LOS INMIGRANTES, NO LOS ESPAÑOLES, LOS QUE DEBEN ADAPTARSE. O lo toman o lo dejan. Estamos hartos de que esta nación tenga que preocuparse si estamos ofendiendo a otras culturas o a otros individuos. Desde el inicio de la crisis económica en nuestro país, estamos experimentando un incremento del patriotismo en la mayoría de los Españoles."

"Nuestra cultura se ha ido desarrollando durante varios siglos de luchas, tribulaciones y victorias por parte de millones de hombres y mujeres que buscaban libertad"

"Hablamos principalmente ESPAÑOL,( CASTELLANO,EUSKERA, GALEGO I CATALÁN), no Libanés, Árabe, Chino, Ingles, Japonés, Ruso o cualquier otro idioma. De modo que si Usted quiere formar parte de nuestra sociedad, aprenda idiomas ESPAÑOLES."

"La mayoría de los Españoles creen en Dios. Esto no es una posición Cristiana, política o de la extrema derecha. Esto es un hecho, porque hombres y mujeres cristianos, de principios cristianos, fundaron esta nación. Esto es históricamente comprobable. Y es ciertamente apropiado que esto aparezca en las paredes de nuestras escuelas. Si Dios le ofende a Usted, sugiero que considere vivir en otra parte del mundo, porque Dios es parte de nuestra cultura."

"Aceptamos sus creencias y sin preguntar por qué. Todo lo que pedimos es que Usted acepte las nuestras, y viva en armonía y disfrute en paz con nosotros."

"Éste es NUESTRO PAÍS, NUESTRA PATRIA y  ESTAS SON NUESTRAS COSTUMBRES Y ESTILO DE VIDA y PERMITIREMOS QUE DISFRUTEN DE LO NUESTRO pero cuando dejen de quejarse, de lloriquear y de protestar contra nuestra Bandera, Nuestra lengua, nuestro compromiso nacionalista, Nuestras Creencias Cristianas o Nuestro modo de Vida, le animamos a que aproveche otra de nuestras grandes libertades Españolas, "EL DERECHO DE IRSE."

"Si Usted no está contento aquí, entonces VÁYASE. Nosotros no le obligamos a venir aquí. Usted pidió emigrar aquí. Así que ya es hora de que acepten el país que les acogió y les está ayudando, (muchas veces más que a los propios ESPAÑOLES).


viernes, 25 de marzo de 2011

LA JUSTA GUERRA DE LIBIA SE ESTÁ VOLVIENDO ILEGAL

El Presidente Zapatero, mientras oculta la palabra guerra, repite a diario que las tropas españolas se encuentran encuadradas en la fuerza multinacional, que asedia a Gadafi, porque existe un mandato de Naciones Unidas para proteger vidas civiles inocentes, marcando las diferencias con la guerra de Irak, donde se empeña en ocultar que las tropas españolas acudieron una vez acabado el conflicto y bajo mandato también de Naciones Unidas.

Pero vamos a ver cómo está la situación y qué marcan las resoluciones actuales:

La primera, la Resolución 1970, adoptada el 26 de febrero, invocó "la responsabilidad de las autoridades libias de proteger a su población", condenó su violencia contra los civiles, exigió el fin de la violencia e intentó modificar la actitud de Gadafi mediante la aplicación de sanciones, un embargo de armas y la amenaza de enjuiciamiento por crímenes de lesa humanidad.
La Resolución de seguimiento 1973, adoptada el 17 de marzo, lamentó la falta de cumplimiento de la Resolución 1970, reafirmó la determinación de garantizar la protección de los civiles y pidió un alto al fuego inmediato y un final completo a los ataques violentos y abusos contra la población civil.

Entonces, por primera vez en su historia, el Consejo de Seguridad autorizó expresamente la intervención militar de los estados miembros para alcanzar estos objetivos, algo que no se produjo en los Balcanes, donde los aviones españoles bombardearon posiciones servias con el mandato de la OTAN, pero nunca de la ONU.  Se permitió así que la acción militar coercitiva tomara dos formas: "todas las medidas necesarias" para hacer cumplir una zona de exclusión aérea y "... todas las medidas necesarias ... para proteger a los civiles y zonas habitadas por civiles que se encuentren bajo la amenaza de ataques". Se excluyó explícitamente la presencia de tropas ("una fuerza de ocupación extranjera") en territorio libio.

El lenguaje de estas resoluciones no podría ser más claro en la especificación del alcance y los límites de lo que debe hacerse. En el caso del establecimiento de la zona de exclusión aérea, la Resolución 1973 permite la destrucción, mediante aviones o misiles, de todo avión o helicóptero del régimen que despegue, las baterías antiaéreas o los sitios de lanzamiento de misiles de las fuerzas pro-Gadafi, y la inhabilitación de toda pista de aterrizaje. Y, en cuanto al mandato más amplio de proteger a los civiles, la resolución permite los ataques aéreos para destruir tanques o columnas de tropas que avancen hacia Bengasi y otras ciudades controladas por los rebeldes, y -en caso de que existan- concentraciones de fuerzas dentro de áreas que representen una amenaza directa e inmediata a los opositores de Gadafi.

En ambos casos , surgen algunas preguntas:
  1. ¿Corresponde al ámbito de la zona de exclusión aérea el destruir centros de mando y control que puedan dirigir las aeronaves? 
  2. ¿Puede llegar a ser legítimo matar a fuerzas del régimen que en realidad huyan de una zona protegida, o que de alguna otra manera no supongan una amenaza evidente o inminente para la población civil? 
  3. ¿Se debería trazar una línea que evite cualquier otra acción, de otra manera legítima, contra las fuerzas de Gadafi que pueda poner en peligro a civiles inocentes ?
Más allá de estas preguntas, no hay nada que debatir. La acción militar expresamente diseñada para matar a Gadafi u obligarlo a exiliarse, asegurar una victoria de los rebeldes en una guerra civil, o lograr un sis tema más abierto y responsable de gobierno en Libia no están permitidas por los términos explícitos de la Resolución 1973. Tampoco son admisibles en virtud de los principios morales básicos de la doctrina de la "responsabilidad de proteger", aprobada unánimemente por la Asamblea General de la ONU en 2005 en un esfuerzo por poner fin a los genocidios de una vez por todas.  Es cierto que uno o más de estos resultados pueda llegar a ser efecto de una acción militar permisible, pero no puede ser su objetivo.

Además, de estos principios legales y morales se deduce que, una vez que haya motivos razonables para confiar en que la amenaza a la población civil ha sido eliminada o neutralizada (como ahora parece ser en gran medida el caso, al menos en el este), la acción militar debe cesar. Por supuesto, se debe mantener una estrecha vigilancia, por lo que puede ocurrir que las acciones que garanticen el cumplimiento de la Resolución 1973 se deban reiniciar muy rápidamente.

Pero llegamos a otro punto; en un conflicto interno con dos partes armadas, como es este caso, que combaten por conquistar un terreno y derrotar al contrario, que están desarrollando una serie de enfrentamientos bélicos donde inevitablemente se producen bajas
  1. ¿es legítimo apoyar una parte contra la otra? 
  2. ¿podemos asegurar que la parte vencedora no va a tomar represalias contra los vencidos?
  3. ¿dónde están las fosas y las fotografías de esas matanzas de inocentes que se han denunciado?
  4. ¿son los partidarios de Gadafi una minoría opresora o no lo son tanto?
  5. ¿son los rebeldes realmente la expresión de un pueblo oprimido, que hasta ahora  junto a una carencia total de derechos políticos disfrutaba de los mayores niveles de bienestar del norte de África?
No sé, pero hay demasiadas cosas que hacen sospechar que esta guerra no es tampoco trigo limpio por mucho que Zapatero se empeñe. Por ejemplo:

  1. ¿Por qué Francia, que tenía pingües intereses comerciales con Irak, se negó a esa guerra pero pretende liderar ésta?
  2. ¿Por qué ésta guerra es legítima si cuenta con la oposición, aunque sea en forma de abstención, de la gran mayoría de la población mundial? Rusia, China, India, Brasil, .....
Demasiados porqués que no van a tener contestación.

Y quiénes van a ser los triunfadores de esta contienda. Según Foreign Policy los que van a sacar más beneficios de esta situación son:

5. The People of Libya
There's no way this war is going to end with Qaddafi still in power. That's the good news and why the people of Libya make this list. The bad news is that we don't know who is going to come out on top once a new government is in place and that some of the people actively supporting the opposition are not very nice. Don't take my word for it. According to a CNN report, Abu Yahya al-Libi, a Libyan-born al Qaeda leader recently said, "ousting these regimes is not the end in making a change." In the same article, al Qaeda in the Islamic Maghreb is quoted as offering a statement saying, "We will be side by side with you, Allah willing."
 
4. The Blissfully Ignored
The cynic-realist in me thinks the Arab League backed the intervention in Libya because it was in the interest of so many in the Arab world to focus attention elsewhere. How happy are the Saudis, that they can stomp their boot on rebellion in Bahrain with cameras trained elsewhere? The Syrians? The UAE that they can support the Saudis in Bahrain but also appear to support the west in Libya? Mahmoud Ahmadinejad that the world is distracted from his little science experiments in his basement (see below)? Not to mention everyone from the North Koreans to the finance ministers of places like Portugal and Spain who are happy to let Muammar & Co. take the heat for a while.
 
3. Greater Persia
Tehran, of course, is not just happy because the world is distracted ... they're happy because so far the uprisings have benefitted them in countless ways. Enemies in Egypt and Libya have been deposed or soon will be, Shiites are rising up in Bahrain, the moderate Jordanians and the Saudis are nervous and the Israelis are perhaps most nervous of all as to what is happening. Further, America is going to come out of the Libya adventure even less inclined to devote time and resources to Iraq and Afghanistan thus creating voids the Iranians are already filling.  We may call it the Arab Spring, but it doesn't translate that way in Farsi.
 
2. Skittish Authoritarians
Speaking of the Saudis ... but also thinking of the Yemenis and the Syrians and the Bahrainis not to mention the Chinese, the two-pronged message of this intervention is unmistakable. The first is that if you are going to crush the opposition, move quickly because the international community doesn't. And secondly, even if you take your time as you go about eliminating your enemies the one certain outcome of Operation Odyssey Clusterfuck is that everyone is going to think twice about ever undertaking a similar military adventure again.
 
1. The Abstainers
While much attention has been heaped on the diplomats who deftly wove together the U.N. vote in favor of instituting the no-fly zone, not enough has turned to the alternative power bloc that emerged during the vote: the Abstainers. The group, the BRICs plus Germany, may have sat on the sidelines for the vote but by imagining the outcome had they not done so, their potential power is made clear. China and Russia have veto power. And of the four countries most likely to join them as Security Council permanent members in the years ahead, three of them rounded out this group. (Barack Obama's non-endorsement of Brazil's candidacy notwithstanding. After all, Brazil is not a likely candidate because America wants it to be so -- it's a likely candidate because it's the seventh largest economy in the world, will be fifth largest in just a few years, has the fifth largest population on the planet and is the dominant country on its continent.) China and Russia started attacking the mission in Libya within seeming moments of its launch and Germany has just walked out of the NATO operation. This group or the bulk of it will soon be as the alternative to the old trans-Atlantic alliance that you'll note is not at the moment one of the winners on this list (though, admittedly, give this a couple days, some twists and turns, and the departure of Qaddafi and that could change.)


domingo, 20 de marzo de 2011

MAS MADERA, ANTES LA NACION QUE LOS FELIGRESES

Los obispos catalanes se han sumado al clima exaltación nacionalista que promueve  Artur Mas y han elaborado un documento en el que defienden los «rasgos nacionales propios de Cataluña» y «el derecho a reivindicar y promover todo lo que ello comporta, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia».
Para conmemorar el 25º aniversario del manifiesto «Raíces cristianas de Cataluña», en el que el episcopado catalán manifestaba su apoyo a la identidad nacional catalana, la Conferencia Episcopal Tarraconense presentará el próximo 6 de abril el documento «Al servicio de nuestro pueblo», dividido en varios capítulos. El primero se titula «Valoración de nuestra identidad colectiva» y en el mismo se indica que, «en continuidad con nuestros predecesores, reconocemos la personalidad y los rasgos nacionales propios de Cataluña, en el sentido genuino de la expresión, y defendemos el derecho a reivindicar y promover todo lo que ello comporta, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia».

Añaden que «los derechos propios de Cataluña, así como de todos los pueblos de la tierra, están fundamentados primariamente en su misma identidad como pueblo», por lo que la Iglesia catalana considera que «hay una soberanía fundamental de la sociedad que se manifiesta en la cultura de la nación. Se trata de la soberanía por la que el hombre es, al mismo tiempo, soberano supremo».

El manifiesto hace referencia a los «nuevos retos y aspiraciones, que afectan a la forma política concreta en cómo el pueblo de Cataluña se debe articular y cómo se quiere relacionar con los otros pueblos hermanos de España en el contexto europeo actual». Y aunque precisan que, como «pastores de la Iglesia, no nos corresponde optar por una determinada propuesta», defienden la legitimidad moral de «todas las opciones políticas que se basen en el respeto a la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos».

Ya hace unos años casi setenta intelectuales catalanes y vascos, así como tres obispos, agrupados en torno al «Grup Sant Jordi» exigieron a sus prelados que planteasen con energía y fuerza la modificación de la estructura de España, en lo político y en lo eclesial,  con motivo del vigésimo aniversario del documento «Raíces Cristianas de Cataluña». 

La cuestión es que si el "problema nacional" preocupa tanto a los religiosos profesionales catalanes, deberían darfse de baja como tales y dedicarse a la política activa. Cada vez que un cura alaba a un nacionalista está despreciando a otro feligrés, porque no puede haber nacionalismo sin "víctimas y culpables" (cada uno se sitúa a sí mismo  en el papel de víctima y al contrario en el de culpable), y si apoyan a unos desprecian a otros, algo que va en contra de la doctrina de la Iglesia.
Nadie ha definido la incompatibilidad entre Iglesia católica y nacionalismo mejor que Juan Pablo II cuando dijo que «cada vez que el cristianismo, sea en su tradición occidental, sea en la oriental, se transforma en instrumento de un nacionalismo, recibe una herida en su mismo corazón y se vuelve estéril». Esta lección no acaba de ser aprendida por los obispos catalanes al aprobar ese documento en el que incorporan el sentimiento «nacional» de Cataluña como elemento de su labor pastoral. La universalidad de la Iglesia frente a frente con el aldeanismo de los curas catalanes.
 

viernes, 18 de marzo de 2011

SI A LA GUERRRA ¿O NO? NUNCA MAIS ¿O SÍ?

Rápidamente y a vuela pluma. Pues eso, y ahora ¿qué toca?

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha solicitado al Congreso autorización para que las Fuerzas Armadas puedan participar en una intervención militar en Libia y ha ofrecido a la comunidad internacional una "contribución importante" por parte de España. "Una comunidad de derecho que persigue la paz y la seguridad no puede tolerar los ataques a la población que se han producido en Libia", ha apostillado. Se ve que allí no pero en otros sitios sí.

Además, hay que recordar que una zona de exclusión aérea va a suponer bombardeos de radares, sistemas de defensa antiaérea, bases aéreas, derribo de aviones, etc., acciones donde se producirán víctimas inocentes como, por ejemplo, los soldados reclutados de forma forzosa por el Régimen libio y los trabajadores civiles de las bases aéreas, tan inocentes como el resto de la población. Pero esos, al parecer, no le deben dar ninguna pena a Zapatero. ¿Por qué no se limita a armar a los rebeldes? Porque lo más probable es que la intervención no se limite a la exclusión, sino que EEUU pretenda llegar más allá, atacando a las fuerzas de tierra ¿Colaborará ZP con la Administración de Washington en esos hipotéticos ataques? ¿Estará bien visto entonces atacar a las fuerzas terrestres?

Por otra parte, nada más anunciarse la aprobación de la zona de exclusión aérea, Gadafi ha anunciado un alto el fuego ¿es necesario entonces intervenir militarmente en Libia cuando ya hay un alto el fuego declarado? ¿Bajo que presupuestos?

Al mismo tiempo, Gadafi amenaza con atentar contra el tráfico marítimo, aéreo y terrestre en los países del ribereños del Mediterráneo. ¿Se responsabilizará ZP de las víctimas de sus ataques terroristas?

Otra pregunta más ¿ha preguntado ZP a la población su opinión al respecto? Yo creía que en 2003 era lo que más le importaba, la opinión del pueblo español ante una intervención militar en el extranjero. Ahora parece que ya no.

Una más, las tropas enviadas por Aznar a Irak no realizaron acciones militares de ataque al régimen baasista ¿atacarán las tropas de Zapatero, esas sí, al régimen de Gadafi? Como afirma Edurne Uriarte en ABC: "Zapatero evitará la palabra guerra para definir la operación de ataque militar a Gadafi, pero lo cierto es que por primera vez ha dicho sí a la guerra. Ha reconocido la necesidad de un ataque militar para detener la matanza de un dictador. O que la democracia a veces “sí se impone con bombas”. O que hay situaciones de represión en las que únicamente son válidas las respuestas militares."

Pero como dice Pérez Maura en ABC: "Si de verdad alguien cree que este alto el fuego demuestra la efectividad del sistema onusiano, habría que preguntarse por qué se ha consentido durante semanas una masacre en la que no se podía intervenir en aras de proteger una “legalidad internacional” que dejaba manos libres al tirano. Porque en menos de horas 24 desde que se aprobó la resolución del Consejo de Seguridad ha sido capaz Gadafi de entender que era mejor frenar la matanza. Ergo, la pregunta es cuántos muertos podríamos habernos evitado si hubiéramos actuado antes.... Y con todo lo que ha ocurrido en el último mes, Zapatero no se ha puesto las pilas hasta que no ha oído a Gadafi decir que iba a entrar en Bengasi como Franco en Madrid. Y eso sí que le ha puesto las pilas. Los muertos de las últimas semanas le dejaban indiferente. Los de Franco le activan cual espoleta. Nuclear".

Pero al fin y al cabo ¿no se trata de una guerra civil? Que conozcamos, hasta ahora, los hechos de Libia no constituyen una serie de caprichosos asesinatos selectivos en masa de un gobierno antidemocrático contra la población civil, sino de la respuesta bélica y sin contemplaciones, criminal, de un sistema tiránico respetado por todos, incluso por Zapatero, ante una rebelión armada producida en el seno de ese propio país.

Después de atacar Libia ¿haremos lo mismo con Bahrein y Yemen? Y después ¿Marruecos y Siria?



Hay razones objetivas para atacar a las tropas del régimen libio, con respaldo de la ONU (como ahora) o sin él (como en los bombardeos a Servia), pero ante el comportamiento del buenista de  Zapatero y de sus buenistas socialistas en la oposición dan ganas de ir a Ferraz con una pancarta de "No a la guerra, socialistas asesinos".

miércoles, 16 de marzo de 2011

RAZONES EN CONTRA DE UNA INTERVENCIÓN MILITAR EN LIBIA

Por Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 16/03/11):

Tema: Frente a la creencia emocional de que una intervención militar internacional en Libia podría solucionar la crisis en curso, existen razones para considerarla como el último instrumento al que recurrir entre todos los posibles.

Resumen: La necesidad de resolver la situación creada en Libia ha generado una controversia entre quienes creen que una intervención militar solucionaría la crisis y entre quienes ven contraindicaciones en el remedio elegido. Entre los primeros figuran quienes tienen una aproximación humanitaria, mediática o ideológica a la crisis y creen que la intervención militar es idónea para evitar los sufrimientos de la población, los combates entre las facciones y la continuidad del régimen de Gadafi. Entre los segundos figuran quienes desaconsejan recurrir de forma apresurada a una intervención militar debido a las malas experiencias operativas, jurídicas y de imagen acumuladas en las intervenciones de los últimos años. En medio de las dos posturas anteriores se encuentran los gobiernos que deben decidir sobre la intervención en función de sus propias valoraciones.

Este ARI describe los riesgos asociados a una intervención militar como la que se propone sobre Libia, las lecciones aprendidas de intervenciones semejantes y la probabilidad de que la intervención se decida más por criterios políticos y de opinión pública que por una evaluación detallada de la situación.

Análisis: La mayor parte de las intervenciones militares internacionales para solucionar las crisis de la post-Guerra Fría han coincidido con la difusión de imágenes impactantes en los medios de comunicación social. Incluso antes de que existiera la CNN, la aparición de esas imágenes más centradas en los efectos dramáticos de las crisis que en sus causas generaba angustia entre los receptores y les motivaba a movilizarse para demandar una respuesta internacional. El conocido como “efecto CNN” traduce emociones en demandas de actuación inmediata hacia los gobiernos, que se ven en la necesidad de “hacer algo” para atender esas demandas. Tras décadas de apagón informativo sobre Libia, la contestación social al régimen de Gadafi, los disturbios producidos y la represión de los mismos ha introducido la crisis libia en la agenda mediática internacional, intensificando las peticiones para que la comunidad internacional –cualesquiera que esta sea– haga algo para acabar con la crisis libia. Como resultado, los responsables de la respuesta internacional se debaten entre dos aspectos de la decisión: qué hay que hacer y quién lo hace.

Desde que se desbloqueó el Consejo de Seguridad tras finalizar la Guerra Fría, las operaciones de mantenimiento de la paz parecieron ser la respuesta ideal para resolver los problemas de seguridad internacional. El despliegue de tropas internacionales sobre el terreno parecía adecuado para resolver conflictos armados y las resoluciones del Consejo de Seguridad legitimaban la intervención militar de quienes deseaban y podían hacerlo. La práctica condujo a una expansión del instrumento militar para la resolución de las crisis en detrimento de los preventivos (es más fácil conseguir fondos para estabilizar crisis que para desactivarlas) junto con la creciente delegación de la gestión de esas operaciones a quienes las ponían en marcha (la existencia de contribuyentes es un requisito previo –y no posterior– a las resoluciones del Consejo).

La proliferación de crisis y su creciente complejidad han ido erosionando, por un lado, la fe en el instrumento militar porque las crisis obedecen a causas de naturaleza socioeconómica, étnica, política o cultural que el potencial militar, por sí sólo, no puede resolver. Puede ganar tiempo para que se pongan en marcha otros instrumentos, pero no existe una solución militar para problemas estructurales, culturales y complejos como los de Irak, Afganistán, Somalia o la República Democrática del Congo (RDC). Por otro lado, el peso de la intervención recae siempre sobre los mismos actores y siguen siendo EEUU, los países europeos y sus aliados quienes se ven en la obligación de hacer algo ante la pasividad o renuencia de la mayor parte de la sociedad internacional para asumir su cuota de responsabilidad en la paz y la seguridad internacional. Consecuentemente, quienes están dispuestos a intervenir en nombre de todos –lo que podría coincidir con la denominada comunidad internacional– han desarrollado un sentido patrimonial de la responsabilidad que les ha llevado a considerarse legitimados para intervenir sin estarlo (Irak, Kosovo) o a sobrevalorar en ocasiones su capacidad de solucionar conflictos (Somalia, Bosnia Herzegovina o Afganistán).

La constatación de estas carencias condujo a mediados de esta década al desarrollo del concepto de gestión integral de crisis internacionales (comprehensive approach) por el que la respuesta a las crisis complejas –no a las menores– pasaba por integrar la intervención de todos los actores desde el primer momento para solucionar las dimensiones más importantes de las crisis y no sólo la militar. Frente a esta opción más racional y de futuro, los responsables de recomendar o adoptar las decisiones sobre qué hacer no han asimilado las lecciones aprendidas y siguen primando todavía los reflejos tradicionales de hacer “algo” cuanto antes sin reflexionar sobre qué hay que hacer después, de hacer cada uno por su lado, dejando para la coordinación para otro día, y de no sopesar en detalle las consecuencias de una intervención militar.

Los dilemas del qué hacer: “to do, not to do or to do something”
A pesar de la cantidad de información que circula sobre Libia, se sabe bastante poco de la situación real y mucho menos de las causas profundas que han llevado a la situación actual. A la opinión pública le puede bastar unas imágenes o los titulares de los medios de comunicación social para hacerse una idea de lo que pasa, pero esa información no es suficiente para los gobiernos que deben tomar decisiones que afectan a la vida de las personas, al derecho internacional y a los intereses nacionales. Conocer la realidad libia es complicado porque las fuentes de información de ambos bandos ya han entrado en la guerra de la propaganda, los medios internacionales de comunicación no pueden desplazarse con libertad para contrastar sus informaciones y las informaciones mediáticas se nutren de fuentes anónimas o parciales.

Acciones como las operaciones aéreas de las fuerzas leales al régimen de Gadafi pueden presentarse desde medios oficiales como actuaciones contra objetivos militares mientras que desde fuentes rebeldes esas acciones se presentarán como bombardeos contra la población civil. Se acumulan los píxeles de información y se genera una imagen virtual pero todavía no se sabe cuál será la imagen real. El principio –que no el derecho– de la “responsabilidad de proteger” que ampara las intervenciones por razones humanitarias sólo puede aplicarse cuando se constata la urgencia humanitaria grave y sistemática. Esa es la línea roja que están trazando las declaraciones como las del secretario general de la OTAN, Anders F. Rasmussen, cuando advierte a Gadafi de que no se tolerarán ataques sistemáticos contra la población civil. Conscientes de la existencia de esa línea roja, las fuerzas leales al coronel Gadafi evitan cruzarla y las rebeldes denuncian que las cruzan constantemente. No es fácil saber lo que ocurre cuando las fuentes son escasas y poco fiables. En 1996, cuando los refugiados de la catástrofe humanitaria de Ruanda de 1994 se desplazaron desde los campamentos fronterizos hacia Ruanda y Burundi, los agentes humanitarios sobre el terreno y la propia comisaria europea, Emma Bonino, pidieron una intervención militar urgente ante la catástrofe que se estaba produciendo. Incluso continuaron haciéndolo cuando los responsables militares de la Operación Colmillo del Fénix que se estaba preparando comprobaron por las imágenes de los satélites que no existía tal riesgo.

Por eso, los gobiernos que disponen de medios de inteligencia para saber qué está pasando sobre el terreno, si las acciones armadas son sobre la población o sobre objetivos militares, los están empleando para supervisar la evolución real de los acontecimientos. Esa información procesada y contrastada es la que marca la diferencia entre aplicar el principio de la responsabilidad de proteger o el del Derecho Internacional Humanitario que se aplica a los conflictos armados. Al empleo indiscriminado de la fuerza durante los primeros días por las fuerzas armadas libias, que les valió la condena internacional y la descalificación del gobierno libio como interlocutor de la población civil, le ha seguido un uso más militar y selectivo sobre objetivos militares acorde con el Derecho Internacional Humanitario. Por su parte, entre quienes se movilizaron contra Gadafi no sólo están los civiles que se rebelaron de forma tan pacífica como sus contrapartes tunecinas o egipcias sino también quienes, a diferencia de estos, asaltaron y quemaron centros oficiales, se hicieron con las armas abandonadas y combaten con ellas para derrotar al régimen. No son dos bandos equiparables en cuanto a su capacidad militar pero mientras ambas partes recurran a la fuerza, la situación se parece más a una guerra civil que a una agresión armada. Discriminar entre conflicto armado y represión indiscriminada y probar la existencia continuada y sistemática de ataques a la población civil es fundamental para que el Consejo de Seguridad apruebe una resolución que permita el uso de la fuerza, para que los gobiernos decididos a intervenir lo hagan y, también, para que el fiscal Moreno-Ocampo pueda probar la existencia de crímenes de guerra pasados o presentes, de “cualquiera de los dos bandos” como él mismo ha recordado ante la Corte Penal Internacional. El recuerdo de la controversia entre quienes abogaban por un ataque preventivo sobre Irak y quienes pedían tiempo para verificar las causas de la intervención –entonces las armas de destrucción masivas– sigue vivo entre quienes no quieren tropezar otra vez en la misma piedra y a todos nos gustaría que el Colin Powell de ahora presentara al Consejo de Seguridad pruebas más contundentes que entonces.

Las intervenciones las carga el diablo
Las dificultades para una intervención militar no acaban con la necesaria legitimación sino que también se extienden a su eficacia y efectos. Las operaciones militares comienzan por recoger inteligencia y elaborar planes de contingencia para llevar a cabo las distintas opciones militares cuando así se decida. Quienes asesoran a los responsables de tomar decisiones no pueden proponer acciones fundamentadas principalmente en percepciones, emociones y encuestas de opinión. Deben ofrecer también la mejor inteligencia disponible sobre la realidad, aunque esta no guste o no coincida con los titulares mediáticos, y llevar a cabo análisis de riesgos que determinen qué se puede hacer militarmente. La mejor intervención no es la más rápida sino la que produce los efectos deseados, y el planeamiento militar precisa su tiempo. No hay garantías de que una intervención militar sea rápida, quirúrgica y controlada como las que se proponen a propósito de Libia. Las operaciones cambian rápidamente de naturaleza (mission creeping) y las reglas de enfrentamiento de partida pueden endurecerse si se produce la escalada. España intervino en Bosnia para facilitar la distribución de ayuda humanitaria y ha salido 15 años después tras hacer casi todas las misiones posibles, incluidas las de combate. Las crisis tienen vida propia y no evolucionan de acuerdo a las asunciones ideales de partida.

En segundo lugar, y como ha señalado el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, establecer una zona de exclusión aérea puede llevar a un enfrentamiento directo, largo y costoso con las fuerzas armadas libias. En el mejor de los casos, aquel en que la intervención internacional disuadiera al líder libio de usar la fuerza, se necesitarían muchos aviones, barcos y bases para imponerla, mientras que en el caso menos favorable de que el coronel Gadafi siga empleando la aviación, sería necesario anular sus defensas aéreas y los ataques directos podrían llevar a respuestas militares de las fuerzas libias sobre personas, aeronaves o intereses de quienes intervienen. Finalmente, y este es un aspecto del que casi nunca se habla, la intervención militar tiene un coste que sufragan individualmente los países que contribuyen a las operaciones. Según datos del RUSI, la operación de exclusión aérea de Irak costó 1,5 billones de libras y 34.000 salidas aéreas de media durante los 12 años de su duración. El escenario libio tendría un menor coste logístico pero los gobiernos que pueden poner en marcha estas operaciones tienen ya sus fuerzas expedicionarias y sus presupuestos al borde del estrés operacional y deberán evaluar si en esas condiciones pueden permitirse una intervención adicional.

La suerte de las intervenciones militares no se decide sólo en los campos de batalla, se decide principalmente entre las percepciones de quienes residen en esos campos y de quienes envían sus tropas a ellos. El resultado final depende de que los resultados, para unos y para otros, justifiquen el esfuerzo realizado. Mientras llegan los resultados, lo que se perciben son los costes y eso altera el apoyo de partida. Por ahora, el régimen de Gadafi va perdiendo la batalla de las percepciones porque ha empleado la fuerza militar para reprimir las manifestaciones y los medios de comunicación siguen presentando sus acciones militares como ataques a la población civil, aunque esta esté armada y trate de derrotar militarmente al dictador. Pero esa percepción puede cambiar porque disparar para proteger también produce daños colaterales. En las guerras modernas se combate entre la gente y llevar a cabo acciones aéreas sobre objetivos militares dispersados entre la población o en zonas de enfrentamiento fluidas aumentaría el riesgo de víctimas civiles. Los depósitos de armas libios bombardeados por las fuerzas de Gadafi estaban en las afueras de las ciudades pero si hubieran estado dentro su impacto en cifras de víctimas habría sido incalculable. Al igual que en intervenciones anteriores contra Sadam Hussein o Slobodan Milosevic, nada apoyaría más la causa del autócrata libio que mostrar víctimas civiles, por lo que no dudará en camuflar sus medios entre su propia población o capturar combatientes extranjeros (el régimen libio ha devuelto a los militares británicos y neerlandeses que detuvo por entrar de forma irregular en su territorio pero podría usarlos como rehenes la próxima vez si se les derriba o captura entre los combatientes). Por otra parte, tras el apoyo o el rechazo al régimen de Gadafi existe un entramado de intereses tribales que puede acentuar el carácter de guerra civil, por el reparto del poder, el territorio o los recursos petrolíferos, y resulta fácil apoyar a una población unida contra un autócrata, pero la empatía resulta más difícil cuando afloran los intereses ocultos y los enfrentamientos internos.

Tercero, la supresión de las actividades aéreas no significa el fin de los enfrentamientos. Ni en Bosnia ni en Irak sirvieron para parar la guerra. Los enfrentamientos continuarán mientras rebeldes y leales confíen en decidir su suerte por las armas y mientras no puedan imponerse unos sobre otros. Las fuerzas leales a Gadafi están consolidando el control de la zona occidental y los rebeldes su control de la oriental, manteniendo enfrentamientos mientras avanzan o retroceden. Según fuentes abiertas, en los combates participan un número restringido de fuerzas, entre 6.000 y 8.000 miembros por cada lado, y ninguna cuenta con la experiencia y la capacidad necesaria para imponerse a la otra. Además, la exclusión aérea difícilmente puede evitar el empleo de helicópteros, carros de combate o artillería pesada, por lo que tarde o temprano quienes la llevan a cabo pueden verse obligados a entrar en una escalada aérea o terrestre. Para decantar la victoria a favor de los rebeldes sería necesario apoyarles con equipo militar, instructores o fuerzas terrestres, y hacerlo cuanto antes y en gran número si se quiere acabar pronto con el régimen de Gadafi. La decisión no es neutral porque apoyar militarmente a un bando frente a otro acaba creando o consolidando una reputación de injerencia en asuntos internos, especialmente si se interviene con doble rasero. 

En un escenario de levantamientos populares en muchos países árabes, la posibilidad de obtener mayor apoyo si las movilizaciones degeneran en un enfrentamiento armado puede incentivar una escalada de provocaciones hasta conseguir que los gobiernos establecidos actúen violentamente contra la población civil. Hay que recordar que el Ejército de Liberación Kosovar, sabiendo que la OTAN intervendría para prevenir una acción humanitaria, no dejó de provocar a las fuerzas serbias hasta que desencadenaron la respuesta paramilitar que justificó finalmente esa intervención.

En cuarto lugar, hay que tener en cuenta que las intervenciones producen efectos indirectos en la reputación de los países que participan. EEUU en particular, pero también los países de la OTAN, de la UE y la propia Naciones Unidas no gozan de buena reputación en el mundo árabe, lo que les obliga a ser especialmente prudentes y les aconseja actuar de forma subsidiaria a los actores árabes. Varios de los grupos que se levantaban contra Gadafi, al menos mientras parecía que iban a derrotar por la vía rápida a Gadafi, manifestaron su oposición a una intervención externa. Luego algunos han pedido que se creara una zona de exclusión aérea y otros han pedido que se ataque desde el aire a las fuerzas que les atacan. A fecha de hoy (14 de marzo de 2010) sólo la Liga Árabe ha solicitado oficialmente la exclusión aérea, pero ninguno de sus miembros tiene capacidad para participar en ella y países como Turquía, que sí podría, se oponen a la intervención militar. Cualquier medida de apoyo militar o humanitario a los rebeldes debería realizarse a través de actores locales y regionales para no restarles protagonismo en la solución de sus problemas. Lo contrario podía interpretarse por los contendientes o por terceros como una intromisión extranjera, imperialista o infiel en lugar de como una intervención altruista motivada por razones humanitarias (especialmente debido a que la intervención se plantea en Libia, donde hay petróleo).

En último lugar, y teniendo en cuenta que ni Gadafi ni quienes le están apoyando tienen adónde ir, es de esperar que resistan por todos los medios a su alcance antes de ser derrotados y, después, que traten de desestabilizar al nuevo gobierno. La experiencia de Irak muestra la necesidad de contar con un plan de actuación para el día siguiente a la intervención militar y así evitar un vacío de poder que fomente la insurgencia, las luchas tribales, la delincuencia armada o la llegada de voluntarios yihadistas. Quienes apoyan la intervención en Libia deben asumir la corresponsabilidad del día siguiente y evitar que se repita lo ocurrido con los talibán en Afganistán o con al-Qaeda en Irak. Precisamente allí se ha aprendido la necesidad de conocer bien las claves culturales de los actores enfrentados (cultural awareness) antes de planificar una operación militar. Quienes sopesan la intervención deberán evaluar si tienen esa comprensión sobre las personalidades agrupadas en el Consejo libio, las tribus favorables y opositoras a los Gadafi y el resto de actores relevantes, no vayan a caer en manos de un nuevo Karzai, de una tribu dominante o de un grupo de notables en el exilio como ocurrió en Afganistán.

Conclusiones para una intervención anunciada: Es probable que Gadafi y sus fuerzas acaben traspasando las líneas rojas y la intervención se haga necesaria, pero todavía es más probable que la intervención se produzca porque hay que hacer algo. Quienes están evaluando los pros y los contras de una intervención y tengan dudas sobre la viabilidad y eficacia de una intervención militar precisarán mucho liderazgo y dotes de comunicación para oponerse al lugar común de actuar cuanto antes. Hasta ahora, sólo quienes han conocido de primera mano las consecuencias de las intervenciones militares de Irak y Afganistán –los responsables de las fuerzas armadas y de inteligencia de EEUU– se han manifestado en contra de la misma, por las razones señaladas anteriormente. Por el contrario, la mayoría de los gobiernos que pueden intervenir se han mostrado dispuestos a hacerlo en cuanto cuenten con un mandato del Consejo de Seguridad o con el apoyo de la comunidad árabe, por lo que la línea que les separa de una intervención es cada vez más fina.

Quienes desean acabar rápidamente con el régimen de Gadafi por razones humanitarias, éticas, políticas o energéticas, tenderán a minusvalorar los riesgos asociados a las intervenciones y las contraindicaciones jurídicas y operativas mencionadas. Presentarán una operación de exclusión aérea limitada en tiempo, duración y con los riesgos controlados. Si la intervención acelera el derrumbamiento del régimen de Gadafi se anotarán el éxito de la decisión, pero si la intervención se alarga en el tiempo, quienes la decidieron no serán normalmente los que luego tengan que rendir cuentas de los resultados de las decisiones adoptadas (para ser sinceros, tampoco tienen que hacerlo quienes apoyamos u objetamos las intervenciones apoyándonos en nuestra capacidad académica, mediática o humanitaria de influir en las decisiones).

En todo caso, y antes de poner en marcha la intervención sería deseable que quienes lo hagan expliquen las razones por las que actúan militarmente y no por otra vía, los objetivos que pretenden conseguir y la forma de evaluar el progreso hacia ellos, los riesgos derivados del uso de la fuerza y si la intervención en Libia es un caso excepcional o están dispuestos a repetir la intervención allí donde se repitan las circunstancias, para no ser criticados de aplicar medidas de doble rasero. Lo contrario evidenciaría que se llega a la decisión sin una evaluación rigurosa de sus consecuencias, movidos por la demanda establecida de hacer algo y confiados en que todo salga bien y en que todo sea en la realidad como lo deseamos en nuestro imaginario.

Las lecciones aprendidas muestran que el empoderamiento de los actores implicados, en este caso la sociedad libia y la comunidad árabe y africana en sentido amplio, es esencial para una solución eficaz y legítima del conflicto. El apoyo a las acciones en la que ellos decidan y ejecuten puede llevar más tiempo que poner en marcha una intervención militar a cargo de una coalición internacional, pero una intervención externa que reste protagonismo a esos actores cuestionará la legitimidad y el orgullo de los rebeldes libios si tiene éxito. Y si no lo tiene, arrojará mayores dudas sobre si las intervenciones militares de la última década sirven para solucionar problemas complejos o, simplemente, para hacer algo.