domingo, 17 de noviembre de 2013

LA BATALLA DE LEPANTO, OTROS HÉROES OLVIDADOS

Con arcabuz, espada, y el arrojo típico de un militar venido de la Península Ibérica. Así combatieron los soldados españoles que, un siete de octubre de 1571, derramaron su sangre sobre la cubierta de decenas de buques para detener, en el golfo de Lepanto, las pretensiones expansionistas turcas.

No obstante, lo que no sabían todos aquellos soldados es que no sólo habían aplastado a la gran flota otomana que amenazaba el Mediterráneo, sino que también se habían ganado, a base de cañonazo y mandoble, un hueco en los libros de historia. Así, después de que se disipara el humo de las piezas de artillería, el mar quedó como testigo de una de las mayores victorias navales españolas.

Piratería y esclavitud, la antesala de Lepanto

Para llegar hasta esta gran victoria es necesario viajar unos años atrás, un tiempo en el que la sangre manchaba casi a diario las costas mediterráneas. «Cuesta creer hoy día que las tranquilas aguas del mar Mediterráneo fueran en otro tiempo escenario de asedios, batallas y guerras, y que miles de personas sufrieran el drama del cautiverio y la esclavitud. Y sin embargo, así fue», determina en declaraciones el periodista y experto en historia militar española Miguel Renuncio.

«A mediados del siglo XVI, dos potencias se disputaban el control del Mare Nostrum: España (dueña de Sicilia, Cerdeña y Nápoles) y el Imperio Otomano (cuyos dominios se extendían desde los Balcanes hasta Egipto). Los intereses contrapuestos de Madrid y Estambul habían desembocado en una guerra continua, que se englobaba en el esfuerzo general de los estados cristianos europeos por frenar el imparable avance turco», añade el experto.

A su vez, los españoles encontraron en esta época a unos fuertes enemigos en los piratas, que saqueaban sin piedad decenas de ciudades cristianas. «Mientras las tropas del sultán Solimán I conquistaban Hungría y llegaban incluso a asediar Viena, los estados berberiscos del norte de África (vasallos del Imperio Otomano) vivían de la piratería saqueando los puertos de España e Italia y asaltando sus barcos en alta mar. En definitiva, la situación llegó a ser tan crítica que se esperaba que, tarde o temprano, los turcos intentarían invadir Italia», señala Renuncio.

En este clima de tensión, los turcos pusieron, unos pocos años después, la guinda a este conjunto de afrentas contra los cristianos. «En mayo de 1565, la armada otomana llegó a las costas de Malta e inició el asedio a la isla, defendida por los caballeros de la Orden de San Juan u Orden de Malta. El asedio fue durísimo y se luchó palmo a palmo», determina el periodista. Por suerte, este gran ataque fue detenido por los miles de soldados que envió España para socorrer a los sitiados, pues en la Península Ibérica se conocía la importancia estratégica de este territorio, como bien explica Renuncio: «De haber caído en manos del Imperio Otomano, Malta se hubiera convertido en el trampolín perfecto para asaltar Italia».

La gota que colmó la paciencia cristiana

Sin embargo, lo que finalmente hizo entrar en cólera a los cristianos fueron las exigencias planteadas por el nuevo sultán Solimán I (quien sucedió en el trono de Estambul a su padre). Concretamente, en 1570 el nuevo mandatario pidió la entrega de Chipre –contraria a los turcos- a su imperio.

Los cristianos consideraron esta petición como la gota que colmó el vaso. «En previsión de un
ataque a la isla, el papa Pío V solicitó a España y Venecia la creación de una alianza militar con los Estados Pontificios con el objetivo de frenar la expansión otomana en el Mediterráneo», determina Renuncio.

De esta forma, y aunque fue dificultoso por la diversidad de opiniones entre ambos países, Pío V terminó «convenciendo» a ambos imperios para frenar la expansión del Islam en Europa. «En mayo de 1571, Madrid, Venecia y Roma crearon la Santa Liga (la alianza deseada por Pío V)», explica el experto, que añade además que hubiera sido imposible derrotar a la inmensa flota turca si no hubiera sido aunando fuerzas.

Esto no detuvo a los turcos que, de forma osada y sin temor a las consecuencias, iniciaron el asedio a Chipre. Ante esta afrenta, la flota de la nueva y flamante «Santa Liga» decidió iniciar los preparativos para acabar de una vez por todas con sus enemigos del este. «Aunque el ejército otomano había acabado ya con el último reducto de la resistencia veneciana en Chipre (Famagusta), se decidió buscar y destruir la armada del sultán, dirigida por Alí Pachá o Alí Bajá», completa el periodista.

Preparando la guerra

Para hacer frente al islam, la «Santa Liga» juntó una de las mayores flotas que han surcado los mares a través de la historia. «Contaban con 228 galeras, 6 galeazas, 26 naves y 76 menores. (234 de ellas de combate)», explica el Capitán de navío José María Blanco Núñez, Asesor del Instituto de Historia y Cultura Naval. «Por su parte, los turcos contaban con 210 galeras, 42 galeotas y 21 fustas (252 de combate)», completa el militar.

A su vez, y además del número de buques, la «Santa Liga» tenía a su favor la tecnología, pues sus tropas contaban con multitud de arcabuceros. Estos, partían con ventaja con respecto a los arqueros otomanos, ya que la pólvora tenía más alcance y causaba más daño que las flechas, las cuales solían rebotar contra las gruesas corazas cristianas. «Además, entre las tropas de la Santa Liga destacaban los famosos Tercios españoles. Felipe II había ordenado el embarque de unas 40 compañías procedentes de cuatro Tercios distintos, mandados por Lope de Figueroa, Pedro de Padilla, Diego Enríquez y Miguel de Moncada», determina por su parte Renuncio.

A pesar de todo, el número de combatientes no era muy desigual, según completa el periodista: «En total, la Santa Liga sumaba unos 90.000 hombres, entre soldados, marineros y remeros. En cuanto a la armada del Imperio Otomano, el número de hombres era muy similar, y entre sus soldados sobresalían los temidos jenízaros (cristianos que, tras ser capturados de pequeños, se convertían al islam y eran educados para la guerra)».

Una curiosa forma de batallar

Que la cantidad de soldados fuera similar era muy significativo, pues, en el SXVI, un combate naval no era como el que nos vende ahora la factoría Hollywood. «Los barcos actuaban como plataformas para el combate. Por aquellos años, la galera, el buque más utilizado, era una embarcación larga y estrecha, provista de una o dos enormes velas latinas. Sus dimensiones rondaban los 40 metros de eslora y los cinco de manga, y apenas levantaba un metro del nivel del mar. La artillería estaba formada, casi exclusivamente, por tres o cinco cañones fijos situados en la proa. Por lo tanto, se trataba de un barco cuya función principal consistía en servir de plataforma para la lucha cuerpo a cuerpo», añade el experto.

El uso de las Galeazas fue determinante para los cristianos

De hecho, y según comenta Renuncio, los cañones de las galeras –que se encontraban ubicados en proa y popa- no servían tanto para atacar desde cierta distancia a sus enemigos como para acabar con los soldados enemigos cuando se entablaba el combate cuerpo a cuerpo. Así, lo más usual era que una embarcación embistiera a otra, ambas dispararan entonces su artillería, y la infantería entrara entonces en la lucha.

Sin embargo, para suplir esta escasa cadencia de fuego, Venecia también aportó su granito de arena a la «Santa Liga» con uno de sus más novedosos proyectos. «La galeaza era una auténtica fortaleza flotante. Se trataba de un invento veneciano, consistente en una galera de mayores dimensiones y, sobre todo, dotada de una artillería mucho más potente, con cañones móviles situados en las bandas. No obstante, estas naves eran difíciles de mover, por lo que muchas veces tenían que ser remolcadas», finaliza el periodista español.

Posiciones para el combate

Así, con las tropas preparadas para asestar el golpe definitivo a los turcos, la flota de la «Santa Liga» partió hacia Grecia. El grupo, formado en su mayoría por buques españoles, estaba dirigido de manera general por Don Juan de Austria. No obstante, cada nación aportó además un capitán para su facción. Tan sólo unos pocos días después de partir, el 7 de octubre, ambas armadas se encontraron cerca del Golfo de Lepanto dando lugar a lo que sería una de las batallas más sangrientas de la historia.


Durante la mañana, y con la extraña calma que suele preceder a la amarga batalla, ambas escuadras finalizaron su despliegue. En el bando español el centro estaba regido por «La Real», la nave de Don Juan de Austria. En el flanco izquierdo, se situaba amenazante el veneciano Agostino Barbarigo, a quién se le dieron órdenes de impedir que el enemigo les envolviera. Finalmente, el ala derecha estuvo regida por Juan Andrea Doria, genovés al servicio de España,

«Por último, el español Álvaro de Bazán tenía bajo su responsabilidad las galeras de la reserva, que debían socorrer un frente u otro en función de cómo se fuera desarrollando el combate», finaliza Renuncio. Sin embargo, lo que ninguno de los líderes sabía era que, en una de las galeras cristianas se hallaba, espada en mano, un joven literato que no superaba los 24 años: Miguel de Cervantes.

Frente a la armada de la «Santa Liga» se situaba desafiante la imponente flota turca. En el centro de la misma, a bordo de «La Sultana» se hallaba el terror de los cristianos: Alí Pachá. A su derecha, frente a Barbarigo, estaban ubicadas las fuerzas de Scirocco, bey de Alejandría. Finalmente, y para hacer frente a Andrea Doria, el líder turco seleccionó a Uluch Alí, bey de Argel.

Comienza la batalla

No cabía más espera. Después de que se arbolaran los crucifijos y estandartes y los sacerdotes absolvieran a los soldados por si morían en combate, los remeros comenzaron a sacar las palas. Desde «La Real», un grito, el de don Juan de Austria, ahuyentó el miedo de los marinos: «Hijos, a morir hemos venido, o a vencer si el cielo lo dispone».

Con celeridad, las naves turcas, como movidas por una única fuerza, comenzaron su avance inexorable hacia los buques de la «Santa Liga». Por suerte, los cristianos habían decidido que las galeazas, las fortalezas flotantes venecianas, se situaran por delante de la flota aliada para hacer blanco sobre los otomanos. El plan funcionó a la perfección pues, con un gran estruendo, estos navíos abrieron fuego con sus innumerables cañones sobre las tropas de Alí Pachá, mandando al fondo del mar a varias de sus galeras.

La fuerte acometida cogió por sorpresa a los otomanos, que se vieron obligados a romper su formación y tratar de acortar lo más velozmente la distancia que les separaba de los buques cristianos. No les quedaba más remedio, pues la potencia de fuego de las galeazas podía ser mortal para sus aspiraciones de conquista.

Una vez superada la primera línea de galeazas cristianas, comenzó la verdadera batalla. «Tras esto, las galeras de ambos bandos se trabaron unas con otras, barriendo al enemigo con el fuego de sus cañones, embistiéndose con sus espolones y lanzando a sus hombres al abordaje», determina Renuncio.

Pronto, y casi dirigidas por una fuerza extraña, «La Sultana» y «La Real» chocaron y se enzarzaron en un fiero combate cuerpo a cuerpo que se cobraría la vida de cientos de soldados. «Los hombres de ambas naves iniciaron una lucha sin cuartel, en la que “La Real” y “La Sultana” fueron socorridas por otras galeras, que hacían pasar a sus soldados a bordo de las dos capitanas» explica el experto. Ambas flotas sabían que no podían permitirse el lujo de perder sus buques de mando, pues sería algo nefasto para la moral de sus respectivas flotas.

Problemas iniciales

Mientras, en el flanco izquierdo cristiano, Barbarigo vivió momento de tensión cuando las tropas de Sirocco se introdujeron en un hueco dejado por las tropas del veneciano. Este, vio en unos instantes como su nave era asediada por media docena de buques enemigos. La lucha fue tan cruenta que, finalmente, el cristiano murió cuando el disparo de un arquero turco le acertó en un ojo. A pesar de todo, y con la ayuda de varias galeras que fueron a socorrer a su líder fallecido, se logró resistir la embestida turca.

La situación no era mejor en el flanco contrario, donde Uluch Alí había conseguido atravesar la línea cristiana haciendo uso de una estratagema que alejó el ala derecha cristiana de la batalla. Por suerte, la escuadra de reserva acudió a socorrer el centro de «La Santa Liga». No obstante, no llegó lo suficientemente rápido como para salvar a varias galeras cristianas cuyos ocupantes fueron pasados a cuchillo sin piedad.

A partir de ese momento rindió la anarquía entre las diferentes naves, que trataban de resistir, junto al buque aliado más cercano, la acometida del enemigo. En este momento de incertidumbre, el joven Cervantes recibió varios disparos, uno de los cuales le alcanzó en la mano izquierda, dejándosela inútil para siempre. Por suerte, el posteriormente conocido como «el manco de Lepanto» pudo seguir escribiendo durante años con su brazo derecho.

Un final glorioso

«En esta situación, cuando la batalla se encontraba en el momento más decisivo, un disparo de arcabuz mató a Alí Pachá, lo que provocó el desmoronamiento de la resistencia a bordo de la Sultana. El estandarte musulmán fue arriado, al tiempo que los gritos de victoria en las filas cristianas iban pasando de una galera a otra», determina Renuncio.

Después de este golpe para los turcos, comenzó su retirada. «Uluch Alí consiguió escapar llevando consigo una pequeña parte de sus fuerzas y el estandarte arrebatado a los caballeros de la Orden de Malta, que también participaban en la armada cristiana», explica el experto.

«La victoria cristiana fue total. Entre 25.000 y 30.000 otomanos murieron en la batalla, frente a los 8.000 españoles, pontificios y venecianos. La batalla de Lepanto fue una matanza terrible, sin precedentes, pero sirvió para demostrar que el esfuerzo conjunto de las naciones cristianas podía frenar el avance del Imperio Otomano. Por fin, la armada del sultán había sido destruida, y con ella el mito de su invencibilidad», añade Renuncio.

Además del importantísimo valor militar, la batalla tuvo unas buenas consecuencias para España y la cristiandad. «Aunque aparentemente la batalla de Lepanto no tuvo consecuencias inmediatas, su importancia fue enorme desde el punto de vista moral y propagandístico, ya que sirvió para acabar en Europa con el mito de la invencibilidad otomana», finaliza el periodista.

Tras la batalla

A pesar de la gran derrota, el Imperio Otomano volvería a planta batalla tan sólo tres años más tarde, cuando consiguió conquistar Túnez a los españoles. A su vez, en 1574, Venecia firmó en secreto la paz con el sultán, rompiendo la Santa Liga y traicionando a España y al Papa. De esta forma, y aunque el pacto le ofrecía ventajas comerciales, también obligaba a esta república a pagar un tributo a Estambul y renunciar a Chipre.

«La paz era humillante para Venecia, pero, al fin y al cabo, era una república de mercaderes y prefería garantizar la seguridad de sus intercambios comerciales con Oriente antes que seguir aventurándose en inciertas campañas militares. Así pues, España volvía a estar sola en su lucha contra el expansionismo otomano, lo que parecía anunciar nuevas e inevitables guerras», explica Renuncio.

Sin embargo, el conflicto entre ambos imperios sólo duró hasta 1577. «Paradójicamente, españoles y turcos empezaron a estar cada vez más interesados en poner fin a su enfrentamiento —al menos, a su enfrentamiento a gran escala—, para poder ocuparse cada uno, con mayor libertad, de sus asuntos en otros escenarios. Además, la inactividad otomana demostró ser su peor enemigo: las galeras del sultán se pudrieron en los puertos y nunca más volvieron a suponer una amenaza para la seguridad de los estados cristianos del Mediterráneo», añade el experto.

Tres preguntas al Capitán de navío José María Blanco Núñez, Asesor del Instituto de Historia y Cultura Naval

1-¿Qué significó la derrota para el imperio Otomano?
Supuso el final de su expansión hacia Occidente, su freno en Europa, donde llegó hasta Viena de donde saldrá derrotado un siglo más tarde, su cambió de teatro al Indico, donde hizo sufrir de los lindo a los portugueses, lo que contribuirá a la unión de los reinos peninsulares.

2-¿Qué marcó la diferencia en Lepanto?
Lo que definitivamente descalabró a los turcos fue el buen empleo de la artillería de las cuatro (de seis) galeazas venecianas (20 cañones y 30 pedreros, cada una, mientras que las galeras mayores llevaban solamente 5 cañones a proa, que se disparaban una sola vez inminentemente antes del abordaje) que iban en vanguardia y entraron en fuego, y al magnífico comportamiento de la reserva mandada por D. Álvaro de Bazán, que abortó la brillantísima maniobra del cuerno izquierdo otomano mandado por Uluch Alí.

3-¿Cómo describiría, en un único párrafo, el impacto de esta batalla para España?
Nos proporcionó seguridad en nuestras derrotas imperiales, Barcelona-Génova que, por mor de la actitud francesa, era vital para el sostenimiento de Flandes; Puerto de Santa María (después Cartagena)-Mesina-Nápoles, sin embargo el corso ejercido por argelinos continuará azotando nuestra costa mediterránea hasta la paz de 1785, aunque hubiese desaparecido el peligro de ver las Columnas de Hércules en manos del Sultán de la Sublime Puerta.

LA TRAICIÓN VENECIANA TRAS LA VICTORIA DE LEPANTO

Entre las miles de líneas que ocupan las hojas de la Historia, hay unas que, para los españoles, están escritas con letras de oro: las que cuentan la victoria que la Santa Liga infligió al Imperio Otomano en Lepanto. Sin embargo, también se han difuminado en el papel aquellos renglones que reflejan el devenir de cristianos y musulmanes tras la que, a la postre, sería considerada como una de las contiendas navales más grandes de todos los tiempos.

Y es que, la guerra no se detuvo después de que la Santa Liga –la alianza formada por España, Venecia y los Estados Pontificios- derrotara con sus galeras a la flota del sultán Selim II, sino que, a pesar del varapalo, los musulmanes siguieron plantando cara durante años a los cristianos por tierra y mar. «La batalla de Lepanto significó un duro golpe para el Imperio, que perdió en ella gran parte de su armada, pero no debemos olvidar que, por ejemplo en 1.574, tan solo tres años después de ser derrotados, los turcos consiguieron arrebatar Túnez a los españoles», afirma Renuncio.

Así pues, y en contra de la creencia popular, Lepanto no significó la caída en desgracia del Imperio Otomano. «La derrota no supuso por sí misma el declive de un Imperio poderosísimo que, con sus estados vasallos, abarcaba desde el Mediterráneo occidental hasta Mesopotamia y desde los Cárpatos hasta las cataratas del Nilo. Lo que sí es cierto es que la batalla de Lepanto coincidió en el tiempo con el inicio del declive político del Imperio Otomano, producido por el debilitamiento de la figura del sultán», comenta el experto.

Renuncio, a su vez, afirma que las causas que provocaron que el Imperio Otomano doblara la rodilla no fueron únicamente militares: «Existen ciertos paralelismos entre el progresivo declive que sufrió el Imperio Otomano tras la muerte de Solimán I (1.566) y el que experimentó la Monarquía Hispánica tras el fallecimiento de Felipe II (1.598), ya que los sucesores de ambos monarcas no quisieron o no supieron afrontar adecuadamente los retos que se les presentaron».

A pesar de todo, lo que sí logró con su victoria la armada cristiana fue detener en seco la expansión del Imperio Otomano a través del Mar Mediterráneo. Este hecho, aunque no significó la victoria definitiva contra Selim II, si insufló moral a unos reinos que, durante décadas, habían visto como los soldados turcos se hacían con una buena parte de los territorios ubicados en el norte de África.

«Aunque la derrota del Imperio Otomano no fue decisiva desde el punto de vista militar, sí tuvo una enorme importancia desde el punto devista moral y propagandístico, ya que sirvió para acabar con el mito de la invencibilidad de la armada otomana. En este sentido, la repercusión de la batalla fue enorme no solo en España, sino también en el resto de Europa. Por eso Miguel de Cervantes, años después de combatir en Lepanto, recordaba aquella jornada con las siguientes palabras: “Y aquel día, que fue para la Cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar: en aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada” (Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo XXXIX)», completa el experto


NUESTROS SOCIALISTAS Y EL NACIONALISMO CATALÁN

SI necesitáramos otro argumento para demostrar que el nacionalismo nubla las mentes, que no lo necesitamos, la propuesta de Oriol Junqueras de paralizar la industria catalana durante una semana sería la prueba definitiva. Se tiene a Junqueras por hombre cultivado y tranquilo. Lo que ha demostrado con su propuesta es una falta de alcances inaudita en alguien que aspira a gobernar un Estado y un temperamento muy parecido al del españolazo que rechaza ampliar el horario de calefacción de su bloque, para que se chinchen sus vecinos, no importándole a él pasar frío, situación más frecuente de lo que se cree. Aunque lo más extravagante es que se atreve a desafiar, no ya al Estado español, algo que hace a diario, sino a Bruselas, como si estuviera convencido de que la buena marcha de la UE depende de la de Cataluña.

Por más absurdo que parezca, sin embargo, no es la primera vez que comportamientos parecidos se dan hoy allí. Sin ir más lejos, el rechazo de la Generalitat de la oferta del Gobierno central a enviar aviones que ayudaran a apagar el incendio declarado en Gerona ilustra hasta qué extremos de cerrazón llega el nacionalismo. Menos mal que la tramontana no sopló fuerte, extendiendo el fuego a toda el área.

No estamos hablando, por tanto, de un hecho aislado ni, menos, de una anécdota. Estamos hablando de la médula del nacionalismo identitario, compuesto de un 95% de pasión y un 5% de razón, aunque los nacionalistas, todos ellos, en su delirio, intentan presentárnoslo como razonable e incluso como posible. En otro caso no se explica que Mas esté gobernando de hecho con Junqueras, e incluso acepte que le marque la hoja de ruta.

Lo más grave de todo, sin embargo, es que este delirio o espejismo, esta sinrazón emocional, se haya contagiado a buena parte de las fuerzas políticas españolas. La primera de ellas, al PSC, que gobernó con ERC en uno de los periodos más desventurados para Cataluña, política y económicamente, dejándola con las arcas vacías, y al PSC con un sonado fracaso electoral. Pero parece que no han aprendido y quieren más, tal vez porque el nacionalismo incluye también cierta dosis de masoquismo.

El PSC ha contagiado la querencia al PSOE de Rubalcaba –hay que empezar a distinguir entre sus distintas facciones–, que busca desesperadamente una fórmula para encajar españolismo y catalanismo, no encontrando otra que el federalismo más anacrónico y menos práctico, al poderse ser español y catalán –de hecho, son lo mismo–, pero no ser españolista y catalanista, formas extremas de ambas actitudes y, por tanto, contradictorias. Lo comprobó ayer Rubalcaba al no coincidir más que en dialogar con Duran Lleida, otro que baila en la cuerda floja. Pero ¿de qué?

Para resumir: esto empieza a parecerse a la Corte de los Milagros que nunca ocurrieron ni ocurrirán, aunque todo el mundo, bueno, casi todo, espera que ocurran. Por algo tenemos fama los españoles –catalanes incluidos– de preferir los milagros a la realidad.

NUESTRA IZQUIERDA ANTE LAS SENTENCIAS DEL TEDH Y LA DEL PRESTIGE

¡IMPUNIDAD intolerable!, clama indignada la izquierda desde el miércoles. «Una sentencia aviesa y amoral», se oye decir en las radios y televisiones a la izquierda española, a socialistas y comunistas, a verdirrojos y rojipardos, a perroflautas y asaltantes del Congreso, bufones proetarras, separatistas y demás tropa. Pero no se refieren a lo que nos hace a muchos estar desde hace días en permanente ida y vuelta entre la náusea y el dolor, y a muchos españoles víctimas del terror y la delicuencia, entre el vómito y el llanto. No piensan en las decenas de asesinos que salen estos días felices y sonrientes de las cárceles, sin reinserción, sin arrepentimiento, tras haber cumplido a veces apenas un año por asesinato o pocos meses por cada violación. Muy al contrario, ellos aplauden la salida a la calle de estos criminales que hoy se mezclan ya con la población indefensa y conmocionada. Como éxito postrero de Rodríguez Zapatero.

No dicen que sean amorales la sentencia de Estrasburgo ni la catarata de autos que, diligentes y obsequiosos, firman sin cesar los jueces por toda España estos días. En obediencia a un Tribunal de Estrasburgo que se ignoró siempre que convino. Decenas de sentencias de aquel Tribunal han sido acogidas en España a lo largo de décadas con parsimonia e indolencia, hasta ignorar algunas de ellas durante mucho tiempo. Pero ahora, ¡ay, cuánta diligencia en una justicia que habitualmente piensa en años o lustros cuando no décadas! Qué impresionante la urgencia, las ansias compulsivas de los jueces españoles por poner en libertad a los peores asesinos que están en las cárceles españoles, sin un minuto para un informe personalizado, sin un instante de reflexión o cuestionamiento del automatismo que lleva del recurso de la etarra a la puesta en libertad sin control alguno de gravísimos desequilibrados sexuales.

Nadie cuestiona desde el Estado las demenciales secuencias a las que asistimos estos días y semanas. Los jueces están aterrados con ser los últimos en poner en libertad a todos los que puedan. Los socialistas, responsables bajo Zapatero de este atentado contra la dignidad y la seguridad de los españoles, están felices de ver como se cumplen sus planes. El Gobierno y el PP dicen que ellos no han sido. Lo cual es cierto. Y que nada pudieron hacer para evitarlo. Lo cual es falso. 

No señores, si oyen a la izquierda gritar «¡impunidad!» piensa en el PP y si habla de «la sentencia amoral» es la que absuelve a los imputados en el proceso penal por el naufragio del Prestige. Mucha frustración y aspavientos mediáticos. Diez años después, tanta pasión y estupefacción tan poco verosímil. Porque el fallo es lógico. Pero no perdonan se les escamotee la victoria de esta sentencia. Igual que creen que Estrasburgo les da la razón histórica y quita así el estigma de la traición –lo creen falsamente–, piensan que la sentencia de La Coruña debía sancionar su operación de acoso y derribo a raíz de la tragedia. Que habrían de repetir después con el «No a la guerra». Y que culminaría en los días entre las bombas y las urnas en marzo de 2004. No ha obtenido satisfacción. Al contrario. En esta sentencia la izquierda española es declarada culpable de mentira, manipulación y agitación violenta. Su falta de honradez intelectual y su nula probidad democrática marcaron la entrada en la década que su perverso protagonismo convirtió en la más negra y desgraciada para España desde la guerra. Y condenó a esta izquierda a su actual crisis en el trágico dilema entre el extremismo y la nada.

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS

El ex magistrado español en el Tribunal de Estrasburgo Francisco Javier Borrego ha afirmado que desde 2010 existen mecanismos para no cumplir o para retrasar la aplicación de las sentencias de este tribunal, en virtud de una iniciativa del Reino Unido.

En declaraciones a Onda Cero recogidas por Europa Press, ha precisado que, en primer lugar, cabe pedir una interpretación de la sentencia al propio tribunal, lo que retrasa su "eficacia". Y además, ha asegurado que hay una posibilidad "de no cumplir" por la vía de "acatar pero estudiar cómo" hacerla efectiva.

Según ha explicado, si no hay una mayoría de dos tercios en el Comité de Ministros del Consejo de Europa --el órgano que vela por la eficacia de las sentencias-- el cumplimiento "se eterniza durante años" y no se produce "ningún efecto".

Para Borrego, esto sería posible en el caso de la sentencia concreta de Estrasburgo a favor de la etarra Inés del Río, mientras que en el resto de quienes se puedan ver beneficiados habrá que estudiar cada caso concreto. La 'doctrina Parot' permitía alargar el tiempo de prisión de los condenados con el Código Penal de 1973 descontando las redenciones de condena del total de sus penas, no del máximo de 30 años de estancia en prisión.

EL TEDH NO ES INFALIBLE

De este modo, cree que hay que aplicar la sentencia pero "desde la óptica de un Tratado internacional" y borrando "esa idea de que el Tribunal Europeo es la nueva infalibilidad del Papa". "A mi no me gusta adorar, salvo a Dios", ha remachado.

El magistrado ha mostrado su sorpresa por la "velocidad asombrosa" con la que la Audiencia Nacional puso en libertad a Del Río, y también por la actitud de la Fiscalía. Hace un año, ha argumentado, cuando Estrasburgo publicó la primera sentencia a favor de la etarra, la Fiscalía dijo no sólo que la sentencia no era firme sino que las sentencias de Estrasburgo no son declarativas y que sólo pueden surtir efecto ante la Audiencia Nacional si se presentaba un recurso de revisión al Tribunal Supremo con ocasión de dicha sentencia.

Por otro lado, Borrego se ha mostrado convencido de que el juez español en Estrasburgo, Luis López Guerra --secretario de Estado de Justicia con José Luis Rodríguez Zapatero-- ha tenido influencia en el fallo del tribunal, privilegiando en Estrasburgo la opinión de los magistrados disidentes del Tribunal Constitucional que estaban en contra de la 'doctrina Parot'.

De entrada, ha tachado de "aberración jurídica" que López Guerra formase parte del tribunal que emitió la primera sentencia y posteriormente de la Gran Sala encargada de la apelación. Según ha explicado, eso sólo se justifica para que el juez del país afectado explique el Derecho nacional, y ese "estaba claro, en una sentencia por mayoría aplastante del Supremo y en 25 del Constitucional".

Borrego ha recordado que López Guerra se abstuvo en el examen por parte de Estrasburgo de la Ley de Partidos --ilegalización de Batasuna-- y, en cambio, no lo hizo en este caso. "Yo me hubiera abstenido", ha asegurado.

Así, cree que la sentencia contra la Parot era "desgraciadamente esperada" debido a "la personalidad del juez nacional", Luis López Guerra, perteneciente a un grupo de juristas, "profesores", que no lograron "tumbarla" en el Tribunal Constitucional e hicieron que Estrasburgo emitiese su primera sentencia sobre Inés del Río apenas cuatro meses después de que el Constitucional avalase la doctrina.

¿UNA SENTENCIA 'AD HOC'?

Borrego cree que la sentencia se aparta incluso de la jurisprudencia del propio tribunal, porque el artículo 7 del Convenio Europeo de Derechos Humanos nunca ha cubierto las "modalidades de cumplimiento de la pena". Es más, se teme que será una "sentencia 'ad hoc'" contraria a la 'doctrina Parot', "aislada", que no va a modificar la jurisprudencia del tribunal.

En su opinión, la Abogacía del Estado ha trabajado "con gran profesionalidad y eficacia" y ha dicho desconocer si además ha habido actuaciones "metajurídicas" por parte del Gobierno, "que pueden ser muy importantes".

También cree que ha sido un error el haber ido filtrando de antemano que la sentencia sería desfavorable "porque el pueblo español se ha sentido dolido". Además, ha afirmado que la sentencia le "ofende" porque compara a España con países "recientemente llegados a la democracia" e incluso menciona argumentos utilizados en su día por dos británicos condenados por violar a sus esposas.

CATALUÑA FALSIFICA OFICIALMENTE SU HISTORIA. LAS AGRESIONES A ARAGÓN

La historia de la Corona de Aragón es una de las materias que vienen saliendo damnificada por la «construcción nacional» del independentismo catalán. A lo largo de los años, Aragón se ha quejado de la insistente voluntad de reescribir la historia para acomodarla a las tesis independentistas de Cataluña. Uno de los episodios más recientes ha sido la difusión, a través de un portal oficial vinculado a la Generalitat, de la idea del «Reino de Cataluña», obviando que en realidad fue un territorio más dentro de la Corona de Aragón. Pero ha sido un episodio más dentro de una ya larga lista de polémicas históricas que, en Aragón, son sentidas como agravio a la memoria de la Corona de Aragón y, por extensión, a la historia del propio Reino de España.
Mes pasado, mediados de octubre: en una página web turística vinculada a la Generalitat (cataloniatours.cat), se difunden ante todo el mundo varias rutas turísticas ligadas al pasado de esa región. Y una de ellas se basa en la «casa real catalana». Hasta ahora, el nacionalismo vecino solía hablar de la «Corona catalano-aragonesa», un concepto que historiadores e instituciones aragonesas han insistido desde hace años en denunciar como una falsedad histórica de asombroso calibre.
Ahora, la Generalitat dirigida por CiU -partido entre cuyas cabezas visibles se cuenta al oscense, de Alcampell, Josep Antoni Duran i Lleida- da un paso más y habla abiertamente de la «casa real catalana». Obvia por completo el nombre de Aragón, y no parece un olvido sin más. Así lo hace cuando, en esta web, al referirse a finales del siglo XV apunta que «es en aquella época esplendorosa que nace la concepción de la nación catalana como una unidad territorial y lingüística, entre países hermanos y de igual a igual, que reúne el Principado de Andorra, el Principado de Cataluña, el País Valenciano y las Islas Baleares». Ni mención a Aragón, pese a que la realidad de aquel momento era que la actual Cataluña era un territorio más de la Corona de Aragón, junto a lo que hoy son la Comunidad Valenciana y Baleares.
Como ha recordado en reiteradas ocasiones el historiador Domingo Buesa, nunca existió un Reino de Cataluña, sino un Condado de Barcelona. Y éste accedió a la condición de territorio real en el siglo XII, «cuando la reina Petronila de Aragón se casó con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, y el hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey de la Corona de Aragón».

El rey Pedro III, «rebautizado»


Más episodios. Año 2009: Cataluña provoca otra disputa con Aragón a vueltas con la historia, cuando la Generalitat «rebautizó» al rey Pedro III de Aragón como «Pere II». Tampoco era una mera catalanización del nombre del rey aragonés. Tras la maniobra había un objetivo más amplio, que engarza con la vocación nacionalista por ir construyendo su relato de la inexistente Corona catalana: «encontrado» un rey por la vía de la catalanización de su nombre y del ordinal (Pedro segundo, en vez de Pedro tercero, para engarzarlo con el orden del supuesto linaje real catalán), quedaría argumentada la existencia de una Corona a la catalana. En aquel momento surgió en Aragón un amplio movimiento de contestación social y política. El PAR acusó al nacionalismo catalán de «profanar» la historia de Aragón y, por ende, la de España.

Archivo de la Corona


Sin embargo, la insistencia con la que el nacionalismo catalán trata de ningunear su pasado como un territorio más de la Corona de Aragón contrasta con el especial celo que, a lo largo de los años, los sucesivos gobiernos nacionalistas de la Generalitat han puesto para blindar y cerrar el paso a la gestión compartida del Archivo de la Corona de Aragón, que tiene su sede física en Barcelona.
El Archivo de la Corona de Aragón es de titularidad estatal. Hace tiempo se instauró una fórmula de gestión compartida, para que Cataluña no tuviera sobre dicho archivo más voz que cualquier otro de los territorios que formaron parte de la Corona aragonesa. Se creó el patronato del Archivo de la Corona de Aragón, órgano del que forman parte los actuales gobiernos autonómicos de las comunidades cuyos territorios formaron parte en la histórica Corona: Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Pero quedó en papel mojado. La Generalitat ha presionado, y conseguido, para mantener bloqueado ese patronato.
Lo cierto es, sin embargo, que los sucesivos gobiernos centrales han preferido aparcar la polémica con una salomónica decisión: no convocar al patronato del Archivo de la Corona de Aragón. Y así se está desde hace años.

El Principado de Gerona, aragonés


La historia, eso sí, deja datos curiosos. Por ejemplo, el hecho de que el título de Príncipe de Gerona -que ostentan los herederos al trono de España, actualmente Don Felipe- es un título nacido y perteneciente a la historia de la Corona de Aragón, no de Cataluña.
El Principado de Girona remonta su origen al año 1351. Fueinstituido inicialmente como Ducado por el rey Pedro IV de Aragón en el año 1351. Medio siglo después, Fernando I de Antequera, primer rey de Aragón de la dinastía de los Trastámaras, elevó la categoría a la dignidad de Principado en 1416 con el que distinguir al heredero a la Corona de Aragón. El infante Don Alonso (futuro rey Alfonso V) fue el primer en recibir el título de Príncipe de Gerona. Desde entonces, la tradición se mantuvo, con la celebración de la ceremonia en la que se juraba al heredero al trono y se le investía con el título de Príncipe de Gerona. La ceremonia, por cierto, siempre se hacía en Zaragoza en primer lugar, y luego solía repetirse en otros territorios que formaban parte de la Corona de Aragón.
Hay quienes abogan, caso concreto del PAR, por que las Cortes aragonesas aprueben una ley de derechos históricos que, entre otras cosas, recoja aspectos como el título del Príncipe de Gerona ligado, como lo estuvo, a la honda historia de la Corona de Aragón. Una pretendida ley de derechos históricos que el PAR también cree que serviría para plantar cara a la persistente «manipulación» de la historia por parte del nacionalismo catalán

CATALUÑA FALSIFICA OFICIALMENTE SU HISTORIA

En su afán por hacer valer un pretendido carácter histórico de «nación» y de «estado» catalán, la web de la Generalitat se explaya en un relato en el que vapulea la realidad y llega a afirmar que adquirió la soberanía del Reino de Aragón en 1137. Una suerte de supuesta «anexión» -en los rótulos de uno de sus vídeos utiliza expresamente este término- que choca con la verdad histórica y con lo que reflejan los archivos regios de la Edad Media, en los que nunca aparece Cataluña como reino, sino únicamente como Condado de Barcelona.
En 1137, el rey Ramiro II de Aragón pactó el matrimonio de su hija Petronela con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Ramiro II no otorgó el título de rey al catalán, sino únicamente le reconoció el de Príncipe, por la vía de este matrimonio. Petronela queda como única titular del Reino, y en documentos oficiales librados por ella se refiere a su marido exclusivamente como Conde de Barcelona. Casi un siglo después, el rey Jaime I se expresa oficialmente como «Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel». Desde el matrimonio entre la reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV, Cataluña quedó como un territorio más de la Corona de Aragón.
Sin embargo, la web de la Generalitat llega a asegurar que «en 1137, el rey Ramiro II de Aragón cedió la soberanía de su reino y la mano de su hija, Petronela, al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV». Nada que ver con el auténtico pacto matrimonial.
Para eludir el hecho de que las tierras catalanas eran en realidad parte de la Corona de Aragón, la web de la Generalitat acuña otro término:«confederación catalano-aragonesa», que gusta alternar con otra invención nacionalista, la «Corona catalano-aragonesa». La realidad es que jamás existieron tales.

Imperio mediterráneo


Pero eso le permite hilar el discurso para, en otra parte de esa historia difundida por la Generalitat, presentar al rey de Aragón Jaime I como «rey Jaime I de Cataluña». En otra sección de la misma web oficial se muestra un vídeo, elaborado por el propio Gobierno catalán, en el que se habla de «La expansión del Casal de Barcelona por el Mediterráneo». En él se elogia a Jaime I El Conquistador, pero en ningún momento se le cita como rey de Aragón. La omisión ayuda a dejar el poso -falso- de que se trataba de un rey catalán y de que Cataluña era reino.
En el mismo vídeo se llega a afirmar que «Jaime I es un monarca muy importante para la historia de Cataluña», porque «conquistó cuatro reinos y creó lo que denominamos los Países Catalanes». A renglón seguido asegura que, con él, «los dominios de Cataluña se extendieron por todo el Mediterráneo», que «tras Mallorca y Valencia llega Sicilia», y que años después se incorporarían a esos «dominios de Cataluña» Cerdeña y Nápoles.
La realidad histórica es que nunca existió un reino de Cataluña. Ese territorio se unió al Reino de Aragón como Condado de Barcelona, y esa fue la condición que tuvo en todo momento dentro de la Corona de Aragón. Desde entonces -y nunca varió la fórmula-, el monarca tenía los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona.
Es clarificador el propio pacto entre el rey aragonés Ramiro II y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Cuando Ramiro II dispuso unir en matrimonio a su hija Petronila con el conde de Barcelona, dictó una declaración en 1137 en la que, lejos de «ceder la soberanía» de Aragón a Cataluña -como afirma la web de la Generalitat-, el rey aragonés dejó claro cómo se hacía esa unión: «Yo seré Rey, señor y padre en el citado reino y en todos los condados hasta que me plazca».

1. Jaime I creó los «países catalanes» El imperio mediterráneo de la gran Cataluña


Lo que dice la web
«Jaime I es un monarca muy importante para la historia de Cataluña», relata un vídeo oficial de la Generalitat colgado en su web institucional. «Conquistó cuatro reinos y creó lo que denominamos los Países Catalanes». Eludiendo por completo a la Corona de Aragón, a la que pertenecían los territorios de la actual Cataluña, el mismo montaje asegura que «los dominios de Cataluña se extendieron por todo el mediterráneo». Incluye como tales a Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña y Nápoles. La web de la Generalitat gusta en pregonar términos de nuevo cuño como «Confederación catalano-aragonesa» o «Corona catalano-aragonesa».
La realidad
El rey Jaime I era el titular de la Corona de Aragón, y Cataluña nunca tuvo dominios en el Mediterráneo porque no tuvo entidad regia diferenciada. No pasó de ser uno de los territorios que quedaron incorporados al Reino de Aragón como consecuencia de la expansión de éste a lo largo de la historia. Fue la Corona de Aragón la que fue extendiendo sus dominios por la Península y el Mediterráneo, primero con el rey Jaime I y luego con sus descendientes, que mantuvieron siempre la misma condición de reyes de la Corona de Aragón. Jamás existieron los «Países Catalanes» ni la «Confederación catalano-aragonesa» o la «Corona catalano-aragonesa», términos acuñados por el nacionalismo catalán a los que la Generalitat recurre con frecuencia en su particular relato histórico. Los dominios del Mediterráneo lo fueron exclusivamente de la Corona de Aragón, no como los presenta la Generalitat: una pretendida posesión del «Casal de Barcelona».

2. Cataluña como «reino» La imaginativa «anexión» de Aragón con un matrimonio


Lo que dice la web
El linaje Wifredo el Velloso (siglo IX) fue «el embrión de la Corona de Aragón, al unir su destino al reino aragonés en virtud de los problemas dinásticos que sufría esta monarquía». «Ramón Berenguer I, conde de Barcelona, es prácticamente rey de Cataluña; su poder sobre el resto de condados no hace sino aumentar». «A partir de Ramón Berenguer IV, los condes de Barcelona también serán reyes de Aragón», fruto de una supuesta «anexión» del Reino de Aragón al «reino» de Cataluña. Y Jaime I (siglo XIII) fue «rey de Cataluña y Aragón».
La realidad
En el siglo IX el norte de Cataluña era un territorio dividido en condados. El linaje de Wifredo el Velloso nunca fue «embrión» alguno de la Corona de Aragón, sino una línea hereditaria de dominios condales. Así se llega al conde Ramón Berenguer IV, que incorporó esos territorios condales al dominio del Reino de Aragón cuando el rey aragonés Ramiro II casó a su hija Petronila con Ramón Berenguer IV. El pacto matrimonial fue nítido al respecto. Y los documentos reales posteriores así lo destacan también. El Reino de Aragón se anexionó por la vía del matrimonio el Condado de Barcelona y configuró la Corona de Aragón, y no al revés -la Generalitat sostiene la falsa e imaginativa tesis de que la anexión fue a la inversa, que un condado, el de Barcelona, se anexionó un reino, el de Aragón-.
Por ejemplo, ante el nacimiento del hijo de Petronela y Ramón Berenguer IV, la reina firma un documento en el que deja claro que ella es la titular del reino, no su marido, al que se refiere exclusivamente como «Conde de los barceloneses». La web de la Generalitat se refiere a Jaime I como «rey de Cataluña y Aragón» tratando de equiparar la condición histórica del Reino de Aragón a un supuesto reino de Cataluña que jamás existió. El propio Jaime I -y fue norma extendida por todos los monarcas de la Corona de Aragón- se expresó en todo momento como «Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel».

3. El «estado» catalán Cataluña era un «Estado» hasta que Felipe V acabó con él...


Lo que dice la web
Sobre la etapa de la Guerra de Sucesión (1701-1713) se afirma que «la apuesta de Cataluña en favor de Carlos de Austria y contra Felipe V, en el conflicto sucesorio por la corona española, supuso la pérdida de todos los derechos y de las instituciones de gobierno que tenía como estado, dentro de la monarquía hispánica».
La realidad
Cataluña no tuvo nunca la consideración real de «Estado». No pasó de ser uno más de los dominios de la histórica Corona de Aragón. Los nacionalistas presentan la Guerra de Sucesión y los posteriores Decretos de Nueva Planta de Felipe V como un episodio de represión sufrido por el «país». La realidad es que Cataluña no fue un «Estado dentro de la Monarquía Hispánica», como apunta la web.

4. En el nuevo mundo ...Y ya era un «país europeo» cuando se descubrió América


Lo que dice la web
La Generalitat afirma que «Cataluña, como otros países europeos», operaba comercialmente con América desde Sevilla y Cádiz porque «el Nuevo Mundo, por orden de Isabel la Católica, se incorporó en exclusiva al Reino de Castilla».
La realidad
Ni antes, ni durante ni después del reinado de los Reyes Católicos Cataluña tuvo la consideración de «país europeo» ni, por tanto, operó como tal en el comercio con América. Cataluña era una parte más de la histórica Corona de Aragón.



LA SENTENCIA DEL PRESTIGE, Y LA MANIPULACIÓN POLÍTICA

La contrariedad que ha creado en los nostálgicos del chapapote que la Justicia haya sido incapaz de declarar que el Gobierno rompió el barco...
Una de las inolvidables portadas del semanario satírico «Por Favor», escisión del viejo e impagable «Hermano Lobo», reproducía la cara siniestra de un tipo tocado por un sombrero y unas gafas oscuras a la que se le añadía, como sello ministerial, la palabra «Confirmado». Era tiempo de pertinaz sequía, y los geniales autores de la revista titularon a toda plana: «Los Rojos Se Beben El Agua». Tiempos de Perich, Vázquez Montalbán, Forges, Marsé, Máximo, todos en una misma entrega semanal… Casi nada. Alguien debería haber recordado la portada once años atrás al objeto de homenajear a los sublimes creadores de aquella publicación que tan buenos ratos nos dio y haber titulado su crónica como se titula esta columna. La foto podría haber sido la de un buzo con la cara de Aznar sorprendido en plena maniobra de introducir carga explosiva en el Prestige con la intención de volarlo y bañar las costas occidentales españolas y portuguesas con setenta mil toneladas de fuel.
Fue lo único que faltó. Siendo un accidente, en sí mismo, sensacional, fue víctima de un calamitoso sensacionalismo en el que toda demagogia se hizo posible. La clamorosa manipulación con la que se aderezó la crítica contó, es cierto, con una primera vacilación confusa de las autoridades que resultaban competentes. Se cometieron errores, pero ninguno de ellos justificó la reacción populista y victimista de diversos colectivos y de la oposición política del PSOE. Asustado por el papel dirigente en la indignación que estaban asumiendo el chalado de Beiras y su gente del BNG, el sanedrín socialista decidió pisar el acelerador y considerar que todo valía contra un gobierno de derechas que dos años atrás les había humillado en las urnas con una aplastante mayoría absoluta. Todo valía y todo se hizo: el salto valorativo de la crítica razonable a la cohetería y la agitación fue inmediato.
Aznar, es cierto, perdió una oportunidad excelente de hacerse un «Schröder», es decir, calzarse unas botas de caña como el canciller alemán en plenas inundaciones y visitar los riscos petroleados de la Costa de la Muerte. No lo hizo y no sé si lo lamenta. Aunque ni siquiera sé si le habría servido de algo frente a la maquinaria acusatoria que se desencadenó prácticamente de inmediato: el Gobierno de España y el de Galicia habían dejado abandonados a su suerte a los gallegos. Galicia perdería PIB, la zona sufriría despoblación, la emigración sería un hecho, las especies marinas jamás regresarían a la zona y la desolación se instalaría para siempre en todas las Rías Altas, como poco. Afortunadamente no fue así. Se limpiaron las playas, se ayudó a los moradores, hubo peces y al poco el Prestige fue un mal sueño. Los catastrofistas pasaron, pues, una mala época.
La sentencia –de difícil comprensión para quienes estamos alejados del divertículo judicial– ha venido a decir que aquello fue un accidente encadenado y que ninguna de las soluciones a poner en marcha era inocua. Si el barco se llevaba a La Coruña el desastre era fácil de imaginar; si se volaba por los aires al objeto de incendiar el fuel, también; y si se alejaba había que contar con que parte de la carga llegaría antes o después a tierra. Posiblemente se optó por la menos mala de todas ellas, pero para la agitación quedó que cada gota de petróleo era consecuencia de la inoperancia malvada de gobernantes irresponsables.
Cualquier análisis desapasionado es, en cualquier caso, melancólico. El Prestige está en el fondo del mar, y Aznar, en sus asuntos. Pero llama la atención, once años después, la contrariedad manifiesta que ha creado en los nostálgicos del chapapote que la Justicia haya sido incapaz de declarar que, efectivamente, el Gobierno rompió el barco y no cejó de maniobrar hasta que, por fin, consiguió hundirlo. «Por Favor» lo habría asumido, al menos, con mucha más gracia.
Carlos Herrera en ABC



Sólo por curiosidad: ¿dónde estarán ahora los profetas del apocalipsis gallego? No la gente alarmada que sin dudar se echó a las playas a quitar chapapote con sus manos, no; hablo de los presuntos expertos que en sus confortables gabinetes pronosticaron décadas de perjuicio medioambiental, años de inviabilidad pesquera y hasta mutaciones de la fauna volátil. De todos aquellos comités de sabios convertidos en augures que con la complacencia acrítica del periodismo aventuraron para Galicia una especie de devastación a lo Mad Max. De los engolados cocineros vascos que con toda seriedad entonaron un gorigori coral por el sabroso mejillón que jamás volvería a las mesas de sus acomodados comensales. De los vertiginosos ventajistas que tras las pancartas del Nunca Mais vaticinaron un duradero holocausto ecológico.

Todo ese oportunismo de aluvión no ha necesitado esperar los once años de la sentencia para certificar su fracaso. Le debieron haber bastado con los doce o dieciocho meses que siguieron a la catástrofe. Fue tiempo suficiente para comprobar la regeneración de las playas, el retorno de la pesca, la lustrosa condición de los percebes de las rías. Dinero nos costó, cierto es, y dinero que a tenor del veredicto no recuperaremos. Pero el desastre del Prestige tuvo las dimensiones que tuvo, y como no fueron en absoluto pequeñas hay que preguntarse si era necesario extremarlas con la gigantesca falacia profética que aquellos días se apoderó de una opinión pública extasiada. Fue un circo de magnitudes; no pasaba día sin que algún gurú ambientalista predijese plagas egipcias sobre el maltratado litoral galaico. Como si no bastase la calamidad del oportunismo político de la oposición y de la atropellada incompetencia de un Gobierno desbordado.

Nadie ha entonado en esta década la fe de erratas de tanto auspicio jeremíaco, de tanta y tan severa conjetura formulada con el rigor de un horóscopo. De tanto estudio universitario y tanta falsa erudición científica aplicada al esfuerzo de aventar el catastrofismo de conveniencia. No se ha oído palinodia alguna por el fiasco aventurero que exageró las consecuencias del siniestro con el sobreactuado paroxismo de un tarot barato. Y menos que en ninguna parte en los medios que cada mañana competían por alejar el horizonte de la normalidad hasta un futuro remoto, capaz de trascender a las generaciones que bregaban con el maldito alquitrán pegajoso. Aquel trompeteo apocalíptico que a los dos meses hizo el petate y abandonó a los gallegos a la desdichada suerte que les había sido pronosticada.

Ni siquiera se han conformado con un discreto silencio de disimulo; hoy truenan contra un fallo judicial que desbroza los términos de la realidad de toda la farfolla adherida por aquel victimismo hiperbólico. Que no hay responsabilidades, lamentan en su mundo sin espejos. ¿Seguro que no hay culpables?

Ignacio Camacho en ABC

ALONSO DE ERCILLA, VASCO ESPAÑOL Y PERSONAJE HISTÓRICO

En aquellos tiempos en los que con sangre, sudor y lágrimas manteníamos un imperio en las cuatro esquinas del mundo, a menudo no era fácil discernir entre el uso de la pluma y el uso de la espada. Nuestros literatos tiraban con igual maestría del recado de escribir que del recado de matar o por lo menos malferir. Héroes en el campo de batalla y paladines sobre el papel fueron primero Garcilaso de la Vega y Francisco de Aldana, bravísimos capitanes imperiales, y también apostaron por Dios, por el Rey y por España Lope de Vega, Calderón, Cervantes, con su pensamiento y con su sable, o con su ingenio para el espionaje como Quevedo. Y muchos otros que supieron hacer convivir arcabuces y endecasílabos.

Vayamos pues con otro de estos hombres entregados a la literatura y a la causa imperial.

Se llamaba Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, y además de pelear en Chile, escribió «La Araucana», gigantesco poema épico sobre la conquista de aquel país. Don Alonso, de buena familia y ligado a la nobleza, nació en Madrid, un 7 de agosto de 1533. Huérfano desde que tenía un año, su madre pudo introducirlo en la Corte como paje del futuro rey Felipe II, al que acompañaría en varios de sus viajes de juventud por Europa.

Pero pronto sentiría la llamada de mayores aventuras y proezas, por lo que en 1555 se embarcaba camino del Perú a las órdenes del maestre Jerónimo de Alderete. Dos años después llegaba a Chile, siendo entonces su capitán el nuevo gobernador del país andino,García Hurtado de Mendoza. Pronto empezaron los durísimos combates con los indígenas araucanos (también conocidos como mapuches), dispuestos a defender su tierra con todas sus energías. El propio Ercilla dejó constancia en «La Araucana» de que no era, precisamente, de los que solían ir en retaguardia: «Aquí llegó, donde otro no ha llegado, / don Alonso de Ercilla, que el primero / en un pequeño barco deslastrado, / con solos diez pasó el desaguadero / el año de cincuenta y ocho entrado / sobre mil y quinientos, por Hebrero, / a las dos de la tarde, el postrer día, / volviendo a la dejada compañía».

Don Alonso luchó bravamente en las cruentas batallas de Millarupe, Quiapo y Lagunillas, y se cuenta que fue incluso testigo de la muerte del cacique indígena Caupolicán, uno de los protagonistas de «La Araucana». Las crónicas, o las leyendas, también cuenta que Ercilla un mal día se vio envuelto en una trifulca con un compañero de armas, Juan de Pineda, y que entrambos habían de finiquitarse si no hubiese mediado el gobernador García Hurtado de Mendoza, quien mandó prenderlos y que como era hombre airado y de ánimo fulminante ordenó su ejecución. La gente pidió que la condena no se cumpliera, pero el gobernador se mantenía en su decisión. Aquí sí que cabe creer en la leyenda que cuenta que dos mujeres, una india y una española, se colaron en la habitación de García de Mendoza y tras muchos ruegos y súplicas le persuadieron de que perdonara a Pineda y a Ercilla.

Y así fue, aunque Don Alonso sería desterrado al Perú, de donde regresaría a España. En nuestro país, se casó con doña María de Bazán y fue nombrado gentilhombre de la Corte y Caballero de la Orden de Santiago. Vivió tranquilamente, dedicado a la escritura de La Araucana (dedicada a Felipe II), hasta su muerte en 1594.

Gran poema épico

«La Araucana», compuesta en octavas reales, dividida en tres partes con treinta y siete cantos, es el primer gran poema en forma clásica sobre nuestros hechos en América, escrita muchas veces en el campo de batalla, a pie de tierra. 

Así lo contaba el propio Ercilla en su prólogo: «... muchas veces en cuero por falta de papel, y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños que apenas cabían seis versos, que no me costó después poco trabajo juntarlos; y por esto, y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales; acompañándola el celo y la intención con que se hizo, espero será parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que lleva...».

Desde su aparición, fue un libro de notable éxito, que por ejemplo dejó impresionado a don Miguel de Cervantes, otro patriota con la pluma y con la espada.


GIBRALTAR Y NACIONALISMO, LA TRAICIÓN HABITUAL DE NUESTRA IZQUIERDA

Ha bastado que esta administración haya iniciado una leve resistencia a la política de hechos consumados de Gibraltar e Inglaterra (dos caras de la misma moneda) para que un destacado político del PSOE haya hecho un par de observaciones. La primera, que esa actitud es un examen de españolidad y la segunda que ponerse 'farruco' con Inglaterra no da resultados.

No acabo de comprender cómo es posible que ni PSOE ni IU entiendan Gibraltar. En la izquierda y no solo la izquierda, sino en el pensamiento liberal, hay dos cosas que no se toleran. El incumplimiento de la legalidad internacional y el imperialismo. Del primero hemos tenido muestras en guerras recientes 'de elección', cárceles secretas, interrogatorios 'reforzados', drones, espionaje masivo y demás parafernalia. Del otro imagino que no hace falta dar muchos detalles. La izquierda española venera a Fidel Castro, Chaves, Morales, etc., por antiimperialistas, es decir, por anticolonialistas, que es lo único que se puede ser en el mundo a estas alturas del siglo.

Hete aquí que Inglaterra, en el caso de Gibraltar, no cumple con la legalidad internacional. Ni con la ley general ni con la particular. Ley general. En la Asamblea General 2353 (XXII), de 19 de diciembre de 1967 las Naciones Unidas declararon:
La Asamblea General, habiendo examinado la cuestión de Gibraltar [...]. Considerando que toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y específicamente con el párrafo 6º de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General [...]. 1. Lamenta la interrupción de las negociaciones recomendadas en las resoluciones 2070 (XX) y 2231 (XXI) de la Asamblea General; 2. Declara que la celebración por la Potencia administradora del referéndum de 10 de septiembre de 1967 contraviene las disposiciones de la resolución 2231 (XXI) de la Asamblea General y las de la resolución aprobada el 1 de septiembre de 1967 por el Comité Especial [...]. 3. Invita a los Gobiernos de España y del Reino Unido [...] a reanudar sin demora las negociaciones previstas en las resoluciones 2070 (XX) y 2231 (XXI) de la Asamblea General, con miras a poner fin a la situación colonial de Gibraltar y a salvaguardar los intereses de la población al término de esa situación colonial”.
¿Qué ha dicho Cameron? Que Inglaterra ya hizo un referéndum en 1967, legal o ilegal, le da lo mismo. No negocia. Para los que creen que en Inglaterra Gibraltar es cuestión de Estado, añade: "Lo que sí hicieron pasadas administraciones" (inglesas, se entiende).

Ley particular. Tratado de Utrecht. Cuando Inglaterra no necesite Gibraltar, se lo devolverá a España. ¿Qué dice Inglaterra? Que ya les concedió autonomía interna a los gibraltareños y que eso pone fin al estatus colonial del Peñón.

Primera causa progresista. Forzar que Inglaterra cumpla con la legalidad internacional. Inglaterra no es fuente de Derecho Internacional.

Dos. ¿Y por qué no negocia? Porque Inglaterra quiere mantener una colonia sobre territorio español. ¿Cómo no va a ser eso una causa de la izquierda? ¿No lo fueron Vietnam, Argelia, Kenia y demás guerras coloniales? ¿Como es que la gente que manda a sus hijos a campamentos de verano del subcomandante Marcos pueda considerar 'facha' reclamar la soberanía sobre el Peñón? ¿Como los admirativos viajeros a Cuba se manifiestan indiferentes cuando el imperialismo les afecta a ellos personalmente?

Entiendo que es duro y humillante, pero hagan el ejercicio. Miren el mapa del mundo. Allí donde se produce un cuello de botella marítimo ese lugar está en manos de sus habitantes. Turquía en el Bósforo, Suez en Egipto, el Canal en Panamá...se exceptúa solo Aden en las aguas turbulentas de Bahrein y Somalia. ¿Es normal que a España se le reserve el mismo tratamiento que a Somalia? ¿Es que cuando Nasser nacionalizó el Canal de Suez en 1956 el PSOE o el entonces PCE no consideraron esa victoria como propia? Por cierto: ¿a algún egipcio se le ocurrió decir que exigirlo era un examen de 'egipcialidad'? ¿Cuando en 1977 Torrijos recuperó el Canal no se celebró entre la izquierda española? ¿Puede alguien decirme qué panameño acusó a sus políticos de populistas por solicitarlo? Preguntas retóricas. Lo cierto es que al dia de hoy, en pleno 2013, Inglaterra nos trata peor de lo que trató a Nasser en 1956 o de los que los USA trataron a Torrijos en 1977.

Entiéndase. Somos herederos de una historia terrible. Tres guerras civiles en cien años, la última ganada por un émulo de Mussolini y Hitler, por cuyo eterno descanso publicaba la prensa española una esquela todos los años, y una economía que hasta los años ochenta del Siglo XX la OCDE calificaba de “en vías de desarrollo”. Es normal que tan delicado lugar del mundo, no tan lejano de la Somalia de hoy, estuviese en manos del Imperio Británico. Lo que no es normal es que, cerrado el Almirantazgo en el lejano 1964 y muerto Franco en 1975, sobreviva entre nosotros ese residuo. Menos aún que su eliminación pueda ser objeto de lucha partidista entre los españoles.

Vamos a entrar ahora en el tema de España, concepto igualmente progresista. Cuando se produjo la transición, los nacionalistas vascos y catalanes volvieron del exilio. Obviamente Adolfo Suárez no porque estuvo siempre en su casa. Y eso creó una inferencia falaz. “Como Franco me ha perseguido, entonces soy progresista”. Sucede, sin embargo, que la línea progresista/conservador no pasa por la persecución franquista. Franco 'persiguió' a los monárquicos liberales y hasta a los demócratas cristianos. Eso no les hizo de izquierdas. Cuánto menos a los llamados 'nacionalismos' vasco y catalán. El PNV no es progresista para nada. El PNV es el heredero del viejo carlismo, alzado dos veces contra la legalidad constitucional de la España liberal para conseguir que la soberanía dejase de estar en el pueblo español y siguiese en la sagrada persona del Rey. ETA ya nos ha revelado que su metáfora no es la sierra boliviana del Che sino la República de Weimar. En cuanto a los catalanes de Prat de la Riba y Cambó, nunca se plantearon otra cosa sino la autonomía porque imaginaban que se gobernarían mejor desde Barcelona que desde Madrid. Les debemos muchas cosas. Pero también los dos mil obreros asesinados al año por el terrorismo blanco durante la Restauración.

En materia de nacionalismo, en España no hay ninguno que sea interclasista, popular, universal, espontáneo y, en definitiva, revolucionario, salvo el del 2 de Mayo. Por qué la izquierda no ha alzado esa bandera me supera. Cómo es posible que tan asombrosa fecha, ciertamente única en la Europa de su tiempo y en la historia del mundo, haya terminado siendo fiesta solo autonómica, también.

Vamos a ver si, pasada ya una generación desde los idus de la Transición vamos poniendo las cosas en su sitio. España viene del 2 de Mayo y es nación y tan liberal como los EEUU, Francia o Italia. La Euskadi del PNV viene del carlismo y no lo es. CiU es hija de la burguesía y tampoco es ni interclasista ni progresista ni estatalista por mucho que Franco los mantuviese en el exilio hasta el día de su muerte. En cuanto a Franco, decir que el Ubicuo y España son uno y lo mismo es aberrante. Durante los 40 años de franquismo España no fue soberana. La soberanía se la quedó el General-ísimo y a tiros.

Por tanto, reclamar Gibraltar es un acto en defensa de la legalidad internacional y un hecho anticolonialista exigible a todos los ciudadanos, muy especialmente a los de izquierda, desde una perspectiva común española. Yo entiendo que, dada nuestra historia, las heridas estén todavía sin curar. Así que si unos españoles se quieren manifestar por una calle, por aquello de la dignidad nacional, y los otros por otra, por lo del antiimperalismo y el anticolonialismo, habremos de padecerlo. Pero el objetivo ha de ser común. El cumplimiento de la legalidad internacional y el fin del imperialismo inglés sobre suelo español. Y el sustrato detrás de las dos sensibilidades, común también. El recuerdo y la reivindicación del acta de nacimiento de la España contemporánea. El capitán Pedro Velarde, espada en mano, en lo alto de las escaleras del cuartel de Monteleón exigiendo que se abriesen las puertas del fuerte al pueblo español, a la Historia, y en definitiva al parto de la Nación española, cobijo de todos y fondo común de dignidad y sacrificio, traicionado al final, ¡cómo no!, por su clase dirigente.


sábado, 16 de noviembre de 2013

ANTISISTEMAS EN EL SISTEMA, EL AVANCE DE LA IZQUIERDA MÁS RADICAL

El avance del sector más antisistema de Izquierda Unida en Madrid amenaza con abanderar el comienzo de la conquista de toda la coalición. Fuentes internas que estuvieron en el nacimiento de IU alertan ahora del peligro que corre la organización de caer en manos de dirigentes que rompen con la línea tradicional del Partido Comunista y que pretenden llevar la lucha política a la calle por todos los medios, al margen de las instituciones y de cualquier acuerdo con el PSOE. Su primer objetivo, según confirman los propios protagonistas a este diario, es tumbar al candidato 'oficial' a las municipales en la capital de España.

En efecto, esa es actualmente la tendencia dominante en la organización que fundara Gerardo Iglesias. El movimiento duro dentro de los neocomunistas se inició ya en la etapa de Gaspar Llamazares, pero sólo a nivel teórico, sin plasmación real en la calle. Es a partir de diciembre de 2008, con la llegada de Cayo Lara a la coordinación de IU en sustitución del propio Llamazares, cuando este sector empezó a tomar fuerza, sobre todo en Madrid, donde se agrupa en torno al abogado Enrique de Santiago y a la joven diputada regional Tania Sánchez, abiertamente enfrentados ambos al líder de IU en la capital, Ángel Pérez.

El derrumbe del PSOE como izquierda moderada, que no levanta cabeza en las encuestas, el malestar social que produce la crisis económica y el caldo de cultivo antisistema al que conduce la corrupción política son los principales caladeros de los que se nutre el rumbo radical tomado por los comunistas de nuevo cuño y que les hace soñar con una Izquierda Unida que llegue al 13% de los votos que le permitiría condicionar el poder institucional.

El abogado Enrique Santiago, que se encuentra de viaje en Cuba esta semana, perdió el congreso federal frente a Lara, que obtuvo el 55% de los compromisarios. No obstante, se quedó cerca y, a cambio, fue agraciado con puestos claves y significativos dentro de la coalición política. No ganó el congreso, pero atrajo a todos los antisistema colados en la ya de por sí variopinta organización.

La elección del candidato de la federación para el Ayuntamiento de Madrid escenificará la batalla interna entre moderados y radicales; y todo apunta a que se va a desencadenar un cambio de fuerzas dentro de IU y un escoramiento aún más acusado hacia la izquierda del equipo de Cayo Lara. Hay que recordar que sus dos principales apoyos están en las federaciones de Madrid y Andalucía, con dos visiones sobre la formación abiertamente enfrentadas.

Una, dirigida por Diego Valderas y en sintonía con los postulados clásicos del PC, abierta a llegar a acuerdos con el PSOE sobre la base del “programa, programa, programa” que repitiera en su día Julio Anguita. La otra, más radicalizada, va más allá de todo ese discurso tradicional y pretende dirigir el partido hacia posicionamientos más anticapitalistas y revisionistas de la Transición, de la Ley de Amnistía o de la propia ConstituciónSon gente que viene de grupúsculos anticapitalistas y de una posición que no es la tradicional del Partido Comunista”, explican antiguos cargos de Izquierda Unida ahora alejados de la formación. “Llevan tiempo tratando de coger el control de la federación de Madrid y la pelea se dirimirá con el candidato al Ayuntamiento”, añaden.

Santiago, hijo de un coronel franquista, tiene despacho abierto con otros socios y ejerce para IU la “abogacía política” como acusador particular en el caso Bárcenas y en la defensa a cargos comunistas imputados o procesados. Su posición es tan fuerte que está obligando de facto a Lara a refundar Izquierda Unida, tal y como aseguran sus detractores. ¿Cómo? “Con un replanteamiento general del papel de la izquierda en general”, sustancia un cargo electo de la coalición que ve con preocupación, junto con otros dirigentes, la deriva anticonstitucional de la coalición de izquierdas.

El otro punto de referencia de este sector es el “chavismo”, entendido este como una "concepción del socialismo real en el siglo XXI, donde el partido se diluye en un movimiento de choque y confrontación en la calle", lo que denominan el “combate de las masas” al concluir que el partido político tradicional ya no sirve. En este punto viene su enlace con los movimientos nacidos el 15-M y el apoyo incondicional a las 'mareas' contra las privatizaciones de la sanidad o la educación, y a la plataforma antidesahucios.

Quieren controlar Madrid y que Cayo Lara dependa de ellos”, aseguran en fuentes próximas a la formación que confían, sin embargo, en el contrapeso que aún hoy representa Valderas. “El asentamiento de Cayo Lara mientras tenga el apoyo de Andalucía está asegurado, pero lo que sí que consigue esta gente es reducir su capacidad de autonomía”, añaden. “Es peligroso para el posicionamiento de IU porque lo que pretenden es escorar la mayoría que dirige IU hacia posiciones más marginales y antisistema radicalizando elementos simbólicos como la memoria histórica para no entrar en elementos programáticos. Se establecen como un verdadero contrapeso al PC y quieren ir más lejos que el PC”.

Revisar la transición

Fuentes del PCE subrayan, precisamente, que este sector pretende abrir también un proceso constituyente en el que se revise “radicalmente” el régimen surgido de la Transición. Consideran que en aquellos años la izquierda (PSOE y PCE) claudicó ante los herederos del franquismo y los sectores dominantes. En este sentido, la famosa “reconciliación nacional” preconizada por el PCE de Santiago Carrillo fue una “traición” que subraya la necesidad de sustituir el consenso por la confrontación. Incluso se cuestiona la amnistía de aquellos años por cuanto fue un “concesión” de los vencedores de la Guerra Civil y no se ajustaron las cuentas con el franquismo, todavía pendientes y que se proponen llevar a cabo.

En definitiva, se trata de un discurso anticapitalista, republicano radical por el que hay que ir a la judicialización de los asuntos políticos de la historia reciente. Ahí jugaba un rol decisivo Baltasar Garzón, que resultó fallido por su expulsión de la carrera y la pérdida de su condición de magistrado. De hecho, el sector moderado, partidario de la lucha política en las instituciones, ha quedado completamente marginado. “Se nos ha depurado al más puro estilo Beria”, afirma un dirigente importante en otra época con larga militancia en el PCE desde la Transición. Consideran que en aquellos años la izquierda (PSOE y PCE) claudicó ante los herederos del franquismo y los sectores dominantes.

Otra de las estrategias claves de este movimiento es la agitación y la propaganda. El ideólogo de este giro, Enrique Santiago, es habitual en los medios de comunicación de la izquierda como el programa Al rojo vivo o Las mañanas de Cuatro. Fuentes internas añaden que Cayo Lara es "un juguete" en manos de los “chicos de Santiago”, subrayando el rol que juega Pablo Iglesias, habitual en los programas políticos televisivos (incluidos de la muy conservadora Intereconomía), un profesor asociado de la Facultad de CC Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Puestos al habla con él, insiste en que no es afiliado de IU y nos remite a su compañera sentimental, otra de las claves en la nueva estrategia, la diputada en la Asamblea de Madrid, Tania Sánchez. La pareja son la cara más visible de la nueva corriente. Él dirige la política mediática de IU a través de la empresa Con Mano Izquierda Producciones. Diseña las campañas electorales de la coalición, aunque no todas: en Andalucía no ha podido entrar.

El pensamiento de Iglesias respecto a la acción política lo ha dejado escrito él: "Es duro de tragar, pero ningún proyecto político puede construirse y perdurar sin el respaldo de dispositivos capaces de asegurar el uso de la fuerza cuando sea necesario. (….) Los que aspiramos a una sociedad más justa necesitamos tener a nuestro lado a hombres, y también a mujeres, armados, preparados y disciplinados”. Iglesias escribió una tesis sobre la insurrección en Europa, tesis que fue dirigida por el geógrafo Heriberto Cairo, tras negarse Antonio Elorza y Santiago Castillo a promocionarla. “Con Iglesias tenemos asegurada la bronca política”, reconoce un responsable de una de las tertulias políticas que le contratan.

Su compañera Tania es la cara amable del movimiento, que no duda tampoco en participar en las tertulias en "territorio enemigo" y, esgrimiendo una elocuencia que a veces sorprende por su juventud, se foguea en las tertulias de Intereconomía.

El otro baluarte es Juan Carlos Monedero, también profesor de esa misma facultad de la Complutense. Las plataformas Contrapoder y La Promotora (Red de Profesores) son medios que utilizan para su acción política, para su promoción personal académica (el decano habla y no para) y también como instrumentos de captación económica y financiera. Sin olvidar la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS). En la Complutense destaca el hecho de que Monedero estuvo dos años en Caracas en calidad de asesor del Gobierno Chávez.

Una información publicada el 11/2/2013 en la web “lapatilla.com” señala que "la Fundación CEPS suscribió el 11 de enero del 2008 un convenio con el Gobierno Nacional (Venezuela) en el que se establece que 'El Ministerio (Exteriores), como compensación de los costos que origina la prestación de la colaboración, deberá abonar a la Fundación la cantidad total de trescientos veinte mil quinientos sesenta euros (320.560 euros), incluyendo el Impuesto al Valor Agregado (….)”. Luego añade: "En Latinoamérica desarrollan programas de adoctrinamiento neomarxistas”. Y finaliza: “Personas del Gobierno declararon que la Fundación CEPS desarrolló un intenso trabajo de asesoramiento del despacho presidencial en la elaboración de los Decretos-leyes que firmó Hugo Chávez en su más reciente periodo habilitante…”

El rector de la Complutense, Carrillo, un matemático partidario de pactar con el PSOE, deja hacer. Sabe que enfrentarse a este grupo tiene consecuencias porque movilizan muchos votos dentro de la propia universidad.

Antisistemas en el sistema

Entre los grandes logros del pensamiento hegemónico de la izquierda está el de haber despenalizado políticamente su propia radicalidad. Así, mientras hace décadas que la etiqueta de fascista se aplica a ideas y personas con universal connotación descalificadora, los comunistas han exhibido siempre con orgullo su ideología a despecho de una tradición histórica no menos criminal y totalitaria. La cultura moderada de la Transición logró un cierto arrinconamiento social de los extremismos favorecido por el éxito del centro de Suárez y de la socialdemocracia felipista, pero el reciente revisionismo crítico de la etapa constitucional, el desgaste de los partidos convencionales y el malestar ciudadano ante la crisis han resucitado ciertos ajados discursos revolucionarios. En los movimientos post-15M, en la periferia del PSOE y en las redes digitales se ha instalado un crecido radicalismo antisistema que inflama la atmósfera social con un lenguaje sobreexaltado.

La crispación civil y el retroceso bipartidista han provocado también un repunte de la extrema derecha, que por fortuna más allá de expresiones marginales no encuentra cauce político. El gran mérito del aznarismo fue la unificación del sector liberal conservador en un gran partidoatrapalotodo que moderaba al núcleo más intransigente al incorporarlo en su programa reformista. El integrismo español no ha logrado cuajar más que corrientes minoritarias al estilo del Tea Party, de influencia cierta pero inestable y poco decisiva dentro del conglomerado del PP. Sin embargo el extremismo de izquierdas, mejor visto por una opinión pública complaciente, no sólo bulle en el exterior del sistema sino que ocupa asientos en el Congreso y en algunas cámaras regionales asociado a menudo al nacionalismo secesionista. Agitadores con acta de diputado convocan al asalto del poder en la calle, lanzan turbulentas soflamas de insurrección y amparan a cuanta plataforma social acude a la sede de la soberanía para cuestionar su legitimidad democrática.


El linchamiento de Rodrigo Rato en el Parlamento catalán por la CUP fue una demostración rutilante de esa crecida a la que da alas el sorprendente encogimiento de los partidos constitucionalistas. Los tipos que insultaban al voluntario compareciente, uno de ellos blandiendo una chancla y una inquietante mirada de odio, exhibían la autoritaria seguridad de los fanáticos, esa intransigente arrogancia moral que proporciona el fundamentalismo más sectario. Nadie les salió al paso, nadie contestó siquiera a su escalofriante matonismo dialéctico. No eran revoltosos callejeros sino señorías susceptibles de formar alianzas de gobierno. Y produce un cierto escalofrío pensar que tal vez pronto los veamos –en el Norte algunos ya lo están– instalados en los poderes territoriales. O más allá si los socialistas prosiguen el juego de aprendices de brujo que han iniciado.