domingo, 27 de diciembre de 2015

AUSTRALIA, LA HISTORIA DEL PACÍFICO ESPAÑOL "ROBADO" POR LOS INGLESES

James Cook siguió en 1769 calcadas las rutas de los mapas españoles del XVI y XVII, robados en Manila por Alexander Dalrymple, que conducían al misterioso continente austral.

La conquista británica de Manila en 1762 supuso el colapso de buena parte de la memoria de la presencia española en Asia/Pacífico: más de 200 años de navegación y relaciones con culturas y civilizaciones. Asimismo, inició una guerra cultural cuya pervivencia sorprende todavía en nuestros días: una política consciente de eliminación de las huellas hispánicas y su sustitución por un discurso hegemónico británico. Esa «guerra» comienza con el último gobernador británico de Manila: Alexander Dalrymple. Espía, cartógrafo y estadista revolucionario de la East India Company, fue una de las figuras intelectuales que configuró el denominado segundo imperio británico.

Más allá del saqueo de la ciudad, el último gobernador británico de Manila, Dalrymple, ordena la toma de la mayor parte de los fondos documentales de la ciudad. Dalrymple sabe lo que hace. Manila era el centro documental y cartográfico más importante del Pacífico. En mi investigación, presentada en el Museo Naval el pasado 17 de diciembre gracias a la hospitalidad de la Armada española, he podido confirmar qué documentación y de qué archivos se apropia Dalrymple. Así, saquea sobre todo la importantísima biblioteca del gran convento agustino de San Pablo. Allí pudo obtener un tesoro bibliográfico y cartográfico: toda la labor mapística de Urdaneta, quien fue agustino, documentación que, perfeccionada, seguía en uso por los marinos españoles de entonces y que mayormente sigue desaparecida. Las órdenes religiosas hacían competencia por acrecentar los descubrimientos y liderar proyectos de evangelización. Este acto de espionaje fue también de destrucción y supuso la eliminación del enorme registro cultural que existía, incluso el diplomático. Algunas obras maestras de la cultura española y universal desaparecen.

Plan secreto, nuevo imperio
Dalrymple se da inmediata cuenta del alcance de esta documentación para su país y en 1765 regresa a Londres para obtener respaldo de la dirección de la East India Company para la colonización de la llamada entonces Terra Australis Incognita.

Las anteriores expediciones inglesas al Pacífico habían sido un fracaso, salvo algunas depredaciones corsarias. Dalrymple reconoce en sus escritos que en los primeros sesenta años del siglo XVIII no había nada que la navegación inglesa hubiera aportado a la geografía del Pacífico. Esto iba a cambiar y se haría con mapas españoles.

El plan era delicado y con una potencia con la que se había firmado una paz justo entonces. Así que la ocasión, que protegería el secreto, la dio la Royal Society: estaban organizando una serie de mediciones, por todo el planeta, a propósito del tránsito de Venus (para determinar la distancia Tierra-Sol) por iniciativa del Almirantazgo. La expedición política y exploratoria planeada por Dalrymple, recurriría a un subterfugio científico: el viaje a Tahití para complementar las observaciones de Venus.

Pero Dalrymple, espía y estadista, es precisamente el principal problema de su plan. Los españoles no admitirían al saqueador de ciudades y de mapas, navegando en el Mar del Sur. Además, para el Almirantazgo, Dalrymple representa los intereses de la Compañía Británica de las Indias Orientales una entidad político mercantil con la que tenían graves conflictos como se vio en la toma de Manila. Su condición de civil, además, disminuía las posibilidades soberanistas y políticas del viaje.

Cook, la solución discreta
El Almirantazgo buscó a otro hombre, alguien anónimo, que supiera de cartografía y que no levantase sospechas. Lo encontró en el Máster James Cook. Con 39 años, no era todavía teniente, cargo al que se podía postular desde los 20. El hombre perfecto para el viaje secreto y político más importante del siglo XVIII. Fue nombrado teniente sólo para esta expedición a despecho de Dalrymple, más joven y conocedor del Pacífico y respaldado por la Royal Society. Los dibujos de Cook sobre el tránsito de Venus, demuestran que este no era desde luego buen observador y sus gráficos son inconsistentes. Obviamente no fue ésa la misión del teniente James Cook.


Entonces, ¿cómo se utilizó la cartografía española en el viaje de Cook? Ahí entran en juego unas instrucciones secretas que le dio el Almirantazgo. La cartografía española definió el rumbo y el éxito del gran marino. El resto lo hizo una enorme actividad publicista diseñada con entusiasmo.

Dalrymple dispuso de mucho material cartográfico español, la narración fundamental, se encuentra en el denominado Memorial de Arias: relata el viaje del piloto Juan Fernández en 1576, quien en un viaje desde Chile y ciñéndose a la latitud 40º constante, llega a una tierra que Dalrymple no duda que es el continente Austral. Será ese derrotero el que el Almirantazgo imponga a Cook, en las instrucciones secretas que después de dejar claro el carácter político del viaje expresan: «Debe dirigirse hacia el Sur para descubrir el Continente antes mencionado hasta que llegue a la Latitud de 40°(...) entre la Latitud que acaba de decirse y la Latitud de 35° hasta que lo descubra». Cook se ciñe repetidamente a esa latitud hasta alcanzar Nueva Zelanda. Al comprobar que es una isla, continúa hasta Australia.

Cook: Nace la leyenda
La leyenda se creó inmediatamente después. El primer Lord del Almirantazgo contrató, por una cifra fabulosa entonces, 6.000 libras, al escritor de moda: John Hawkesworth quien convirtió a Cook en un personaje que sobrepasa al navegante y al militar, que acaba encarnando para Gran Bretaña las leyes históricas y morales, equiparadas a las leyes de la naturaleza. Dalrymple luchó como pudo e hizo imprimir un libro sobre las navegaciones españolas en el pacífico en 1767, que además viajó con Cook.

El cardenal Francis Moran denunció en 1905 el uso manipulado de la historia para justificar la discriminación de los católicos en el imperio Británico y argumentaba que fue el católico Quirós el primer europeo que descubre Australia y era injusta esa postergación.

El eclipse que vio Quirós
Lo cierto es que la incierta medición de la longitud impidió la reconstrucción del viaje de Quirós. Leyendo los distintos diarios de navegación advertí que se describía un evento astronómico, en concreto un eclipse de luna, del que se hicieron varias observaciones. Se me ocurrió que la descripción de la observación hecha por los distintos pilotos en ese viaje podía servir para determinar cuál era su posición. Era una propuesta inédita que en algunos casos podría ser de gran utilidad para los historiadores. Solicité ayuda al Observatorio Astronómico Nacional y allí obtuve el apoyo técnico de un importante astrónomo: Tomás Alonso. El eclipse precede a su llegada a Vanuatu, por lo cual no sería él quien vio Australia, sino su compañero de viaje, Váez de Torres.

PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS,
MONUMENTO EN CANBERRA FRENTE
AL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES
El problema de la determinación de la longitud en un momento concreto no fue resuelto hasta muy tarde en el siglo XVIII. Esa incertidumbre nunca pudo ser cerrada, al 100%, en la controvertida reconstrucción del viaje de Quirós. Las conclusiones del cálculo histórico efectuado por Tomás Alonso son que:

- El primer circulo aparece con el inicio de la fase parcial del eclipse, observada a 37º de elevacion,

-El segundo anillo aparece al inicio de la fase total. Con la Luna a 52.5º de elevación.

- Toda la zona de interseccion entre +9 y -10º de latitud es astronómicamente compatible con los datos de los diarios de navegación, suponiendo 1º de error y la banda de tiempo para las 20h con 1h de error.

La posición en longitud mas compatible con latitud de 10º sur seria, aceptando 15 minutos de retraso en la observación, de 176.4º Este. La conclusión fue que Quirós no llegó a alcanzar Australia.

He aquí un resumen de las bases que demuestran la persistencia del prejuicio, y de que este es parte de un discurso oficial que oculta uno de los viajes más planificados y secretos de la historia. Podríamos sumar las acusaciones de alteraciones de yacimientos arqueológicos, la sustitución –por defecto– de exploraciones españolas por portuguesas u holandesas. Una guerra cultural que debe superarse.

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